El 27 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil Española, el general Francisco Franco, como jefe del Estado del bando sublevado, promulgó un decreto mediante el cual se restablecía la Marcha Granadera como Himno Nacional de España. La misma disposición también otorgaba la consideración de «cantos nacionales» al Cara al Sol, al Oriamendi y al Himno de la Legión, tres composiciones estrechamente vinculadas a las principales fuerzas políticas y militares que apoyaban al nuevo Estado.
La Marcha Granadera, conocida también como Marcha Real, era una composición de origen militar documentada desde el siglo XVIII. Había sido utilizada como himno oficial durante buena parte de la historia contemporánea de España, aunque durante la Segunda República (1931-1939) fue sustituida por el Himno de Riego, que pasó a representar oficialmente al régimen republicano.
Con el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936, el bando nacional recuperó de manera oficiosa la Marcha Granadera en sus actos militares y ceremonias oficiales. El decreto de febrero de 1937 vino a darle respaldo jurídico, consolidándola como el himno oficial del Estado que comenzaba a configurarse bajo el liderazgo de Franco.
La norma también reconocía tres composiciones de gran carga simbólica. El Cara al Sol, compuesto en 1935 con letra de varios dirigentes de Falange Española, se convirtió en el himno representativo del movimiento falangista. El Oriamendi, de origen carlista y asociado a las guerras del siglo XIX, era el canto tradicional de la Comunión Tradicionalista, mientras que el Himno de la Legión, conocido popularmente como El Novio de la Muerte, identificaba a una de las unidades militares más prestigiosas del Ejército español.
El reconocimiento conjunto de estos himnos reflejaba la voluntad de Franco de integrar bajo una misma autoridad a las distintas corrientes que apoyaban al bando nacional: militares, falangistas, tradicionalistas y monárquicos. Apenas unas semanas más tarde, el 19 de abril de 1937, esa política de unificación se materializaría con el Decreto de Unificación, que fusionó Falange Española y la Comunión Tradicionalista en un único partido, Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Tras la victoria del bando nacional en 1939, la Marcha Real continuó siendo el Himno Nacional de España durante todo el franquismo y también lo ha seguido siendo durante el actual período constitucional, aunque con diferentes regulaciones sobre su interpretación y uso oficial. Por su parte, el Cara al Sol, el Oriamendi y el Himno de la Legión conservaron un importante valor simbólico en distintos ámbitos políticos, históricos y militares, aunque únicamente la Marcha Real mantuvo la condición de himno oficial del Estado.
El decreto del 27 de febrero de 1937 constituyó un paso significativo en la definición de los símbolos institucionales del nuevo régimen durante la Guerra Civil. La recuperación de la Marcha Granadera y el reconocimiento de otros cantos representativos contribuyeron a configurar la identidad simbólica del Estado franquista en sus primeros años.
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