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La entrevista directa entre Franco y Eisenhower, pese a la opinión de la mayor parte de los autores me parece importante. La conversación, tomada por los taquígrafos, se convirtió en un Acta que ambos interlocutores conservaron y que, como puede suponerse, guarda escasa relación con el comunicado final preparado, independientemente, por los diplomáticos de ambos países, y que más adelante insertaremos. Es mejor reproducir el acta taquigráfica, al pie de la letra, sin comentarios.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Quisiera hacer un resumen de mi viaje, y exponerle mis impresiones. Hace unos cinco años que deseaba hacer este viaje, pero me encontré con el obstáculo de que la Constitución otorga al Presidente funciones que no puede delegar, de tal modo que constantemente tiene que cumplir sus funciones de Presidente. No obstante, me ha permitido hacer el viaje los aparatos de reacción, que hacen que los viajes se realicen con la mayor rapidez. Es decir, que me pueden llevar papeles para firmar y en 24 horas están devueltos. Así pues, he continuado mis funciones de Presidente durante el viaje, sin interrumpirlas. No he podido, como hubiera deseado, dar la vuelta al mundo, pero ello me hubiera llevado demasiado tiempo y ha habido que renunciar.
Nosotros tuvimos la previsión hace ya varios años de acudir en socorro de ciertas naciones para mejorar sus condiciones económicas y de vida, porque si no lo hubiésemos hecho, se hubiera desarrollado en estos países un sentimiento de inquietud, de insatisfacción, que hubiera provocado dificultades para el mundo entero y, claro está, para los norteamericanos. La primera muestra de esta previsión fue el Plan Marshall. Pero tuvimos la impresión de que en muchos lugares se había creado un clima en el sentido de que pretendíamos sustituir el viejo imperialismo por un imperialismo de dominio por el poder económico. Tal impresión era alentada por la propaganda comunista. Y por esta razón sentimos la necesidad de explicar a nuestro pueblo los verdaderos propósitos de EE.UU. Intentamos también hacer comprender a los demás pueblos del mundo nuestro propósito, pero tuvimos la impresión de que nuestros esfuerzos no se veían coronados por el éxito e insistimos para hacerlos comprender a estos pueblos que lo único que querían los Estados Unidos era una vida mejor para ellos. Esta fue una de las razones del viaje.
La primera etapa fue Italia. Allí no hay mucho de nuevo y conocemos bien el país. Se trata de una población muy grande, la gente es buena y trabajadora, tiene buenos técnicos pero carecen de empleos para todos. La impresión que tuve en Italia es que el primer Ministro es hombre bueno, inteligente y franco y que conoce perfectamente los problemas de su país pudiéndose tener esperanzas en él.
En Turquía hay gente muy valiente, habituada a vivir en condiciones difíciles; son muy anti-comunistas y son leales. El primer ministro actual conoce muy bien los peligros para el Oriente Medio que se derivan del hecho de la amenaza soviética. Es un hombre duro y está preparando al país para repeler cualquier agresión que pudiera producirse.
Luego estuvimos en Karachi. Es un país muy pobre, donde había una administración muy mala hasta hace alrededor de un año, en que el Presidente tomó el poder por un golpe de Estado. Se trata de un hombre fuerte, muy abierto, expansivo e inteligente, a quien le gusta el deporte. Ha comenzado un gran programa de reformas y está construyendo viviendas para millones de refugiados que salieron de la India en el momento de la partición de su propio país. En cinco meses ha construido viviendas para 35.000 personas y pueblos nuevos, donde podrá vivir gente que hasta ahora lo hacía en condiciones muy malas. Su trabajo en este sentido es muy interesante. También está preparando una nueva Constitución. Se da cuenta de que su pueblo no está preparado para una plena participación en el Gobierno y está estableciendo los Sindicatos para que éstos elijan los representantes del pueblo, que por éstos son conocidos perfectamente. Estos representantes elegidos por las aldeas eligen a otros hasta constituir el Parlamento que a su vez elige al Presidente. El busca lograr que el pueblo pueda votar, una vez que haya conseguido un estado de preparación suficiente. Y aunque en los Estados Unidos habrá liberales que criticarán al Mariscal porque haya tomado el poder por un golpe de Estado, hay que ayudar al Pakistan. En las calles de Karachi había una multitud. Desde luego el Pakistán es el país más pobre que he visto en todos los viajes.
En Afganistán hay dos o tres familias que dirigen el país. El Rey tiene a dos personas influyentes, el primer ministro y el ministro de Asuntos Exteriores. Tienen muchos deseos de recibir auxilios. Desde luego Rusia le envía muchas cosas. Téngase en cuenta que el país se encuentra en el cruce de Asia. Los rusos están gastando mucho dinero allí y tienen la ventaja que lo pueden colocar donde quieren, hasta lograr el control del país. Incluso en el aeropuerto están los rusos. La pista es muy desnivelada. Al llegar fui escoltado por un grupo ruso y en la pista había unos bombarderos ligeros rusos. Dicen que quieren ser independientes, pero no creo que sea posible. Lo serán algún tiempo por tolerancia de los rusos, de quienes reciben mucho auxilio y están organizando carreteras a través de Afganistán. En la capital hubo una gran demostración en el momento de visitarla. Yo creo que la explicación de esta afluencia de personas es que el pueblo quiere ser independiente.
Se han escrito muchas cosas y muchos libros sobre la India, que yo leí, pero hasta el momento de visitarla no me pude dar cuenta de la cantidad de gente que hay allí. Cada vez que se publicaba mi itinerario a través de los campos, con aldeas escasas, había una inmensa muchedumbre en las márgenes de las carreteras; una muchedumbre increíble. La India, con una extensión menor que los EE.UU. tiene cuatrocientos millones de habitantes. Nueva Delhi es una ciudad moderna, pero en las aldeas, fuera de la capital, la gente vive en la miseria. Tienen una tierra muy difícil. Hay que realizar allí una gran labor para mejorar la vida del pueblo. Es una tarea enorme. Yo me limité a no hablar de gran política. Allí puede haber neutralidad entre el bien y el mal, entre la libertad y la esclavitud, entre el comunismo y la civilización. Influye en su modo de ser la religión, que son varias. En las capas superiores hay gente buena, bien formada en las Universidades, pero todavía no ha comenzado a existir una convivencia entre las masas de millones y la gente instruida. Hay que trabajar mucho para mejorar el país. La población de la India tiene el deseo de estar con el Occidente, no quiere saber nada de China ni de Rusia, y quiere caminar en la misma dirección que nosotros caminamos; pero deseaban ayuda para caminar en mejores condiciones.
Después de salir de Nueva Delhi llegamos al Irán. Encontramos al Sha de Persia agradecido a nosotros. Le conozco desde hace diez años y creo que en estos últimos tiempos se ha dado cuenta mucho mejor de la situación del país. Las medidas que están adoptando son mucho más inteligentes para la seguridad del país. Está construyendo por todas partes, industrializando el país. Es el país donde he visto construir más. La gente es muy dura y valiente. Y anticomunista.
El otro país es un país dividido. Cuando hace un discurso delante de las Cámaras reunidas, cada vez que habla de paz, todo el mundo aplaude, pero cuando habla de responsabilidad, de libertad, de esfuerzos intensos, se produce un silencio total. El primer ministro es un hombre bueno. Creo que conseguirá mantener su país en la zona occidental, pero sometido a presiones internas y externas.
En París el grupo de potencias occidentales estuvo de acuerdo en que se podía ir a una conferencia cumbre con Khruschev. Hace cuatro años que no tenemos una conferencia de este tipo y aunque personalmente no creo que dé grandes resultados, por lo menos la opinión mundial parece exigir que hagamos algún esfuerzo en este sentido y que se puede indicar en la prensa que estamos haciendo algo para intentar llegar a un acuerdo con ellos. Y tal vez pueda conseguirse algo, pero no estoy muy seguro. En este campo quisiéramos lograr el control verificable de ambos lados.
Otra cosa importante: todos estamos de acuerdo en que Berlín es un símbolo del mundo libre.
Lo único de orden general —y voy a terminar porque he hablado demasiado— es que todos los pueblos que he visitado en mi viaje, están absolutamente convencidos de que los Estados Unidos están procurando desarrollar un mundo mejor con medidas reales para mejorar las condiciones de vida y económicas de todos los países, ayudándoles a lograr este mejoramiento, basados en el espíritu de solidaridad que nos anima. El cuadro general es que todos quieren estar con el Occidente y prefieren caminar con nosotros y no con el comunismo.
Quisiera preguntar al Generalísimo sus impresiones sobre la situación mundial general con respecto a China, Unión Soviética y los pueblos occidentales; obrando cada país individualmente o en alianzas para derrotar a las fuerzas comunistas, sea en el campo militar o en el económico.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: Yo creo que al comunismo hay que combatirlo con la unidad más estrecha y sin fisuras, hay que mantener un frente unido y hay que emplear los mismos procedimientos que ellos utilizan contra Occidente. Renunciar a las actividades que ellos tienen, ya sea en el orden propagandístico, ya sea en el orden de mantener el espíritu de los pueblos contra ellos, es renunciar a un arma eficaz, que debemos tener frente al comunismo.
Yo creo que el comunismo está pasando por una crisis interna. Yo considero que hay dos Rusias: la Rusia anterior a Stalin y la Rusia posterior a la muerte de Stalin. Después de la muerte de Stalin, en Rusia hay una revolución interna, que ha comenzado por la eliminación del terror policiaco. Antes, los cuadros superiores del Ejército, de la política, los prefectos, todo el que tenía en Rusia una responsabilidad, estaba a merced de la depuración, de la policía, del terror policiaco que era el que gobernaba a Rusia. A la muerte de Stalin han destruido ese terror policiaco dirigido contra los hombres responsables, los dirigentes. Y Rusia se ha liberado en realidad de ese terror policiaco. Al mismo tiempo ha ocurrido otro hecho, que ha sido la guerra universal, que le demostró a Rusia el atraso técnico en que se encontraba, que necesitó de la técnica de Occidente para poder dominar la guerra. Y como consecuencia ha tomado la dirección de estimular la investigación técnica, los avances industriales, para lo cual tuvo que renunciar al espíritu aquel de Rusia de comunismo, todos grises. Ha tenido que mimar a los investigadores, a los sabios y a los intelectuales para lograr el avance técnico que indudablemente ha tenido en los últimos años. Esto ha roto en el orden intelectual el concepto del comunismo. Y hoy en Rusia se están formando unas nuevas aristocracias: aristocracia burocrática, aristocracia de sabios y de investigadores, de ingenieros, de mariscales y de generales.
Por lo tanto, existe ya una orientación en Rusia, con una influencia occidental, en el contacto con las naciones europeas que llega ya a parte de la juventud. Y aunque esta evolución evidentemente es lenta, existe, sin embargo, un cambio en las condiciones interiores de Rusia y en la orientación para el futuro. Esto hace que Rusia quiera aparecer ante el exterior como más civilizada, como más aproximada al occidental, y que Khruschev haya atacado durísimamente a la situación anterior de Stalin para poder enterrar el terrorismo policiaco que podía hacerle víctima a él y a los suyos. Ello en realidad es una situación nueva en Rusia y tal situación está chocando en estos momentos con el concepto de la China comunista. Mao Tse Sung (sic) se consideraba el segundo de Stalin, estaba al lado de Stalin, hasta el extremo de que en las conversaciones que tenía y en los discursos que pronunciaba empleaba frases enteras de los discursos de Stalin diciendo: esto lo dijo Stalin en tal ocasión o en tal día. Los ataques a Stalin de Kruschev han creado un disgusto profundo en el seno de los dirigentes comunistas chinos. Los comunistas chinos necesitan otros treinta años de terrorismo como Rusia para poder dominar el país. Rusia ya no necesita de ese terrorismo para que el comunismo persista. Y esta es la gran diferencia que se ha establecido y el respeto que Rusia tiene a una independencia de China, que puede enfrentarse con ella.
En esta situación, en el fondo yo creo que Rusia tiene deseos de aproximarse al Occidente, pero para seguir su línea comunista en Asia, su línea comunista en África. Quiere las guerras pequeñas, la insurrección de los pueblos, la creación de un clima favorable en éstos, emplear el comunismo y atacar por el sur, y en cambio llegar a un statu quo en las cosas de Europa. Sin embargo yo creo que en Europa hay un factor al que no se da la importancia debida, que son los países ocupados. Los países ocupados, en general, odian a Rusia, no quieren a Rusia; como todo el que ha tenido el comunismo en casa, está deseando suprimirlo. Y este es un factor importante que tiene que preocupar a los rusos, y que yo creo que habrá que cuidar, porque lo mismo que hemos visto que sucedió en Hungría sin apoyo ninguno del Occidente por quererse liberar del yugo ruso, puede pasar en todos los países ocupados llegado un momento de guerra. Y serán por lo tanto los mejores aliados para la defensa de Occidente. Es preciso mantener el espíritu de estos pueblos y unas minorías de juventudes inasequibles al desaliento que estén trabajando por su libertad y que no desean que se entregue su libertad a unas buenas relaciones con Rusia.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Estoy completamente de acuerdo con usted.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: Los países de Europa son países que porque arrastran un nacionalismo viejo son difíciles de tratar. Hay que tener en cuenta muchas veces hasta sus caprichos; pero yo creo que alrededor de una mesa los hombres se entienden. Y muchas veces las palabras nos asustan. Yo he visto, por ejemplo, en estos días lo que trasluce la prensa, que había en Francia, en los Estados Mayores, una lucha sorda con lo que se llama la integración o la no integración. Yo creo que los militares, sentados alrededor de una mesa, se ponen pronto de acuerdo. Hay que preguntar qué es lo que se llama integración y qué es lo que es indispensable para eso, y qué se puede cambiar de nombre para tener una integración práctica, aunque se salve la honrilla de los caprichos de estas naciones.
Hoy donde trabaja más el comunismo es en el norte africano. Yo creo que en lo de Argelia, Francia tiene razón. Si Francia abandonara Argelia, la podía sustituir Rusia, porque los dirigentes de la rebelión argelina han estado recibiendo apoyo de aquella a través de los países del telón de acero, con los que está en inteligencia. Es conveniente retrasar el momento de la transmisión de poderes para que haya una situación más favorable de hombres responsables. Porque hoy los hombres responsables de Argelia y los hombres preparados, todos han estado implicados con Francia. Y un cambio, traería la persecución de todos esos hombres. Tenemos el ejemplo de Marruecos, donde nosotros no hemos cohibido su independencia sino, al contrario, la hemos favorecido. Y, sin embargo, todos los hombres buenos que han colaborado con nosotros, que han sido amigos del Sultán, que han defendido el principio de la independencia, hoy se sienten perseguidos y menoscabados por esos elementos que se llaman de la resistencia, entregados muchos de ellos a las influencias de Moscú.
Por ejemplo, ha llegado a Rabat la embajada rusa, que contiene más de cien agentes. Esos agentes se mueven constantemente por el país y aunque el sentimiento religioso de los musulmanes rechaza el comunismo, como ellos emplean también musulmanes que han preparado previamente, consiguen y buscan siempre la alteración. En estos mismos días no se ha producido la crisis del Gobierno porque están esperando la visita del Presidente Eisenhower, pero tan pronto el Presidente abandone Marruecos, habrá la crisis correspondiente, en que solamente la autoridad del Sultán mantiene el orden.
En África, en general, están trabajando enormemente los soviéticos y el comunismo, para destruir y para tener aliados en toda esa zona.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Estoy de acuerdo con todo lo que ha dicho Vd. Apoyo al general De Gaulle que me ha hecho propuestas muy inteligentes. Hablé largo tiempo con él ahora y el cree y ve el problema exactamente de la misma manera que usted. Hemos estado de acuerdo entre nosotros y de acuerdo con la N.A.T.O. para ver lo que se puede hacer de manera coordinada, para contrarrestar esa penetración comunista en África. Y estamos empezando, desde luego, por coordinar nuestra política a ver lo que podemos hacer para impedir la difusión del comunismo.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: En Marruecos está ocurriendo lo que sucede en pueblos de Asia, pero en Marruecos pasa más por falta de capacidad administrativa de los dirigentes, con unos fines nacionalistas exagerados porque se gastan el dinero en un Ejército que no necesitan, porque no se han enfrentado con los problemas sociales gravísimos que allí se presentan. Hay allí el problema de que existe el divorcio muy grande entre las gentes todas del campo y las de la ciudad. El pueblo es más sano pero se siente mal administrado. Los gobernadores que nombran van a saquear a las kábilas, les quitan el ganado, se lo venden, persiguen y exigen cantidades muy grandes a las gentes un poco pudientes. Hay una persecución constante de esas gentes, que están disgustadas, como es natural.
Voy a referirme, por ejemplo, a la ubicación de Bases y a la ubicación de tropas. Este es un problema que al pueblo en sí no le interesa, porque el pueblo gana mucho con la presencia de las Bases y de los extranjeros allí. Al pueblo le interesan las cuestiones sociales y económicas, pero sin embargo esta es una bandera de batalla entre los partidos políticos. Existe el peligro de que al dejar estas bases de Marruecos se faciliten unas plataformas magníficas para el empleo de los aviones a los elementos rusos. Por todo ello cuanto pueda retrasarse ese momento es mantener en la mano y a nuestro lado a Marruecos o al norte africano.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Tenemos la esperanza de quedarnos allí hasta el momento en el cual los aviones no tengan mucha importancia en la guerra. Quisiera preguntar a Vuestra Excelencia: el rey de Marruecos ¿tiene fuerza para imponer su autoridad y asegurar que puede pacificar el país y contrarrestar la guerra civil incipiente?
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: El rey de Marruecos es un prestigio un poco mítico. Tradicionalmente tiene prestigio religioso ante su pueblo. El rey de Marruecos, como los Sultanes, asume las dos funciones de casi jefe religioso y jefe del Estado. Es el príncipe de los creyentes. Cuando se dividió la unidad musulmana se crearon tantos príncipes de los creyentes como pueblos había; pero Marruecos se guía en un estado muy primitivo. Y al Sultán le ven de rodillas, le bajan la cabeza y le respetan como príncipe de los creyentes. Esto le da una influencia religiosa sobre el país. Y esta influencia es la que está gastando el Sultán para que a duras penas marchen de acuerdo los partidos políticos. Pero los partidos políticos están unos en contacto con Rusia y con elementos obreros manejados por el comunismo y los otros están contra esos elementos comunistas pero no porque sientan un conservadurismo que no existe, como El Fasi, que no es nada conservador.
El Sultán está bastante delicado. Al hijo, el Príncipe Muley Hassan, no le puede ver nadie. Y en la parte norte, por ejemplo, en el Rif, lo odian porque ha hecho una represión ciega bombardeando las kábilas, matando a gentes pacíficas porque no querían un Gobernador que les robaba. Está hoy muy revuelto Marruecos y es muy difícil que el rey pueda llevar al país una mejora y una organización, mientras tenga los partidos políticos. Además, los partidos políticos no tienen fuerza; mejor dicho, se apoyan en los hambrientos y en los proletarios. Al haber abandonado el campo, la gente se vuelca sobre la ciudad y pesan una serie de gentes miserables sobre la población. En estos se apoyan los partidos. Lo que necesita Marruecos es la paz, el orden y el trabajo. Cuando en Marruecos no hay paz ni hay trabajo la gente se va a la revuelta; pero cuando puede trabajar el pueblo es pacífico y es bueno. Nosotros le hemos tenido treinta años en completa paz, sin un tiro. Nosotros habíamos desarmado completamente el país, no habíamos dejado más armas que las de la policía. Y, sin embargo, hoy las armas andan por las kábilas, que se están armando y cada jefe de kábila o fracción montañosa tiene la esperanza de crear una fuerza propia. El horizonte, pues, se presenta muy revuelto.
EL SEÑOR PRESIDENTE: La verdad, no tengo muchas esperanzas de que pueda hacer nada bueno en Marruecos.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: Yo creo que cabría hablarle al Sultán de la necesidad de atender social y económicamente a su nación y de facilitarle trabajo diciéndole que la paz la obtendrá con el trabajo. Cuando estuvo aquí el Sultán —dos veces— yo le hablé en este sentido, le ofrecí todo nuestro apoyo para que pudiera hacer esto, previniéndole contra lo que le iba a pasar con los partidos. Yo le decía: necesitan ustedes una tregua política de diez años todos al lado del Sultán, para trabajar y levantar el país; pero no empezar a pelearse como van a hacerlo desde mañana.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Ha sido una conversación muy interesante y trataré de respaldar sus palabras hablando con el Sultán.
No quisiera terminar esta conversación, tan breve, sin expresar a Vuestra Excelencia nuestra satisfacción por la cooperación que nos ha prestado España durante los siete años últimos. Esperamos continuar nuestra común misión y además solucionar otros problemas. Habrá una cierta ayuda militar por nuestra parte y también la ayuda económica hasta el día que España pueda sobrellevar la situación por sí misma. Espero que de la colaboración entre ambas naciones se obtenga gran provecho. Esa es mi esperanza. España se ha hecho miembro de la Organización Europea de Cooperación Económica. Creo que llegará el momento de unión de España con la asociación europea, en que la alianza será aún más estrecha. Algunos países tienen aún algunos prejuicios y obsesiones que tendrán que ser eliminados, con respecto a vuestro país.
Creo que las relaciones entre nuestros pueblos se desarrollan de manera tan provechosa para ambos como podía esperar y espero de sus sentimientos que son los míos.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: Agradezco mucho sus palabras. Nosotros veníamos ya desde hace muchos años preparándonos para este momento de la estabilización y reorganización de nuestra economía. Por eso hemos podido enfrentarnos con ella, porque era mucho el camino que habíamos andado. Agradecemos muchísimo el apoyo de los Estados Unidos, especialmente del Presidente, en esta etapa de la vida de España, y creo que es importantísimo que los países de Europa podamos por nosotros mismos defendernos, sin necesidad de imponer esos sacrificios al contribuyente americano, que comprendemos las dificultades que tiene y los obstáculos que pone en el orden político.
Debemos prepararnos porque en el juego internacional, en el juego con Rusia, podría llegar un día en que hubiera que hacer concesiones mutuas. Y lo interesante es que aunque los Estados Unidos retirasen sus fuerzas o dejasen el mínimo posible, tuvieran siempre el lugar aquí para poder venir y que las podamos sustituir los países de Europa. En fin, usted, que es un gran estratega, sabe todo esto mejor que yo.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Podría decirle al Generalísimo que no tenemos la menor intención de hundir nuestros proyectiles y armas en el mar…
Y ahora perdóneme haga una excursión en lo interno de España. A mí en América llega un grupo que habla mucho, un elemento muy fuerte, los baptistas, de religión protestantes que se han dirigido a mí. Reconozco que es un asunto interno de España; pero tengo la impresión de que han sido mal tratados aquí porque empezaron y no terminaron la iglesia en España y por los reglamentos vigentes no pueden utilizarla. Lo único que me permito pedir a V.E. es que reconsidere la cosa personalmente, que en mi país interesa, aunque esté compuesto de grupos tan heterogéneos de muchas religiones, a quienes si se les pone en la cabeza que no se les permite ejercer su fe pueden crear muchas dificultades para mi país. Y eso perturba un poco las relaciones entre nuestros pueblos. A ver si V.E. quiere ver la cosa y autoriza que esa gente pueda utilizar su iglesia. Yo le agradecería mucho a V.E. que así lo hiciese. En lo que a mí respecta, en realidad es el único problema que existe entre los dos.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: En realidad no existe el problema. Aquí no tenemos apenas protestantes, no llegan al 1 por mil. Esto podrá ser una cosa local que, desde luego, se superará.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Muchos de mis amigos católicos en los Estados Unidos han llamado mi atención a este respecto diciendo que la separación de la Iglesia y el Estado fortalecería las relaciones entre Estados Unidos y España. Los católicos en nuestro país podrían hablar más libremente sobre la verdadera amistad de España y Estados Unidos.
EL JEFE DEL ESTADO ESPAÑOL: Nosotros con lo que tropezamos más es siempre con la jerarquía eclesiástica. Estamos tratando y estudiando el asunto planteado.
EL SEÑOR PRESIDENTE: Y nada más, que se está haciendo muy tarde, aunque gustosamente continuaría nuestra conversación.
2. La visita de Eisenhower fue un éxito para el Generalísimo español: el Presidente envió, a punto de abandonar España, dos recuerdos, un vaso de cristal de roca con el sello de su magistratura y una cámara Polaroid, que aún no había salido al mercado; dos pruebas de afecto que no pudieran ser interpretadas como regalos valiosos. En su mensaje de fin de año, Franco aludió sin embargo menos de lo que se esperaba a su reciente conversación y más a otros tres aspectos que eran fruto de experiencia. Cuando se habla en España de Monarquía no se tiene en cuenta que «nuestra misión en este orden era, no la de restaurar, sino la de instaurar, crear, fundar». La política exterior española no se resume en la amistad con los Estados Unidos; España no podía sentirse indiferente a las exigencias de unidad entre los pueblos de Europa que «puede y debe concebirse sobre el supuesto indeclinable de respeto a la personalidad real e histórica de cada país. En lo que coincide con la tesis del general De Gaulle respecto a la Europa de las patrias. Pero que es algo más, mucho más, sin duda, porque apunta a lo que en su conciencia constituye la raíz de la europeidad. «Existe un denominador común a todos los pueblos occidentales de uno y otro continente: la fe cristiana y los valores de una civilización común en la que lo autóctono y las modalidades no son sino factores que enriquecen la unidad y la identidad en lo sustancial». Pero estas constantes referencias a la tradición cristiana como fundamento de lo europeo, aunque fuesen históricamente exactas, volvían inaceptable su postura a quienes avanzaban, más y más por los caminos del inmanentismo radical o del marxismo. También anunció que la estabilización no era sino la plataforma del desarrollo.
Por su parte, Eisenhower, en declaraciones a la revista Newsweek, dijo, refiriéndose a la reciente entrevista de Madrid: «quedé impresionado por los conocimientos de Franco sobre problemas mundiales».
