Recreación histórica en estilo de cómic a color sobre el maquis español, la guerrilla antifranquista y la invasión del Valle de Arán en 1944.
El maquis, también conocido como Guerrilla Antifranquista, fue el conjunto de movimientos guerrilleros antifascistas de resistencia en España que comenzó, en realidad, durante el transcurso de la Guerra Civil.
El inmediato estallido de la Segunda Guerra Mundial sorprendió a una gran parte de los excombatientes republicanos en territorio francés; muchos de ellos se incorporaron a la Resistencia francesa en una Unidad que se denominó Agrupación de Guerrilleros Españoles. A partir de Julio de 1944, con los Ejércitos alemanes en retirada, muchos de estos guerrilleros reorientaron su lucha antifascista hacia España. Pese al fracaso del Valle de Arán en ese año, algunas columnas consiguieron progresar hacia el interior y enlazar con las partidas que habían permanecido en el monte desde 1939.
El período de máximo apogeo guerrillero fue el comprendido entre los años 1945 y 1947. A partir de ese año, aumentó considerablemente la actuación de las Fuerzas de Seguridad españolas (Ejército de Tierra y Guardia Civil). Poco a poco, las diversas Partidas fueron derrotadas y sus integrantes, muertos o detenidos. Otros muchos guerrilleros se vieron obligados a huir a Francia o intentar escapar hacia Marruecos. Así, de esta forma, en el año 1952 se procedió a evacuar los últimos contingentes de importancia. A partir de esa fecha, los que todavía resistían en el monte, negándose a rendirse o a exilarse, lucharon exclusivamente por su propia supervivencia y, en muchos casos, como auténticos bandoleros. De hecho, podemos afirmar que el final del Maquis está marcado por las muertes de Ramón Vila en 1963 y de José Castro en 1965.
El maquis español ha sido, en general, muy poco estudiado por los historiadores. Ocultado y desfigurado políticamente por el régimen del General Franco, el tema de las Bandas y Guerrillas ha sido olvidado y oscurecido por el régimen democrático actual, a partir del año 1975.
Conviene, en consecuencia, realizar un ensayo general sobre la cuestión sobre la aventura de los maquis en España. Siguiendo a Fernando Munilla Gómez, pueden distinguirse hasta cuatro etapas en el desarrollo del maquis español: la etapa previa (1938-1943); la etapa militar (1944-1945); la etapa política (1946-1947), y la etapa de bandolerismo y delincuencia común (1948-1953).
Trataremos en este pequeño opúsculo todos los aspectos relacionados con los guerrilleros del maquis, su actuación, su origen y sus fines.
Etimología
La denominación de la Guerrilla Antifranquista proviene del vocablo francés maquis que, a su vez, tiene su origen en una palabra corsa macchia que describe un paisaje de arbustos o matorrales (maquia).
En Francia se comenzó a emplear este epíteto para denominar a los grupos de guerrilleros de la Resistencia francesa que luchaban contra la Wehrmacht en la Segunda Guerra Mundial. Tales fuerzas se escondían en zonas montañosas, en bosques o en marismas. De ahí, procede su nombre. La expresión francesa prendre le maquis es equivalente a la italiana gettarsi all macchia y, a la castellana, echarse al monte. A los combatientes y resistentes encuadrados en estas Unidades se les llamó maquisards.
Por extensión, se empezó a utilizar en España la palabra como sinónimo de resistencia y guerrilla, aludiendo a los guerrilleros españoles que habían participado en el maquis francés, en los Groupes de Travailleurs Étrangers (Grupos de Trabajadores Extranjeros, anteriormente denominados CTE —Compagnies des Travailleurs Étrangers— obligados a trabajar bajo la dirección del Gobierno de Vichy) o en la Organización Todt. A cada uno de los grupos de combatientes, en un principio formados por un «jefe» y siete hombres, se le adjudicó el nombre de Partida.
Hasta el año 1944 los huidos al monte organizados en guerrillas eran conocidos con el nombre de Guerrilleros, «los del monte», «fugados» y «emboscados», entre otros. Como consecuencia de la fracasada aventura del Valle de Arán y las subsiguientes infiltraciones de partidas dispersas hacia el interior de España por hombres venidos de Francia, se difundió por toda la Península el vocablo maquis. La historiografía lo ha adoptado como la más conocida designación de los hombres que resistieron en el monte o en las ciudades contra la dictadura de Franco.
El inicio de las guerrillas
Los orígenes del maquis en España hay que situarlos en los grandes contingentes de hombres que, como consecuencia del imparable avance del Ejército Nacional, van echándose al monte refugiándose en bosques y montes de difícil acceso. En muchos casos, ante el temor a la represión de las Fuerzas nacionales sublevadas, son muchas las personas implicadas en movimientos políticos de izquierdas que deciden no entregarse, pasando a convertirse en lo que se dio en llamar huidos. Estas gentes, en ocasiones simples simpatizantes, se escondieron mayoritariamente en sus casas o en las residencias de sus parientes y familiares, siendo en un principio una minoría los que buscaron refugio en las montañas. A estos primeros huidos se fueron añadiendo desertores y evadidos de penales y campos de concentración. Estos grupos dispersos fueron el germen de las futuras Agrupaciones Guerrilleras.
Es preciso hacer referencia a la gran multitud de desertores del Ejército Popular de la República (EPR). Aunque esta es una cuestión que ha sido muy poco tratada por los estudiosos de los aspectos militares de la Guerra Civil, lo cierto es que tenemos noticias fiables de la existencia, hacia 1938, de grandes bolsas de prófugos y desertores llamados a filas por la República. En efecto, en el interior de Cataluña y la zona de los Montes de Toledo, se localizaban grandes grupos formados por aquellos que no deseaban, por diversas razones, incorporarse a las Unidades del EPR.
Sin duda, muchos de estos hombres huidos para eludir sus obligaciones militares, pasaron a formar parte de las Bandas y Partidas del maquis. Su importancia numérica debió ser muy grande. Algunos documentos hablan de miles de desertores y prófugos refugiados en las provincias de Toledo, Ciudad Real y Cuenca. Y lo mismo puede decirse respecto de las zonas montañosas de Lérida, Gerona y Barcelona.
El carácter político de los grupos de guerrillas fue tan plural como lo había sido el Bloque Republicano —el Frente Popular, si se prefiere— en el transcurso de la contienda. Había, desde luego, una presencia importante de comunistas, socialistas y anarquistas. Sin embargo, a medida que fueron pasando los años, por diversas causas (el empeño del Partido Comunista de España, fundamentalmente), el predominio comunista fue ganado peso con relación a las demás corrientes políticas.
El XIV Cuerpo del Ejército Guerrillero
En el bando republicano pronto se tomó conciencia de las posibilidades que ofrece una guerra de guerrillas en la retaguardia enemiga. En Octubre de 1937, a la caída del Frente Norte (Vizcaya, Santander y Asturias), la idea fructifica y se materializa en la creación del XIV Cuerpo de Ejército Guerrillero (también conocido como Cuerpo de Ejército Especial) en el seno del Ejército Popular de la República. Los impulsores de esta fuerza de nuevo cuño son el Presidente del Gobierno, Juan Negrín y el Ministro de Defensa, Indalecio Prieto. El nuevo XIV CE hereda el número del desaparecido XIVº Cuerpo de Ejército del Norte, el antiguo Ejército de Euskadi.
La novedosa Gran Unidad estaba formada por Divisiones y Brigadas. Conocemos la numeración y efectivos de algunas de estas Unidades: 57.ª División Guerrillera (Brigadas 157.ª, 158.ª, 163.ª, 240.ª y 260.ª); 59.ª División Guerrillera (Brigadas 154.ª y 161.ª); 75.ª División Guerrillera; 76.ª División Guerrillera; 200.ª División Guerrillera (Brigadas 127.ª, 152.ª, 155.ª, 156.ª, 167.ª y 232.ª); y 300.ª División Guerrillera.
La plantilla de estas Grandes Unidades era muy reducida. Ciento cincuenta hombres por Brigada y 300/900 hombres por División. El armamento era ligero con gran profusión de armas automáticas.
Con fines de instrucción en la lucha guerrillera, se constituyó en Benimamet (Valencia) la Escuela de Servicios Especiales. Posteriormente, se crearon, al menos, otras dos Escuelas Cuartel en Alcalá de Henares (Madrid) y en Guadix (Granada). Parece ser que el curso de sabotaje que estas Escuelas impartían era bastante completo.
Los objetivos perseguidos por las nuevas Unidades eran, a corto plazo, la interrupción de las comunicaciones y líneas de suministros del enemigo, en la retaguardia de éste, así como la realización de operaciones especiales. A más largo plazo, se contemplaba la continuación de la lucha contra el Ejército Nacional en caso de derrota —más que probable— en los frentes convencionales.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 24 de la Orden Circular comunicada de fecha 1 de Octubre de 1938 sobre reorganización del Ejército Popular de la República (EPR), las Unidades de Guerrilleros quedaban encuadradas en los Ejércitos y Grupos de Ejércitos, dependiendo de los Jefes de Estado Mayor respectivos para toda clase de servicios. No obstante, el Estado Mayor Central del Ejército de Tierra se reservaba la facultad de imponer determinadas misiones, así como la función de dirigir la maniobra de conjunto del Cuerpo de Ejército Especial.
La actuación del XIV CE durante los años 1938 y 1939 fue muy poco importante. Las acciones de comandos tuvieron alguna trascendencia —muy escasa y a nivel puramente local— en los Frentes de Teruel, Toledo, Extremadura y Andalucía. La misión concreta de mayor envergadura intentada por estas fuerzas especiales fue la liberación, el día 23 de Mayo de 1938, de 300 prisioneros asturianos en Fuerte Carchuna (Granada). En resumen, podemos afirmar que el XIVº CE fracasó por completo, no consiguiendo reunir a los huidos en Asturias, Cantabria y Andalucía, formando las oportunas Partidas.
El final de la Guerra Civil. La retirada: los campos franceses
En la victoriosa y rápida Campaña de Cataluña (Diciembre de 1938-Febrero de 1939), el Ejército Nacional del Norte, con 6 Cuerpos de Ejército, 2 Divisiones de Infantería y 1 División de Caballería, sumando unos 270.000 soldados efectivos, aplastó literalmente al Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO) del Ejército Popular de la República (EPR), formado por 7 Cuerpos de Ejército y 20 Divisiones de Infantería, con, al menos, 265.000 hombres efectivos.
La pérdida total del Principado en apenas seis semanas produjo la huida de cientos de miles de soldados republicanos y elementos civiles comprometidos que pasaron la frontera, entrando en Francia. Una vez allí, los españoles fueron recluidos en campos de concentración por las autoridades galas. En total, había 22 campos de concentración en Francia: Barcarès, Agde, Saint-Cyprien, Tour de Carol, Argelès-sur-Mer, Berck, Plage, Montpellier Chapallette, Baste-les-Foages, Gurs, Septfonds, Haros, Vernet d’Ariège, Rivesaltes, el castillo templario de Collioure utilizado como prisión, Rieucros y, en el Norte de África, Camp Morand, Meridja, Djelfa, Hadjerat-OM’Guil y Ain-el-Curak. En estos campos comenzaron a reorganizarse las fuerzas políticas antifranquistas.
En concreto, en el campo de Argelès-sur-Mer, tienen lugar una serie de reuniones en las que participan el Partido Comunista de España (PCE) y las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), que culminan en Octubre de 1940 con la decisión firme de organizar la acción antialemana en la Francia no ocupada (Gobierno de Vichy). Se trataba de combatir al lado de los franceses contra el invasor germano y contra el Gobierno títere del Mariscal Petain. Este es el comienzo de la importantísima participación española en las actividades de la Résistance.
La resistencia francesa
El 11 de Octubre de 1940 el gobierno de Vichy pone en marcha las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) que permitieron la salida de los campos a los prisioneros con destino a las fábricas, respondiendo de esta manera a las necesidades económicas del momento. Esta medida aumentó de una manera extraordinaria las posibilidades de fuga de los cautivos españoles. Poco tiempo después, el Gobierno Colaboracionista instaura para los propios franceses el Servicio de Trabajo Obligatorio (STO). La finalidad era la misma en todos los casos: proporcionar mano de obra a las fábricas de armamento y también a la Organización Todt que, por aquel entonces, se afanaba en la construcción de las fortificaciones del llamado «Muro del Atlántico».
Comienzan a organizarse en las montañas y zonas de difícil acceso campamentos de jóvenes franceses que huyen del Servicio de Trabajo Obligatorio. A estos mismos emplazamientos confluyen los españoles escapados de las Compañías de Trabajadores Extranjeros. Unos y otros engrosarán las filas de la Resistencia. Esta no se conformará sólo a partir de los despojos del derrotado Ejército francés sino que, por el contrario, tendrá un carácter civil antes que militar. Es en este momento cuando se empieza a utilizar la palabra maquis para referirse a los campamentos, en tanto que para sus ocupantes se utilizará el calificativo de maquisards.
Durante la ocupación alemana de Francia, el maquis español colaboró con la Resistencia Francesa, participando en numerosas acciones guerrilleras y en otras puramente terroristas. Se ha atribuido a los españoles la realización de 403 sabotajes en líneas férreas, la destrucción de 58 locomotoras, veinte ataques a fábricas diversas, así como la voladura de 38 puentes carreteros. Fueron también españoles los asesinos del General Von Schaumberg (Gobernador Militar de París) y de Von Ritter (Reclutador de Vichy para el trabajo Forzado).
La formación de la Agrupación Guerrillera Española (AGE)
Los refugiados españoles se integraron en algunos de los diferentes movimientos que componían la resistencia, aunque también crearon unidades autónomas específicamente españolas. En Abril de 1942, se celebró una reunión entre diversos grupos de combate hispanos, decidiéndose la integración de todos ellos en una Gran Unidad que adopta el nombre de XIVº Cuerpo de Ejército de Guerrilleros Españoles heredando así la tradición del XIVº Cuerpo de Ejército Especial del Ejército Popular de la República (EPR).
En Mayo de 1944, el XIVº CE cambia de denominación y pasa a ser la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE). En ella se encuadran la mayor parte de los combatientes españoles que se encuentran en suelo francés. Hasta cierto punto esta nueva organización supuso una desvinculación efectiva de los FTP (Franc-Tireurs et Partisans), el brazo armado del comunista Frente Nacional Francés, con quienes se había colaborado estrechamente. Hasta esa fecha, los resistentes españoles habían participado en numerosas acciones armadas contra el invasor alemán, llegando incluso a liberar algunas poblaciones del sur de Francia.
Las cifras de combatientes españoles en las filas de la Resistencia son objeto de una gran polémica y varían mucho según las diversas fuentes. Parece razonable aceptar —así lo hacen los estudiosos de la cuestión— un número de guerrilleros próximo a los 10.000 hombres.
Consolidada la cabeza de playa en Normandía, y siendo segura la derrota del Grupo de Ejércitos Oeste del Mariscal Von Rundstedt y la liberación total de Francia, los resistentes españoles vuelven la vista al sur de los Pirineos. En efecto, los alemanes comienzan su retirada y abandonan la frontera franco-española.
La Federación de Guerrillas de León-Galicia
Mientras en Francia los exiliados se organizaban para combatir al nazismo, en España se fueron constituyendo y articulando grupos de guerrilleros formados, prácticamente en exclusiva, por huidos. Sin duda, el más importante de estos grupos fue la Federación de Guerrillas de León-Galicia que, más tarde, el Partido Comunista de España (PCE) tomaría como ejemplo sobre el cuál organizar las Agrupaciones Guerrilleras.
Esta organización nació oficialmente en la primavera de 1942, al celebrarse en esa fecha el Congreso Fundacional en los Montes de Ferradillo (Montes Aquilanos), muy cerca de Ponferrada (León). De carácter pluralista, la Federación integraba en sus filas a militantes del PSOE, de la CNT, de la UGT, de la FAI y del PCE junto a otros combatientes sin filiación declarada. Una de las normas establecidas desde su formación fue la prohibición del proselitismo, con el fin de mantener la armonía entre las diversas tendencias políticas.
A lo largo del año 1943, los maquis de la Federación fueron duramente castigados en los enfrentamientos que sostuvieron con el Ejército y la Guardia Civil. No obstante, el día 1 de Abril, se consiguió editar el primer número del periódico El Guerrillero, órgano de difusión de la Federación que llegaría a alcanzar una tirada de trescientos ejemplares impresos clandestinamente en Santalla del Bierzo (León).
También en el año 1943, se constituye el Comité de Milicias Antifascistas de Asturias. En el resto de España la actividad guerrillera —muy escasa— era protagonizada por pequeñas Partidas.
A partir de 1944, la creciente influencia comunista obliga a la Federación a dar un giro drástico, orientándose hacia acciones más ofensivas. Por fin, en 1945, la Federación se transformará en la llamada IVª Agrupación Guerrillera.
Fue muy destacada la actividad de guerrillas en los Montes de León, en el Bierzo y en la Sanabria de Zamora. Fueron famosos guerrilleros Manuel Girón y el anarquista Marcelino de la Parra.
La invasión del Valle de Arán
Tanto Juan Negrín como Jesús Monzón —el hombre fuerte del Partido Comunista de España (PCE) en Francia— consideraron posible realizar una invasión de España teniendo como base de partida el territorio francés. Sin duda, el planteamiento era equivocado y estaba fuera de la realidad. Pero, hay que considerar que en aquella época se atribuyó erróneamente una gran importancia a la labor que la Resistencia Francesa había tenido en la derrota y expulsión de la Wehrmacht de Francia. Esta sobrevaloración del maquis —en realidad fueron los Ejércitos Aliados los que, en exclusiva, derrotaron a los nazis— se encuentra en el origen de la decisión desafortunada de lanzar ataques en territorio español.
La operación más importante y espectacular realizada por el maquis español fue, sin duda, el intento de invasión y ocupación del Valle de Arán, en la provincia de Lérida. La acción fue llevada a cabo por un contingente formado por unos 5.000 guerrilleros (algunas fuentes hablan de 7.000 combatientes efectivos) entrenados, bien equipados y con armamento pesado. La penetración en España a través de los Pirineos tuvo lugar el día 19 de Octubre de 1944, cuando la Wehrmacht ya se había retirado hacia la frontera alemana, dejando libre el sur de Francia. La operación recibió el nombre de Reconquista de España.
El ataque del maquis fue planeado con todo detenimiento por el Estado Mayor de la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE). La acción fue ejecutada por la División de Guerrilleros n.º 204 que comprendía 12 Brigadas (en realidad, pequeños Batallones de unos 350/400 combatientes). El mando de la Gran Unidad correspondió a Vicente López Tovar.
Las armas a disposición de los maquis eran modernas, efectivas y muy adecuadas para la lucha de guerrillas. Las armas más comunes eran los subfusiles Sten (británico) y el MP 38 (alemán). También se utilizaron armas norteamericanas como es el caso de las pistolas Colt. Aunque en menor número, los componentes de las Bandas y Partidas tenían ametralladoras y fusiles ametralladores de diversos orígenes y, también, algunos morteros ligeros.
Cabe decir que, desde la última semana de Septiembre, Radio Toulouse, completamente dominada por el maquis franco-español, realizó una importantísima labor de agitación y propaganda preparando la invasión y convirtiéndose en portavoz de la agresión armada contra España.
El objetivo de esta ambiciosa ofensiva era, inicialmente, la conquista del Valle de Arán. Desde esta base, la operación continuaría con la ocupación de todo el territorio comprendido entre los ríos Cinca y Segre. Una vez consolidada la cabeza de puente y base de partida, se procedería a declarar el terreno conquistado bajo el mando del Gobierno de la República en el exilio. En suma, se trataba de provocar un levantamiento general en toda España contra el Régimen de Franco. Al menos en hipótesis, la pretensión de los invasores no era otra que forzar una intervención de los Ejércitos Aliados para «liberar» España, al tiempo que estaban «liberando» el resto de Europa Occidental.
El impulso principal por el Valle de Arán se vio complementado por operaciones de distracción realizadas en otros valles pirenaicos durante los días previos, con objeto de mantener ocupadas a las tropas del Ejército de Tierra y de la Guardia Civil. Además, las fuerzas guerrilleras participantes en estas acciones secundarias debían evaluar la situación en el interior y contactar con los grupos de huidos que se suponían muy numerosos. En definitiva, estamos ante actuaciones de penetración a larga distancia, características de las Fuerzas de Operaciones Especiales.
Se consiguió la penetración en diferentes puntos de la cadena montañosa, pudiendo destacarse Roncesvalles, el Valle del Roncal, Canfranc, Andorra y la Cerdaña, además del propio Valle de Arán. No obstante, a pesar de la sorpresa y algún pequeño éxito inicial, el ataque fue un gran fracaso, siendo repelido en toda la línea por numerosos Batallones de Infantería de Montaña (hasta 24) y Unidades de la Guardia Civil.
Las Bandas Armadas de Guerrilleros consiguieron ocupar varios pueblos y aldeas, alzando la bandera republicana, celebrando mítines antifranquistas y controlando durante varios días una parte de la frontera. Sin embargo, la autodenominada 200ª División de Guerrilleros no logró adueñarse de Viella, que era el principal objetivo de la operación.
La reacción del Ejército de Tierra, a las órdenes del Jefe del Estado Mayor General Rafael García Valiño, fue rapidísima y contundente. El IIIer Cuerpo de Ejército (Cataluña), con las Divisiones de Infantería 41 y 42, al mando del General Moscardó, reconquistaron rápidamente el Valle de Arán. Al tiempo, se desarrollaron las operaciones de choque y limpieza en las montañas navarras, sobre las que se lanzaron el VIº Cuerpo de Ejército (Burgos), con las Divisiones de Infantería 62 (General Alcubilla) y 71ª (General Pimentel). A la cabeza de esta segunda Agrupación se encontraba el General Yagüe. En el Pirineo Central, el Vº Cuerpo de Ejército (Aragón) del General Monasterio impidió cualquier penetración en territorio español, impermeabilizando la frontera de modo muy eficaz. Destacaron en esta misión las Partidas de Caballería montadas y a pie, debiendo citarse la actuación de los carros de combate ligeros (Panzer I y T-26) del Regimiento de Caballería «Dragones del Alfambra».
El día 30 de Octubre de 1944 es expulsada al otro lado de los Pirineos la última banda armada que permanecía en España. Las operaciones de limpieza continuaron hasta el día 14 de Noviembre, fecha en la que se da por terminada la lucha contra la «invasión». Alrededor de 2.000 maquis fueron muertos o hechos prisioneros (normalmente, fusilados sobre el terreno). Las bajas de la defensa apenas alcanzaron un centenar.
Fracasada la operación, fue el jefe comunista Santiago Carrillo el que dio la orden en persona para consumar la retirada.
Unos cuantos centenares de combatientes del maquis se refugiaron en los montes desarrollando en los años siguientes labores subversivas que, pronto, se convirtieron en actos de bandidaje y bandolerismo. La persecución de estos maquis a través de la quebrada orografía española fue inmediatamente encomendada a los expertos en guerra subversiva en campo abierto: las Comandancias de la Guardia Civil, que tardarían cuatro años en extinguir por completo la amenaza. Cabe destacar la abnegada y eficaz labor de las Contrapartidas formadas por un Oficial y varios Guardias Civiles que, coordinados por el Servicio de Información del Instituto Benemérito, lograron poner término a las actuaciones criminales de los bandoleros.
Las agrupaciones guerrilleras
Pese al descalabro sufrido en los Pirineos en 1944, la moral del exilio español no decayó al parecer todavía posible la caída del Régimen de Franco en un contexto internacional de derrumbe total de los regímenes totalitarios. A lo largo y ancho de la geografía española, se produjo un incremento significativo en la actividad guerrillera propiciado por la incorporación de nuevos contingentes a través de la frontera y la reorganización de las Partidas, para entonces auténticas Bandas.
El Partido Comunista de España (PCE), desde el exilio, promovió la creación de las diversas Agrupaciones de Guerrilleros, en diversas zonas geográficas, coordinando las acciones entre ellas. La organización guerrillera quedó estructurada de la forma siguiente:
— Centro General de Resistencia: Madrid. Al frente del mismo se encontraban Evaristo Fernández (General del Ejército Popular de la República y Coronel de la «Résistance» francesa), Francisco Delicado (Diputado comunista y Teniente Coronel del Ejército Popular de la República) y Gallego (Secretario General de las Juventudes Socialistas Unificadas).
— Agrupación Guerrillera de Levante.
— Agrupación Guerrillera de Cataluña.
— Agrupación Guerrillera del Norte.
— Agrupación Guerrillera del Noroeste (León-Galicia).
— Agrupación Guerrillera del Centro.
— Agrupación Guerrillera del Sureste (Málaga-Granada).
— Agrupación Guerrillera del Sur.
— Agrupación Guerrillera de La Mancha.
— Agrupación Política que constaba de un Comité Ejecutivo delegado del Comité Central del Partido Comunista de España (PCE) y de una Comisión Nacional de Organización.
El final de los últimos maquis
El declive y la posterior desaparición total de las Bandas Armadas del maquis español tienen su causa en factores muy diversos. Por un lado, debe tenerse en consideración la evolución del panorama internacional hacia la Guerra Fría. La España de Franco deja de ser un adversario y se convierte en un aliado potencial de los Estados Unidos de América y del Reino Unido. La posibilidad de una intervención extranjera en España desaparece por completo. Por otra parte, en este contexto, el Partido Comunista de España cambia de estrategia y decide abandonar la vía guerrillera, suspendiendo el apoyo a las Partidas. A partir de este momento, hacia 1947, fueron las Organizaciones vinculadas a la CNT-FAI las que concentraron el máximo número de guerrilleros e infraestructura.
Es preciso reconocer que la brillante acción antiguerrillera del Ejército y, sobre todo, de la Guardia Civil fue generando un enorme desgaste en las Bandas y también en la población —mínima y muy escasa— que prestaba su apoyo. Las diferentes tácticas represivas iban desde las batidas a la utilización de las Contrapartidas Guerrilleras para desenmascarar a los enlaces. También se empleó la estrategia de tierra quemada en zonas del Maestrazgo. La Guardia Civil desalojó amplias zonas de montaña donde encontraban su apoyo las guerrillas, intentando con la evacuación de la población privar a las Bandas de su sustento y abastecimiento.
El bloqueo informativo fue total y demoledor para los intereses de los guerrilleros. Fuera de las áreas directamente afectadas, prácticamente se desconocían las actividades llevadas a efecto por los maquis. En las escasas ocasiones en que aparecieron noticias en prensa, éstas siempre se refirieron a los miembros de la guerrilla como bandoleros, a fin de despojar sus acciones de sentido político.
Hacia 1950, los últimos y escasos guerrilleros intentaron huir a Francia para escapar del cerco total al que estaban sometidos. Fueron muy numerosas las detenciones en estos últimos tiempos. Muchos miembros de la guerrilla y sus colaboradores fueron juzgados sumariamente y fusilados o encarcelados.
Pese a todo, en la década de los cincuenta, algunas Partidas continuaron en pie de guerra, cada vez más acorraladas. El final vino marcado por las muertes del militante de la CNT Quico Sabaté (1960), de Ramón Vila «Caracremada» (1963) y de José Castro Veiga (1965).
Balance final. Falta de apoyo social
El final de la resistencia armada, como en toda derrota a lo largo de la historia, fue caótico, desordenado y trágico. Pero, ¿cuáles fueron las razones que dieron lugar a este sonoro fracaso?
La total debacle sufrida por los maquis españoles tuvo, al menos, cuatro causas que deben ser consideradas: 1. Ausencia de apoyo social debido, sobre todo, a la fuerte implantación y aceptación del Régimen de Franco. Además, terminada la Guerra Civil, la mayor parte de la población quería vivir en paz y concordia; 2. Errores groseros de planteamiento político. En ningún momento se tuvo en consideración el cambio social español, el desplazamiento de la población rural hacia los centros urbanos y la despolitización creciente de los españoles; 3. El nacimiento de la Guerra Fría convirtió a la España de Franco en un aliado esencial para las Potencias Occidentales. Además, el franquismo no fue nunca una doctrina ideológica exportable a otros países que pudiera poner en peligro el «statu quo» internacional; 4. Fragmentación de las fuerzas políticas y guerrilleras contrarias al Régimen del General Franco.
Como conclusión final, puede afirmarse que el maquis fue un movimiento de decidida y encarnizadamente antifranquista que no tenía, en absoluto, finalidades, objetivos ni ideología democrática. Su triunfo —una verdadera quimera— no hubiera significado, desde luego, la implantación de un régimen parlamentario democrático sino, por el contrario, el establecimiento de una dictadura comunista bajo la tutela de la Unión Soviética y del mariscal Stalin. España habría sufrido la misma suerte que los países de Europa ocupados por el Ejército Rojo (Polonia, Rumanía, Bulgaria, Hungría y Checoslovaquia).
Las bajas producidas como consecuencia de la actividad guerrillera fueron muy elevadas. Así, entre 1943 y 1952, podemos proporcionar los datos siguientes: el Ejército de Tierra sufrió 49 muertos y 83 heridos, con un total de 132 bajas y la Guardia Civil tuvo un total de 258 muertos y 370 heridos. En total, 628 bajas. El Maquis sufrió 2.156 muertos y 3.123 heridos. A estas cifras deben añadirse los 3.382 guerrilleros capturados o entregados y 19.407 personas detenidas por cómplices, enlaces o instigadores.
Los escenarios de actuación del maquis
Los maquis se movían principalmente por las zonas montañosas de toda la península, prefiriendo las zonas boscosas o provistas de vegetación densa que pudiera proporcionar cobijo. Otro factor importante en la localización y supervivencia de las diferentes Partidas o Bandas fue el aspecto social. En general, los guerrilleros actuaban, sobre todo, en las áreas en las que se podía contar con un mínimo de colaboración ciudadana.
En las zonas de clima más adverso, como por ejemplo los Montes de León, era relativamente frecuente que los maquis pasaran períodos de tiempo más o menos largos escondidos, en pequeños grupos, en casas de apoyo dentro de los pueblos, especialmente en invierno.
El carácter rural y aislado de las localizaciones del maquis, si bien favoreció el desarrollo de la guerrilla, supuso, de hecho, un obstáculo insuperable para la consecución de sus objetivos. En efecto, a causa del bloqueo informativo, tan sólo los escasos y dispersos habitantes locales fueron conocedores del conflicto. La mayor parte de la población española se mantuvo en la ignorancia más absoluta con relación a la guerra de los montes sostenida por los maquisards españoles.
Aunque en algunas ciudades también actuaron los resistentes, lo cierto es que el maquis urbano careció de importancia. Los guerrilleros actuaron en algunas localidades catalanas, incluida la ciudad de Barcelona, sin alcanzar nunca objetivos de cierta trascendencia. En Madrid, León, Valencia, Málaga, Granada y Bilbao se cometieron algunos atentados más propios de bandoleros o terroristas que de guerrilleros.
Entre las zonas de máxima actividad guerrillera destaca la cornisa cantábrica, desde Galicia hasta Cantabria, con especial incidencia en los Montes de Asturias, León y Palencia. Debe citarse también el Levante, donde el maquis actuó en Teruel, Castellón, Valencia y Cuenca. En el Centro, hubo actividad guerrillera en Ávila, Sistema Central, Ciudad Real y Extremadura. En el Sur, tuvieron cierta importancia las acciones terroristas en Cádiz, Sevilla, Granada y Málaga.
Colaboración de la población civil. Los enlaces
Para el sostenimiento de la actividad de las Bandas y Partidas resultó fundamental el apoyo —muy minoritario— de sectores de la población civil, conocidos como enlaces. Se utilizaron también otros apelativos como guerrilleros del llano y milicias pasivas. Proporcionaron a los grupos armados cobijo, resguardo y alimento cuando era necesario. Pero, sobre todo, los enlaces aportaron información. En muchos casos, estas personas desempeñaron funciones como correos.
Los enlaces corrían grandes riesgos y estaban mucho más expuestos que los maquis a la actividad represiva de las Fuerzas de Orden Público. Conformaron, además, una verdadera cantera de combatientes ya que, en el caso de ser descubiertos, la única posibilidad de eludir la detención era echarse al monte. Por esta circunstancia, en los años cincuenta, cuando las acciones del maquis estaban desapareciendo y eran cada vez más escasas, todavía siguieron incorporándose hombres y mujeres a las Partidas, con el fin de evitar el castigo de la Justicia.
