La cuestión de Gibraltar ante la ONU en 1964, en el marco de las negociaciones entre España y el Reino Unido.
1. Por donde quiera que se examine la política exterior se advierten en 1964 dos cambios sustanciales. Ahora España tomaba iniciativas y estas iniciativas apuntaban hacia Europa, hacia los viejos países cuya amistad Franco siempre deseara pese a no conseguirla. Pero había el obstáculo de la Gran Bretaña, a causa de Gibraltar. Precisamente por esto era necesario no descuidar las relaciones con Iberoamérica, bloque decisivo para un acuerdo de descolonización como el que ahora se buscaba. Se manejaba una política de becas para estudiantes, otra de difusión cultural a través del Instituto de Cultura hispánica, otra de reconocimiento de recíprocos derechos a los súbditos de la amplia comunidad de lengua. Es cierto también que Franco jamás sacrificaba sus convicciones a los intereses.
Así sucedió en el caso de Juan Domingo Perón. El Caudillo no olvidó que al presidente argentino debía la ayuda sustancial de las horas difíciles y le ofreció asilo y, lo que para él resultaba sin duda más importante, ayuda moral. La agencia France Presse dio, en marzo de 1963, la noticia de que en la absolución otorgada por el Vaticano había tenido una influencia decisiva la intervención de Leopoldo Eijo Garay. Perón gozó en España de absoluta seguridad y hasta de una discreta tolerancia para la comunicación con sus partidarios. Aunque en noviembre de 1964 proyectó trasladarse a algún lugar de América más cercano a su propio país, hubo de renunciar a la idea. Franco no se dejó conmover por quienes como Eugène George, desde Los Angeles, le reprochaban que, con este asilo «empañase su nombre».
2. Las relaciones entre el Reino Unido y España empeoraron durante el año 1964 al mostrarse firme la voluntad reivindicativa. El 18 de diciembre de 1963 Ian Samuel había preguntado a José Olivié si el Gobierno español proyectaba interrumpir todas las comunicaciones con Gibraltar; la respuesta fue que, por delicadeza, nada haría España mientras no se hubiese pronunciado el Comité de los Veinticuatro. Sin embargo el 7 de abril de 1964, sin esperar tal sentencia, lord Landowne fue a Gibraltar y firmó con este «gobierno» un acuerdo. Manuel Aznar presentó una protesta ante la O.N.U. que fue admitida: era una nueva violación del tratado de Utrecht.
En este momento, sin embargo, y como una consecuencia del avance de la industria naval, se estaba concertando un contrato para la construcción en España de un crucero ligero, cuatro fragatas y dos submarinos para la flota británica. En junio de 1964, y en medio de un áspero debate, Harold Wilson preguntó en la Cámara de los Comunes si España había retirado sus pretensiones sobre Gibraltar a cambio de este encargo tan beneficioso que significaba, entre otras cosas, la entrega de planos y detalles a una potencia «fascista». El contrato fue anulado y el encargo se pasó a Estados Unidos con notorio incremento en la factura.
3. El 16 de octubre de 1964 se abrió el debate sobre Gibraltar en el Comité de los 24. España presentaba las reclamaciones de los habitantes de La Línea y San Roque, que afirmaban ser descendientes y herederos de la antigua población. El delegado británico declaró que su país estaba dispuesto a negociar con España para el establecimiento de mejores relaciones, pero no sobre Gibraltar. Castiella obtuvo su primera victoria: el 22 de octubre Sori Coulibaly, presidente del Comité hizo entrega a Manuel Aznar del acuerdo adoptado: España y el Reino Unido debían iniciar negociaciones para la descolonización de Gibraltar. Al mismo tiempo los servicios de espionaje españoles proporcionaban a Franco una copia del acta enviada por la Asociación Masónica Internacional (22 de octubre de 1964) a la que, desde ahora se consideraría Gran Logia del Peñón, independiente de la de Moghreb. Joshua Hassan sería Venerable Maestre y Peter Brusso Secretario. La Masonería internacional se mostraba opuesta a cualquier negociación que implicase la entrega de Gibraltar.
El documento era sólo un conjunto de palabras, pero legitimaba cualquier acción restrictiva española. Las autoridades británicas hicieron un tanteo de intenciones solicitando autorización para que un barco hidrográfico, el Owen, investigase en la bahía de Algeciras: si se daba una respuesta negativa habría elementos de apoyo para afirmar que España procedía con mala voluntad. El 18 de noviembre Castiella hizo entrega al embajador inglés, sir George Labouchère, de dos notas verbales: no estando seguros de que el Owen careciese de objetivos militares era preciso demorar la respuesta; mediante copia fehaciente del acuerdo del Comité de los 24 se comunicaba de modo oficial que España estaba dispuesta a iniciar las negociaciones.
Antes de que se conociera la respuesta española ni su demanda de negociación, la televisión independiente emitió el 19 de noviembre un programa sobre Gibraltar con injurias contra España. Con matemática precisión un grupo de manifestantes quemaba un maniquí, efigie de Franco, ante la embajada española en Copenhague. Se trataba de crear este argumento: no se puede entregar a los «libres» habitantes de Gibraltar a un Régimen «despótico» como el español, que Europa repudia. En la Roca no se empleaba: hubiera resultado contraproducente pues una parte de sus habitantes tenía casas en España. Los periódicos gibraltareños dijeron que España había sido derrotada, que sus pretensiones se desconocían invitándola en cambio a negociar con Inglaterra. Pero lo que verdaderamente temían era que se cerrase la verja y se prohibiese el paso de los 10.000 trabajadores españoles, de los cuales 3.000 eran contrabandistas. Para el alcalde de San Roque esta era precisamente la solución: crear empleos para todos estos obreros y cerrar la verja convirtiendo a Gibraltar en una isla.
