Representación alegórica de las torturas empleadas en las checas del SIM durante la Guerra Civil Española.
El SIM estuvo tutelado por los comunistas que lo utilizaron más como policía política del Partido Comunista (PCE), que como tal servicio de información estrictamente militar. El general soviético Alexander Orlov fue el encargado de asesorar técnicamente al SIM, que utilizó los mismos métodos de tortura que la NKVD rusa.
El SIM se encargaba de interrogar mediante técnicas de tortura a sospechosos de pertenecer al movimiento trotskista o a la quinta columna con la finalidad de recabar información de las posibles acciones de espionaje, contrarrevolución y sabotaje desde la retaguardia al régimen de la República y al pensamiento estalinista. Para ello se pusieron en práctica diferentes técnicas:
- Extrema insalubridad: solo permitían ir al retrete tres veces al día; en caso de necesidad, tenían que defecar u orinar en la celda.
- Extremo frío en invierno y enorme calor en verano, con escasa ventilación y desagradables olores.
- La ropa no se llevaba y era la misma del ingreso.
- Una comida al día consistente en un caldo insípido con escasas legumbres, 150 g de pan y un vaso de agua.
- En caso de enfermedad no había asistencia médica.
- En las celdas comunes vivían en situación de hacinamiento, sin colchones ni mantas para todos.
- Trato vejatorio por parte de los vigilantes.
- Incomunicación con el exterior.
- Ninguna garantía procesal ni humanitaria.
- Torturas diarias, una de ellas nocturna.
Todas las técnicas de tortura eran psicológicas orientadas a debilitar la voluntad y conseguir información de los cautivos generándoles:
- Debilitamiento fisiológico con déficits alimenticios, de sueño…
- Estrés postraumático mediante torturas físicas y psíquicas.
Todo esto lo llevaron a la práctica aplicando una serie de técnicas de tortura. Algunas provenientes de Rusia y otras inventadas por los carceleros o las personas a cargo de esas técnicas de tortura. Con posterioridad fueron exportadas a otros países. En las chekas del SIM se llevaron a cabo estas técnicas de tortura:
Amputación. Consistía en amputar dedos de la mano y del pie. La amputación de los dos primeros dedos de los pies suponía que la víctima no pudiera volver a andar.
Astillado. Ataban a la víctima de pies y manos encima de una mesa y le introducían astillas de madera o metálicas en el interior de las uñas de los dedos de ambas extremidades. En ocasiones, en lugar de introducir astillas, les arrancaban las uñas con unas tenazas.
Badajo. Consistía en atar las manos por detrás con una cuerda y colgarlos. La cuerda pasaba por una polea. Al tirar de la cuerda se buscaba la luxación de los hombros.
Banderilla. Se le aplicaba al preso una inyección infectada. Estas se introducían en las manos y pies. La inyección era agua mezclada con heces para provocarles dolorosos abscesos en los miembros infectados y la funcionalidad de estos.
Carbonera. Consistía en una habitación pequeña en la que se extendía una gruesa capa de polvo de carbón. La víctima, totalmente desnuda y después de habérsele dado una ducha, era introducida allí para que el polvo de carbón se le adhiriese a la piel, lo que producía al individuo una terrible picazón.
Celda del reloj. En algunas celdas alucinantes también se había instalado un reloj —al cual el muelle regulador se había cortado previamente— adelantando unas cuatro, cinco o más horas al día. De esta forma, creaban en la víctima una desorientación temporal.
Celdas alucinantes. La celda tenía la cama y el asiento inclinando e inutilizándolas. Con ladrillos de canto en el suelo para evitar tumbarse o desplazarse. Estas celdas tenían pintadas en las paredes unos círculos de distintos tamaños, de diversos colores, colocados a distintas alturas por toda la pared. En la del fondo había pintado un tablero de ajedrez, una espiral, unos cubos blancos y negros, proyectados en una serie de diez o doce rayas.
Esta pared estaba fuertemente iluminada para captar la atención de la víctima. Como afirmaba su creador Alfonso Laurencic: «Las figuras de ilusión óptica, dados, cubos, espirales, puntos o círculos de diferentes colores, estaban destinadas a captar constantemente la atención del recluso, produciéndole un enorme desgaste de la voluntad».
Celdas de castigo. El suelo estaba erizado de ladrillos de canto para impedir el caminar y en un hueco de la pared, a bastante elevación, se encontraba una cama de cemento. La particularidad de esta consistía en que su superficie estaba inclinada y cubierta de unas afiladas rugosidades o estrías del mismo material, que se clavaban en el cuerpo de la víctima al intentar tumbarse para dormir. El camastro de cemento tenía 1,50 metros de largo, por 0,50 de ancho y 0,60 de altura máxima, con una inclinación lateral de un 20 %. Las celdas estaban en total oscuridad. Además, sonaba de forma permanente un metrónomo que producía un penetrante y continuo tic-tac.
Collar eléctrico. Consistía en colocar un collar de bolas metálicas alrededor del cuello de la víctima que iba conectado a un cable a través del cual se le administraba una descarga eléctrica regulada en intensidad por un potenciómetro. La víctima desnuda previamente había sido mojada con agua.
Confesionario. Consistía en pequeños habitáculos, uno al lado del otro, donde sentaban a la víctima para interrogarla con un potente foco en la cara. En el habitáculo contiguo solían representar un interrogatorio donde la falsa víctima se hacía pasar por uno de los compañeros del reo manifestando que este tenía toda la información sobre la que se le estaba interrogando.
Dentista. Consistía en colocar a la víctima una cuña de madera entre las muelas de ambos maxilares para que no pudiera cerrar la boca. Acto seguido se le limaban las piezas dentales delanteras y al final se las arrancaban con unas tenazas. Las víctimas con piezas de oro les arrancaban las mismas para obtener el citado metal.
Depósito. Consistía en encerrar a la víctima a oscuras en una pequeña habitación que se utilizaba como depósito de cadáveres. En dicha habitación se encontraban diversos cadáveres de compañeros de la víctima que habían muerto al aplicarles las técnicas de tortura o por enfermedad. En la habitación se percibía un fuerte olor a cadáveres en descomposición.
Disciplinas. Ataban a la víctima de pie a una argolla en la pared y era azotado con un látigo acabado en varias ramificaciones en cuya punta tenía atado trozos de metal y vidrio afilados. En ocasiones, a las heridas les tiraban sal.
Echar a los cerdos
En los patios de algunas chekas, como la de San Elías de Barcelona, se criaban cerdos. La técnica consistía en realizar a la víctima varios cortes profundos por las piernas a la vez que era lanzado al centro de la piara. Los cerdos, al percibir el olor de la sangre, agredían a mordiscos a la víctima hasta comérselo. En ocasiones hacían presenciar la tortura de su compañero a la víctima que interrogada.
El ataúd
Consistía en un armario empotrado en la pared donde se colocaba a la víctima media hora antes de ser interrogado. El espacio solo permitía la cabida del cuerpo, exente de ventilación y de luz.
El gancho
La víctima era atada por las muñecas y colgado de un gancho fijado en el techo. A los pies de la víctima se ataban pesas, a fin de producir una mayor tracción sobre sus articulaciones. Suspendido de esta forma y desnudo, era azotado para que confesara.
El huevo
Sobre él ya hemos hablado. Era de forma cilíndrica, pero con ángulos redondeados por lo que impropiamente era conocida también por «celda esférica». Su diámetro era de 1,20 m x 1,20 m, las paredes y el suelo alquitranados. En el techo y en el centro se hallaba instalado un foco muy potente, recubierto de una reja metálica, para impedir que el recluso pudiese romper la lámpara. La forma especial y el calor y brillo del muro producían en el prisionero una desorientación completa, pues no encontraba ningún punto de referencia para orientarse. Además, la falta de ventilación y el calor que desprendía el foco caldeaban de tal manera el interior de la celda que la víctima sudaba copiosamente y al respirar aspiraban un aire caliente muy desagradable mientras el olor del alquitrán que revestía la pared se hacía cada vez más penetrante.
El pozo
Consistía en un pequeño calabozo o celda situado en el jardín, el cual se utilizaba para infligir a los detenidos el llamado «tormento del agua». La abertura era muy estrecha y practicada en el techo. Sobre ella estaba montada una polea que servía para hacer descender y izar la víctima. Algunas veces se le suspendía por los pies, introduciéndola de cabeza en el pozo y sumergiéndola durante algunos segundos en el agua. En otras ocasiones se colgaba al recluso por los brazos o axilas y se le mantenía sumergido hasta un nivel cercano a la boca, por un largo periodo de tiempo.
Empetao
La víctima desnuda era atada de decúbito prono sobre un banco con las piernas a cada lado. Los interrogadores le introducían a la víctima el cuello de una botella por el recto empujando hacia dentro del intestino. Una vez le era introducida media botella, tiraban de ella, la cual hacía ventosa y succionaba la víscera. Si la víctima era mujer, realizaban la misma técnica por la vagina.
Gomazo
Consistía en colocar alrededor de la cabeza una goma elástica ancha a la altura de la frente. De dicha goma colgaba una campanilla de la que tiraban y soltaban para que esta impactara contra el cráneo durante el interrogatorio.
Incomunicación
Eran habitáculos de 2 x 1,5 m x 2 m destinados a la incomunicación de la víctima, donde permanecía durante meses sin salir ni poder comunicarse con nadie.
La argolla
Procedían a colocar a la víctima desnuda, amarrada de manos y colgado por un pie en una argolla con la cabeza hacia abajo, sumergiendo la cabeza de la víctima a la altura de la nariz en un recipiente con agua o excrementos mientras era azotado. Para poder respirar debía contraerse hacia arriba para sacar la nariz del líquido.
La bañera
Consistía en interrogar a la víctima dentro de una bañera con agua fría jabonada, donde en su fondo habían depositado trozos de vidrio. El cautivo estaba con las manos atrás y atadas por las muñecas.
La ducha
Era una pequeña celda en cuya parte exterior se hallaba instalada una manguera que introducía agua fría a gran presión. En ella se encontraba al preso completamente desnudo y era sometido a una prolongada y violenta ducha. La operación se repetía hasta quebrar la resistencia de la víctima, la cual, a causa del interrogatorio y la fuerza del chorro de agua, no tardaba en prestar las declaraciones que los verdugos le exigían.
La enfermería
Cuando una víctima caía exhausta de agotamiento por las diferentes torturas y no le habían podido sonsacar información en el interrogatorio, eran llevados a la enfermería donde le inyectaban un estimulante —cloruro de cocaína— por vía intravenosa. El efecto psíquico del cloruro de cocaína en dosis de 0,05 a 0,10 gr. consiste en optimismo y duradera euforia.
La paliza
Cinco eran las técnicas de las palizas: pegar puñetazos en la nariz o en los testículos; dar palizas con porras de goma; látigo de piña; pisar con botas en la barriga o en la espalda; y pegar con sacos de arena o con planchas en una bota de fieltro. Al sometido a la paliza lo ataban por las muñecas con los brazos en la espalda. Varios interrogadores, a medida que le hacían las preguntas, le pegaban una paliza golpeando las zonas anatómicas de mayor dolor: nariz, abdomen, espalda…
La periquera
Consistía en colocar las manos de la víctima que le rodeaban las piernas introduciendo una vara en la abertura formada entre las rodillas y los codos. La víctima quedaba suspendida cabeza abajo y se le azotaba.
La silla
La víctima era puesta de espaldas en el asiento de una silla de madera y le ataban las manos con los pies por debajo de esta. Era dejado en esta postura varios días. En ocasiones era golpeado en el abdomen.
La verbena
Consistía en tres cajones de unos 50 centímetros de ancho por 40 de profundidad, con el techo constituido por una tabla móvil de altura graduable. Adosado al fondo, había un saliente inclinado que medía 13 centímetros.
Estaba destinado a que la víctima encerrada allí pudiese apoyarse por el trasero, pero sin permitirle sentarse completamente en el mismo. La altura de este saliente, colocado a 65 centímetros del suelo, contribuía a conseguir el mismo fin. La plancha graduable del techo se colocaba de forma que el recluso tuviera que permanecer encogido y con la cabeza inclinada hacia adelante.
En cuanto al suelo de esta reducida celda, presentaba la forma cóncava, lo que impedía que la víctima apoyara normalmente los pies, lo que incrementaba su incomodidad y tortura. En la cara interna de la celda, que era de madera, se fijaba una tabla que, al ser cerrada aquella, se introducía entre las piernas del recluso, lo que le impedía todo cambio de postura.
Además, otra tabla fijada al interior de la puerta, en posición horizontal, apretaba el cuerpo de la víctima contra la pared del fondo, obligándole a permanecer en una posición muy forzada e incómoda. A la altura de los ojos del recluso se colocaba una bombilla eléctrica. A la altura de la cabeza del preso se colocaba un potente timbre eléctrico que funcionaba constantemente. La permanencia en estas celdas armario se prolongaba generalmente durante tres o cuatro horas.
Neveras
Consistía en varias celdas cuadrangulares, estrechas, cerradas por puertas curvas y revestidas interiormente de cemento poroso. Un depósito de agua situado en la parte superior suministraba el líquido, que filtrándose a través del techo y paredes, convertía dichos calabozos en una nevera. Las víctimas eran encerradas allí completamente desnudas y permanecían con las piernas sumergidas en 40 cm de agua embalsada en el suelo de la celda.
Quebrantahuesos
Ataban a la víctima a una silla con respaldo para brazos, a los que sujetaban fuertemente el antebrazo y muñecas de ambos brazos. Con unas tenazas de punta hueca luxaban la falangeta de cada dedo, posteriormente luxaban las falanginas y finalmente las falanges. En ocasiones también lo hacían con los dedos de los pies. Con un artilugio denominado «talón de Aquiles» luxaban todas las falanges de la mano a la vez.
Ratonera
Consistía en colocar un ratón dentro de una olla en la que sentaban a la víctima desnuda y atada para que no se pudiera levantar. Seguidamente, con un infernillo eléctrico procedían a calentar la olla, lo que provocaba que el ratón quisiera salir de la olla al percibir el calor de esta. El ratón intentaba escarbar un orificio a través del cuerpo de la víctima para salir.
Silla eléctrica
Consistía en un pesado sillón de madera y encima se ubicaba el armazón metálico del asiento de un automóvil. Dicha silla estaba conectada a unos hilos que conducían por vía subterránea o empotrada al fluido eléctrico. La corriente se establecía por medio de un potenciómetro montado en una especie de estrado. La víctima estaba desnuda y previamente había sido mojada con agua. Durante el interrogatorio le deslumbraban con unos potentes focos, mientras le administraban las descargas eléctricas.
Simulacro de fusilamiento
Colocaban a la víctima junto a una fosa cavada en el suelo, mientras se situaba enfrente un pequeño pelotón de fusilamiento. A la víctima se le comunicaba que si no hablaba sería fusilado. Acto seguido se le tapaban los ojos mientras oía como montaban las armas. En otro espacio, un poco más alejado, se emitía una descarga de fusilamiento, simulando que habían fusilado a un compañero.
Submarino seco
Se aplicaban dos técnicas: colocar cinturón en el cuello para asfixiar; y colocar una bolsa de plástico por la cabeza para provocar asfixia. Si la víctima no confesaba se le colocaba una bolsa de plástico que le cubría la cabeza hasta el cuello, ajustándola al mismo, con el objeto de generarle asfixia. En ocasiones utilizaban un cinturón que se ceñía alrededor del cuello para provocar estrangulación.
Tizón
Las víctimas eran atadas por las muñecas a un gancho en el techo con los pies en el suelo. Mientras era interrogado se le producían con un cigarro o una plancha de ropa quemaduras en el tórax y abdomen.
