Cabra, 7 de noviembre de 1938. El bombardeo de la aviación republicana dejó 109 muertos y más de 200 heridos, una tragedia civil cuya memoria merece ser recuperada.
El 7 de noviembre de 1938, durante la Guerra Civil española, la localidad cordobesa de Cabra sufrió uno de los bombardeos más devastadores y menos conocidos de la contienda. Tres aviones Tupolev SB-2, conocidos popularmente como «Katiuskas», pertenecientes a la aviación republicana, descargaron sus bombas sobre esta población situada lejos de las principales líneas del frente.
El ataque comenzó aproximadamente a las 7:27 de la mañana, cuando numerosos vecinos se encontraban en el mercado de abastos realizando sus compras cotidianas. La operación aérea incluyó el lanzamiento de más de veinte bombas, algunas de gran potencia, que alcanzaron distintas zonas de la localidad y provocaron una auténtica catástrofe entre la población civil.
Las consecuencias fueron terribles: 109 personas perdieron la vida y más de 200 resultaron heridas, según las cifras recogidas en la documentación citada sobre el episodio. Familias enteras quedaron destrozadas y numerosos edificios sufrieron importantes daños materiales.
Uno de los aspectos más controvertidos de este bombardeo es la ausencia de objetivos militares claramente identificados en la localidad. Cabra era una población agrícola situada en la retaguardia nacional. Diversos investigadores han planteado que el ataque pudo responder a una maniobra de distracción para obligar al bando nacional a redistribuir sus recursos aéreos y antiaéreos, aliviando así la presión que soportaban las tropas republicanas durante la batalla del Ebro. Esta interpretación constituye una de las principales hipótesis sobre las motivaciones de la operación.
La comparación con el bombardeo de Guernica, ocurrido el 26 de abril de 1937, resulta inevitable. Ambos episodios dejaron víctimas civiles y destrucción, pero su repercusión histórica e internacional fue muy diferente. Mientras Guernica se convirtió en un símbolo universal de los horrores de la guerra, Cabra permaneció durante décadas mucho menos presente en la memoria colectiva.
Recordar el bombardeo de Cabra no significa restar importancia a otras tragedias de la Guerra Civil ni justificar los crímenes cometidos por ninguno de los bandos. Significa reconocer que las víctimas civiles merecen idéntica consideración, independientemente de quién lanzara las bombas o de la ideología de quienes las ordenaron.
La historia debe conservar todos sus episodios, también aquellos que resultan incómodos para determinados relatos políticos. Las 109 víctimas de Cabra merecen memoria, reconocimiento y respeto. Su tragedia forma parte de nuestra historia y no debería volver a quedar relegada al olvido.
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