1.
En abril de 1961 un grupo de exiliados cubanos habían intentado derribar el régimen de Castro desembarcando en la bahía de Cochinos. El fracaso de la operación reveló además que carecía del mínimo de preparación suficiente. En las críticas de la prensa española, en especial la del Movimiento, se advertía una actitud de censura no expresa contra los Estados Unidos por falta de apoyo. Desde entonces la isla se convirtió en plataforma activa para la exportación del comunismo. A pesar de todo, Franco se negó a interrumpir las relaciones diplomáticas, alegando, como siempre, que se trataba de una nación hispánica, independientemente del Régimen político que en ella existiese. Influía también en su actitud el temor a que pudiera producirse el reconocimiento del Gobierno republicano en el exilio.
Franco no carecía de informes acerca del peligro que encerraban estas relaciones y del papel que los dirigentes cubanos se preparaban a desempeñar en el ámbito iberoamericano. Desde Lisboa, el 20 de setiembre, Ibáñez Martín comunicaba que el capitán Galvão y la organización D.R.I.L. preparaban desembarcos en Galicia y Portugal de grupos guerrilleros adiestrados en Cuba y, desde París, Areilza daba el nombre de un terrorista, Joaquín Aranzadi, que se proponía realizar sabotajes en las inmediaciones de Hernani. El embajador en Buenos Aires, José María Alfaro, completó estas noticias, haciendo referencias a un gallego adiestrado en Cuba, Manuel Yáñez Calvo, antiguo falangista, luego ex-combatiente de las fuerzas francesas libres y por último especialista en el golpe de mano, que se proponía coordinar una acción que debería acabar con la vida de Franco, Castiella y Muñoz Grandes.
Más reveladoras fueron las entrevistas que funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores celebraron con Luis de la Cuesta, encargado de negocios de Cuba, que junto con el primer secretario de la embajada, había dimitido buscando asilo político en España. En cierta ocasión las autoridades de su país le habían explicado que «su misión en España era de mera pantalla». Las órdenes recibidas de inundar el país de propaganda política y trasladarse a París para recibir directamente de Santiago Carrillo sus instrucciones, le parecieron incompatibles con su calidad de diplomático: no había dimitido —advirtió— por discrepancias ideológicas, como dijera la prensa sino porque estaba convencido de que corría un peligro personal.
2.
La víspera de Navidad de 1961 Franco, que había salido a cazar al monte inmediato a su residencia, sufrió un accidente, que pudo haber revestido consecuencias muy graves. Es muy probable que se trate de un atentado. Conducido rápidamente al Hospital militar, el teniente coronel médico, Ángel Garaizábal, apreció fractura de metacarpiano y de una falange del dedo índice de la mano izquierda. Cristóbal Martínez Bordiu, marqués de Villaverde, pidió al médico que dijese al Caudillo toda la verdad, porque «necesita estar informado». Garaizábal anunció que iba a operar inmediatamente bajo anestesia total. Como en los viejos tiempos de África, Franco hizo un solo comentario: «usted manda y yo obedezco; hago siempre lo que manda la tabla». Pero añadió: «Garaizabal, tiene Vd. que redactar un comunicado oficial y que se entere todo el mundo». En el momento en que iban a aplicarle la anestesia estaba a su lado Camilo Alonso Vega, al que dijo sencillamente: «Ten cuidado con lo que ocurra». Era Alonso Vega el ministro de la Gobernación.
La operación quirúrgica duró hora y cuarto y a ella asistieron el marqués de Villaverde, Vicente Gil y el hermano de éste, que también era médico, en calidad de espectadores. En el parte que se facilitó a la prensa se eliminó la palabra falange para evitar irónicos comentarios políticos. Las primeras palabras que pronunció Franco, tras recobrar el conocimiento, fueron para preguntar al médico si estaba satisfecho. No del todo, puesto que el paciente presentaba cifras altas de glucosa y urea, por lo que dispuso que no se le trasladase todavía al palacio de El Pardo.
Alonso Vega, ayudado por Carmen Franco, hija del Generalísimo, redactó una nota para la prensa que fue consultada con Carlos Arias Navarro, a la sazón Director General de Seguridad. Fue éste quien se encargó de llamar al Director General de Prensa, Adolfo Muñoz Alonso, para transmitirle el encargo de que los periódicos la publicasen, inmediatamente después de haberse comunicado la noticia a los Capitanes Generales. Seguía el parte médico con estas escuetas palabras: «Su Excelencia el Jefe del Estado, padece fractura abierta del segundo metacarpiano y del dedo índice de la mano izquierda. Doctor Garaizabal».
3.
La calle se pobló de rumores aquel día de Navidad porque se sabía que Franco estaba ingresado en un Hospital. El 26 Garaizabal autorizó al enfermo el retorno al Pardo. Durante un mes sufriría sin embargo fuertes dolores que le impedirían dormir. Todos los rumores comenzaron a enfriarse cuando el día 30, fiel a la cita de todos los años, Franco apareció en las pantallas de televisión con el brazo escayolado para leer su discurso a la nación. Es uno de los más breves de toda su vida y estaban fundamentalmente compuesto de cifras. Cifras sobre el aumento espectacular del acceso de los españoles a la enseñanza media y superior, sobre el aumento de los cuadros de dirigentes de todos los sectores, la absorción del desempleo, la inversión de capitales extranjeros, la movilización del ahorro interior, la expansión agraria y el crecimiento de la producción industrial en el 11 %. Cerró sus palabras con esta frase: «la recuperación de nuestra economía ha sido un hecho».
