La tensión entre España y Marruecos en torno a Ifni y el Sahara español durante los años sesenta.
1. La resolución de las Naciones Unidas en diciembre de 1966 era favorable a las tesis españolas en relación con Ifni y el Sahara: este último, en razón de los fosfatos de Bu Craa era el único territorio que tenía perspectivas de rentabilidad. Pero Al Anbaa, órgano de expresión del Ministerio de Información marroquí, mostró ya el 2 de enero de 1967 cuál iba a ser la postura de este Gobierno: reclamar el cese de la administración y de la presencia militar españolas en el Sahara, admitiendo a los exiliados, antes de organizar el referéndum lo que era tanto como pedir que fuesen los propios marroquíes quienes organizasen la consulta. Desde Nouakchott, el embajador Cuyás explicó que las autoridades mauritanas en contacto con grupos saharauis estaban cada vez más firmes en afirmar que la presencia española era lo que más les convenía. Lo mismo se pensaba en Argel. El presidente Ould Daddah preparó un viaje a Egipto para convencer a Nasser de sus razones.
El embajador español en Rabat señaló ya en enero de 1967 las tres implicaciones básicas del problema: la situación interior en Marruecos es desastrosa; Hassan II necesita algún éxito que distraiga y se está entendiendo con grupos saharianos disidentes para crear un conflicto; confía sobre todo en la ayuda norteamericana porque sus intereses van creciendo en Marruecos. Mientras Argelia y Mauritania trataban de aumentar sus relaciones con Francia y España, Hassan II, en medio de propaganda nacionalista preparaba un viaje a Estados Unidos, buscando presentarse ante el Presidente Johnson como un monarca liberal en busca de ayuda económica.
Al comunicar a Merry del Val que la visita tendría lugar los días 9 y 10 de febrero de 1967, el Departamento de Estado aseguró su neutralidad. Castiella reclamó: no cabe esa neutralidad entre dos aliados; mientras que España realiza la política descolonizadora, Marruecos se encuentra en pleno imperialismo y trata de esgrimir como amenaza la amistad española con Argelia que es pura cooperación económica. Katzenbach replicó a Merry con una insistencia en la neutralidad.
2. La visita de Hassan II a Washington estuvo precedida por otros dos acontecimientos: unas declaraciones del secretario adjunto del Departamento de Estado, Palmer, en Tánger, en las que se refirió a las armas que iban a ser vendidas a Marruecos y una carta de Franco al presidente Johnson el 30 de enero en la que con toda claridad daba a entender que consideraría dicha venta como inamistosa para España. Esta carta causó gran efecto. Henry Tasca, embajador norteamericano en Rabat, explicó a Eduardo Ibáñez, que las declaraciones se habían tergiversado, exagerándolas, pues no se trataba sino de ayudar a Marruecos a defenderse. El 5 de febrero de 1967 el embajador de Mauritania advirtió en Washington que si los Estados Unidos rearmaban a Marruecos ellos tendrían que buscar quien les proporcionase armas.
En los días inmediatamente anteriores a la llegada de Hassan el Departamento de Estado trató de tranquilizar al Gobierno español: las armas para Marruecos serían sólo defensivas con el compromiso, además, de no usarlas sino como seguridad para negociaciones. Castiella ordenó responder el 7 de febrero que los españoles no aceptaban la distinción entre armas defensivas u ofensivas y que su entrega desencadenaría inevitablemente una carrera de armamentos. El Rey trató de organizar un viaje fastuoso y deslumbrante, con un presupuesto de 750.000 dólares, pero con poco éxito. A la gran recepción del Hotel Shoreham no asistió ninguna autoridad superior a Palmer, el secretario adjunto. Ni Johnson, ni el vicepresidente, ni Dean Rusk ni Robert Mac Namara, pese a estar expresamente invitados, acudieron. La primera entrevista con Rusk tuvo lugar el 9 de febrero, al día siguiente Hassan y sus consejeros se vieron con Root y Staessel en la mayor reserva. Merry, que fue informado por los norteamericanos, supo que se había tratado de una venta de armas de 15 millones de dólares y no de Ifni y Sahara.
El 14 de febrero, el mismo Palmer hizo a Merry del Val un balance de la negociación. Según aquél, Hassan había llevado todo el peso de la conversación, tratando de convencer a sus interlocutores de que valoraba en mucho la amistad española. Cuando Palmer le advirtió que si intentaba alguna acción en el Sahara se le retiraría la ayuda, el monarca se sorprendió diciendo que en la visita de Solís a Rabat el 6 de marzo de 1966 él mismo había propuesto al Ministro español una cooperación para la explotación de los fosfatos. Lo que, según aclaró enérgicamente Merry, era mentira. En resumen, decía Palmer, se ha firmado un convenio cultural y otro que permitirá proporcionarle 8 aviones de caza.
Sin embargo, Aznar tenía noticias muy diferentes, obtenidas por medio de las delegaciones de la O.N.U. El Secretario de Estado advirtió a los inversores que no podía garantizarles nada si se instalaban en el Sahara, y al delegado español que la autodeterminación le parecía un error y que preferían un entendimiento directo entre Marruecos y España. Algo semejante debieron recomendar en Washington al soberano marroquí, porque apenas vuelto a Rabat envió al general Mizzian a Madrid con una carta personal a Franco proponiendo entablar negociaciones.
3. El día 8 de marzo de 1967 el embajador español, Eduardo Ibáñez, tuvo la primera entrevista con Cherkaoui desde el regreso de Hassan II: al fin iba a poder sondear los cambios que se estaban produciendo. El Ministro marroquí le dijo que los deseos eran amistosos, como lo era el tono de la carta dirigida al Generalísimo. La necesidad de defenderse de Argelia obliga a comprar armas. Ibáñez replicó que no lo creía porque si deseaban cumplir el acuerdo de la O.N.U. tenían que dejar de entorpecer sus acciones. En sus informes a Castiella, Ibáñez añadió que el único cambio perceptible era un cierre más hermético a la izquierda y al Istiqlal —se comentaba desfavorablemente que Muñoz Grandes hubiera enviado uno de sus ayudantes a interesarse por la salud de Alal el Fasi— y una renovación de las demandas territoriales. Se estaba publicando una revista, Sahraouna, que reclamaba la anexión del Sahara español a Marruecos.
Fosfatos y pesca, estos eran los intereses económicos que se ventilaban. La retirada de los técnicos franceses habían disminuido mucho la producción de fosfatos en Marruecos y Hassan veía un remedio en la absorción de Bucraa. Los Estados Unidos, que sopesaban la importancia de los fertilizantes en la política de desarrollo del tercer mundo, preferían un pool de fosfatos, que sus financieros podían controlar, a las soluciones particulares.
4. Al mismo tiempo que se preparaba la respuesta a Hassan II y se ordenaba a Aznar que comunicase a U Thant la decisión de cumplir las recomendaciones de la O.N.U. —ambas en la misma fecha, 18 de marzo— los funcionarios españoles preparaban tres exhaustivos documentos destinados tanto a servir de esquema para la negociación como para justificar ante la Asamblea los derechos españoles. De la larga relación de hechos habría que señalar los puntos esenciales siguientes:
— Desde el 21 de agosto de 1957 en que Marruecos presentó su reclamación sobre Ifni, España ha sostenido que este territorio no formaba parte del Protectorado, que estaba dispuesta a poner el contencioso en manos del Tribunal de La Haya, solución a que los marroquíes se negaron pretendiendo resolverlo por la fuerza de las armas. No cabe duda de que Marruecos era un agresor. Pero la voluntad española de negociar con él el destino de Ifni, no se alteró.
— Al producirse la revuelta del Rif, el presidente Ibrahim, que temía una intervención española, ofreció en varias ocasiones una negociación sobre Ifni estableciendo compensaciones, bien en una rectificación de fronteras en torno a las plazas de soberanía, bien en concesiones pesqueras. Ambas cosas parecían bien a España. Esto sucedía en 1959.
— Pero apenas pasado el peligro, Mohammed V prefirió acudir a la O.N.U. y obtuvo entonces la resolución 1.542 que declaraba Ifni, Sahara, Río Muni y Fernando Poo como territorios no autónomos (11 noviembre 1960). En este momento España podía haber efectuado una maniobra contra Marruecos, erigiendo Ifni en Estado independiente. No quiso hacerlo.
— Con la subida al trono de Hassan II, la diplomacia marroquí volvió al punto de partida, pero tratando de mezclar ahora Ifni con Sahara, cuyo derecho a la autodeterminación ha sido reconocido por la O.N.U. Ningún país afroasiático apoyó a Hassan en esta nueva postura adoptada.
— Después de la reunión del Comité de los XXIV en Addis Abeba, en junio de 1966, quedó muy clara la aceptación progresiva de las tesis españolas, que quedaron además refrendadas por un escrito, del 21 de marzo de 1966, redactado por los principales jefes de las kábilas saharauis en que afirmaban su voluntad de ser españoles. Firmaron en el curso del año 14.000 personas de un total de 27.000 almas que se calcula viven en el territorio.
Teniendo en cuenta todo esto, el Jefe del Estado Español encargaba, el 18 de marzo de 1967, a Manuel Aznar que entregase a U Thant la respuesta: España, en Ifni, Sahara, Gibraltar, como antes en Guinea, se atenía a las recomendaciones de la Asamblea.
En este sentido estaba también redactado el mensaje de respuesta a Hassan II, envuelto en circunloquios gallegos: mucho me complacen —decía Franco— esos sentimientos de amistad que lastimosamente se ven estorbados por la propaganda y algunos incidentes; respecto a la resolución de la O.N.U., que España no votó estamos siempre dispuestos a cumplirla abriendo negociaciones sobre Ifni y respetando los deseos de la población autóctona. Esta carta, fechada el 12 de marzo fue entregada en mano por Eduardo Ibáñez al Rey el día 24. Dijo entonces Hassan que estaba deseoso de una nueva conversación con el Caudillo para tratar de los asuntos comunes. El embajador aprovechó la confidencia para decir cuán extraño le resultaba que, habiéndose decidido Marruecos por la independencia del Sahara en Addis Abeba, su delegación en la O.N.U. sostuviese ahora lo contrario. Tres días más tarde el jefe del Gabinete Real, Dris M’Hammedi, recordó a Ibáñez una frase pronunciada por el Rey durante la audiencia. Había llegado el momento de decidir si entre España y Marruecos iba a haber matrimonio o divorcio. No explicaba desde luego lo que entendía por una u otra cosa, porque en Nueva York se sembraba confusión y en el Sahara proseguían las maniobras para infiltrar guerrilleros.
5. El 3 de abril de 1967 Castiella envió a Aznar nuevas instrucciones muy documentadas. España desea la autodeterminación del Sahara y está dispuesta a admitir que una comisión de la O.N.U. visite el territorio, pero reservándose el derecho de no aceptar en ella elementos hostiles. Al mismo tiempo denunciaba la maniobra marroquí de enviar súbditos al desierto como si fuesen nómadas a fin de falsear el referéndum. No podían mejorar las relaciones con Hassan II mientras las palabras viniesen acompañadas por acciones contrarias en el campo económico: el mineral de la empresa, antes española, ahora mixta, de Minas del Rif, iba a enviarse íntegro a fundiciones marroquíes. La situación económica podía llegar a convertirse en decisiva.
El 12 de abril las agencia United Press International difundía por los teletipos la noticia de que España contaba con las firmas de los saharauis que respaldaban su actuación. Seis días más tarde, Aznar entregaba este documento entre otros muchos que justificaban la política española sobre Gibraltar, Ifni, Guinea Ecuatorial y Sakya el-Hamra. La prensa marroquí seguía insistiendo en las reivindicaciones territoriales. En los primeros días de mayo la Revista Sarahouna insistía en los ataques a la administración española presentando la situación en el territorio como si hubiese guerra abierta.
Marruecos proyectaba hacer de Tarfaya un término para las caravanas de los nómadas saharianos. El 7 de mayo de 1967, en Tan Tan se celebró una romería en la tumba del Santón Ma El Ainin, de Smara. El general Ufkir incitó abiertamente a los saharauis a sublevarse contra España. Hassan II trataba de utilizar a los descendientes del Santón para canalizar en su favor los sentimientos religiosos de la población. Algunos incidentes estallaron en las proximidades de El Aaiun. Argelia ofrecía convertir a Tinduf, ciudad más moderna que Tarfaya en alternativa de ésta para los nómadas pero el embajador español, Los Arcos, proponía que se buscase una declaración conjunta de Argelia y Mauritania que garantizara la presencia española.
6. La necesidad en que Castiella se encontraba de acudir a la O.N.U. con las reclamaciones sobre Gibraltar, favorecería los propósitos del rey de Marruecos, que había instalado en Madrid como embajador al general Mohammed el Mizzian, al parecer con el propósito de mezclar Ifni y Sahara en una sola negociación. Cuando este proyecto fracasó, los marroquíes pasaron a una doble maniobra: diálogo en la embajada, transmisión de la disputa a la reunión de la O.U.A. en Kinshasa. En setiembre de 1967, cuando comprobaron que la voluntad de restitución en Ifni era seria, el primer ministro Benhima volvió a proponer negociaciones para una cooperación económica.
El 9 de setiembre de 1967 Franco escribió a Hassan II que su Gobierno estaba ya en condiciones para negociar la entrega de Ifni. En realidad desde hacía diez años las tropas españolas ocupaban tan sólo un breve perímetro en torno a Sidi Ifni, donde vivían 2.500 españoles y existían muy escasos intereses económicos. El título de propiedad era el antiguo tratado de 1860 que autorizaba a España a establecer una factoría para la pesca en el lugar inmediato a la antigua Torres de Santa Cruz de la Mar Pequeña, posesión española en las postrimerías del siglo XV; en 1912 se habían establecido los límites del territorio sin que se invocase nunca el precedente del antiguo reino de Bu Tata. Sólo mucho tiempo después procedió Capaz a ejecutar la ocupación efectiva. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores español siendo la pesca la única razón del establecimiento, un acuerdo pesquero podía suceder con ventaja la ocupación. El 21 de setiembre el Consejo de Ministros ordenó que se hiciera un inventario de bienes, que estaba concluido el 24 de octubre de 1967. Laraki, ministro marroquí de Asuntos Exteriores, estuvo en Madrid el 24 de setiembre y celebró una entrevista con Castiella.
Ahmed Laraki se mostró generoso en palabras y promesas: iban a dar a España incluso más de lo que ésta ofrecía en Gibraltar, la posibilidad de que los musulmanes conservaran la nacionalidad española. Pero Castiella y sus colaboradores, que tenían ya una triste experiencia por los problemas pendientes desde la independencia —deudas no pagadas, quebranto de intereses financieros, mal trato a los españoles residentes en Marruecos— quería tan sólo un acuerdo concreto y claro, que permitiese a sus barcos de pesca seguir acudiendo a los caladeros de aquella costa. Para esto sí había dificultades. Las autoridades españolas en Río de Oro comenzaron a mostrar preocupación por las intromisiones en aquel territorio, máxime cuando los informes confidenciales norteamericanos mostraban un especial interés en señalar la peligrosa presencia soviética en el Mediterráneo occidental, incluyendo el mar de Alborán.
7. Una vez iniciadas las negociaciones, y obtenida la aquiescencia española en el caso de Ifni, las fuerzas políticas marroquíes pasaron ya a la fase siguiente. En un discurso muy virulento, en el Congreso del Istiqlal, El Fasi reclamó la integridad territorial, incluyendo en primer término Sahara pero aludiendo también a que el Estrecho de Gibraltar, en sus dos orillas, era tierra musulmana. Unos días antes el embajador español en Argelia, José Luis los Arcos, había sido llamado al Ministerio de Asuntos Exteriores para recibir la advertencia de que España no podía negociar sobre el Sahara sin contar con ellos. Y el 25 de noviembre, en ocasión de la fiesta nacional mauritana, el presidente Moktar Ould Daddah reclamó también Río de Oro como territorio propio. A España no molestaba esta intromisión porque sólo de este modo podía colocarse en posición de árbitro de querellas maghrebíes.
El embajador español en Rabat, Eduardo Ibáñez y García de Velasco, al presentar el 27 de noviembre su protesta por el discurso, advirtió a Laraki dos cosas: que la acción del Istiqlal era perturbadora e inconciliable con la actitud de España que prepara ya sus censos para la entrega de Ifni, y que el Gobierno marroquí aún no ha hecho otra cosa que pronunciar palabras, pues hablar de un simple convenio de pesca no resultaba significativo; otros países tienen convenios de pesca sin haber dado nada. Laraki ofreció negociar sobre el status de los ifneños que quisieran seguir siendo españoles. Ibáñez replicó: de lo que se trata es de reconocer derechos, y de garantizar las propiedades españolas en territorio marroquí.
Como se esperaba, los embajadores de Marruecos, Argelia y Mauritania se enfrentaron dialécticamente en la O.N.U. Pero el resultado permaneció inconmovible: España debía descolonizar Ifni de acuerdo con Marruecos y organizar el referéndum en el Sahara.
El 21 de diciembre de 1967 el embajador mauritano en Madrid explicó a Castiella los contactos que habían tenido con Marruecos en Bizerta, Ginebra y Bonn, sin resultado, de modo que no había que pensar en otra cosa sino en que España y Mauritania se mantuviesen unidas.
