1.
Los actos de Estoril del 20 de diciembre de 1957 sembraron la consternación en un sector: el de los republicanos en el exilio, que se sintieron traicionados después de haberse confiado en las negociaciones con la Monarquía. Sus periódicos arreciaron en insultos contra don Juan, al que presentaban como instrumento de Franco. El 1 de enero de 1958 Félix Gordón Ordás, en su calidad de presidente del Gobierno de la República, publicó un Manifiesto de título muy significativo: «lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos». En él se presentaba a los monárquicos españoles como los primeros que habían negociado con Hitler y Mussolini en busca de ayuda para la restauración. Sólo la República podía garantizar la caída de Franco. El procedimiento sugerido del referéndum resultaba inaceptable: la consulta nacional sólo podía hacerse después de que se hubiese reinstalado la legalidad anterior al 18 de julio de 1936.
Este tema del referéndum, tras la experiencia de 1947, intranquilizaba a los republicanos porque temían que fuese el medio de legitimar la Monarquía y no otra cosa. Resultaba preferible el procedimiento que sugerían los comunistas de organizar una Jornada de Reconciliación Nacional, esto es, un enfrentamiento, incluso violento, si fuera necesario, de todas las fuerzas antifranquistas con el Régimen. La primera mención de esta Jornada, que se acabaría fijando en el 5 de mayo, es decir, al día siguiente del gran desfile militar conocido como de la Victoria, se hizo en la emisión del 9 de enero de 1958 desde las antenas de Radio España Independiente, situada en Praga, y se presentó abiertamente como comunista.
La Jornada tenía que ser precedida por otros movimientos de agitación laboral. Marcelino Camacho había regresado del exilio con instrucciones del Partido Comunista para infiltrarse en los Sindicatos Verticales para destruirlos. No era, sin embargo, en Madrid —aunque otra cosa pretendía, por razones de prestigio personal este dirigente— sino en Asturias, Vizcaya y Cataluña en donde se daban las circunstancias favorables. La prensa nacional empleó a fondo las informaciones acerca de la inflexible crueldad con que en Hungría y Polonia eran reprimidos los movimientos obreros y también los datos acerca del bienestar y de las nuevas conquistas de la Seguridad Social. El Ministerio de Comercio entregó una nota para Informations économiques en que afirmaba que el año 1957 podía considerarse normal y que 1958 sería de crecimiento aunque siempre con la condición de vencer los dos frenos que padecía la industria: escasez de inversiones y baja productividad.
La noticia más desfavorable para el Régimen venía de otro campo. Un minucioso informe acerca de la organización y actividades de Falange Española en las diversas provincias españolas, arrojó un resultado deplorable: se carecía de un adecuado soporte político, en forma de Partido. Franco tendría que emplearse personalmente a fondo para reanudar el proceso constitucional.
2.
El año 1958 será, pese a los preparativos de la agitación, que pudo poner en marcha el primer ensayo de Comisiones Obreras (en ruso la palabra comisión se traduce por soviet), de avance para el Régimen de Franco. Se promulgan los Principios Fundamentales del Movimiento, se aprueba el primer proyecto para la estabilización, se promulga la ley de convenios colectivos, se ingresa en los primeros organismos económicos internacionales. No debe perderse de vista la posibilidad de que una parte de la agitación se dirigiera a evitar este ingreso, sembrando la desconfianza.
El 10 de enero de 1958 se firmó un convenio que permitía a España adherirse a la OECE como «miembro no pleno». Una semana más tarde Areilza comunicaba al director del Fondo Monetario Internacional que el Gobierno español deseaba negociar su ingreso. Tras el examen de las respuestas españolas el Fondo y el Banco Mundial cursaron el 12 de marzo la invitación formal. En atención a la delicada situación económica se aceptó que sólo el 10% de la cuota tuviera que ser abonada en oro.
Según la policía, que el 19 de enero de 1958 se había decidido a detener a Javier Pradera Cortázar, desmantelando el grupo madrileño, muchos de los enlaces sindicales eran comunistas que obedecían a las consignas del Partido. El 4 de marzo, tomando como pretexto el despido de siete obreros, la huelga se inició en el pozo María Luisa y en La Camocha de Gijón, en donde por primera vez se habló de la constitución de comisiones no políticas, aunque en la práctica estuviesen dirigidas por los comunistas. Una semana más tarde el movimiento se había extendido por el valle del Langreo en donde quince mil obreros se declararon en paro.
El 15 de marzo el Gobierno acordó suspender por cuatro meses algunos artículos del Fuero de los españoles y acusó abiertamente a los comunistas de ser los instigadores. El 25 de marzo se señalaron brotes de huelga en Cataluña, y el 26 también en Altos Hornos de Vizcaya.
Los Ministros responsables se mostraron tranquilos. Cuando la policía detenía a los piquetes de huelga los jueces les devolvían pronto la libertad porque no se quería entrar en el juego de las represalias. A fin de cuentas las huelgas acercaban a España a los demás países europeos en donde conflictos de esta clase se producían constantemente. Lo importante era mantener los conflictos dentro de un límite tolerable, e impedir que se mezclasen con acciones políticas. El Partido Comunista necesitaba transformar las huelgas en revuelta. Era misión del Gobierno impedirlo.
3.
Cuando los comunistas señalaron el 5 de mayo como Jornada de Reconciliación, experimentaron un completo fracaso: no resultaba posible organizar una huelga general de carácter político. La agitación tenía que aprovechar los conflictos en cada una de las empresas. En Francia se había seguido con atención el desarrollo de la jornada.
Los servicios de información proporcionaron a Franco la copia de una carta de H. Dumenil de Gramont, Gran Maestre de la Masonería francesa a Julius Lenhoff Wolff, Soberano Gran Canciller de la Asociación Masónica Internacional. Según Henri Torres, presidente de la Unión Israelita de París, y diputado radical-socialista, el fallo de la intentona era sorprendente, no porque ninguno de los interlocutores estuviese interesado en un éxito comunista, sino porque había demostrado la fortaleza del Régimen español. De acuerdo con esta carta, cuya autenticidad no es posible garantizar, pero en la que Franco creía, a la Masonería había dejado de interesarle un vuelco brusco de la situación española, porque ésta se encaminaba ya hacia «zonas de amplia libertad».
