La Unificación de 1937 integró a Falange Española y a los tradicionalistas en una única organización política bajo la autoridad de Francisco Franco.
Con el fin de ir dando los pasos previos a los graves sucesos acaecidos en Salamanca en el mes de abril, en estos primeros compases del año 1937 comienzan ya a perfilarse en la Falange tres tendencias que van a marcar su historia:
La primera y más importante es la tendencia liderada por Manuel Hedilla Larrey.
La segunda y más influyente es la tendencia encabezada por Sancho Dávila, Agustín Aznar y Garcerán, y a la que algunos autores llaman «tendencia legitimista».
La tercera, la más poliédrica y de mayor recorrido histórico por sus ramificaciones, es la tendencia de los «neofalangistas», representados por Ridruejo, Tovar y Laín Entralgo, principalmente.
Esto es, en los tres casos, un fenómeno político que, como no podía ser de otro modo, se gesta y desarrolla en un escenario a retaguardia del frente, pero que en ocasiones tiene consecuencias tan mortales como las que se producen en sus trincheras.
El 9 de febrero se crea el Servicio Exterior de FE de las JONS, a propuesta de la Junta Provisional de Mando.
El 14 de febrero, Hedilla, que preside la Junta Provisional de Mando, envía a Lisboa a José Luis Escario, Pedro Gamero del Castillo y Sancho Dávila, para entablar conversaciones con dirigentes carlistas que se dirijan a discutir una posible unificación de carácter político de ambas formaciones, dentro de unos determinados límites.
Las conversaciones se inician el 16 de febrero y duran hasta el día 23 del mismo mes, asistiendo por los carlistas el Conde de Rodezno y Arellano. Las discusiones presentan numerosos escollos para llegar a un entendimiento básico, debido a las pretensiones de los carlistas, por un lado, y a las informaciones poco fundadas que los representantes falangistas tienen sobre el futuro de España, una vez que acabe la guerra, por el otro lado.
Finalmente, se llega a un acuerdo de principios que, en realidad, al no estar ratificado por las jefaturas políticas representadas, no obliga a ambas partes. Porque, en realidad, ¿quién es de facto el jefe de ambos: requetés y falangistas? El ga- seso acuerdo establece los siguientes puntos:
No se admitirá la intervención de terceros en las relaciones entre ambas fuerzas políticas.
Cualquier gobierno civil que se constituya en la España nacional estará formado, exclusivamente y a partes iguales, por falangistas y requetés.
Ambas fuerzas se comprometen a no realizar alianzas o acuerdos con otras agrupaciones políticas.
El acuerdo subsistirá mientras duren las conversaciones entre ambos movimientos para alcanzar la unidad.
Tampoco se debe olvidar la importancia que tiene en 1937 la llegada a Salamanca, hacia el 20 de febrero, de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Serrano, que es amigo personal de José Antonio y uno de sus albaceas testamentarios, ejercerá sobre la Falange una enorme y nefasta influencia. Él será quien acoja y proteja al sector neofalangista, formado por hombres de reconocido prestigio intelectual, en muchos casos procedentes de campos ideológicos opuestos a la Falange y que son enemigos encarnizados de ella.
¿Fue Serrano sinceramente falangista alguna vez? ¿Por qué se produjo en Salamanca su mutación política de converso y no ocurrió anteriormente? Cuando Serrano arriba a Salamanca, después de su novelesca huida de la zona roja en Madrid: Cárcel Modelo, Clínica España, Embajada de Holanda, Consulado Argentino en Alicante, destructor Tucumán de bandera argentina, Marsella…, tiene 35 años, y su carrera política ha sido brillante en formaciones de derechas. Fue elegido diputado por Zaragoza en las elecciones de noviembre de 1933, como su amigo José Antonio, formando parte de la llamada Unión de Derechas o Unión Agraria; pasará después a la Acción Popular de Gil Robles y, finalmente, a la CEDA. Su perfil político, de carácter nacionalista español, autoritario y con veleidades antirrepublicanas, se acentúa al ser reelegido como diputado en las elecciones de 1936. Pero su ideología política, que no había comprendido el mensaje de la Falange de su amigo José Antonio, ni en 1933 ni en 1936, sufrirá una milagrosa conversión en 1937, para volver a experimentar otra revelación distinta a partir de 1942. ¿O es que, en realidad, jamás hubo conversión y Serrano fue, por encima de las ideas, sólo y exclusivamente «serranista»? Se le podría definir como un hombre inteligente, frío en el ámbito político y temperamental en el terreno personal. Una combinación difícil de controlar que le obligará a ejercer una extrema vigilancia sobre su propia conducta, para evitar que la pasión se imponga sobre el cerebro. Y ahí residirá la clave de su fracaso político: una ambición mal embridadada que llegará hasta el extremo de hacerle creer que podía simultanear sus acercamientos a Hitler y Churchill, para implantar en España, una vez terminada la II Guerra Mundial con la derrota del Eje, un régimen político diametralmente opuesto al que prestó sus servicios desde…
Es evidente que, a 23 de febrero, falangistas y carlistas suponen que en el alto mando se están preparando acciones para unificarlos. Así, pretenden anticiparse a los acontecimientos, lo que ya de por sí es significativo, para conseguir juntos una agrupación política que ofrezca resistencia a cualquiera que intente reducir o menoscabar sus principios políticos. Ahora bien, los falangistas dan por hecho que la monarquía será instaurada en España al final de la guerra, aunque la doctrina de la Falange vaya a ser el soporte político del nuevo Estado.
Estas conversaciones continuarán mediante el cruce de misivas entre Gamero y los dirigentes carlistas, pero ahora será con la oposición de Hedilla, que ve con desaprobación manifiesta cómo a sus espaldas se continúa la negociación, lo que evidentemente debilita su posición como presidente de la Junta de Mando.
El 24 de febrero se aprueba, por la Junta Provisional de Mando de FE de las JONS, el borrador de Reglamento del Servicio Exterior que consta, en principio, de 56 artículos que dan forma legal y fines al organismo recién creado.
Del 25 al 27 de febrero tiene lugar en Salamanca la I Asamblea Nacional de Prensa y Propaganda de FE de las JONS, presidida por el jefe del Servicio de Prensa y Propaganda, Vicente Cadenas, que había sido elegido en abril de 1936 por José Antonio para sustituir a José Manuel Aizpurúa, el arquitecto donostiarra asesinado por los rojos el 6 de agosto del mismo año.
Cadenas organiza el Servicio de Prensa y Propaganda dando entrada en él a colaboradores tales como: Vicente Gaceo, Maximiano García Venero, José Antonio Giménez Arnau, Felipe Ximénez de Sandoval, Martín Almagro Bosch y Víctor de la Serna. Precisamente, el 25 de febrero aparece en San Sebastián el primer número de la revista Fotos, dirigida por Manuel Fernández-Cuesta; y acaba de comenzar también su vida periodística la revista Destino, dirigida por José María Fontana, y que es editada en Burgos. La Asamblea Nacional de Prensa y Propaganda, cuyas sesiones se celebran en la Universidad de Salamanca, acuerda la creación de una Escuela de Periodismo con rango universitario, un Museo de la Revolución Nacionalsindicalista y un Instituto de Estudios Políticos, amén de la aprobación de los Estatutos del Servicio de Prensa y Propaganda, que dotan a éste de gran autonomía e independencia.
Coincidiendo con la clausura de la Asamblea Nacional de Prensa y Propaganda, Franco decreta el restablecimiento como Himno nacional de la Marcha real o Marcha granadera, y como cantos nacionales, el Cara al sol, Oriamendi y el Himno de la Legión.
El 5 de marzo, Hedilla nombra a Jesús Muro Sevilla como delegado sindical…
nacional, y a Óscar Pérez Solís, como secretario sindical nacional.
En marzo, la Sección Femenina muestra su disconformidad con la decisión de restablecer la Marcha real como Himno nacional. En unas octavillas repartidas en algunos pueblos de la zona nacional de Madrid, la Sección Femenina afirma que no reconocerá otro himno que no sea el Cara al sol; por lo tanto, ordena a sus afiliadas no ponerse en pie ni saludar a cualquier himno que no sea el de Falange.
El 1 de abril, la Junta Provisional de Mando imprime, difunde y retransmite por radio el discurso pronunciado por José Antonio en el Cine Madrid el 19 de mayo de 1935, sin esperar a la fecha conmemorativa. El delegado nacional de Prensa y Propaganda de la Junta Técnica, Vicente Gay, prohíbe su difusión ordenando la retirada de los ejemplares distribuidos.
El 9 de abril comienza el ataque de las tropas rojas en la sierra de Alcubierre; en uno de sus reductos, mueren 60 falangistas defendiendo su posición.
Respecto al Decreto de Unificación, a continuación se ofrece al lector un resumen de los hechos que acontecieron, siguiendo la cronología de uno de los testigos más próximos a los mismos: Ángel Alcázar de Velasco.
El 11 de abril, Hedilla se reúne en Villarreal con varios jefes carlistas, a los que propone una unificación declarada espontáneamente por ambas formaciones.
El 12 de abril, Hedilla se entrevista en Elgóibar con el coronel falangista Sagardía, pero no hay referencia de los temas tratados.
El mismo día, Franco convoca a los siguientes carlistas: el Conde de Rodezno, el Conde de la Florida, Martínez Berasáin y Ulibarri, para comunicarles que va a decretar la unificación de falangistas y requetés en una sola formación política.
El 13 de abril, antes de volver a Salamanca, Hedilla, Vicente Gaceo y Vicente Cadenas redactan la convocatoria de un Consejo Nacional extraordinario que se celebrará el 25 de abril, en un lugar aún sin designar.
El 14 de abril, Hedilla llega a Burgos, donde se reúne con destacados falangistas. Mientras tanto, en Navarra se reúne la Junta de la Comisión Tradicionalista, en la que Rodezno expone los pormenores de la reunión celebrada con Franco. La Junta acata la unificación en ciernes, con la oposición de uno de sus miembros.
El 15 de abril, Hedilla se entrevista con José Antonio Sangróniz y luego lo hace también con Ramón Serrano Suñer.
El 16 de abril llegan a Salamanca miembros de las dos facciones falangistas más caracterizadas. La facción de José Moreno, Agustín Aznar y Sancho Dávila lanza un manifiesto en el que, hablando en nombre de la Junta Provisional de Mando, transfiere el mando a tres de sus miembros —los firmantes del manifiesto—, sin citar a Hedilla, y anuncian la urgente convocatoria del Consejo Nacional, pero sin dar una fecha. Hacia las 10 horas, Hedilla hace la convocatoria por escrito de la reunión extraordinaria del Consejo Nacional para el 25 de abril, en la Jefatura Provincial de Falange Española en Burgos. En la convocatoria se cita expresamente a los camaradas que deben asistir:
Jefes de Servicio nombrados por el Jefe Nacional: Vicente Cadenas, Heliodoro F. Canepa y Roberto Reyes.
Elegidos por las JONS: Jesús Muro, José Sainz, Martín Ruiz Arenado y José Andino.
Designados por la Jefatura Nacional: Sancho Dávila, Celso García de Tuñón, Agustín Aznar, Jesús Suevos, Francisco Rodríguez Acosta, Francisco Bravo, Manuel Yllera, Vicente Gaceo, Fernando Meleiro, Manuel Hedilla, Ricardo Nieto, Juan F. Yela, Miguel Merino, José Luna y José Moreno.
La convocatoria termina exponiendo las condiciones que debe reunir el camarada que ha de presidir la reunión y los asuntos que se tratarán:
Disolución de la Junta Provisional de Mandos.
Elección del jefe nacional, condicionada a las siguientes circunstancias:
El que resulte elegido lo será hasta que se reintegre a su puesto el indiscutible jefe nacional José Antonio Primo de Rivera.
En el caso de que el secretario general del Movimiento, Raimundo Fernández-Cuesta, se incorpore a su puesto, antes de que lo hiciera José Antonio Primo de Rivera, el Consejo se reunirá, automáticamente, para resolver entonces lo que proceda.
Los consejeros con mando político traerán un informe detallado del desarrollo del Movimiento en el territorio, con arreglo al siguiente índice: JONS, Milicias, Segunda Línea, Flechas, Sección Femenina, Auxilio de Invierno, Prensa y Propaganda, Sanidad, Jurídico, Administración, SEU, Servicios Técnicos, Servicios Diversos, Sindicato Español del Magisterio, Central Obrera Nacionalsindicalista y Central de Empresarios Nacionalsindicalista.
Iniciativas y proposiciones de los consejeros.
Firma la convocatoria Manuel Hedilla.
A las 11 de la mañana llegan a la Junta Política José Moreno, Jesús Muro, Garcerán, Agustín Aznar y Sancho Dávila, y le entregan a Hedilla el manifiesto ya mencionado, junto con un pliego de cargos contra Manuel Hedilla. Al final del mismo, y en función de los cargos acumulados, se acuerda:
Destituir al Presidente de la Junta Política (y de la Junta Provisional de Mandos).
Designar un triunvirato, compuesto por los tres firmantes del manifiesto.
Asimismo, el triunvirato se compromete a convocar el Consejo Nacional en un plazo de cincuenta días.
La reunión es tensa, pero se desarrolla sin violencia. Una vez terminada, Hedilla acude al Cuartel General, aunque no puede ver al Generalísimo. Se entrevista con el teniente coronel Barroso y luego regresa a su domicilio. Sin embargo, ambas facciones están armadas y en cualquier momento puede ocurrir un enfrentamiento a tiros. Con el fin de reforzar su posición, Hedilla recurre a pedir ayuda a la Academia de Milicias de Pedro Llen y da instrucciones para detener a los grupos de apoyo de la facción opuesta. A medianoche, Hedilla instruye a Alonso Goya para detener sin violencia a los conjurados y encerrarlos.
Así, Alonso Goya, acompañado de Rodríguez López, López Puertas, Fernando Ruiz de la Prada, Aureliano Gutiérrez Llano y Santiago Corral, se dirige a detener a los triunviros y a Garcerán.
El 17 de abril, a las 00 horas y 40 minutos, llegan Goya y sus acompañantes al domicilio de Sancho Dávila. Alonso Goya se encargará de la detención, dando instrucciones a sus acompañantes para realizar la operación. Tras entrar en el domicilio, Goya conmina a Sancho para que se entregue, pero éste se niega. Goya lo encañona y, finalmente, Sancho obedece. Cuando Goya se dispone a salir con Peral, quien da la espalda a una habitación por la que asoma un escolta de Sancho, éste dispara a Goya matándolo en el acto. A su vez, López Puertas acaba con la vida de Peral. El enfrentamiento se salda con dos muertos y la detención de Sancho Dávila, que es conducido al local de la Junta de Mando, tomado por los cadetes de Pedro Llen.
Esta versión difiere de otras en una cuestión fundamental: las responsabilidades de los hechos que, evidentemente, corresponden a todos los participantes en este luctuoso, trágico y trascendental suceso que ha costado la vida a dos falangistas, a mano armada y de forma criminal, en la retaguardia de una zona en guerra.
Mientras que en Salamanca se ventilan rivalidades personales nacidas de la soberbia y la ambición, y que se generan del odio entre quienes dicen desear el triunfo de la Patria, el Pan y la Justicia, en el frente norte, del 13 al 15 de abril, se producen fortísimos y enconados combates en torno al monte de Urquiola, en especial en la cota 932, defendida por las tropas nacionales. Las bajas son muy numerosas en ambos bandos. Al mismo tiempo, los rojos han desatado una gran ofensiva en el centro peninsular, a orillas del río Manzanares. Desde el 10 hasta el 21 de abril se combate con inusitada ferocidad. Los rojos atacan con material ruso, que desatan sobre los cerros de Garabitas y del Águila, empleando hasta cincuenta aviones en el combate. Y las tropas nacionales resisten haciendo fracasar el intento rojo de alcanzar sus objetivos.
En los dos frentes, norte y centro, caen en las vanguardias falangistas que han ido al combate proclamando, en primera línea y de cara al enemigo, los mismos ideales que los falangistas de Salamanca, pero sin más ambición de mando que aceptar unas órdenes que exigen servicio, sacrificio y entrega. De ellos, muchos serán caídos anónimos, a los que nadie dedicará un solo renglón en la epopeya guerrera que vivió España de 1936 a 1939.
Pero los sucesos de Salamanca no han concluido, es decir, no han llegado todavía al desenlace. Estamos justamente en el nudo gordiano que va a ser desatado, como siempre, por un tajo de la espada.
El 18 de abril, Hedilla convoca la celebración de un Consejo Nacional extraordinario de FE de las JONS, a las 5 de la tarde, en la sede de la Junta Política o de Mando. Al acto no asiste Sancho Dávila, que es detenido y acusado de homicidio. Los consejeros nacionales asistentes son: José Sainz, como jefe territorial de Castilla la Nueva; Agustín Aznar, como jefe nacional de Milicias; así como Jesús Muro, Martín Ruiz Arenado, Celso García Tuñón, José Andino Núñez, Jesús Suevos, Francisco Rodríguez Acosta, Fernando Meleiro, Francisco Bravo Martínez, Manuel Yllera, Vicente Gaceo, Ricardo Nieto Serrano, Juan Francisco Yela, Miguel Merino, José Luna Meléndez, Joaquín Miranda y José Moreno. Además de éstos, asistieron también Vicente Cadenas Vicent, Felipe Ximénez de Sandoval y Ángel Alcázar de Velasco, entre otros.
Durante la sesión, Hedilla lee el pliego de cargos que el día 16 le entregaran los triunviros «legitimistas». Continúa después con su descargo y, finalmente, expone los propósitos de los sublevados:
Su destitución, el nombramiento del triunvirato y el traslado a Sevilla del mando de la Falange.
Su asesinato, y el de otros 47 camaradas, a producirse el día 17, por la llamada Centuria de Madrid.
Agustín Aznar y José Moreno, dos de los triunviros, asisten al Consejo pero no intervienen. No asiste Garcerán, sobre el cual se vierten las acusaciones de haber sido el instigador del complot.
A continuación, y según estaba previsto en el orden del día de la apresurada convocatoria, se procede a la votación para la elección de jefe nacional, cuyo resultado es el siguiente:
Manuel Hedilla Larrey: 10 votos.
José Sainz: 1 voto.
Miguel Merino: 1 voto.
Martín Ruiz Arenado: 1 voto.
Jesús Muro: 1 voto.
En blanco: 8 votos.
En resumen, Hedilla ha sido elegido con 10 votos de los 22 votos emitidos. Una vez nombrado, Hedilla ordena, como primer paso, el cese de Agustín Aznar. El segundo paso consistirá en nombrar como consejeros nacionales a: Pilar Primo de Rivera, el coronel Juan Yagüe y Eduardo Ezquer, que había sido expulsado de FE de las JONS por José Antonio. Y el tercer paso es pedir audiencia a Franco, para informarle de los hechos acaecidos y de su elección como jefe nacional de FE de las JONS.
Terminada la primera sesión del Consejo Nacional, la segunda y última sesión se celebrará al día siguiente.
FE de las JONS cierra así la primera parte de su existencia como partido o movimiento político. Al día siguiente se va a proclamar el nacimiento de algo muy distinto. ¿Era la unión o fusión política que deseaban los negociadores falangistas y carlistas, reunidos en Lisboa del 16 al 23 de febrero e, incluso, el propio Hedilla?
El 19 de abril, Franco ha enviado a Hedilla una comunicación, en la que adjunta el texto del Decreto de Unificación, del discurso que pronunciará con este motivo y la citación para que se presente en el acto de la promulgación del decreto. Hedilla recibe la comunicación hacia las 13 horas, cuando aún no ha comenzado la última sesión del Consejo. Durante su desarrollo, Hedilla no hace ninguna mención al comunicado.
Termina el Consejo y Manuel Hedilla, acompañado de Martín Ruiz Arenado y Roberto Reyes, acude a visitar a Franco. Luego salen al balcón principal del Cuartel General, mientras que una multitud los aclama. El locutor Fernando Fernández de Córdoba, ante los micrófonos, procede a dar lectura al Decreto del Estado número 255 o Decreto de Unificación.
Luego del preámbulo, se dispone lo siguiente:
Artículo 1. Falange Española y Requetés, con sus actuales servicios y elementos, se integran, bajo mi jefatura, en una sola entidad política de carácter nacional, que, de momento, se denominará Falange Española Tradicionalista y de las JONS.
Esta organización, intermedia entre la Sociedad y el Estado, tiene la misión principal de comunicar al Estado el aliento del pueblo y de llevar a éste el pensamiento de aquél a través de las virtudes político-morales, de servicio, jerarquía y hermandad.
Son originariamente, y por propio derecho, afiliados de la nueva organización todos los que en el día de la publicación de este Decreto posean el carnet de Falange Española o de la Comunión Tradicionalista, y podrán serlo, previa admisión, los españoles que lo soliciten. Quedan disueltas las demás organizaciones y partidos políticos.
Artículo 2. Serán órganos rectores de la nueva entidad política nacional el Jefe del Estado, un Secretario o Junta Política y el Consejo Nacional.
Corresponde al Secretario o Junta Política establecer la constitución interna de la entidad para el logro de su finalidad principal, auxiliar a su jefe en la preparación de la estructura orgánica y funcional del Estado, y colaborar, en todo caso, a la acción del gobierno.
La mitad de sus miembros, con los que iniciará sus tareas, serán designados por el Jefe del Estado y la otra mitad por el Consejo Nacional.
El Consejo Nacional conocerá de los grandes problemas nacionales que el Jefe del Estado le someta en los términos que se establecerán en disposiciones complementarias.
Mientras se realicen los trabajos encaminados a la organización definitiva del nuevo Estado totalitario, se irá dando realidad a los anhelos nacionales de que participen en los organismos y servicios del Estado los componentes de Falange Española Tradicionalista y de las JONS para que los impriman ritmo nuevo.
Artículo 3. Quedan fundidas en una sola Milicia Nacional las de Falange Española y de Requetés, conservando sus emblemas y signos exteriores. A ella se incorporarán también, con los honores ganados en la guerra, las demás milicias combatientes.
La Milicia Nacional es auxiliar del Ejército. El Jefe del Estado es Jefe Supremo de la Milicia. Será jefe directo un general del ejército con dos subjefes militares procedentes, respectivamente, de Falange Española y de Requetés.
Para mantener la pureza de su estilo se nombrarán dos asesores políticos del mando.
Dado en Salamanca, a diecinueve de abril de mil novecientos treinta y siete.
FRANCISCO FRANCO
Terminada la lectura, siendo aproximadamente las 21 horas, Franco pronuncia un discurso a través de la radio. Al terminar su alocución, el Generalísimo y Manuel Hedilla Larrey salen otra vez al balcón principal del Cuartel General y se abrazan entre las aclamaciones de la multitud.
Al acto han asistido, entre otros, Ramón Serrano Suñer, Dionisio Ridruejo, el teniente coronel Barroso, José Antonio Sangróniz, Lorenzo Martínez Fusset, etc. La redacción de la parte expositiva del Decreto de Unificación se atribuye a Giménez Caballero, y la parte dispositiva, a Serrano Suñer.
Llegados a tan histórico momento, ¿se debería poner punto final a la historia de la Falange? No, porque en primer lugar este relato estaría faltando a la verdad y, en segundo, por un deber de justicia y de respeto a la ejecutoria encomiable y dignísima de muchos falangistas que continuarán llevando sobre sus hombros, pensamiento, palabra y diario quehacer, el compromiso vital de encontrar los procedimientos ejemplares de aplicación y desarrollo del ideario nacionalsindicalista. Y, además, lo hicieron tanto desde un anónimo servicio como desde el magisterio de las leyes.
El 20 de abril, Hedilla pide entrevistarse con el Generalísimo. Según García Venero, que es biógrafo de Hedilla, lo acompañan Merino, Sainz, Reyes y Ruiz Arenado. La referencia es la misma que otros autores firman en la tarde del 19 de abril. Lo cierto es que así apareció en el periódico El Adelanto del día 21 de abril. En la noticia facilitada por Radio Nacional acerca de la entrevista, luego de mencionar a los asistentes, se dice textualmente lo siguiente:
El Jefe del Estado expuso a sus visitantes cuanto espera de la nueva organización por él dispuesta, en servicio exacto del nuevo Estado Español, al que quedan incorporadas, sustantivamente, las normas de Falange. Asimismo, recabó la firme colaboración de los nacionalsindicalistas, discípulos del glorioso Ausente, para organizar España en un régimen de justicia y grandeza nacional.
Su Excelencia, al reiterar su fe en los principios básicos de la Falange, anunció una etapa de intensa actividad en la edificación del Estado, a la cual deben estar prestos los nacionalsindicalistas que tan gloriosa y espléndida aportación guerrera han dado y dan al movimiento liberador.
Según García Venero y Hedilla, de la nota se desprende la subsistencia no sólo de la Jefatura Nacional de la Falange, sino también de la Junta Política, puesto que FET y de las JONS es una organización nueva.
Ese mismo día, José Sainz, que es jefe territorial de Castilla la Nueva, envía un telegrama a las Jefaturas Territoriales y Provinciales con el siguiente texto:
«Ante posibles interpretaciones erróneas Decreto Unificación solamente cumplirás órdenes recibidas directamente mando superior».
Sin embargo, no todos los mandos que recibieron el telegrama coinciden al citar el contenido de ese texto. Además, para suscitar mayor confusión, en las mismas fechas que se comentan, José Luis de Arrese y Magra, prácticamente desconocido entonces en la Falange, se brinda a Hedilla para pulsar la opinión de los falangistas andaluces, aprovechando un viaje profesional que debe realizar a Granada y Sevilla.
Todos los acontecimientos anteriores preparan, una vez más, la tormenta política que va a descargar sobre Hedilla y los participantes en los hechos acaecidos desde el día 16 de abril.
El 21 de abril, en consecuencia con el Decreto de Unificación y la fusión de FE de las JONS con los tradicionalistas, se suprime el punto 27 de la norma programática de la Falange, porque precisamente es el que condiciona los pactos con otras fuerzas políticas y, en ningún caso, recoge la posibilidad de una fusión con otro partido o movimiento. Ese punto dice así: «Nos afanaremos para triunfar en la lucha con sólo las fuerzas sujetas a nuestra disciplina. Pactaremos muy poco. Sólo en el empuje final por la conquista del Estado gestionará el Mando las colaboraciones necesarias, siempre que esté asegurado nuestro predominio».
El 22 de abril, Franco firma el Decreto número 266 que reza así:
En cumplimiento de lo prevenido en el artículo del Decreto número 255, y a los efectos que en él se expresan, procede nombrar la mitad de miembros del Secretariado o Junta Política de FET y de las JONS y en su virtud dispongo:
Artículo único. Son miembros del Secretariado Político de FET y de las JONS: Don Manuel Hedilla Larrey, Don Tomás Domínguez Arévalo, Don Darío Gazapo Valdés, Don Tomás Dolz de Espejo, Don Joaquín Miranda, Don Luis Arellano Dininx, Don Ernesto Giménez Caballero, Don José María Mazón, Don Pedro González Bueno y Don Ladislao López Bassa.
De estos nombres, Gazapo Valdés era teniente coronel del Estado Mayor y afiliado a Falange unos meses antes del alzamiento; Joaquín Miranda era amigo de Queipo de Llano e incondicional de Serrano Suñer; González Bueno y López Bassa eran neofalangistas, estando el último de ellos mal considerado en los círculos de la Falange. Por lo tanto, y cuando menos, el elenco nombrado no poseía para la Falange unas garantías suficientes de legitimidad ni eficacia, para ostentar tales responsabilidades en nombre de los falangistas y de su idea política.
Según García Venero, Hedilla se enteró de su nombramiento por la lectura de la prensa.
El 23 de abril, Hedilla es presionado por González Bueno, José Luis Escario, el teniente coronel Barroso y Millán Astray para que acepte el nombramiento. Por otro lado, Agustín Aznar, Pilar Primo de Rivera, Dionisio Ridruejo, José Antonio Girón, Luis González Vicén y Fernando González Vélez se manifiestan opuestos a la aceptación.
¿Qué razones sopesaría Hedilla para tomar su decisión? ¿Creyó Hedilla que en la nueva organización política sería el número dos, detrás de Franco? ¿Hubiera aceptado Hedilla el puesto de secretario general del Secretariado Político, si Franco se lo hubiera ofrecido?
El 24 de abril se declara oficial el saludo romano falangista en la zona nacional por un decreto que consta de tres artículos. El tercero de ellos excluye implícitamente del saludo a los militares. Ese día, Ladislao López Bassa visita a Hedilla e insiste en que acepte un puesto en el Secretariado Político. Hedilla rechaza el ofrecimiento y solicita que así se lo transmita a Franco. Con anterioridad, personas no reveladas por Hedilla lo han visitado con el mismo propósito, planteándole la siguiente opción, de manera más o menos encubierta: la Secretaría General o la cárcel. Hedilla se ha negado a la aceptación del puesto.
El mismo día, a las 19 horas, el comisario de policía Justiniano Arenillas se persona en casa de Manuel Hedilla para comunicarle la orden de su detención. Roberto Reyes Morales lo acompaña y queda también detenido. El mismo día serán detenidos otros 30 falangistas más. Entre éstos cabe citar a: José Luis de Arrese y Magra, Lamberto de los Santos Jalón, Miguel Merino Ezquerdo, Aniceto Ruiz Castillejo, Félix López Gómez, Ángel Alcázar de Velasco, Ángel Inaraja Ruiz, José Rodiles Pascual, José Chamorro García, Daniel López Puertas, Serrallach, Leoz y Rafael Garcerán. Además de las anteriores detenciones, y por encontrarse en paradero desconocido, se interesa la detención de: Emilio Araoz Sagredo, Joaquín Corral, Vicente Gaceo del Pino, José Lérez Parrilla, Vicente Cadenas, Víctor de la Serna Espina, Federico Urrutia, Daniel Fombuena, Martín Almagro, Ramón Gabarain y José Sainz.
Ese mismo día celebra su primera reunión el Secretariado Político de FET y de las JONS, bajo la presidencia de Franco.
El 25 de abril, Giménez Caballero y Laín Entralgo manifiestan estar de acuerdo en el significado del Decreto de Unificación, así como en el empuje final para la conquista del Estado, en el artículo publicado por Gece en El Adelanto.
El 26 de abril se nombra como juez instructor del «caso Hedilla» al comandante retirado de Artillería José Jiménez de la Orden, quien sustituye a Romero Zaragoza. El nuevo Juez Instructor toma varias declaraciones a Hedilla, formulando cargos contra éste y pretendiendo que se declare culpable. Finalmente, Hedilla rechaza todas las acusaciones.
El 29 de abril vuelve a reunirse en Salamanca el Secretariado o Junta Política de FET y de las JONS, bajo la presidencia de Franco, que hace los siguientes nombramientos:
Delegada nacional de la Sección Femenina: Pilar Primo de Rivera.
Delegada nacional de Auxilio Social: Mercedes Sanz Bachiller.
Delegada nacional de Frentes y Hospitales: María Rosa Urraca Pastor (tradicionalista).
Delegado nacional de Servicios Técnicos: José Luis Escario.
Delegado nacional de Transportes: Rafael Llompart.
Delegado nacional de Administración: Faustino Gaiztarro.
Regidora central de Juventudes Femeninas: Carmen Werner.
El 1 de mayo tiene lugar el oficio transmitido a todos los jefes territoriales y provinciales de FE de las JONS, con fecha de 30 de abril:
Gobierno civil de la provincia ________, Sección ________, número 3388,
El Secretario Político de FE tradicionalista y de las JONS me remite telegrama de ayer que dice:
Por orden del Caudillo quedan suprimidas todas las jefaturas nacionales, territoriales, regionales, de las antiguas organizaciones de Falange Española de las JONS y de la Comunión Tradicionalista. Lo que traslado a usted para su conocimiento y efectos procedentes.
Dios guarde a usted muchos años.
________, 1 de mayo de 1937.
El Gobernador. Firmado y rubricado.
El 9 de mayo se abre el proceso contra 28 falangistas detenidos el día 25 de abril.
El 11 de mayo, Manuel Hedilla, mediante decreto, cesa como miembro del Secretariado o Junta Política de FET y de las JONS, siendo sustituido por Fernando González Vélez.
Ese mismo día se abre también el proceso contra Hedilla. Asimismo, con esa fecha, se nombra al general de Caballería Monasterio como jefe nacional de Milicias de FET y de las JONS.
Durante el mes de mayo se nombra delegado nacional de Prensa y Propaganda al sacerdote navarro falangista Fermín Yzurdiaga, fundador y director de Jerarquía, la revista negra de la Falange, una publicación de esmeradísima y cuidada composición, desde la labor de sus colaboradores hasta la tipografía. De ella sólo se editarán cuatro números.
El 29 de mayo se dicta auto de procesamiento contra Hedilla, en Salamanca, por el juez José Jiménez de la Orden. Este juez, que era un comandante retirado de Artillería, fue un incondicional seguidor de Gil Robles.
Jiménez de la Orden encausa a Hedilla por diversos delitos políticos, todos ellos gravísimos, máxime teniendo en cuenta la situación de guerra y el hecho de que Hedilla es el jefe de la Junta Provincial de Mando de una formación política armada que participaba en acciones de guerra con unidades propias: las Banderas de Falange, bajo el mando del Ejército regular.
En consecuencia, Hedilla y los encausados con él serán juzgados por el Código de Justicia Militar y por un Consejo de Guerra. Por lo tanto, las penas que se van a pedir no ofrecen dudas.
Al mismo tiempo, y junto con Hedilla, son encausados: José Luis de Arrese, Ángel Alcázar de Velasco, Vicente Cadenas, Víctor de la Serna, Martín Almagro, Lamberto de los Santos, Miguel Merino, Ruiz Castillejo, Félix López Gómez, Ángel Inaraja, José Rodiles, José Chamorro, Emilio Araoz, Joaquín Corral, Ramón Gabarain, José Sainz y Daniel Fombuena.
El 5 de junio se celebra en Salamanca el Consejo de Guerra de oficiales generales para dictar sentencias. Todas las sentencias están de acuerdo con las peticiones del fiscal: Hedilla, Ruiz Castillejo, Lamberto de los Santos y Chamorro García son condenados a muerte. Por su parte, Félix López Gómez y Ángel Alcázar de Velasco serán condenados a reclusión perpetua. Asimismo, Inaraja y Rodiles son condenados a diez años de prisión mayor, y José Luis de Arrese, a dos años de prisión correccional.
El 7 de junio se celebra el segundo Consejo de Guerra por la muerte de José María Alonso Goya. También aquí, como encausado principal y responsable de asesinato, comparece Manuel Hedilla y, además, comparecen también Ruiz de la Prada, Corpas, Corral y Daniel López Puertas. A Hedilla se le impone una condena de pena de muerte, mientras que a los otros cuatro procesados se les condena a treinta años de prisión. Manuel Hedilla no recibe notificación verbal ni escrita de las sentencias.
El 9 de junio, el 7.º Cuerpo de Ejército aprueba las condenas impuestas a todos los encausados, en los Consejos de Guerra de los días 5 y 7 de junio. Manuel Hedilla permanece en la Prisión Provincial de Salamanca, y los otros procesados quedan de momento confinados en la Prisión Militar de Sancti Spiritus.
El 22 de junio, la nueva organización de FET y de las JONS abre la admisión de nuevos miembros. La entrada de nuevos afiliados es masiva. Un aluvión de gentes de todas las tendencias, más o menos derechistas, va gasificando la idea social del nacionalsindicalismo.
El 5 de julio se lanza en Bilbao la primera edición del diario Hierro, como periódico provincial de FET y de las JONS. La Villa de Bilbao había sido tomada por las tropas nacionales el 19 de junio.
El 17 de julio se promulga un decreto estableciendo el día 18 de julio como «Día del Valor y Exaltación del Trabajo».
El 19 de julio, el auditor de la VII División Orgánica recibe la notificación de que Franco, «oído el informe del alto tribunal de justicia militar, ha conmutado la pena de muerte por la inferior en grado —reclusión perpetua— a Manuel Hedilla, Ruiz Castillejo, Lamberto de los Santos y Chamorro García».
El 25 de julio, un capitán de la Guardia Civil, hijo del general masón Eduardo López Ochoa, que fue el militar que mandaba las tropas que tomaron Oviedo en la revolución de Asturias de 1934, vilmente asesinado por los rojos en la Cárcel Modelo de Madrid, en agosto de 1936, acude a la Prisión Provincial de Salamanca con la orden de traslado de Manuel Hedilla a Cádiz.
El 30 de julio, desde la ciudad gaditana, Hedilla es trasladado a la cárcel de Las Palmas, en las Islas Canarias, a bordo de un buque de carga y pasaje. En el barco coincide con Daniel Arraiza, médico navarro y falangista «unificado» que ha sido nombrado gobernador civil de Tenerife; viaja con éste su yerno, Fermín Sanz Orrio, abogado del Estado y falangista «unificado» como su suegro. A instancias de ambos, el capitán del buque traslada a Hedilla a un camarote de primera clase.
El 2 de agosto, Hedilla ingresa en la celda número 7 de la cárcel de Las Palmas, donde permanecerá durante cuatro años.
