El afectuoso abrazo al despedirse en la base aérea de Torrejón, fue la prueba definitiva de que el régimen había salido del aislamiento y el ostracismo. El presidente Harry Truman, baptista y masón, odiaba a Franco por su persecución de estos dos grupos y se negó a apoyarle. El comienzo de la guerra fría permitió a Franco promocionarse como «centinela de Occidente» en la cruzada contra el comunismo y romper la cuarentena internacional.
