En octubre de 1974: El congreso de Suresnes puso fin a la etapa de culto del PSOE a sus reliquias de la guerra civil y del exilio. Con una dirección envejecida, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) no tenía ningún papel en la oposición, salvo su sindicato Unión General de Trabajadores (UGT). Franco había caído enfermo pocos meses antes y, aunque se recuperó y recobró los poderes que había cedido al príncipe Juan Carlos, la mayor parte de la oposición ya se estaba agrupando en torno al PCE en la Junta Democrática.
El PSOE no se integró ahí, sino que aprobó la aceptación de alianzas con otras “fuerzas antifranquistas”, válidas hasta que se produjera la “ruptura democrática”. Este congreso fue fruto de la escisión entre los jóvenes activistas y los dirigentes veteranos que guardaban en Francia la llama del partido de Francisco Largo Caballero e Indalecio Prieto, pero cuya efectividad era casi nula en España. El congreso subrayaba la voluntad de mantenerse como proyecto autónomo frente al Partido Comunista y la extrema izquierda del pasado.
Un grupo de jóvenes del interior, encabezados por Felipe González, se hace con la dirección del partido y emprende una verdadera política de oposición. Los socialistas crean en 1975 la Plataforma de Convergencia Democrática, como alternativa a la Junta de los comunistas.

