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Jose Luis Jerez Riesco Estudió la carrera de Leyes en la Universidad Complutense, alcanzando el grado de Doctor en Derecho. Es Licenciado en Ciencias Políticas y Económicas, en Sociología, cursando la especialidad de Antropología Social y en Ciencias de la Información en la rama de Periodismo.
José Luis Jerez es abogado en ejercicio desde 1973. Profesor universitario, ha impartido docencia en las siguientes universidades: Complutense de Madrid, Alfonso X El Sabio y Rey Juan Carlos. Fue profesor titular de la asignatura Ciencias Jurídicas. Igualmente ha impartido cursos de Maestría y Doctorado en diversas universidades hispanoamericanas. Además, ha sido asesor jurídico durante tres legislaturas en el Senado. Traductor de varias obras de Política y Ciencias Sociales. Es presidente de la Asociación Cultural «Amigos de Léon Degrelle”
ANTONIO TEJERO: CABALLERO DEL HONOR
A nadie pueden dejar indiferente las escuetas palabras, escritas por el teniente coronel Tejero, para describir los rasgos característicos de su noble personalidad, cuando manifiesta lisa y llanamente, con la humildad que lo engrandece, sin vanagloria ni oropeles, lo siguiente: “Soy un soldado criado en el culto de la disciplina y el honor, en el culto a la Patria, a su bandera y en el recuerdo a los que murieron en el cumplimiento de su deber”.
Su nítida identidad, reflejo fiel de una rectilínea trayectoria, es el paradigma y la encarnación del lema acuñado por el benemérito Cuerpo de la Guardia Civil, que adopta y proclama, como timbre de gloria, una leyenda insuperable: “El honor es mi divisa”. Es decir, el honor conservado sin mácula, como lealtad a los supremos valores, de sacrosantos ideales, que obligan a la fidelidad, de cuyo exacto cumplimiento, en el honesto actuar, nace la exigencia del deber que impulsa a los hombres de bien a adecuar su comportamiento, como norma de conducta, a la virtud moral que les dignifica; por ello, el honor es el correlativo y el corolario del mérito y de los comportamientos heroicos.
Antonio Tejero es un testimonio vivo de la dureza sufrida y experimentada por ser fiel al estricto sentido del honor, habiendo antepuesto siempre, como referencia de su existencia, la sublime leyenda adoptada por la Guardia Civil como valor incuestionable y, por ello, su ejecutoria está repleta de sacrificios, para no apartarse un ápice de su firme compromiso, abnegación y entrega, que han sido la garantía de su autenticidad en su altruista y elevado amor a España.
Quiero dejar constancia expresa que me siento, íntimamente, muy orgulloso de haber actuado, en acto de servicio profesional, como abogado de mi entrañable amigo, el teniente coronel Antonio Tejero Molina, quien me encargó su defensa, y tomar el relevo, con su venia, a mi ilustre compañero Ángel López Montero, con quien también me unían vínculos de gran afecto y reconocimiento. Recuerdo aún, con enorme emoción, una jornada inolvidable, la del 3 de diciembre de 1996, cuando, por fin, tras un largo camino de imponderables, y de “batallas” judiciales, que se debatieron en las más altas instancias, alcanzaba Tejero la libertad, de la que había sido privado, en 1981, por su irrenunciable compromiso con la unidad, la grandeza y la libertad de España.
Mi defendido había sido, en su día, condenado no por lo que hizo, sino por lo que no dejó hacer y consumar, a los conjurados, farsantes y beneficiarios de aquella astracanada política, dirigida, orquestada y respaldada por el armiño regio, su principal artífice y aprovechado, quien contaba, para llevar a cabo la maquiavélica maniobra, con la cortesana y sumisa colaboración directa de dos prestigiosos generales monárquicos del Ejército Español y el beneplácito consensuado de los principales partidos ideológicos del arco parlamentario: PSOE, Partido Comunista, UCD y Alianza Popular, con algunos versos sueltos más tiznados de intereses espurios, quienes, a pesar de la intriga y el enredo, no lograron ver culminado su torticero plan de empoderamiento, aquel 23 de Febrero de 1981, por la contundente negativa de mi representado, el teniente coronel Antonio Tejero, al negarse, en rotundo, cuando descubrió el vodevil organizado, por el cual, por medio de aquel formato de diseño típico y tópico de los servicios secretos, se conformase un nuevo Gobierno de su Majestad de revoltillo, que había permanecido, hasta ese mismo instante, furtivo y en la sombra, pero que contaba con el beneplácito del monarca instigador y de todos los palmeros adjudicatarios de las prebendas y el reparto del poder, en el que figuraba, como destacado vicepresidente del bodrio, Felipe González Márquez, alias “Isidoro”, entonces Secretario General del Partido Socialista, junto con sus compinches de bancada, los socialistas Gregorio Peces Barba, que ocuparía la cartera ministerial de Justicia; Enrique Mujica Herzog, la de Sanidad y Javier Solana, quien se haría cargo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, al tiempo que dos conspicuos elementos comunistas entraban en el nuevo gabinete “ad hoc”: Jordi Solé Turá, accedería al cargo de ministro de Trabajo y Ramón Tamames quedaría investido, de haberse rematado la faena, como titular de la cartera de Economía.
Cuando las verdaderas intenciones de la pantomima de aquellos muñidores quedaron al descubierto, al filo de la media noche, y se pusieron, por parte del general Alfonso Armada Comín, que actuaba como niñero del Rey, las cartas boca arriba, con los nombres consensuados de los ministrables, que iba a proponer el “elefante blanco” que había accedido al Congreso de los Diputados pronunciando a la entrada la consigna convenida, para la ratificación de la lista del nuevo gobierno “in pectore”, en el hemiciclo, por sus señorías, a lo que Tejero se opuso, tajantemente, de inmediato, sin dudarlo, impidiendo así, con su recia actitud, por un deber de conciencia, coherencia y honor, que tal experimento político, esperpéntico, se llevase a cabo y menos aún con la participación de la Guardia Civil, que habían actuado, siguiendo instrucciones superiores, en aquella equívoca trama, hasta ese momento oculta, de buena fe, en un plan urdido, con falsa apariencia, lo que motivó, a su vez, que se fraguara sobre la marcha, por lo aspirantes de aquel sainete, un pacto de hermético silencio entre el “bribón” real y los acólitos políticos de turno, al ver truncadas sus maquinaciones y pretensiones gubernamentales de conveniencia.
Los dos generales, monárquicos hasta la médula, colaboradores necesarios en aquel escenario teatral, al ver como se desbarataba la “solución” Armada que tenían encomendada, mediante el ardid del “vacío de poder”, adoptaron el compromiso, sellado en el sigilo, de guardar mutismo y silencio sepulcral, para proteger y no desenmascarar a la cresta coronada y, por su parte, los partidos involucrados, que integraban el mixturado “gobierno de coalición”, al quedarse en agua de borrajas, hicieron piña entre sí y arroparon, para tapar también sus propias vergüenzas, al monarca que reculaba, tratando de ocultar, en su indisimulado cinismo, la conjura de los logreros…
Por todo ello, no resulta extraño, como remate de la declaración prestada, en el interrogatorio del Fiscal, recogido en el acta del juicio, el teniente coronel Tejero dejara en suspenso, aquella inquietante duda, que lanzó al aire denso y chocante, en aquel simulacro tragicómico: “Lo que yo quisiera es que alguien me explicara lo del 23-F, porque yo no lo entiendo”.
Durante los largos años de presidio militar de Tejero, por negarse a ser comparsa de comunistas y socialistas, que aparecían en la lista del opaco y turbio “Gobierno del 23-F” –¿qui prodest?-, como atajo para acceder al poder, Antonio Tejero, aparte de cursar estudios de Derecho, cultivó su afición por el arte y se dedicó a pintar cuadros. Entre los oleos, destacarían dos de sus obras pictóricas, por la carga de simbolismo que encierran: “El Alcázar Toledano” y el “Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza”. Dos gestas memorables de la reciente Historia de España, que fueron epopeyas de la Cruzada de Liberación Nacional.
El primero de los lienzos, la fortaleza del Alcázar de mi ciudad natal, Toledo, lo pintó en el Castillo de San Fernando, antigua prisión militar de la localidad gerundense de Figueras y tuvo la deferencia de ofrecérmelo, dado que la heroica defensa del baluarte toledano, que asombró al mundo entero, fue protagonizada, mayoritariamente, por guardias civiles, en cuyo cerco combatieron y resistieron, con bravura y ardor, 693 miembros de la Benemérita, bajo el espíritu imperante de su consigna “Siempre fiel a su deber”, habiendo perdido la vida en combate, entre aquellas gloriosas ruinas, cincuenta y siete efectivos y ocho más fallecieron fuera del histórico recinto, tras su liberación, como consecuencia de las heridas recibidas en la defensa de aquella fortaleza inmortal. El segundo mayor contingente de heroicos defensores del Alcázar, lo formaban la centuria de falangistas toledanos que empuñaron las armas, con su jefe provincial Pedro Villaescusa Bonilla a su frente, quien, con 24 años de edad, ofrendó su vida por Dios y por España.
El segundo de los cuadros, “El Santuario de Nuestra Señora de Santa María de la Cabeza”, de Andújar, provincia de Jaén, se lo regaló a uno de sus hijos, con la carga de simbolismo de la heroica hazaña del capitán de la Guardia Civil , Santiago Cortés, en aquel asedio del sagrado recinto, cuando, al mando de 150 guardias civiles y medio centenar de paisanos, impartiendo la consigna que “La Guardia Civil muere, pero no se rinde”, resistió durante siete meses y dieciséis días, desde el 14 de septiembre de 1936, hasta el 1 de mayo de 1937, la acometida de miles de soldados del ejército rojo, procedentes de cuatro brigadas mixtas republicanas, quince tanques, numerosas piezas de artillería y devastadores bombardeos de la aviación del Frente Popular.
El teniente coronel Tejero, siempre atento al peligro de la embestida independentista, que se venía fraguando traidoramente contra España, en Cataluña, no le pasó desapercibida, en absoluto. En las vísperas de 20 de noviembre, del año 2012, nos reunimos y me solicitó que redactase una denuncia, con los significativos datos que me aportaba, contra el actual prófugo de la Justicia española, Arturo Mas, como autor máximo y superior responsable de un presunto delito de provocación, conspiración y proposición para la sedición del artículo 548 del Código Penal, que, a pesar de la evidencia de todos los hechos que se ponían en conocimiento de la Fiscalía General, fue archivada, tal vez obedeciendo órdenes políticas y desobedeciendo, haciendo caso omiso y oídos sordos, a las razones jurídicas esgrimidas. El tiempo le daría la plena razón a su iniciativa, de aquella seria advertencia de la alta traición que se estaba pergeñando contra la Patria.
De una cosa me siento seguro. Que si España estuviese en peligro y se atentase contra su unidad, Antonio Tejero, a pesar de su avanzada edad, saldría en defensa de la integridad de la Patria, como corresponde a un gran caballero del honor.
José Luis Jerez Riesco
Abogado de Antonio Tejero Molina
Santiago Milans del Bosch
es miembro de las carreras judicial y fiscal por oposición. Ha sido fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) y magistrado de las salas de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y de la Audiencia Nacional, antes de obtener la excedencia para ejercer la abogacía.
Desde 1997 ha ejercido como abogado en el prestigioso despacho Cuatrecasas, Gonçalves Pereira, en la especialidad de derecho público y en la defensa de los intereses de las personas físicas y jurídicas frente a la Administración. Después de 17 años ejerciendo la abogacía en Cuatrecasas (donde fue reconocido primero como socio, y a su marcha como socio de honor), en 2016 decidió emprender una nueva etapa profesional fundando su propio despacho, Milans del Bosch Abogados.
El despacho Milans del Bosch Abogados ha alcanzado un acuerdo con la Fundación Villacisneros para pedir a los tribunales que esclarezcan los 325 asesinatos de ETA que todavía permanecen impunes. El primer fruto de este acuerdo ha sido la decisión del juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu de reabrir la causa sobre el atentado perpetrado por ETA el 17 de octubre de 1991 en Madrid con un coche bomba, en el que resultaron heridas y sufrieron graves amputaciones Irene Villa (que entonces contaba 13 años) y su madre, María Jesús González.
Forma parte del equipo jurídico de la Fundación Francisco Franco, junto a Luis Felipe Utrera- Molina ha llevado a cabo el expediente contra la exhumación del Caudillo
En 1981 era estudiante de derecho. Entonces, los planes universitarios no contemplaban las clases prácticas ni las asistencias a vistas orales, como ahora. El que el Consejo Supremo de Justica Militar me habilitara a asistir como público al juicio de campamento -la causa 2/81- fue, sin duda, una gran experiencia en un gran acontecimiento histórico, en el que mi tío Jaime, el Teniente General Milans del Bosch, era juzgado con 32 personas más por su participación en el intento de golpe de estado cuando, como capitán general de la entonces 3ª Región Militar, publicó el bando «ante los acontecimientos que se están desarrollando en estos momentos en la Capital de España y el consiguiente vacío de poder, a fin de garantizar el orden en la Región de su Mando hasta tanto se reciban las correspondientes instrucciones que dictara S.M. el Rey» hasta que, una vez «recibidas dichas instrucciones y garantizando el orden y seguridad ciudadana en el ámbito de la Región», lo dejó sin efecto, dando comienzo a una nueva etapa política en España, con nuevo presidente de gobierno, tras la dimisión de Suarez. De esa época es cuando conocí al Teniente Coronel Tejero.
Durante las sesiones del juicio quedé impresionado por su integridad y honestidad en defensa de lo que creía era cumplimiento de unas órdenes de la superioridad y de su deber como militar, relegando la responsabilidad de los guardias a sus órdenes. Jamás rehuyó sus responsabilidades buscando subterfugios legales que le pudieran eximir o atenuar su responsabilidad. Y lo hacía convencido de que era uno más de los implicados que sólo obedecía para llevar a cabo un deseo que no era, desde luego, el suyo para salvar la critica situación de España en la que nunca estuvo presente en su mente y convicción ostentar ninguna prebenda o beneficio personal.
Tras el juicio conocí -para mí, mucho más enriquecedor- a la persona, a Antonio Tejero Molina, al hombre que había detrás, mejor dicho, debajo, del tricornio con que era públicamente conocido, al marido, al padre de familia, al pintor. Pese a lo hablador que era nunca lo hicimos sobre lo que ocurrió ese 23-F. Conocí al hombre que sufría los viles asesinatos de ETA, al patriota que sufría la desmembración de España, al hombre que, «junto a otros cabecillas» fue condenado a 30 años de prisión y que siempre quiso saber qué hubo realmente detrás de todo aquello. Antonio Tejero, pese a todo, siempre ha sido y es una persona alegre que siempre ha proyectado mansedumbre ante la situación en la que se encontraba desde ese invierno de 1981 -preso sin «derecho a acercamiento», cuya vida iba a desarrollarse a partir de entonces en presidios lo más distantes de su familia, de sus padres, de Carmen, su mujer, de sus seis hijos, de sus nietos-.
Tras el cumplimiento de la condena que le fue impuesta -fue el último en ser liberado- he vuelto a estar con Antonio Tejero. Su bigote cano no esconde ya su edad. Pero a pesar del tiempo transcurrido desde 1981 sigue, más que nunca, dolido, muy dolido por esta España que no nos gusta, dividida por los partidos políticos, enfrascados en crispar a la sociedad por conseguir más votos, dividida por las tensiones territoriales y el separatismo,… pero también alegre, muy alegre por los valores religiosos y patrióticos transmitidos, junto a Carmen, a su familia, cuyos hijos, como no podía ser de otra forma, le admiran sintiéndose orgullos de él, los cuales han continuado sus vidas y profesiones con un alto sentido del deber, del servicio a los demás y del honor.
Antonio, un hombre sencillo, muy familiar, sincero y coherente. El juicio por el 23-F es uno; ya acabó, con muchas, muchas incógnitas. El de la historia está aún por llegar. Y el de su conciencia, es el que se refleja en su semblante, expresivo de un servidor de España en el que el honor fue siempre su divisa y que lo dio todo pensando siempre en ella y en los demás, nunca en sí mismo o en el bien de su familia. De admirar.
Francisco Torres García
Francisco Torres García, historiador y articulista, catedrático de Instituto, profesor de Enseñanza Secundaria, Licenciado en Letras por la Universidad de Murcia en la división de Geografía e Historia.
Es uno de los más destacados especialistas en la historia de la División Azul y ha centrado su investigación en las etapas más recientes de la España contemporánea. Apasionado del cine también ha dedicado algunos trabajos al mismo.
Ha publicado numerosos artículos en revistas de divulgación e investigación histórica como Aportes, Historia 16, Historia y Vida o Clío, participando en diversos congresos con ponencias y comunicaciones. A lo largo del año pronuncia numerosas conferencias de temática variada y es reclamado como prologuista de novelas y otros trabajos.
Como analista político, es habitual encontrar sus artículos en medios impresos y digitales como La Nación, Fuerza Nueva, Diario Ya, Sierra Norte Digital, Catholic.net, Historia en Libertad, y Arbil entre otras. Ha participado en tertulias radiofónicas y programas de televisión (La Tribuna de la Historia y España en la memoria).
Da a conocer sus particulares puntos de vista sobre la realidad presente y pasada en este blog, siendo sus artículos replicados en numerosas páginas de la red. Con esta editorial ha publicado dos libros: ”Franco Socialista” y “Franco, una biografía en imágenes» y actualmente está terminando una visión, también para esta editorial, sobre la novela “Raza” de Jaime Andrade seudónimo que usó Franco para publicarla.
El hombre que paró el golpe real del 23-F
Acercarse a un personaje desde el punto de vista del historiador, que además ha vivido los acontecimientos y sus sucesivas interpretaciones, quizás sea el ánimo que inspire estos párrafos sobre el Teniente Coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina. Hacerlo además desde líneas externas, sobre lo que ha trascendido sobre él en las últimas décadas, obliga a centrar el trabajo en la imagen conocida del personaje. Lo que, por otra parte, acrecienta los espacios en blanco sobre su devenir en la historia reciente. Una realidad condicionante derivada de su escasa presencia en la vida pública desde que concluyera el “juicio de campamento” por los hechos del 23-F, lo que nos revela también un carácter de su personalidad. Aunque por fuerza suene a tópico, cabría afirmar que para gran parte de los españoles de hoy Antonio Tejero solo es una foto de obligada inclusión en los manuales de Historia de España de los escolares o a través de la periódica reproducción de algún breve vídeo en la red.
En febrero 1981 este autor cursaba primero de carrera y obviamente no sabía quién era Antonio Tejero. Solo cuando, bastantes horas después, se trazaron algunas pinceladas, recordé lo relativo a la llamada “operación galaxia”, un mero artificio que sirvió al gobierno de centro-derecha entonces vigente como elemento de la propaganda de miedo que tan hábilmente utilizó Adolfo Suárez (miedo al marxismo, miedo a la izquierda, miedo al terrorismo, miedo a la ultraderecha, miedo al ruido de sables…).
La realidad es que para los españoles de entonces el personaje adquirió realidad histórica aquella tarde del 23-F. Al día siguiente comenzó la campaña de manipulación sobre la realidad de lo acontecido, la maniobra de ocultamiento que se mantuvo durante un cierto tiempo. Hoy es evidente el rechazo a aquella versión oficial de conveniencia pergeñada entre periodistas, políticos, servicios más o menos secretos y poderes fácticos de muy diversa índole. Mientras, los historiadores aguardamos a que las promesas de aplicar la posibilidad de consulta de documentos alcance a lo que quede en los archivos de aquellos hechos.
En 1981 este historiador compartía la versión no oficial del 23-F, algo que corría por todas partes, aunque se descalificara con la vitola de “intoxicación”, y que hoy es en líneas generales la que muchos españoles interesados en tienen. En esa versión no oficial afloraban dos cuestiones clave que hacían tambalear la versión convenientemente elaborada: primero, la cronología de aquella tarde-noche con la famosa intervención televisiva del monarca; segunda, la existencia de una propuesta que se iba a plantear a los diputados de un gobierno de coalición entre las principales fuerzas políticas presidido por un militar. En medio de todo ello, la decisión de Antonio Tejero, al conocer el contenido de la propuesta de gobierno que se iba a someter en esa situación excepcional a los diputados, de rechazarla y no franquear el paso al hemiciclo al general Alfonso Armada, pieza clave de todo lo acontecido. Ahí se desmoronó el golpe real del 23-F y se abrió el paso al golpe imaginario de la propaganda con vinculaciones con la ultraderecha y el franquismo incluidas. En esos meses, entre declaraciones y demás, me quedaron grabadas unas palabras clave de Antonio Tejero que reconstruyéndolas de memoria lanzaban un mar de dudas sobre la versión del consenso: “espero que algún día alguien me explique qué sucedió el 23-F”.
Curiosamente, y es algo que debiera llamar poderosamente la atención, una vez reconducida la situación, aunque hoy pueda parecer extraño, Antonio Tejero se convirtió en un personaje popular. Quizás porque hasta el menos reflexivo de los españoles entendía que un Teniente Coronel no podía dar un golpe de estado y tomar el poder, sino que se limitó a aguardar a una “autoridad competente” a la que no bridó el paso en el momento decisivo.
Antonio Tejero había sido solo una pieza operativa, que demostró su capacidad al tomar un edificio con protección, como era el Congreso de los Diputados, sin que se produjese el más mínimo derramamiento de sangre; en preparar una operación complicada con un operativo adecuado sin que nadie se enterase, salvo, evidentemente, los “servicios secretos” españoles; porque esa fue una operación con “espías” incorporados.
Antonio Tejero y su tricornio adquirieron una enorme popularidad después del 23-F. Hoy esto sería impensable. Sin embargo, sucedió entre 1981 y 1982, aunque algunos intentaran trasladarlo a categorías políticas. Como anécdota, recordar que hasta se grabaron discos con rumbas y tanguillos en los que los políticos no salían bien parados en la rima; casetes de aquellos que se vendían en las gasolineras pero también fácilmente localizables en el circuito comercial –guardo en mi archivo un ejemplar de uno de aquellos singles en vinilo–. Personaje popular, porque, de algún modo, con aquel “al suelo todo el mundo”, al humillar a los diputados, encarnó el deseo de no pocos ciudadanos con respecto a una clase política a la que culpaban de sus males.
La leyenda/mito de la Transición ha hecho borrar que cinco años después de iniciada se hubiera extendido, entre amplias capas de la población española, “el desencanto”; término convertido en un concepto político, equivalente al más reciente y menos comprometido de la “desafección”. El “desencanto” tenía muchos niveles de referencia tanto social como grupal y sin ese ambiente resultaría inexplicable la realidad del 23-F.
El desencanto popular, que contribuyó a la popularidad de Tejero, con respecto a la clase política en general y al gobierno de la UCD en particular, que en esos momentos afectaba ya a la credibilidad del sistema, estaba anclado en la impactante crisis económica. Esta se desarrollaba sin freno en un país que había gozado de una prosperidad continua desde mediados de los años cincuenta, con un incremento constante desde la muerte de Franco de las cifras de paro –origen del elevado paro estructural español con el que nos hemos acostumbrado a vivir–. Tan popular se hizo el protagonista de estas páginas que quizás debieran exhumarse, si existen, los registros de visitas, el número de cartas recibidas, la “peregrinación” a la prisión para verle… Las descripciones que retengo en la memoria de quiénes le visitaron, de aquel obligado llevarle cosas a Tejero, no pueden desligarse del personaje histórico.
Lo que, sin embargo, al historiador no deja de sorprenderle son los silencios de Antonio Tejero. Su capacidad para, durante casi cuarenta años, no decir nada más que aquello que quiso y entendía que, sin faltar a sus compromisos, podía transmitir. Curioso, porque las notas sobre sanciones que aparecen en su Hoja de Servicios nos presenta a alguien capaz de asumir la pena impuesta por defender aquello que estimaba como correcto por ser el silencio contrario a lo que le habían enseñado.
Todos los hombres son producto de las vivencias decisorias que salpican su biografía y Antonio Tejero había convivido con el nacimiento del terrorismo de ETA desde el asesinato de Gregorio Posadas, cabo primero de la Guardia Civil, en 1974. Si tenía que desobedecer órdenes lo hacía, como cuando en el País Vasco salía con sus hombres para evitar la quema de banderas de España que el gobierno, por omisión, había decidido tolerar.
Quizás no esté demás recordar, aunque a buen seguro figure en las páginas de este libro, que por decisión del gobierno de la UCD, los entierros de los asesinados por ETA –lamentablemente en aquellas fechas eran algo cotidiano–, tenían que hacerse casi a escondidas para evitar cualquier manifestación de homenaje a las víctimas y denuncia del terrorismo. En Málaga, estando en la comandancia de la Guardia Civil, se negó a que el entierro de un guardia civil asesinado se hiciera así. Él mismo formó parte de los que a pie llevaron el féretro a hombros por las principales calles de la ciudad y al mediodía. Ilógicamente para cualquiera fue sancionado.
Sería muy difícil deslindar en una biografía el pensamiento y las actuaciones de Antonio Tejero del azote terrorista, básicamente de ETA. No calibrar correctamente su significado. Especialmente cuando hoy se asume que la decisión de la banda terrorista de iniciar una escalada de asesinatos de mandos militares en 1980 tenía como objetivo provocar una intervención militar, mientras que el gobierno de la UCD buscaba una negociación.
Si se repasa, aunque sea de forma somera, la biografía de Antonio Tejero es fácil entender hasta dónde antecede, en su línea de comportamiento, la lealtad al compromiso asumido. Por ello, durante décadas ha sido fiel a los “pactos de silencio”, que los hubo; a llegar en sus revelaciones hasta dónde podía llegar para que otros miraran hacia donde debían mirar –que nadie se asombre sin en breve el mito de la noche del 23F no experimenta otra revisión dada la situación en que se encuentra su máximo protagonista–.
Nadie ignora que podría revelar muchas cosas, todo aquello que no trascendió de las llamadas realizadas/recibidas en esa tarde noche en el Congreso de los Diputados; pero también de las que se produjeron desde el 24 de febrero hasta la finalización del juicio de campamento que al historiador le parecen bastante más interesantes.
Podría, en este tiempo, haber escrito, como se dice ahora, unas memorias de infarto, que no sé si se hubieran podido publicar en España, o accedido a entrevistas bien pagadas, pero no lo ha hecho. Que me conste solo contamos con algunas confidencias que han aparecido sin cita en alguna obra publicada.
Tampoco el historiador puede olvidar que, desde el primer instante, asumió su responsabilidad en los hechos y explicó las razones que le habían llevado a ello. Ha mantenido, eso sí, desde el principio que él actuó a las órdenes del rey, de Juan Carlos I, que es lo que le habían transmitido. Decidió cumplir con la pena impuesta y no refugiarse en un arrepentimiento fingido para salir antes. Fue el último de los presos del 23-F en obtener la libertad.
Es probable que Antonio Tejero pase a la historia, en el futuro, parafraseando un título de Martínez Inglés sobre el hecho capital en su vida pública, como el “protagonista del golpe que nunca existió” o, más ajustadamente desde nuestro punto de vista, como “el hombre que paró el golpe real del 23-F”.
Eduardo García Serrano
Es periodista, nacido en Madrid en 1956 pero de origen navarro. Hijo del gran periodista y escritor navarro, Rafael García Serrano, al igual que su padre, Eduardo tiene y cultiva cuatro grandes pasiones: España, Navarra, el Real Madrid e Italia, país al que admira profundamente gracias a su otro gran maestro periodístico, Indro Montanelli, con el que Rafael García Serrano trabó íntima amistad, que se extendió al ámbito familiar de ambos, cuando el italiano vino a España como corresponsal durante la Guerra Civil.
Trabajó como redactor jefe del diario «El Alcázar» y de «La Voz del Progreso». Ha dirigido las revistas «Circulo Ahumada (amigos de la Guardia Civil)» y «Nosotros (somos quien somos)». Director de informativos de Radio Intercontinental Madrid y desde hace más de 20 años dirige y presenta el programa «Sencillamente Radio» en Radio Inter. Además de haber dirigido y presentado «Intertulia», «Punto de Vista», «¿Y usted qué opina?», «La Quinta Columna» y «Buenos Días, España», participa activamente en diferentes programas del Grupo Intereconomía, destacando sus intervenciones en «El Gato al Agua». Actualmente es el Director de el periódico digital El Correo de España.
Eduardo García Serrano está en posesión de dos Antenas de Oro por los programas radiofónicos de la Inter «Sencillamente Radio» y «Punto de Vista», así como de tres primeros premios periodísticos del Círculo Ahumada de la Guardia Civil. Recientemente le ha sido otorgado el Micrófono de Oro por el programa Buenos Días, España.
Antonio Tejero, el Honor. Por Eduardo García Serrano.
La Filosofía acaba donde empieza Dios, tal y como la humillación de la derrota termina donde empieza el Honor. Los españoles de hoy no lo entienden ni lo comprenden. No saben lo que es el Honor. Sin valor para combatir son una generación nacida para borrar su estirpe. Pusilánimes.
Antonio Tejero es el Honor. A los dos les traicionó la corrupción uniformada con los arreos de la política al servirse en la mesa del Poder. A Antonio Tejero le traicionó, además, el tiempo. Merecía un Alcázar, debía haber estado en Santa María de la Cabeza, haber formado con el Tercio Viejo de Zamora en Rocroi o en Baler… pero le destinaron al Congreso de los Diputados, esa lonja de banderas de conveniencia en la que España es mercadería de trueque y en la que la palabra de un hombre no gravita sobre su conciencia porque del Honor no queda ni el nombre.
Cumplió como los soldados de antaño, como la Fiel Infantería de Empel, como los guardias civiles del Duque de Ahumada, de El Alcázar y de Santa María de la Cabeza, como Churruca en Trafalgar, cuando el timorato almirante francés le preguntó, viendo que ponía vela y proa a Nelson, “pero ¿a dónde vais?”, a lo que el marino español contestó: “al fuego, Villeneuve, al fuego”. Y al fuego puso rumbo el Teniente Coronel Antonio Tejero aquella tarde del 23 de febrero de 1981.
Al fuego en el que se cocía la traición antes de que Antonio Tejero se metiera en las Termópilas de la Carrera de San Jerónimo, pero no como hiciera Leónidas para propiciar una victoria que él no vería, sino para dar tiempo a la vileza que Tejero no sospechaba mientras, cumplida su misión, esperaba a los africanistas de las Columnas del Sur que traían en sus macutos los salvoconductos y las órdenes para acabar con ETA y con su hábitat natural, el separatismo solapado en la diáspora autonomica, en la taifa disolvente y en el cantón guerracivilista. No llegaron, no, los africanistas de las Columnas del Sur. Llegaron las propuestas y las promesas de la traición solapadas de disciplina y de democrática exaltación, envueltas en añagaza, marinadas de trueque y aliñadas de apaño y componenda para maquillar el trágala y edulcorar la vileza.
En la conciencia y en el uniforme del Teniente Coronel Antonio Tejero sonó, como la corneta militar de Quevedo “le das fuerza de ley al aire vano”, la voz del más grande de los Africanistas (aquéllos que sí cumplieron con su deber y con su palabra empeñada en el juramento a la única Bandera por la que merece la pena morir) al despedirse de sus cadetes en el cierre de la Academia General Militar de Zaragoza: “Recordad siempre que por encima de la disciplina está el Honor”.
Sólo puso una condición para entregar la plaza, eximir a sus hombres de toda responsabilidad y cargar él solo con las consecuencias. Con todas. La mañana del 24 de febrero de 1981, el Teniente Coronel Antonio Tejero salió del Congreso de los Diputados llevando en los ojos toda la tristeza por lo que jamás sería. Aún la lleva. La tristeza que, como las espuelas de Don Quijote, solo son capaces de llevar los hombres de Honor.
Luis Fernández Villamea
Periodista por la Universidad Complutense comienza su trabajo profesional en la revista «Semana» con apenas 19 años, y después pasa a la revista Fuerza Nueva, donde participa en la elaboración de su número 0 y de la que fue director hasta el final. En sus trabajos periodísticos ha sido enviado especial por Europa, África y América. Cronista parlamentario, vivió toda la jornada del 23-F sin moverse del Congreso de los Diputados como testigo de excepción. Muy joven fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo.
23-F: CRÓNICA PERSONAL VIVIDA EN PRIMERA LÍNEA
Era ya la tarde-noche del 23 de febrero de 1981. Antonio Tejero había entrado con unos 200 guardias civiles en el caserón de la Carrera de San Jerónimo. Momentos antes, uno de esos hombres, un cabo, con barba y uniforme de la Agrupación de Tráfico, había disparado junto a mí, en el balconcillo que ocupaba la prensa, cinco tiros en el bajo-techo en un pespunte perfecto. Landelino Lavilla los tapó, pero mucho tiempo después.
Más tarde todos los periodistas salimos de allí. Yo intenté, aprovechando la confusión, entrar en el hemiciclo. Está totalmente prohibido, excepto para diputados, letrados del Congreso y ujieres. En el camino, y ya en el piso bajo, me encontré con Camilo Menéndez-Vives, capitán de Navío y buen amigo mío de hacía muchos años. Fue director de la Escuela Naval y me unía a él y a su familia -esposa, hijos y después nietos- una sincera amistad.
-¡Hombre, Luis, me alegro de verte!
-¿Qué haces aquí?-, le pregunté.
-Pues mira, que ante esta situación he venido a ver lo que le pasa a Antonio (Tejero), y para apoyarle en lo que fuera necesario. Por cierto, ¿tú le conoces?…
-He cubierto algunas actuaciones de él como periodista, pero personalmente no…
-Espera, que te lo voy a presentar.
En ese momento el teniente coronel pasaba por allí. Se mostraba tranquilo, seguro, como si estuviese dirigiendo una operación más de su servicio.
-Mira, Antonio, te presento a Luis Fernández-Villamea, subdirector de Fuerza Nueva y cronista parlamentario de la revista.
-Sí, ya me han dicho que estabas aquí. Puedes moverte con tranquilidad porque esperamos que esto se resuelva pronto.
Serían sobre las siete y cuarto de la tarde del 23 de febrero de 1981 en el interior del Palacio del Congreso. Ahora, hace tan sólo unos meses, con motivo del 39 aniversario de aquel hecho, la televisión vasca (ETB) me llamó porque quería hacer un reportaje con varios asistentes al mismo y pretendía que apareciese una voz que no condenase por sistema a aquel guardia civil que encabezó el ya famoso entre los famosos 23-F. Ante mi sorpresa, llamé al protagonista:
-Oye, Antonio, la televisión vasca quiere hacer un documento sobre el 23-F en el que, por lo menos, alguien hable bien de ti. Me preguntan como amigo tuyo sobre tu sufrimiento y sacrificio personal cuando otros tenían más responsabilidades y no sé cuántas cosas más… ¿Qué te parece?
– Si quieres intervenir es cosa tuya, pero que quede claro que de sufrimiento nada de nada. Yo fui allí a cumplir una orden, estaba absolutamente seguro de lo que hacía y de la responsabilidad que pudiera acarrear…
Quedó meridianamente claro cuando precisamente en Cartagena, Ciudad Departamental, ante un auditorio numeroso e interesado, pronuncié una conferencia sobre el hecho 38 años después. Me llegó un tarjetón del propio Antonio Tejero pidiéndome que no se me olvidase decir que allí fueron a las órdenes del Rey, cumpliendo órdenes, y que lo único que se consiguió –aquí entra su gracejo malagueño- es que Calvo Sotelo saliese nombrado presidente del Gobierno y nunca le diese las gracias. Lo publicó con gran éxito de audiencia “El Correo de España” dentro de una crónica que hizo el historiador y catedrático en Murcia Francisco Torres.
Ahora se van a cumplir 40 años, y el problema estará absolutamente resuelto cuando se publiquen las copias de las llamadas efectuadas –de entradas y salidas- en el Congreso durante una tarde, noche y mañana de dos días –yo hablé varias veces, incluso dándole a la agencia Europa Press un comunicado junto al propio Antonio Tejero desde la cabina de Prensa- y cuando consigamos también –las tiene Telefónica- las de la Zarzuela en ese mismo periodo de tiempo. A la prensa amarilla de origen biliar que ha predominado en España en estas cuatro décadas le ha interesado más si el Rey tenía los millones en el Caribe o en el desierto arábigo, si sus queridas eran de pura raza española o de ascendencia teutona, pero nadie ha explorado en ese grano que convirtió al monarca de la nación más puntera de Europa en rehén de la clase, periodística y política, más ruin del continente.
Aquella noche fue una gran maniobra mucho más sencilla de explicar de lo que parece. A las 22, 30 de ese día las cámaras, con el mensaje del Rey grabado estaban en su sede. Y éste apareció a la 1,14 de la madrugada siguiente. Casi tres horas después.
Camilo Menéndez, Antonio Tejero y yo nos sentamos ya en la madrugada en una sala contigua al hemiciclo. Entraba y salía el teniente Álvarez, un joven y espigado oficial de la Benemérita que había lidiado toda la tarde, noche y mañana siguiente con los diputados. Mucho tiempo después, cuando había pasado la tormenta, José Bono le llamó “chulo” en televisión, cuando hasta los más alejados de adhesión al 23-F dijeron de él que dio una sensación de militar puro. El teniente coronel de la Guardia Civil que había dirigido esa operación, con voz sosegada pero ardiente, nos dijo a Camilo y a mí: “De verdad, que no sé qué pasa aquí ni qué ha sido todo esto”.
Y al final, cuando todos nos íbamos a la calle, Tejero pronunció la sentencia postrera que engloba una tesis “cum laude” sobre la Transición: “Es peor que Carrillo”. Lo dijo a mi lado cuando pasaba Fraga –que protagonizó el incidente más grave de todo este episodio-.
Creo que escribí en mi revista la única crónica del interior del Congreso de aquella histórica fecha. Y doy fe de que aquel teniente coronel de la Guardia Civil estuvo toda la noche tratando de deshacer un entuerto al que le había conducido una maniobra para la que él no había sido llamado. Envió un mensaje durante la noche contrario a las autonomías, a favor de la unidad de España que terminaba con un “Viva el Rey”, en cuyo nombre había sido convocado, que nadie publicó excepto “Ya” a dos días del hecho.
En la calle, después de la 1,14 de la madrugada, gente con puño en alto y dientes de acero, gritaba “¡Viva el Rey!”. Esta imagen nos da una idea, tras 40 años de la vida de España, de lo que aquí y ahora han cambiado las cosas desde entonces.
General de División Juan Chicharro Ortega
Nació en Madrid en 1950.
General de División de Infantería de Marina ( R)
Diplomado de Estado Mayor.
Ingresó en la Escuela Naval Militar en 1969 obteniendo el empleo de Teniente de Infantería de Marina en 1974.
Cazador paracaidista, buceador de combate y especialista en Artillería.
Fue Ayudante de Campo de S. M. el rey Don Juan Carlos I.
Comandante General de la Infantería de Marina de 2006 a 2010.
Formó parte del contingente español de las NNUU para la imposición del tratado de paz de Esquipulas durante un año en Centroamérica.
Al mando de un Batallón participó en las operaciones en la República Sprska en Bosnia Herzegovina en 1999 dentro de la SFOR de la OTAN.
Con anterioridad en el empleo de Teniente en las operaciones de evacuación del Sáhara español en 1975/76.
En la actualidad es Presidente Ejecutivo de la FNFF.
AL HOMBRE SOLO SE LE CONOCE POR LA ACCIÓN Y NO POR LA CONTEMPLACIÓN
Conocí a Antonio Tejero, Teniente Coronel de la Guardia Civil , una fría mañana de invierno del año pasado con ocasión de un almuerzo organizado por un amigo común. Con anterioridad ya había coincidido con él en una cena anual de la Fundación Francisco Franco pero esta era una ocasión especial y en efecto así lo fue : almuerzo en la intimidad y larga sobremesa.
Reconozco que tuve la sensación de estar viviendo un momento histórico pues estoy convencido de que la mayoría de todos las personas relevantes de hace 40 años se han difuminado ya en el recuerdo mientras que la de Antonio Tejero perdurará en la memoria histórica de nuestra nación. Viví ese almuerzo con suma atención consciente de esta circunstancia tratando de empaparme de su personalidad y carácter.
Casi medio siglo en la Armada ocupando puestos de mando en todos los empleos le proporcionan a uno la capacidad de ser capaz de conocer casi siempre a las personas casi de forma inmediata y este no fue un caso diferente. Mi conocimiento de la figura del Tcol Tejero no proviene desde luego de los sucesos del 23 F sino desde mucho antes pues los jóvenes capitanes de aquellos tiempos oíamos y sabíamos de la personalidad de un jefe de la Guardia Civil que era bien conocido por su valentía en el desempeño de sus responsabilidades en las Comandancias de San Sebastián y Vitoria y desde luego por la defensa a ultranza de la dignidad de sus guardias en ocasiones tan difíciles como las que se vivieron entonces por la ofensiva asesina de la banda terrorista.
Observando al Teniente Coronel con minuciosidad mientras comíamos no podía por menos que recordar a Goethe cuando decía que “al hombre sólo se le conoce por la acción y no por la contemplación “y veía en su persona a quien no tolera las faltas de caballerosidad y menos la cobardía ; a quien ha soportado estoicamente los mayores sufrimientos ; a quien no admite la mentira, ni tampoco faltar a la palabra empeñada y a quien dotado de un temple moral fuera de lo corriente no le abaten ni conducen a una resignación fatalista los reveses ; antes bien , se crece y exalta su moral en la desgracia , sabe enardecerse y cobrar nuevos brios para acometer y , llegado el caso, sabe defenderse y mantener la honra. Hoy cuando vemos que la relajación de la moral y el influjo de ideas filosóficas materialistas , han introducido modificaciones sensibles en los caracteres y costumbres de los pueblos, amortiguando el sentimiento del patriotismo y del honor resplandece la figura de hombres como el Tcol Antonio Tejero quien sabe que el camino de España no es otro que el de la fe, el de la exaltación de los valores del espiritu con una religiosidad acendrada y que al materialismo degradante y aniquilador de los tiempos en los que vivimos solo cabe oponerse con el valor de la espiritualidad.
Y mientras nuestra conversación discurría por temas banales yo sólo me veía delante de quien ha hecho de su vida un culto al honor que es el mayor signo de nobleza y caballerosidad posible.
Reza una vieja máxima militar que la recompensa del capitán no está en las notas de su jefe sino en la mirada de sus hombres y tenga por seguro el Tcol que sus guardias caídos asesinados desde el cielo por los que tanto se desveló le acogerán en su día en formación y primer tiempo de saludo como se recibe a los grandes hombres.
Julio Merino
Periodista y Miembro de la REAL academia de Córdoba.
Nació en la localidad cordobesa de Nueva Carteya en 1940.
Fue redactor del diario Arriba, redactor-jefe del Diario SP, subdirector del diario Pueblo y director de la agencia de noticias Pyresa.
En 1978 adquirió una parte de las acciones del diario El Imparcial y pasó a ejercer como su director.
En julio de 1979 abandonó la redacción de El Imparcial junto a Fernando Latorre de Félez.
Unos meses después, en diciembre, fue nombrado director del Diario de Barcelona.
Fue fundador del semanario El Heraldo Español, cuyo primer número salió a la calle el 1 de abril de 1980 y del cual fue director. Actualmente escribe a diario en el digital El Correo de España.
Hace 43 años un día (concretamente el 30 de agosto de 1978) recibí una carta para publicarla en la sección “Cartas al Director” que yo como Director que era de aquel periódico que estaba siendo la “revelación” del año periodístico, llamado “El Imparcial” había plataformado como nunca se había hecho en la Prensa española la opinión de los lectores.
Era la carta de un Teniente Coronel de la Guardia Civil, llamado Don Antonio Tejero Monina, que consideré lo suficientemente buena y oportuna como para publicarla en la portada del día siguiente (el 31) y con un título explosivo y del tamaño de letra más grande del que disponíamos en nuestros talleres.
Pero, aquella carta tuvo su historia que hoy recuerdo como si hubiese sucedido ayer. Así fueron las cosas. Aquella noche de agosto cuando llegué al periódico y pasó el Subdirector, Fernando Latorre, a mi despacho a darme cuenta de las noticias del día y cómo llevaba los temas más destacados, me dijo:
— Oye, Director, y aquí tienes esta carta que ha traído en mano su autor… Es muy buena, te va a gustar.
Y leí la carta, naturalmente.
— Sí, es cojonuda. ¿Quién es este Tejero?.
— Pues, no lo sé. Hace un rato la niña de la centralita me avisó que había un Guardia Civil que preguntaba por el Director y que si podía verlo… Le dije que pasara, y como tú no estabas le recibí yo, era el Teniente Coronel Antonio Tejero, se presentó y me presentó a su Señora, que le acompañaba. Me entregó la carta y me pidió que, si era posible, se publicara. No hay más.
— ¿Cómo es? ¿Habías oído hablar de él?
— Un hombre serio, de pocas palabras. La Señora habló más que él.
— Bueno, pues ya tenemos la portada de mañana. Es estupenda, y además está bien escrita y es respetuosa.
— Sí, pero habrá que ponerle un título… Yo he pensado que podíamos titularla como «Carta al Rey Juan Carlos».
— Sí, puede ser, pero déjame que la lea otra vez… y sin dudarlo lo solté, no Fernando, me gusta más este — y con el rotulador grueso que siempre tenía a mano, por mi vieja etapa de confeccionador, le dibujé MAJESTAD, ¡no más sangre!
— Pero, Director, eso no está en la carta.
— Ya lo sé, pero sí está «Majestad, no más muertos», más o menos es lo mismo y creo que la palabra sangre tiene más fuerza.
Y en portada y grande salió «El Imparcial» con la carta del Teniente Coronel Tejero (Que ya han leído en otro apartado de este libro)… naturalmente sin saber lo que iba a pasar, o mejor dicho, lo que le iba a pasar a él, pues la carta cayó como una bomba a todos los niveles y poco después sería castigado con un Arresto de un mes… pero lo curioso, como se decía en el Comunicado oficial que se le castigaba, no por el contenido en sí sino por el escandaloso titular. Al parecer ver la palabra MAJESTAD tan grande y mencionar la sangre, cuando un día sí y otro también la sangre de Guardias Civiles, Policías y Militares estaba corriendo por las calles (88 muertos aquel año) había provocado incluso el ruido de sables que ya comenzaba a oírse en los cuarteles, por una parte, y por otra, la vergüenza de algunos Mandos por permanecer callados.
Fue por aquellos días cuando conocí en persona a Don Antonio Tejero y a su mujer, la buena y santa de Carmen, Maestra Nacional como yo, aunque con más vocación, y la esposa y madre que será cuando Dios la llame a su lado, seguro, elevada a los altares, y confieso que aquel Guardia Civil (la verdad es que te impactaba incluso antes de ver sus estrellas) vestido impecablemente de verde y tricornio negro y brillante me atrajo por su seriedad y su sinceridad.
Pues, ya por la tarde me llamó «Don Sabino» (ya saben Don Sabino Fernández Campo, en ese momento secretario de la Casa Real) y me contó que muy temprano les había llamado el Presidente Suárez, enfadadísimo con «El Imparcial» y pidiendo la cárcel del Guardia Civil que firmaba la Carta… y así se lo pidió, incluso, a SM.
— ¿Y sabes lo que le contestó el Rey?…. Pues, no te sorprendas, porque el Rey cuando quiere también es cachondo. Según me contó -me dijo mi amigo Sabino- cuando Suárez terminó su perorata le dijo: «Pues ¿sabes una cosa, Adolfo?… que si el Teniente Coronel ese que firma la carta me la enseña a mí antes yo también la hubiera firmado… já, já, já… y no veas cómo se ha puesto. Pero, eso de la sangre le había sacado de sus casillas, ¡jó, macho, y a mí, ya está bien de ETA y de la madre que los parió!!… Sí, Sabino, sí… bueno, no lo diré en público».
Y como no pude aguantar mi admiración, escribí estas palabras sobre mí ya amigo Antonio Tejero y a continuación otra anécdota sobre la “Operación Galaxia”:
Hoy estuve hablando con un Guardia Civil, sí, con un Guardia Civil, porque Antonio Tejero Molina, aunque hoy sea ya Teniente Coronel y mañana pueda ser General, es simplemente un Guardia Civil. Un hombre que tiene el corazón verde. Y no me extraña que respire como respira después de haber soportado que le maten por la espalda y a traición más de 80 hombres a sus órdenes vestidos con el uniforme verde y de haberlos tenido que enterrar («por disposición de la Autoridad») casi en secreto y portando los féretros «por vías de poco ajetreo».
Está claro: unos nacieron para políticos, otros para banqueros, otros para curas, otros para truhanes, otros para cantamañanas, otros para empresarios, otros para serviles, otros para médicos, otros para misioneros, otros para chaqueteros, otros para periodistas, otros para Reyes, otros para maricas, otros para constructores y muchos para feriantes y engañabobos. Él no. Él nació para Guardia Civil y Guardia Civil sigue siendo a pesar de sus estrellas. Vino del sur y renació en el Norte («verde que te quiero verde»). Recorrió caminos y calles, montes y valles, playas y berrocales. Habló siempre en voz alta y clara y al pan le llamó pan y al vino, vino. Si hubiera nacido en otro tiempo habría estado entre los 13 de la fama de Pizarro o con Cortés en México. Loco o héroe, nunca villano. Loco fue aquel Colón y descubrió América. Pero Tejero sólo es un Guardia Civil, un hombre que tiene el corazón verde… y un destino incierto. ¡Ojo al destino!
¡Ah! y si alguien se decidiera llevar su vida algún día al cine ya sabe el título de la película: «El hombre que tenía el corazón verde».
Ahora, vayamos con la “Operación Galaxia” (42) de Tejero, bueno, de Tejero y de “El Imparcial” y de Julio Merino, porque si a él le condenaron por aquel “Juego Teórico” que no “ensoñación” (el térmico que el Supremo se buscó para calificar el “Golpe de Estado” de los independentistas catalanes) a mí casi me fusilan. Porque según “El País”, “El Imparcial” y su Director (o sea yo), y su Subdirector, Fernando Latorre, su Columnista Juan Pla y su Presidente, Jorge Rodríguez San José, habían sido los “colaboradores necesarios” del Teniente Coronel Tejero y el Capitán Ynestrillas para llevar a cabo “su criminal atentado contra la Democracia”.
Pero, en honor de Antonio Tejero, me van a permitir que recuerde cómo viví yo aquella “Operación Galaxia”.
De entrada tengo que decir que yo no tenía aquel día ni idea de la “Operación Galaxia” (ni sabía en aquel momento ni conocía la cafetería Galaxia y 43 años después sigo sin conocerla) ni había hablado con Tejero por aquellos días y no conocía de nada al Capitán Ynestrillas… y fue curioso cómo me enteré y cómo lo padecí.
El domingo 19 de noviembre de 1978 estaba yo comiendo con mi mujer y mis hijos (12 y 7 años) en la cafetería “California 47” de la calle Goya (la que después sufriría el terrible atentado terrorista) cuando de pronto entró la Redactora de mi periódico Mayte Mancebo, que venía acompañada de su pareja, el abogado Ángel López Montero, colaborador también de “El Imparcial” y al verme se vinieron hacia mí y sin más, como muy alarmados, me dijeron:
— Hola ¿has visto lo de “El País” de hoy? –y sacaron “El País” y me lo mostraron.
Y yo me quedé de piedra. Pues en la portada, y en un titular a toda página venía la denuncia de la “Operación Galaxia” y la detención del Teniente Coronel Tejero y el Capitán Ynestrillas y debajo, también grande, la colaboración de “El Imparcial” y la acusación directa de la participación de Julio Merino, Fernando Latorre y Juan Plan, Director, Subdirector y Columnista respectivamente en el intento de “Golpe de Estado”.
Naturalmente, y siendo como era todo un “invento”, pues como ya he dicho yo no sabía ni que existiera la cafetería dichosa me quedé muy preocupado y fue López Montero, el abogado, quien dijo:
— Director, esto es muy grave. Hoy es domingo, y seguramente el juez ni lo habrá visto, pero, en cuanto lo vea mañana inmediatamente os llamarán a declarar o mandarán a la policía que os detengan.
— ¿Y qué podemos hacer, Ángel?
— Hay que presentar de inmediato una denuncia contra “El País” por injurias y calumnias.
— Pero, ¿hoy domingo?
— Hoy domingo… si el Juez de Guardia ve que reaccionáis con urgencia entenderá mejor que podéis estar muy ofendidos por ser la noticia falsa y actuará de manera más displicente.
En resumen, que de la cafetería California nos fuimos al despacho del abogado López Montero a preparar las denuncias y que aquella misma tarde-noche la presentamos las querellas correspondientes contra ”El País”, su Director y los redactores de la información.
A todo esto ni yo ni Fernando Latorre, el Subdirector, que tenía mejores relaciones con Tejero, dado que él llevaba la información militar del periódico, habíamos hablado ni con Tejero ni con el Capitán Ynestrillas…
Y claro, estalló la polémica o guerra entre los dos periódicos, “El País” y “El Imparcial”… y no solo entre ellos, sino que ya toda la Prensa participó en la “batalla periodística”.
Una batalla que si la justicia hubiese sido más rápida habría ganado “El Imparcial”, como pudo comprobarse pasado casi un año cuando Julio Merino, ya fuera de la dirección de “El Imparcial”, y resuelto el tema judicial con la condena (mínima, eso sí) de Tejero e Ynestrillas, ya que al retirar su demanda en el juzgado el propio juez le animó a seguir porque “El País” no había podido demostrar en absoluto la “colaboración” del periódico ni de su Director y redactores.
(Por su interés reproduzco la sentencia del Teniente Coronel Tejero y del Capitán Ynestrillas)
“Reunido el consejo de guerra de oficiales generales para ver y fallar la causa número 559/1978, seguida por los trámites del procedimiento ordinario, por el presunto delito de conspiración y proposición para la rebelión, contra los procesados teniente coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, con destino en la Dirección General de la Guardia Civil, nacido en Málaga el 30 de abril de 1932, hijo de Antonio y de Dolores, sin antecedentes penales, y el capitán de Infantería don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez, destinado en la Academia Especial de Policía Armada, nacido en Madrid el 9 de abril de 1935, hijo de Alfredo y Angela, sin antecedentes penales, ambos en situación de prisión preventiva desde el 17 de noviembre de 1978 hasta el 8 de diciembre de 1979, en que pasaron a la de prisión atenuada, en la que permanecen hasta la fecha».«Vistos los autos, oído el apuntamiento, los informes del fiscal militar y de las defensas, así como las manifestaciones de los procesados, presentes en el acto de la vista, y resultando: 1.º Que los procesados en esta causa, teniente coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina, con destino en la Dirección General de dicho cuerpo, y capitán de Infantería don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez, con destino en la Academia Especial de la Policía Armada, profundamente preocupados por los progresivos ataques a los componentes de las Fuerzas Armadas y de Orden Público, perpetrados principalmente en las provincias del Norte por el terrorismo separatista, pensaron en la posibilidad de poner fin a tal estado de cosas, para lo cual, previos diversos contactos entre ambos, que tuvieron lugar entre finales de octubre y mediados de noviembre de 1978, llegaron a preparar un golpe de mano que habría de ocupar el palacio de la Moncloa en el momento en que estuviere reunido en él el Consejo de Ministros, para, posteriormente, someter la nueva situación a S. M. el Rey.».
«Para conseguir estos propósitos, el teniente coronel Tejero Molina había señalado ejercicios de tiro para los Guardias civiles de la Agrupación de destinos de la Dirección General, coincidentes con los días 17 y 24 de noviembre y 1 de diciembre de 1978, en que normalmente habían de celebrarse consejos de ministros, y estando él al mando de esta fuerza (un centenar de hombres), convenientemente armada, a desviaría de dicha misión para dirigirla al palacio de la Moncloa, para mediante el ya indicado golpe de mano, basado en la sorpresa, apoderarse del edificio, sometiendo o desarmando a las fuerzas de seguridad del mismo y constituyendo en rehenes a los miembros del Consejo de Ministros».
«Paralelamente, el procesado capitán don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez habría de sacar de la entonces Academia Especial de Policía Armada a unos 1.200 hombres del batallón de instrucción, alumnos de la citada academia, para con ellos desplegados por la capital, coadyuvar al éxito de la operación preparada. En determinado momento este procesado invitó al comandante Vidal Francés a que tornase el mando de la academia, destituyendo al teniente coronel García Polavieja, por la fuerza si fuese necesario».
«Consta en el procedimiento que ambos procesados tuvieron el día 11 de noviembre una reunión en la cafetería Galaxia, de Madrid, a la que asistieron el comandante de Infantería don Manuel Vidal Francés, con destino en la Academia Especial de Policía Armada; el comandante de Infantería don Joaquín Rodríguez Solano, con destino en el Estado Mayor del Ejército, y el capitán de Infantería don José Alemán Artiles, con destino en la Policía Armada, a los que expuso el teniente coronel Tejero los pormenores del plan, invitándoles a participar en el mismo. Estos jefes y oficial, considerando disparatado el proyecto, le aconsejaron visitar al coronel de Caballería don Federico Quintero Morente, con la idea de que éste le hiciese desistir del mismo, visita que tuvo lugar en el domicilio de este último el mismo día 11 de noviembre o el 13 del indicado mes, y en la cual volvió a exponer el proyecto, intentando este coronel convencerle para que desistiera de su idea, sin conseguirlo. Finalmente llegaron a concretar la fecha del día 17 de noviembre para la realización del proyecto. Los jefes y oficial citados anteriormente dieron cuenta de los hechos a sus superiores, siendo detenidos los procesados. Hechos que el consejo de guerra declara probados».
«Resultando: 2.º Que en el acto de la vista, el fiscal militar se ratificó en sus escritos de conclusiones provisionales y acusación, y relatando los hechos en la forma en que estimó se habían producido, los tuvo por constitutivos de un delito de conspiración y proposición para la rebelión del artículo 291 del Código de Justicia Militar, sin circunstancias modificativas, solicitando la pena de seis años de prisión para el procesado teniente coronel Tejero Molina, y cinco años de prisión para el procesado capitán don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez, para ambos con sus accesorías legales».
«Resultando: 3.º Que el defensor del procesado teniente coronel Tejero en igual trámite estimó que los hechos no eran constitutivos de delito, por no darse las circunstancias exigidas para la calificación que de los mismos hizo el ministerio fiscal, y solicitó para su defendido la absolución con toda clase de pronunciamientos favorables»
«Resultando: 4.º Que el defensor del procesado capitán Sáenz de Inestrillas y Martínez modificó en su escrito de defensa sus conclusiones provisionales, estimando que los hechos no constituían delito, pidiendo la absolución para su patrocinado, o alternativamente, que apreciándose la comisión de una conspiración para una rebelión imposible, con la eximente incompleta de cumplimiento de un deber o la atenuante de obrar por motivos patrióticos de notoria importancia, se le impusiese el correctivo de dos meses de arresto».
«Considerando: 1.º Que los hechos relatados en el resultando 1.º son constitutivos de un delito de conspiración y proposición para la rebelión, previsto y penado en el artículo 291 del Código de Justicia Militar, en relación con el 286, al darse en los mismos los requisitos necesarios para tal tipificación, como son en la conspiración el concierto para la ejecución del hecho delictivo y la resolución de realizarlo, pues así debe deducirse del hecho de haberse concretado la fecha para su omisión, y en cuanto a la proposición por haber realizado los procesados, una vez decidida la comisión del delito, una oferta concreta y personal invitando a otras personas a igual fin. Todo ello con independencia de que los procesados no realizasen ninguno de los actos propios del delito de rebelión, pues la conspiración no es un acto propiamente dicho, sino un acuerdo preliminar de su ejecución, que debe sancionarse penalmente por hallarse expresamente penado y constituir una situación de peligro, en este caso para la seguridad del Estado y de los ejércitos».
«Considerando: 2.º Que del delito anteriormente tipificado son responsables, en concepto de autores, los procesados, teniente coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero Molina y el capitán de Infantería don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 195.1 y 196.2 del Código de Justicia Militar, pues así debe declararse por su participación personal, voluntaria y directa».
«Considerando: 3.º Que en los hechos que se declaran probados no concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, si bien el consejo, haciendo uso de la facultad que le confiere el artículo 192 del Código de Justicia Militar, habrá de tener en cuenta para la fijación de la pena contenida en el fallo los antecedentes de los procesados, así como la trascendencia de los hechos, atendiendo también a la diferente jerarquía de los responsables».
«Considerando: 4.º Que si bien de conformidad con lo dispuesto en el artículo 202 del Código de Justicia Militar toda persona responsable criminalmente de un delito o falta lo es también civilmente, en el presente procedimiento y por la naturaleza de los hechos no es procedente hacer señalamiento alguno».
«Vistos los preceptos legales citados y demás de aplicación, fallamos: Que debemos condenar, y condenamos, a los procesados, teniente coronel de la Guardia Civil don Antonio Tejero MoIina y capitán de Infantería don Ricardo Sáenz de Inestrillas y Martínez, como autores de un delito de conspiración y proposición para la rebelión, anteriormente tipificado, en el que no concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad, a la pena de siete meses de prisión para el primero, y a la pena de seis meses y un día de prisión para el segundo, con las accesorias para ambos de suspensión de empleo y de suspensión de todo cargo público, profesión, oficio y derecho de sufragio durante el tiempo de sus respectivas condenas, que no les será de abono para el servicio. Para el cumplimiento de estas penas les será de abono el tiempo que hayan permanecido privados de libertad por razón de esta causa, sin que sean exigibles responsabilidades civiles».
«Así, por esta nuestra sentencia, que no será firme hasta su aprobación por la autoridad judicial, lo pronunciamos y firmamos»”.
En fin, podía seguir hablando de mi amigo Antonio Tejero, pues nos queda por delante todo lo relacionado con “el 23-F” y todo lo que escribí desde el “Heraldo Español” y “La Voz” y las veces que le visité y hablé con él en la prisión de Alcalá… y de mi admiración, que, a pesar de los años transcurridos, sigue intacta. Solo me ha quedado en mi fuero interno y en mi conciencia algo que aquella noche sentí y no fui capaz de llevar a cabo: acercarme hasta el Parlamento, donde estaba sitiado, mi amigo, y apoyarle en su encrucijada vital. Es verdad, que lo pensé, y que no me importaban las consecuencias que pudiese tener, pero si decidí no acudir fue porque pensé que poca ayuda le podía prestar un civil como yo.
Sí recuerdo dos cosas que no quiero dejar pasar por alto: una que cuando ya estaba en prisión y se trataba de buscar un abogado para su defensa me llamó su mujer, la buena e inteligente Doña Carmen, para que le diera mi opinión sobre Ángel López Montero, el abogado que le había recomendado el Profesor Magistrado Adolfo de Miguel y quizás influyeran mis palabras acerca de quien ya era también mi abogado ya que resultó ser el elegido y quien llevó su defensa tanto en el juicio militar de Campamento como en el civil del Tribunal Supremo. Y dos, algo que nunca he dicho, ni nadie ha podido saber, la ayuda que le presté a su abogado López Montero cuando tuvo que preparar su alegato final de defensa. Porque fue algo tan llamativo que salió en todos los periódicos de España y del mundo.
Y lo cuento tal como sucedió. El verano anterior al juicio se presentó López Montero en mi casa de la sierra, donde estaba de vacaciones, y me pidió que le ayudara, ya que iba a ser el discurso más importante de su vida profesional y yo, sin ser abogado, me limité a escribirle unos folios sobre el “Golpismo” y los “pronunciamientos” de la historia de España… y capítulo especial le dediqué, aunque algo novelado, a la conversación que en 1923 tuvo el General Primo de Rivera con su Majestad el Rey Alfonso XIII la noche del Golpe que dio paso a la Dictadura. Yo no le di más importancia pero él sí y el muy pillo con esas palabras, mis palabras, inició su intervención en el juicio de Campamentos con la presencia de más de 300 periodistas.
Por su interés reproduzco aquellas palabras:
“Era el 4 de mayo y la expectación en la prensa, en Madrid, en toda España y de modo especial en los alrededores del Servicio Geográfico de los cuarteles de Campamento era total. Parecía que el Real Madrid se jugaba la Copa de Europa en el Bernabéu o que El Cordobés reaparecía en Las Ventas. En la entrada del local donde se venía celebrando el juicio del «23-F» se había puesto el cartel de «no hay billetes» y más de 300 periodistas se apiñaban con bolígrafos en ristre, grabadoras y micrófonos (las cámaras de televisión estaban prohibidas) para no perder detalle. En el interior del recinto había pleno y no quedaba hueco ni para un alfiler. Los miembros del Tribunal, al completo; los abogados defensores y los codefensores, al completo; los fiscales y sus ayudantes, al completo; los familiares, al completo, y los acusados, al completo… y llenándolo todo un silencio de alta montaña.
¡ERA EL DÍA DE TEJERO!
¡ERA EL DÍA DEL DEFENSOR DE TEJERO!
Y en medio de aquel silencio, de aquella expectación y de aquel brujuleo de periodistas tomó la palabra el abogado López-Montero, la «estrella» jurídica de aquel «magno juicio». Ni el defensor de Milans del Bosch, ni el defensor de Armada, ni el resto de los defensores habían despertado algo parecido.
Y López-Montero inició su defensa con una humildad sorprendente. Saludos y agradecimientos para los miembros del Tribunal, para los fiscales, para los acusados, para los familiares, para los militares no presentes ni acusados, para el pueblo español y muy especiales para los periodistas acreditados.¡Así comenzaba sus discursos parlamentarios el gran Castelar!
Hasta que de pronto el astuto abogado hace una pausa profunda (allí no se oía ni el vuelo de una mosca), sube el tono y como viniendo de la Historia y silabeando cada palabra lee:
Corría el 3 de septiembre cuando S. M. el Rey llamó al presidente del Gobierno y le dijo:
-Señor presidente del Gobierno, quiero comunicarle que en la tarde de ayer vinieron a verme dos ilustres generales a plantearme seriamente la postura del Ejército ante la difícil situación que atraviesa España, y a exponerme que el Ejército no está dispuesto a permitir la desintegración y el caos de la Patria. Y quiero recordarle que yo no consentiré que la mitad del Ejército esté en lucha contra la otra mitad. Porque eso sería la ruina de España…
(Y en ese momento sonó insistentemente la campanilla de la Presidencia del Tribunal y casi un grito del teniente general Gómez de Salazar:
-¡¡¡Señor letrado le prohíbo que siga diciendo cosas no demostrables!!!
-Señor presidente -respondió Montero- permítame que llegue al final de lo que quiero decir.
-Pues, siga, pero no le voy a permitir que siga por ese camino.)
Diez días más tarde, S. M. el Rey recibía la llamada del capitán general más cualificado del Ejército y escuchaba, sin inmutarse, las siguientes palabras: «Majestad, me he unido al alzamiento de la guarnición con el grito de ¡Viva el Rey! y ¡Viva España!, y pongo a disposición de Vuestra Majestad las tropas y mi persona. El Consejo de Ministros debe ser arrojado por la ventana, y nosotros permaneceremos fieles a Vuestra Majestad…».
(Y aquí ya no sólo fue el señor presidente sino también el ponente general De Diego quienes comenzaron a gritar: ¡Intolerable! ¡Intolerable!… ¡Señor letrado, le exijo que retire esas palabras ahora mismo! De Diego daba hasta puñetazos en la mesa… y López-Montero frío, sin inmutarse, aguantó el chaparrón y «CON LA VENIA» muy recalcada pidió seguir hasta terminar.)
Se jugaba -siguió leyendo- el porvenir de España. Una palabra del Rey a favor del Gobierno y de la Constitución y los generales sublevados serían tachados de rebeldes y «golpistas» en un Consejo de Guerra. Una sola palabra del Rey a favor de los generales y el Gobierno y la Constitución dejarían de ser la legalidad vigente.
(Aquí López-Montero es interrumpido en medio de aplausos y gritos… y los aspavientos del general ponente, a quien se le salían los ojos de rabia.)
Y el Rey hizo la última consulta al presidente del Gobierno -y el abogado bajó su tono y leyó:
-Señor presidente del Gobierno, ¿puede usted garantizarme que restablecerá el orden y la disciplina, sosteniendo la autoridad de la Monarquía y del Gobierno?
-Majestad, en mi nombre -respondió el presidente- y en nombre del Gobierno tengo que decirle que dadas las circunstancias no le puedo garantizar nada…
Y López-Montero, con pillería y recalcando cada sílaba dijo:
-Señor presidente, miembros del Tribunal, amigos de la prensa, éstas fueron las palabras que se cruzaron entre el rey don Alfonso XIII y el general Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923…
Y entonces la sala estalló en aplausos y en una carcajada general y el teniente general presidente y el ponente general De Diego se metieron debajo de la mesa, avergonzados de su incultura y ahogados en el ridículo, por haber creído que eran el rey Don Juan Carlos y el general Milans los que hablaban.
Y el abogado López-Montero, el defensor de Tejero, abrió aquella noche todos los informativos de España y de medio mundo. Naturalmente fue también la portada de los periódicos del día siguiente y sobre todo el causante del «cachondeo» que a partir de ese momento se destapó contra el Tribunal Militar. El general De Diego no volvió a abrir el pico durante el resto del juicio.”
Luis E. Togores
Historiador y catedrático, Luis E. Togores nació en Madrid el 5 de febrero de 1959. Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático universitario, está especializado en historia militar y en historia de las relaciones internacionales, ámbito en el que ha trabajado durante más de treinta años.
Togores ha ocupado los cargos de decano, vicerrector y secretario académico del Instituto CEU de Estudios Históricos y también el de director del Departamento de Humanidades de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación.
Entre sus libros se encuentran las biografías de militares españoles africanistas como Millán Astray, Yagüe o Muñoz Grandes. Además, es autor de libros de corte histórico como La División Azul, Falangistas o Franco frente a Hitler.
ANTONIO TEJERO, EL HOMBRE TRANQUILO.
La primera vez que el teniente coronel Tejero entró en mi vida fue cuando la televisión retransmitió en directo su imagen subido a la tribuna del Congreso de Diputados. Es verdad que su nombre ya sonaba por la Operación Galaxia, pero Antonio era solo una noticia más relativa al ruido de sables que entonces era casi normal en la España de la Transición y de la ETA. En aquellos momentos resultaba imposible pensar el contacto que mi familia iba a tener con él y con todos los implicados en el 23-F. La segunda vez fue al oír su voz fue en una casete. Escuché las conversaciones que el propio Juan García Carrés había grabado desde el teléfono de su casa, sus conversaciones con Antonio cuando éste ya había entrado en el Congreso. En la cinta se oía la voz del teniente coronel Tejero, de Carmen su esposa, de Emilio Romero, de Lola Vicario hija de un oficial destinado en la Brigada Paracaidista…,todo esto grabado mientras que los guardias civiles controlaban el Congreso de los Diputados.
Mi madre, Lolín, se hizo cargo, por casualidad, de atender a su vecino solterón García Carrés, caído en desgracia y preso en la madrileña prisión de Carabanchel al caer enferma su ama de llaves Lola. Mi madre se convirtió en el principal contacto de García Carrés con el exterior. Mi madre le llevaba dos días por semana comida a Carabanchel. A partir de este momento Lolín, viuda de un oficial del Ejército, entró en contacto directo con los detenidos por el alzamiento militar del 23-F y con su entorno familiar. La relación de amistad de Juan con los Tejero venía de antiguo, con todos los Tejero, Antonio, Carmen, Elvira, Moncho y Quica.
Mi madre formaba parte de una familia de soldados profesionales que habían participado en la Guerra Civil en el bando nacional, acérrimamente franquistas. Además, una de sus cuñadas, mi tía Marí Pepa, era pariente de Camilo Menéndez también procesado por el 23-F, al que conocía <de toda la vida>. Desde un principio Lolín llevó cartas, notas y mensajes de Juan García Carrés, a Milans del Bosch, Tejero, a sus abogados…
Antonio Tejero siempre le impresionó por su carácter templado, prudente, nunca levantaba la voz, su vida metódica en la cárcel y un sentido común que le acercaba más a Sancho que a Don Quijote. Una personalidad muy distinta al iracundo y exaltado oficial de la Guardia Civil que gustaba presentar la prensa y todos los medios de comunicación. Frente a la imagen manipulada de un <sanguinario> Tejero siempre recuerdo a Tejero hablando con su esposa Carmen; <¡Antonio, Antonio que no haya violencia!> y a Tejero contestándole a través del teléfono de Juan García Carrés, <¡no te preocupes Mamá!>. En el asalto no hubo un sólo herido, ni siquiera un magullado.
Durante el tiempo que García Carrés estuvo en la cárcel, luego detenido en el hospital de Covesa, y al salir de la cárcel las relaciones con Carmen Tejero y con su hijo Moncho fueron habituales. Si Antonio era un hombre tranquilo Carmen no mostraba menos tranquilidad que su, entonces, ya famoso marido, héroe para una parte de los españoles y villano para otros.
A pesar de haber perdido su carrera como oficial de la Guardia Civil, haberse visto traicionado por muchos de sus <amigos> (que siguieron tranquilamente en sus casas gracias al silencio de Tejero y que se negaron a ayudarle cuando se sintieron a salvo) y a pesar de quedar su familia en una situación económica terrible, Tejero no perdió los nervios. Antonio no habló ni de más ni de menos.
Pocas certezas tengo a estas alturas sobre lo que ocurrió entorno a febrero de 1981. La primera que los procesados en el 23-F fueron los chivos expiatorios de una larga lista de militares y algunos civiles que se libraron de ser procesados por el silencio de Tejero y de sus compañeros de prisión. Nadie ha querido investigar que hicieron muchas unidades militares en las horas del 23-F pues, sin duda, sí se habría abierto una caja de Pandora que habría cambiado la historia de la Transición y cuya evolución habría sido, sin lugar a dudas, muy distinta.
La segunda certeza es que todos los participantes en el 23-F tenían el convencimiento de que la cabeza del alzamiento era su majestad Juan Carlos I y que, por tanto, su actuación tenía más que ver, y esto es de mi cosecha, con la llegada de Primo de Rivera al poder que con la sublevación militar del 18 de julio de 1936 encabezada, inicialmente, por Sanjurjo y Mola.
La tercera es que, visto lo visto, sus negros augurios sobre el futuro de España no estaban muy errados. Nadie pensaba en 1981 que los etarras y los comunistas podrían llegar a estar sentados en el Parlamento español, unos en los escaños y en el gobierno otros, salvo ellos.
Juan Miláns del Bosch Portolés
es militar, coronel de Caballería ya retirado e hijo del Teniente General Jaime Milans del Bosch. Ingresó en la Academia General Militar el año 1963, obteniendo plaza para el Arma de Caballería. Estuvo destinado, entre otros sitios, en:
– Regimiento de La Guardia del Caudillo, de teniente.
– La Legión tres veces. Dos veces en el Sáhara, de teniente y de capitán. Abandonó el Sáhara con la última Unidad, el II Grupo Ligero Sahariano de Caballería, del 4º Tercio de La Legión, ya el 11 de enero de 1976, por Villacisneros.
– Por tercera vez en La Legión, en el 3º Tercio, en Fuerteventura.
– Ceuta dos veces, de capitán y de comandante.
– Canarias dos veces.
– Y también en Valladolid, Jerez, León, Madrid, Almería. Hasta en 23 destinos o situaciones varias, unas veces por voluntad propia y otras a la fuerza, aunque siempre con orgullo y disciplina.
Me comentó Álvaro Romero Ferreiro, de El Correo de España, que estaba escribiendo un libro que deseaba fuera un homenaje a D. Antonio Tejero Molina, y me pidió que en unos párrafos hiciera una sucinta descripción de mi relación con él y la opinión que me merece. Partamos de la base de que mi trato con él no ha sido muy frecuente.
Menos frecuente de lo deseado y me explico: su gran calidad me sobrepasa y, por eso, el trato ha sido mas escaso y esporádico. Culpa mía, bien que lo siento, pero lo dicho: su grandeza me sobrepasa. Don Antonio Tejero Molina es una persona realmente sobresaliente en todos los sentidos. Franco, simpático, amable, muy vivo. Tiene una calidad que raramente se encuentra. Es moralmente honrado a carta cabal. Pundonoroso en su forma de ser y actuar. Firme a la hora de mantener sus compromisos, aun cuando sepa que ello le puede causar incomodidades de muy diverso tipo. Leal con todo y a pesar de todo. Es pausado, aun en situaciones difíciles. Es desprendido en exceso, creo que el egoísmo no lo conoce y lo desprecia. Es listo y capta sobre la marcha la situación, creo que no se le engaña fácilmente.
Gracias a esto evitó el mayor desastre que hubiera supuesto el 23-F, pues si no llega a ser por él, que lo paró, se habría llegado a un gobierno variopinto, con incluso comunistas en él, con el beneplácito del rey Juan Caldos y la “aparente” aquiescencia del Ejército. Habríamos acabado como Cuba elevado al cubo. Una república bananera con un rey al frente. Y a saber cómo estaríamos y lo que habríamos pasado… aunque la situación actual no es muy tranquilizadora que digamos. No es monárquico (en lo que coincido plenamente con él) y, a pesar de eso, su desinterés particular le llevó a actuar el 23-F en lo que creía ser algo impulsado por el rey (según se lo aseguraron mi padre, Jaime Miláns del Bosch, y Alfonso Armada), con tal de colaborar en lo que consideraba un bien mayor: la deseada regeneración de la mala situación por la que atravesaba España en esos años.
Al hilo de esto, permítaseme un inciso. Yo solamente escuché a mi padre levantar la voz en dos ocasiones (quizás lo haya hecho más veces, pero yo solo presencié dos). Una fue, ante una tercero, defendiendo la memoria de un tío mío, el capitán Juan José Portolés Dihinx, muerto en Rusia en la División Azul, donde coincidieron ambos en el mismo Batallón.
Y otra a mí, en diciembre de 1.980. Mi mujer y yo fuimos a Valencia a pasar con mis padres el puente de La Inmaculada. En un momento determinado y sin recordar el motivo exacto, le comenté a mi padre que el rey me parecía un cretino. Me respondió, al bote pronto, que no consentía que hablase así de su majestad el rey, ni como padre, ni como español, ni como militar. Yo insistí en lo mismo y él me volvió a repetir lo mismo, ya esta vez alzando la voz. Y ahí quedó la cosa, sin nada más. Pasados casi tres meses, llegamos al 23-F, y el 25FEB.1981, estando ya preso en el Cuartel General del Ejército (Palacio de Buenavista, Madrid), me dejaron visitarle y le recordé lo que le dije en Valencia que pensaba sobre el rey. Me asintió: “Ahora sí”. Su tan afianzado como sincero monarquismo le supuso a él y, lo que es peor, a otros muchos, grandes perjuicios. Por su monarquismo… y algunas cosas más, que no es momento para comentar aquí.
Volviendo a don Antonio Tejero. Todas las personas que me consta le conocen o conocieron, personalmente, coinciden en apreciar su gran valía como hombre. Y esas virtudes que posee hace que, en unión de Carmen, su mujer, otra excelente persona, hayan podido y sabido transmitirlas a sus hijos, constituyendo una familia depositaria de grandes valores.
Coronel Tomás Navarro Oliver
Nació en Coy (Lorca), Murcia. 14/12/1952.
Ingresó en la Academia General Militar de Zaragoza, en 1972. Al salir con el empleo de Teniente, fue destinado voluntario a la Comandancia de Guipúzcoa, incorporándome en 1976.Ha estado destinado en Málaga, Murcia y Madrid.
Capitán de Compañía en Cieza (Murcia), Coín (Málaga), comandante y Teniente Coronel, jefe de Seguridad Ciudadana de la Comandancia de Madrid. Teniente Coronel Director de Escuela de perros de la Guardia Civil; Coronel Jefe del Servicio Fiscal de la Guardia Civil; Coronel Jefe del Servicio Cinológico de la Guardia Civil.
En la dureza del destino de un teniente de 23 años, recién cumplidos, mi destino, en la entonces llamada Villareal de Urréchua (hoy Urretxu), comarca del Goyerri, con un terrorismo creciente y con el íntimo convencimiento que estábamos salvando a España, nos debatíamos los 3 tenientes de la compañía de Eibar, Alfonso Escuer en Mondragón, y Pepe Quílez en Elgoibar, en aquel ambiente de una población callada, expectante, sin saber a qué sombra de árbol acercarse, con un clero beligerante contra la insignia de Patria que representábamos, con unas autoridades municipales que Madrid imponía con una ignorancia colosal. Uno de los alcaldes de mi Línea (compuesta por los cuarteles de Villarreal de Urréchua, Legazpia y Vergara), era el de Vergara, a dedo puesto por Madrid y resultó ser miembro de la Mesa Nacional de Herri Batasuna : Jose Luis el Coro, con el que yo me entrevistaba continuamente en aras de la construcción de una Casa- Cuartel, pues la existente, entonces se hundía. Estas paradojas se producían en una Nación sin brújula.
En ese entorno, se producen los secuestros en Madrid de los presidentes del Consejo de Estado y del Consejo Supremo de Justicia Militar. Al no ser reivindicado el hecho, consideramos la posibilidad de que fuese ETA.
El TTe. Coronel, D. Antonio Tejero, Jefe de la Comandancia, ordena un dispositivo que impida que los secuestrados puedan ser trasladados a Francia, entonces, paraíso de ETA. En la reunión de oficiales del operativo, en San Sebastián, recibimos las instrucciones y el ánimo del Primer Jefe, como siempre, cercano y solidario.
El nudo de ferrocarriles de Zumárraga, unida a Villarreal de Urréchua, hacen que caigan sobre mi Unidad el esfuerzo de registrar los 21 trenes que pasan por dicha localidad con dirección o destino a Francia.
Equipos de 4 Guardias Civiles, incluido el TTe y Suboficiales, tomábamos un tren en Zumárraga, iniciábamos su registro de cabeza a cola y terminado éste, bajábamos en la primera estación a mano, donde un Land Rover que esperaba nos devolvía de nuevo a la estación de Zumárraga.
Comíamos, dormíamos, … en el trayecto de vuelta, e iniciábamos la tarea en el nuevo tren. Siempre apurados en tiempo por la intensidad y premura del registro.
Sin solución de continuidad, se producían las comunicaciones telefónicas con el Teniente Coronel Tejero, (bien por radio o por llamadas desde las estaciones para dar novedades o recibir instrucciones), siempre apremiantes, siempre animosas: “Tomasillo, estos terroristas no pueden pasárnoslos, España no puede permitirse chantajes”.
Así transcurrían los días, sin variación de día o noche; los cocineros nos llevaban los bocadillos a la estación de Zumárraga; a veces, y con las precauciones de autodefensa, parábamos en las carreteras, que atravesaban los pueblos, en bares, que en ocasiones, alegaban no tener lo pedido, a veces nos servían con simpatía, pero con extrema cautela.
Tras 8 días estresantes, por tensión en los registros, de zozobra en los tiempos, y de cansancio físico, el suboficial segundo de mi Unidad, me hizo ver la conveniencia de que fuéramos reemplazados por otra, en vista del desgaste de la Línea de Villarreal, pese a los refuerzos de las otras dos Líneas de Mondragón y Elgoibar. Consideré acertado el razonamiento de mi sargento Primero, comandante de puesto de Legazpia, D. Angel Fernández, gran profesional, sensato y dispuesto.
Desde el teléfono de la estación de Rentería, llamé a mi Tte. Coronel y le expuse la fatiga de mis hombres y la posibilidad de ser relevados; me contestó con su siempre comprensión: ”Claro, claro, Tomasillo, habrá que hacerlo, pero dime,…¿Están enfermos algunos guardias?, Tú estás mal, con fiebre?, Tienes algunos ingresos hospitalarios?….Dime, cuéntame….” Contesté que no, pero ya intuyendo la reacción de mi jefe, que me había llevado a su terreno, pero ya no había marcha atrás. “Y tú, un Teniente de la Guardia Civil, ¿Pides el relevo, sin bajas, sin enfermos…? Tu no eres el que yo conozco; ¡¡¡¡España secuestrada y me pides el relevo?!!!!”.
Yo me consumía por colgar el teléfono o decir que no lo oía; pero él se adelantaba a mis ideas “No se te ocurra colgar, Tomasillo; o decir que no se oye, ¿está claro?”.
Finalizada la conversación y con enorme vergüenza y baja autoestima, salgo de la estación y mi sargento primero adjunto se acerca y me pregunta:” ¿Tenemos por fin relevo, mi teniente?”, y mi contestación fue: “Al primero que esboce la sola idea de relevo, lo tiraré al tren”. Cuando expliqué a mis suboficiales, cabos y guardias, cómo había caído tan inocentemente ante mi TTe. Coronel, todo fueron risas y refranes, que encajé consciente, pero tardíamente por no evaluar el carácter de mi jefe cuando del Servicio se trataba, cuando la idea de España estaba en medio, cuando no había lugar a la duda, ni medida de abnegación o sacrificio.
El Jefe, siempre solícito y cariñoso era un mando severo y riguroso ante el DEBER, no había lugar a la tibieza; era TODO POR LA PATRIA.
Unos días después el operativo acabó, cuando los secuestros fueron reivindicados por el GRAPO.
Cuando cesaron al TTe. Coronel D. Antonio Tejero en el Mando de la Comandancia de Guipúzcoa, por defender la dignidad de España y la Guardia Civil, ante la legalización de la enseña de un partido político como representativa de una región española, fue, meses mas tarde, destinado como Teniente Coronel Jefe de la Comandancia de Málaga.
Seis meses más tarde de que él tomase posesión del cargo, yo me encontraba al mando de la Línea de Torre del Mar (Puesto de Torre del Mar y puesto de Vélez Málaga) a sus órdenes; provincia en la que yo no había estado nunca.
Capitán Muñecas
Nacido el 6 de enero de 1939, Muñecas ingresó en el Cuerpo de la Guardia Civil en marzo de 1959. Cuando se produjo el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 estaba destinado como capitán en el Escuadrón de la Comandancia Móvil de Valdemoro.
Gran amigo del teniente coronel Antonio Tejero, la mañana del día 23 fue avisado por éste de la operación y acudió al Congreso de los Diputados con dos autobuses en los que viajaban un par de tenientes, algunos suboficiales y unos 40 números de la Guardia Civil.
En los hechos del 23-F jugó un papel relevante al ser el primero que se dirigió a los miembros de la Cámara para comunicarles la «próxima» llegada de la «autoridad militar, por supuesto».
Al día siguiente del golpe ingresó en prisión preventiva en la Guarnición de Madrid y el 3 de junio de 1982 el Consejo Supremo de Justicia Militar le condenó a 3 años y seis meses de prisión por delito consumado de rebelión militar, pena que luego aumentó el Tribunal Supremo a 5 años.
Además de la prisión de Alcalá de Henares, estuvo también internado en la de El Ferrol, Cartagena y, finalmente, en Figueras (Girona), junto a Tejero y el capitán Gómez Iglesias.
En octubre de 1984 salió en libertad al haber cumplido las tres cuartas partes de la condena.
Gran aficionado a los caballos, cuando abandonó la cárcel se dedicó a dar clases de equitación en un picadero cercano al Hipódromo madrileño de la Zarzuela, en la carretera de A Coruña.
Fue el que dirigió las palabras a los diputados para tranquilizarles a la espera de la “autoridad, militar por supuesto”.
Fue un privilegio y un gran honor haber estado a las órdenes del Tte Coronel Tejero
La primera vez que tuve contacto con el Teniente Coronel Antonio Tejero era el mes de febrero de 1976. Entonces, había quedado vacante la 511 Comandancia de la Guardia Civil de San Sebastián, y el Teniente Coronel Tejero que había solicitado dicha vacante fue destinado a la misma.
El día 10 de febrero de 1976 en el pueblo de Andoain, perteneciente a la Compañía de Tolosa, de la que yo estaba al mando, la organización ETA había cometido un atentado terrorista con resultado de la muerte de un hombre. Una vez tuve conocimiento de dicho asesinato, me personé en el lugar de los hechos para proceder a realizar las indagaciones correspondientes y localizar y detener a sus autores. Momentos más tarde se presentó el Teniente Coronel Tejero. Fue ahí donde nos conocimos. Hacía unos días que él se había incorporado y no habíamos tenido ocasión de tratarnos hasta ese momento.
Junto al cadáver, que yacía tirado en la acera, se encontraban cuatro jóvenes de unos veinticinco años que hablaban en Vasco, si bien algunas frases las hacían en Español. Supongo que les interesaba que nos enterásemos de lo que estaban comentando. De su conversación pudimos entender: “Ahora dirán que hemos sido nosotros”. Ante esta expresión, el Teniente Coronel Tejero me preguntó “¿Qué dicen?”, contestándole que daban a entender que habíamos sido nosotros los que lo habíamos matado. Realizadas las correspondientes actuaciones conseguimos averiguar que el comando de ETA autor del crimen se había equivocado, resultando ser el muerto un simpatizante de la organización.
Transcurridos unos instantes me dijo el Teniente Coronel Tejero que nos íbamos, indicándome que subiera a su coche para ir a San Sebastián, comunicándome en ese momento que pasaba a ser ayudante de aquella Comandancia. Al indicarle que tenía que ir a Tolosa al objeto de recoger mis pertenencias, me respondió que lo que necesitase lo comprase en San Sebastián. No hice pregunta alguna, ni él tampoco dio más razones. Comprendí que algo grave se fraguaba sobre mi persona.
Su despacho y el mío estaban uno junto al otro, lo que nos permitió trabajar de forma muy estrecha y conocernos en profundidad. Nos entendimos muy bien desde el primer momento. El Teniente Coronel Tejero me daba una gran tranquilidad pues su seguridad, que en todo momento infundía, hacía que nada de cuanto acontecía en aquel tiempo resultase preocupante, aún cuando los hechos fuesen de extrema gravedad. Conocí a una persona sencilla y humana.
Acompañaba al Teniente Coronel a todos los lugares, brindándome la oportunidad de participar de cuantas actuaciones la Comandancia realizaba contra la lucha de ETA en la provincia de Guipúzcoa, conociendo de primera mano los problemas que en la misma se desarrollaban.
El Teniente Coronel Tejero sentía una gran responsabilidad y preocupación por sus subordinados, razón por la cuál recorría todos los cuarteles de la provincia al objeto de conocer y subsanar sus necesidades y dar a los guardias el calor del jefe que en estos sitios es tan necesario, especialmente para sus familias.
Era de destacar el ánimo y entusiasmo con que abordaba todos los grandes problemas que tenía que afrontar. El alto espíritu que infundía a los subordinados hacía que nuestras acciones resultasen más llevaderas. Si en alguna localidad había ocurrido algún hecho importante, donde la Guardia Civil hubiese tenido que intervenir, marchaba al lugar de los hechos a dar ánimo y fuerza moral a los guardias, sin que en ningún momento restase libertad de actuación al personal implicado. Él daba responsabilidades y daba libertad para que los subordinados resolviesen sus asuntos.
Atendía a todo el personal que acudía a la comandancia y nada dejaba a la improvisación. Nunca le faltaba ingenio. Recuerdo una vez que llegó un comercial de chalecos antibalas, quedando con él al día siguiente para comprobar su efectividad. Comoquiera que teníamos un cerdo en un puesto del monte Urgúl, pertrechamos al mismo con uno de los chalecos y al primer disparo el animal pasó a mejor vida. No hizo falta continuar las conversaciones.
Pocos eran los ratos de asueto que nos quedaban. Él, al estar casado y con hijos, los dedicaba a su familia. En pocas ocasiones salíamos por la ciudad y cuando lo hacíamos, al objeto de hacer presencia, paseábamos de uniforme recorriendo la parte vieja y acabando en la sala de fiestas La Perla.
En su trato con los guardias no era imperativo y las órdenes las daba con sencillez. El Teniente Coronel Tejero ha sido siempre sagaz, pragmático e idealista. Siempre le ha movido su gran amor a España. Se le podía decir todo lo que uno pudiera pensar, le fuera agradable o no grato. Destacaba por su sentido del deber y compañerismo. Todo ello impregnado por una gran autoridad. Se dirigía a nosotros de manera cercana y distendida, destacando por su sentido común y humor.
Fue un privilegio y un gran honor haber estado a sus órdenes directas.
Francisco Zaragoza Ivars
Doctor en derecho sobresaliente cum laude por la Facultad de Derecho de la UCM, licenciado en CC Políticas con la especialidad en Administración Pública, titulo de expertos en derecho Constitucional y Ciencia Política por el Centro de estudios constitucionales, profesor de derecho administrativo para alumnos de grado en derecho y ADE, profesor de los masters de urbanismo del CEU, ICAI/ICADE, Universidad Europea d Madrid, universidad de Extremadura, profesor e los cursos de postgrado sobre urbanismo del colegio de abogados de madrid, colegio arquitectos y aparejadores de Madrid, de la escuela de formación de funcionarios del ayto de Madrid, de la escuela de administración pública gallega (EGAP), del Instituto Nacional de Administración Pública (INAP), profesor de los cursos organizados por colegio abogados Madrid en La Habana, Pinar del Río en Cuba, Santiago de Chile, Portugal etc
Miembro de la asesoría jurídica de la oficina para la revisión del plan general de ordenación urbana (OMP) de ayuntamiento de Madrid, asesoría jurídica de la gerencia municipal de urbanismo de ayto de Madrid, coordinador general de urbanismo ayuntamiento de móstoles y director de su asesoría jurídica (11 años), asesor jurídico externo de los ayuntamientos de Campello, Villajoyosa, Pego, Alfaz del pi, El Vellón, Rivas Vaciamadrid, Tres Cantos
SOBRE EL TENIENTE CORONEL DON ANTONIO TEJERO MOLINA: UN HOMBRE BUENO
Cuando hace unos días recibí la llamada de mi buen amigo Álvaro Romero, en la que me preguntaba sobre mi disponibilidad para escribir unas breves notas relatando alguna anécdota derivada de mi amistad con el Teniente Coronel Don Antonio Tejero Molina, mi respuesta fue inmediata, pues que haya pensado en mí para tal tarea es un gran honor y privilegio y aunque sea aportando un un pequeño granito de arena a esta obra, me hace aún más cercana a esa gran persona y en cambio tan maltratada.
No puedo sino empezar relatando cómo conocí a don Antonio. Él, por supuesto, ni siquiera podrá acordarse, pues fue en aquellos lejanos tiempos en los que tras el 23 de febrero permaneció primero, creo recordar poco más de un mes retenido en Madrid para ser, posteriormente, trasladado al Castillo de La Palma en El Ferrol, donde llegó, si mal no recuerdo, un poco antes de la Semana Santa de aquel año 1981. Por aquellas fechas mi padre me comentó que iba a solicitar autorización para ser recibido por el Teniente Coronel, por lo me faltó tiempo para pedirle que me dejara acompañarle… pues no me lo quería perder por nada del mundo!. Afortunadamente accedió de buena gana, y asimismo lo hizo don Antonio. Lo primero que he de señalar es que cuando llegamos al Castillo de la Palma, tras superar los controles de seguridad, y según nos íbamos acercando al lugar donde íbamos a ser recibidos por el Tte Col, me fue embargando la emoción de conocer a quien tanto admirábamos en mi casa, al igual que cientos de miles de españoles, como lo demuestra que las colas de espera para ser recibidos eran tremendas, pues fueron muchos los españoles de bien que, como nosotros, quisieron rendir su homenaje, a una persona que, además de haber sido un auténtico bastión de la lucha antiterrorista, entre otros en su destino de San Sebastián, arriesgó todo por la Patria, asumió la responsabilidad, junto a otros mandos de nuestro Ejército, de las acciones del 23 de febrero, acciones que no soy la persona adecuada para comentar, ni este el foro para desarrollar por mucho que me tiente la idea…. Nada más verle, lo primero que me llamó la atención era la expresión de bondad que desprendía, y no debía ser yo el único que lo percibiera, pues era palpable la devoción que despertaba en todos aquellos encargados de su custodia, tanto en el Castillo, como posteriormente en las instalaciones del servicio geográfico en Campamento de Madrid, a las que después fue trasladado. Pero es que, además, con el devenir de los años, el destino ha tenido a bien poner en mi camino a algunos de los guardias, soldados, suboficiales, oficiales, jefes y mandos que en su día sirvieron bajo las órdenes de Don Antonio y todos ellos sin excepción, me manifestaron su tremenda admiración, respeto, lealtad y devoción hacia don Antonio, y todos ellos coincidían en afirmar que jamás habían tenido un superior que les hubiera inspirado mayor confianza y lealtad. Es por ello que me tomo la libertad de reproducir el conocido poema de Calderón de la Barca sobre el soldado de los tercios españoles, donde se plasman esos valores de los que sin duda el Tte Col Don Antonio Tejero Molina ha hecho siempre gala, como no cesaban de repetirme todos aquellos que bajo su mando sirvieron.
El soldado español de los Tercios
Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que el adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira como procede.
Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.
Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.
Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.
Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.
Quiero destacar precisamente ahora la última estrofa, pues es claro que la cortesía,
el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor, la bizarría, el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia, fama, honor y vida son caudal de pobres soldados; que en buena o mala fortuna la milicia no es más que una religión de hombres honrados, y añado buenos, como sin duda lo es Don Antonio.
Pues bien, quien me iba a decir a mí, en aquella visita en la que yo apenas contaba 17 años –(y en la que tuve la prudencia de apenas abrir la boca, limitándome, más que a escuchar, a empaparme de cada una de las palabras que cruzaron mi padre y don Antonio, entusiasmado de poder formar parte de ese momento tan especial)-, que años después iba a tener el honor de contar a la familia Tejero entre mis amigos, a los que de corazón quiero, aunque desde ese momento no había Navidad que no recibiera puntualmente la felicitación de don Antonio que atesoro en mi casa, junto a una de sus fotografías dedicada que preside mi despacho profesional.
Después de aquella primera reunión en el Castillo de la Palma, se sucedieron algunas otras, como he dicho antes, en el Servicio Geográfico de las instalaciones de Campamento en Madrid y donde también conocí a otros de los militares que tomaron parte en los actos del 23 de febrero, aunque he de reconocer que con el único que hemos seguido manteniendo la relación hasta estos días, es con Don Antonio.
Y así transcurrieron, algunos… bastantes años después, hasta que un día de Nochebuena coincidí con mi buen amigo Ismael de la Barba quien estaba acompañado de Juan Tejero, el menor de los hijos de don Antonio, y ese fue el principio de una amistad, tanto con Juan como con el resto de la familia, sobre todo con Moncho, el sacerdote, y con don Antonio y de la gran doña Carmen y digo que grande porque en este caso es bien cierto el dicho “detrás –o al lado- de un gran hombre siempre hay una gran mujer”. Y es que doña Carmen daría para escribir un libro, pero baste decir, que no solo es una mujer valiente que sacó a su familia adelante en los duros momentos, sino que, como don Antonio, rezuma bondad y simpatía, abriendo las puertas de su casa, a aquellos que como yo, aparecemos a la hora de la comida sin previo aviso…
Pues como iba diciendo desde aquella primera Nochebuena, tenemos la “tradición” -rota este año porque me encontraba aquejado de COVID-, de tomarnos unos vinos ese día, a los que don Antonio nos suele honrar con su presencia, y alguna que otra vez hemos terminado con doña Carmen dándonos de comer y siempre, con la mejor de sus sonrisas.
Y es que esa familia te hace sentir en casa, no solo mi amigo Juan, sino también el gran Moncho, quien tuvo la valentía de con tan solo 18 años, ser el candidato más joven que se presentó a las elecciones generales por Valencia del partido creado por Don Antonio, Solidaridad Española, todo ello antes de que decidiera entrar en el seminario en octubre de 1983, una vez que su vocación sacerdotal naciera tras escuchar al Papa Juan Pablo II en su visita a España.
El propio Moncho me recuerda cómo hablaba con mi padre en numerosas ocasiones, para pedirle consejo para comparecer en ruedas de prensa, entrevistas en televisión, o incluso para echarle un vistazo a algún que otro discurso a pronunciar en aquellas elecciones.
He de decir que siempre me han hecho sentirme parte de esa familia, haciéndome el honor de invitarme en el año 2014 a las bodas de plata como sacerdote de Moncho, cuya ordenación se produjo el 6 de enero de 1989. En aquella ocasión pude comprobar nuevamente el cariño que se le tiene a toda la familia Tejero allá donde van, y en este concreto caso, recuerdo perfectamente como los feligreses de Moncho llenaban la parroquia de La Cala del Mijas en Málaga, donde en aquellos momentos ejercía su labor sacerdotal, pero igualmente recuerdo cómo todos los parroquianos se comían a besos a Doña Carmen y a Don Antonio. Por cierto, no puedo dejar de recordar que el pueblo de Cala de Mijas reconoció los méritos de Moncho nombrándole hijo adoptivo y bautizando con su nombre la plaza de la Iglesia, si bien, en especial tras que tuviera la valentía de oficiar el responso en la inhumación de los restos del General Franco en Mingorrubio, los ¿demócratas? del ayuntamiento han intentado, gracias a Dios sin éxito, retirar esos honores concedidos por sus méritos al bueno de Moncho.
Durante la celebración posterior tuve el honor de estar sentado en la mesa, junto a otras personas, con los hermanos de don Antonio, los coroneles de Infantería, Ramón y Juan Tejero Molina, este último ya nos ha dejado, donde entre otras cosas me contaron cómo Don Antonio había destacado siempre en sus estudios, antes y durante su formación en la Academia General Militar, señalándome que era un auténtico genio en matemáticas, física y química.
Para terminar diré que el último día en que he tenido la suerte de compartir unos momentos con doña Carmen y don Antonio fue precisamente durante los vergonzosos momentos que rodearon la profanación de la tumba de quien fuera durante casi cuarenta años Jefe del Estado español, el General Francisco Franco y, en concreto, acompañé a doña Carmen y a Don Antonio, junto a mi mujer y a otros buenos amigos en las proximidades del cementerio de Mingorrubio, hasta que se consumó el traslado de los restos mortales del General Franco hasta la cripta del cementerio de Mingorrubio. En esta ocasión nuevamente se pudo comprobar que aún con sus casi 90 años, don Antonio sigue causando un tremendo impacto y es vitoreado por donde quiera que va, como lo muestra el hecho de que la gente se abalanzaba sobre ellos hasta que fueron resguardados en un lugar más aislado. Pese a que intentamos acercarnos hasta el cementerio para poder rezar por el eterno descanso del General Franco, se nos negó tal posibilidad, al igual que al resto de los allí congregado, desoyendo así las autoridades la resolución que unas horas antes el Tribunal Superior de Justicia de Madrid había dictado autorizándonos a realizar tal actividad. En fin, cosas más raras veredes querido Sancho. que diría el bueno del ingenios hidalgo.
Por ello quiero cerrar estas líneas señalando que pese a lo que pueda pensarse en un primer momento al ver las imágenes del Congreso de los Diputados de aquel 23 de febrero, mi amigo don Antonio Tejero Molina es ante todo un hombre bueno, como aseveran como ya he dicho todas aquellas personas que han tenido el honor de servir bajo su mando o junto a él.
Camilo Menéndez es hijo del Capitán de Navío mencionado varias veces en este libro, Camilo Menéndez Vives
Conocí a Antonio Tejero y a su mujer e hijos, hace muchos, muchísimos años, gracias a la amistad que mi padre, el Capitán de Navío Camilo Menéndez Vives, mantuvo con el Teniente Coronel Tejero, en el transcurso de su vida. Por ello, considero apropiadísimo el título que Álvaro Romero ha elegido para este libro, que ahora ve su luz: “Tejero un hombre de honor”.
Sin duda fueron las virtudes militares, las que sellaron los vínculos de nuestras familias. El honor es la principal divisa de la guardia civil y así lo definió el Duque de Ahumada en 1845. El bisabuelo de mi padre, D. Teodoro Camino y Alcobendas, soldado de infantería, decidió unirse al fundador, y durante toda su vida militar luchó contra todo tipo de ladrones y villanos, que intentaban desmembrar España, se retiró alcanzando el grado de Brigadier, con todos sus ascensos por méritos de guerra.
Mi padre, gran admirador de su bisabuelo y tatarabuelo mío, enterrado en Azuqueca, siempre vió en el Teniente Coronel Tejero, el código ético del auténtico guardia civil, por su sacrificio, lealtad, austeridad, disciplina, abnegación y espíritu benemérito, considerando las necesidades del españolito de a pie, por encima de las de él mismo. Así es y será, hasta su muerte, el Teniente Coronel Tejero, igual que lo fue mi padre y lo han sido los hombres de honor. Pero que difícil es llegar a ser como el Teniente Coronel Tejero, un hombre de honor, porque el hombre de honor, cree profundamente en el amor; amor a Dios, amor a la Fe, amor a su Patria, amor a los suyos, amor a sus enemigos y amor a sus amigos y compañeros, aunque le hayan abandonado… Los hombres de honor, como el Teniente Coronel Tejero, son hombres de amor, porque solo hay dos formas de actuación en la vida, el amor o el odio, y en los nobles combates por la Fe y la Patria, Tejero siempre actuó por amor a España, a la Justicia y a la Paz duradera.
Nunca le movió el odio, sino el amor. Enfrente, hoy vemos la bestialidad, la envidia, el odio a la Fe, a la Patria. El odio apaga el amor, como el agua apaga el fuego. En este XL aniversario del 23F, recuerdo aquella tarde, cuando mi padre se enteró por la radio, de la entrada de Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados, como inmediatamente acudió a casa a vestirse el uniforme, para a continuación dirigirse al Cuartel General de la Armada, donde había varios cientos de marinos, que a través de la televisión seguían las noticias de lo que acontecía en el Palacio del Congreso. Mi padre, dirigiéndose a ellos les dijo: ”yo no se que ocurre, pero inmediatamente voy a ir a dar un abrazo al Teniente Coronel Tejero.
Y así y sin ninguna oposición de sus superiores, a pesar de los cordones policiales exteriores, se personó en el Congreso de los Diputados, saludando al Teniente Coronel Tejero y a sus guardias civiles, que se alegraron de la presencia del “componente naval”. Solo un viejo marino, que luego fue condenado a un año de prisión por “auxilio a la rebelión”. Su entrada se produjo cuando el Teniente Coronel Tejero ya había sido traicionado por las autoridades militares, que le encargaron la toma y control del parlamento, con la aquiescencia de S.M.
El Rey. Como ya se ha escrito mucho sobre el pretendido gobierno, que el Teniente Coronel Tejero rechazó, declinando la intervención del general Armada, el famoso elefante blanco, que fue condenado a treinta años de prisión, para luego ser indultado por S.M. El Rey, este asunto lo dejo para cuando nuestros dirigentes actuales quieran desclasificar los documentos por los que deberán restituir el honor de los que no hicieron más que cumplir con su deber.
Siendo ya altas horas de la noche, mi padre le dijo a su amigo Antonio Tejero: Querido Antonio, vamos a dormir un poco en estos dos sillones orejeros de este despacho, porque la noche va a ser muy larga… y efectivamente se echaron los dos una buena cabezadita, con la conciencia tranquila. El miedo es solo patrimonio de los cobardes y los sucios de corazón. Mi padre, como buen marino, junto a su amigo guardia civil, seguro que en aquel rato recordaron esa oración marinera, que dice así: “Señor, dame la victoria y el regreso a casa, pero si solo puedes darme una de las dos cosas, dame solo la victoria, porque la victoria Te corresponde a Ti, a nosotros la gracia y el Honor del Combate”.
A la mañana siguiente, y después de declinar la oferta de la autoridad competente de disponer de un avión y doscientos millones de pesetas para salir a un país extranjero, mi padre la dijo a Antonio Tejero, que lo más lejos que iría sería a su pueblo de Azuqueca, con la calderilla que solía llevar en el bolsillo y en el tren de cercanías de la Renfe. ¿De dónde viene el espíritu que puso su impronta en el alma del compañero traicionado? No fue una heroicidad improvisada en un momento de coraje. ¡No!
Fue el fruto de años vividos entre el marino y el guardia civil, con natural disposición a la práctica de las virtudes militares, y entre ellas la principal, que es el Honor. ¡Porque por encima de la disciplina está el Honor! Así pasó mi padre a la vida eterna, y yo desde estas páginas, le deseo al Teniente Coronel Tejero, larga vida con Honor.
Antonio Tejero desde el interés y la distancia
Nunca he tratado personalmente a Antonio Tejero, por lo que mi opinión sobre el jefe de la Guardia Civil tendrá siempre ese matiz condicionante, advertido lo cual, creo que por razones familiares, por mi presencia en la vida pública y dado mi interés en la reciente historia de España, quizás mis palabras puedan aportar algo cuando se trata su figura.
Recuerdo a Antonio Tejero en el funeral de mi suegro, Blas Piñar y en actos conmemorativos en los que no ha regateado su presencia. Hasta donde me alcanza, esos y algunos agasajos de índole personal que le han ofrecido amigos, han sido sus únicas comparecencias públicas. Sus contadas apariciones nos ofrecen prueba de una vida sobria y austera, propia de la concepción castrense de la existencia.
Su presencia, por otro lado, ha sido utilizada por los medios de comunicación para seguir dando pábulo a la “mentira oficial” y abundar en la manipulación de la realidad. Recuerdo con escándalo, por ejemplo, la barahúnda orquestada por la prensa cuando Tejero simplemente se reunió a comer con algunos amigos y su familia en un centro militar, olvidando, claro está, que el Teniente Coronel cumplió hasta el final su condena y goza por tanto de todos sus derechos.
De primera mano conocimos algunos de los sucesos ocurridos durante el juicio y, lógicamente, mi suegro narró en muchas ocasiones lo acontecido aquella noche en el Congreso de los Diputados. Si no me falla la memoria, él no conocía personalmente a Tejero. Le conoció ese mismo día, dato que por cierto demuestra el poco ruido de sables que llegaba a sus oídos. Blas Piñar fue el único diputado al que Tejero no debía considerar parte de lo que después ha venido en llamarse casta política y le dijo que podía marcharse cuando quisiera porque nada de aquello iba con él. Naturalmente Blas rechazó el ofrecimiento, por varias razones: primera, porque entendía que su deber como diputado era permanecer allí con la seguridad añadida, de que nadie iba a sufrir el más mínimo daño; segunda, porque sabía perfectamente que si salía del Congreso todas las miradas se dirigirían hacia él, implicándolo en algo de lo que no tenía el más mínimo conocimiento. Blas siempre recordó, en público y en privado, el trato respetuoso que los guardias civiles tuvieron con los diputados durante aquella noche. También destacaba el respeto de los guardias que estaban allí hacia su Teniente Coronel.
Cuando convencieron a Antonio Tejero para una aventura política, con todo lo que ello supuso después, mi suegro siempre lo imputó a la ingenuidad, bonhomía y patriotismo que siempre han adornado al jefe de la Guardia Civil. Para mi suegro, Antonio Tejero era un hombre íntegro, educado en los conceptos del honor y la patria y a los que siempre ha sido fiel y que se traslucen en las cartas que ha ido publicado en el transcurso de los años.
Prueba de su afecto recuerdo el encuentro de ambos cuando fue retirada la estatua del Caudillo de Nuevos Ministerios con el aplauso unánime de la clase política. Blas acudió en señal de desagravio a rezar una oración y depositar un ramo de flores. Alejados ya de la multitud presente ante el lugar que ocupó la estatua, cuando mi suegro se disponía a marcharse llegó Antonio Tejero y ambos se fundieron en un abrazo que denotaba el grado de confianza.
No existe cosa más sencilla que engañar, apelando a sus sentimientos patrióticos, a un caballero español, hombre de honor, militar y guardia civil como Antonio Tejero, por ello este engaño convierte a sus promotores, inductores y colaboradores en los más inicuos y cobardes.
He manifestado públicamente, en diversas ocasiones, mi opinión sobre los hechos del 23-F y quién considero que fue el responsable de toda aquella operación política, y también el que jugó siempre con las cartas del ganador, usando a unos y a otros. Pero esto es algo que creo que la inmensa mayoría de los españoles saben. No me cabe duda de que uno de los utilizados, en su “ardorosa ingenuidad”, fue Antonio Tejero. Después no buscó eludir la responsabilidad en lo que le correspondía dando el ejemplo de cumplir con la condena impuesta.
Juan García Carrés
fue el único civil imputado y condenado en el 23-F. Falleció en Noviembre de 1986. Fue presidente del Sindicato de Actividades diversas, realizando una gran labor en la sindicación de gremios, como gran mérito el de los serenos. Fue procurador en Cortes y amigo personal de Jose Antonio Girón de Velasco y de Antonio Tejero, como así lo declaró este mismo en el Juicio.
También fue llamado a declarar en el juicio de los abogados laboralistas de Atocha donde declaró: “Estoy asombrado de lo que está pasando en España. Esto no es más que un estado de confusión. Los que hemos sido fieles a los juramentos que prestamos estamos sentados en una especie de banquillo, y los perjuros ocupan los altos cargos del poder. Objetivo de todo esto es desprestigiar a los que hemos tenido conciencia y ponernos de blanco como en un tiro de pichón. Así que los que nos han hecho venir a declarar aquí que respondan con sus conciencias de lo que nos pueda pasar”.
Fue condenado el 23-F por auxilio a la rebelión y esta fue parte de su declaración ante el Fiscal:
Fiscal: ¿Conocía usted a Tejero?
García: Sí, es un gran español.
Fiscal: ¿Coincidían en su forma de pensar?
García: La mía es una forma de pensar muyconocida. De Tejero yo sabía que tenía grandes preocupaciones y las fundamentales eran España y la Guardia Civil.
Seguidamente, el señor García Carrés indicó que a finales de mayo de 1980 Tejero fue a verle para expresarle su preocupación por un proyecto de ley remitido por el Gobierno a las Cortes y por el cual la Guardia Civil iba a perder su carácter militar. García Carrés añadió que respondió a Tejero que la única forma de tratar de solucionar el tema era presentar una una proposición de ley, avalada con 500.000 firmas, tal y como establece la Constitución para ejercer la iniciativa popular. Añadió el procesado que con motivo de esta entrevista se dirigieron ambos a ver al director del periódico -El imparcial-, Juan Plá, para explicarle que iban a poner en marcha una campaña de recogida de firmas, lo que acogió muy bien el director del diario, hasta el extremo de que le ofreció su apartado de Correos para que enviaran allí las firmas.
Fiscal: ¿Le habló alguna vez Tejero de sus aspiraciones políticas?
García: No. Nunca.
Fiscal: ¿Hablaron alguna vez de la -Operación Galaxia?
García: No. Nunca. Ni él me habló del tema ni yo le pregunté. Yo había escrito un artículo en el que coincidía con el teniente general Vega, que fue presidente del Consejo Supremo , de Justicia Militar, respecto a que la «Operación Galaxia” fue una simple charla de café.
Fiscal: Yo le considero a usted un hombre muy político, ¿es así?
García: Yo soy y he sido falangista; lo que lo entiendo como una forma de servir a España.
Fiscal: ¿Sigue usted pensando de esa forma ahora?
García: Yo no he cambiado de camisa,
Fiscal, ¿Tenía usted inquietudes militares?
García: Siempre he tenido inquietudes militares. Además, debia tenerlas cuando Su Majestad el Rey me concedió la Gran Cruz del Mérito Militar.
Fiscal: ¿Conocía usted al general Torres Rojas?
García: Sólo de nombre.
Fiscal; ¿No eran ustedes amigos?
García: Antes no. Desde que le conocí aquí, en el Servicio Geográfico del Ejército, me considero un gran amigo suyo.
Fiscal: ¿Conocía usted al coronal José Ignacio San Martín?
García: No. Sólo hablé con él cuando era director general de Trafico, y para una cuestión meramente jurídica.
Fiscal: ¿Conocía usted al teniente coronel Mas Oliver?
García: Le conocí con ocasión de la campaña de recogida de las 500.000 firmas para presentar la proposición de ley que reconociese el carácter militar de la Guardia Civil. Fiscal: Sin embargo, ustedes almorzaron en cierta ocasión en un restaurante de la calle Hermosilla.
García: No fue en la calle Hermosilla, almorzamos en el mesón «Gerardo», que está en la calle Juan Ramón de la Cruz, de Madrid. Allí fue donde lo conoci personalmente. Fiscal: ¿Le preguntó usted du rente aquel almuerzo si quería conocer a Tejero Molina?
García: Yo hablé con él, porque ése fue el propósito do mi invitación, de la campaña de recogida de las 500.000 firmas que desde el primer momento había apoyado Miláns del Bosch y pregunté a Mas si él quería conocer a Tejero,porque era quien había impulsado dicha campaña.
Fiscal: ¿Invitó entonces usted a Mas Olivar, porque era ayudante de Milans del Bosch? García: A Mas Olivar me lo envió Milans del Bosch para coordinar la campaña de las firmas, ya que en el Ejército existía una gran preocupación por lo que estaba pasando la Guardia Civil, a la que le querían quitar el carácter militar, y cuyos miembros estaban siendo asesinados por esos asesinos de ETA y GRAPO.
Fiscal: Entonces, en la sobremesa de esa comida que celebraron ustedes, en el mesón “Gerardo”, ¿se conocieron Tejero y Mas?
García: Sí, y además se conocieron con un solo objetivo, la Guardia Civil.
Fiscal: ¿Habló Tejero, durante esa reunión, de su proyecto de ocupar el Congreso?
García: En mi presencia, no. Allí se habló, como en toda conversación entre españoles, de la situación del país, de los crímenes terroristas, de los separatismos de las autonomías.
Fiscal: ¿Le habló Tejero en alguna ocasión de la compra de unos autobuses?
García: Sí.
Fiscal: ¿Sabía usted dónde y a quién se los había comprado?
García: No. El me dijo que los autobuses los quería comprar una familia vasca que se había venido a Madrid porque estaba amenazada.
Fiscal: ¿Y se lo creyó usted?
García: Sí, porque había y hay muchas familias vascas que están atemorizadas, y no pueden vivir en eso trozo de España que son las Vascongadas.
Evidentemente no hemos podido contactar con García Carrés para que nos diera su opinión sobre el Tte Coronel Tejero, pero a través de Luis E. Togores hemos podido leer una biografía inédita de Juan García Carrés en la que entresacamos las alusiones al Tte Coronel Tejero. Dicha biografía y con los comentarios y anotaciones de un par de historiadores, SND Editores la publicará en el siguiente año a la publicación de este libro, ya que nos parece muy interesante, sobre todo la fase de su instancia en prisión.
Esto hemos extraído de esa biografía sobre Antonio Tejero Molina:
A mediados del mes de junio de 1980 vino a verme el Tte. Coronel Antonio Tejero Molina. Es un gran amigo mío. Está en estos momentos muy preocupado, porque le han informado que ha sido modificado el Proyecto de Ley Orgánica por los que se regulan los criterios básicos de la defensa y de la organización militar. (sic)…
El Tte. Coronel Tejero y yo nos hemos reunido muchas veces. Tejero es un hombre que ama profundamente a la Guardia Civil. Está preocupadísimo, porque perdiendo la Guardia Civil su carácter militar, se va a deshacer, y todo va en perjuicio de España. (sic)…
Hablo con Girón e Iniesta Cano, dos grandes amigos, para comentarles la posibilidad de la recogida de 500.000 firmas para llevar al Congreso y a los dos les apetece la idea(sic)…
Por la noche llamo a Tejero, le comunico la buena noticia y queda muy contento. Estamos ya a mediados de junio.(sic)…
El 30 de Mayo hablé con Tejero para comentarle lo que me había dicho Miláns en mi reunión con él en Valencia y le dije que el General me había dicho taxativamente que “no intervendría en ninguna actuación militar si no recibía órdenes del Rey”. Le hablé al General de Tejero y me contestó que no le conocía personalmente pero que había oído hablar muy bien de él y le consideraba un militar completo: “Puedes decirle a Tejero que vaya estudiando todas las posibilidades y captando las fuerzas necesarias por si llegado el momento S.M el Rey ordena una actuación”.(sic)…
Tejero, mientras tanto, va trabajando, tiene reuniones, va palpando los ambientes y nota que la gente reacciona muy favorablemente(sic)…Tejero ha empezado a estudiar la acción del Congreso de los Diputados, para su mejor desarrollo y duda entre alquilar unos pisos bajos, lo más cerca del Congreso y concentrar allí las fuerzas que han de ocuparlo, o que estas sean trasladadas en autocares desde distintos puntos de Madrid. Optó por lo último.(sic)…
El 18 de Enero de 1981 en la reunión de la Calle General Cabrera 15 en Madrid yo aviso al Tte. Coronel Tejero de la misma. En la reunión presento a Tejero al General Miláns del Bosch…en total a la reunión asistimos 8 personas. Hechas las presentaciones el General Miláns del Bosch nos exigió solemne juramento de que lo que se iba a tratar quedaría en el más absoluto secreto(sic)…El Tte General Miláns del Bosch le cede la palabra a Antonio Tejero, que explicó sus dos proyectos. La ocupación de las Cortes o de la Moncloa. Miláns del Bosch le contestó que la operación debía ceñirse a a la ocupación de las Cortes y explicó el porqué: “Hoy debería estar aquí el General Armada, pero a última hora me ha llamado excusando su asistencia por motivos de servicio. Os puedo anunciar que en breve será nombrado 2º Jefe del Estado Mayor, puesto clave en el caso de que S.M el Rey diera la orden de actuar. Una vez que el Tte Coronel Tejero haya tomado el Congreso, producido el hecho detonante, se pondría en marcha la “Operación Diana” que motivaría el estado de alarma en todas las Fuerzas Armadas, lo que permitiría al General Armada desde su puesto controlar y dirigir el movimiento militar. El objetivo es, como todos sabéis, liberar a España de las lacras del terrorismo y el marxismo”.(sic)…
A los dos días me reuní en mi casa con otros dos generales que llamaré General A y B (en la biografía que publiquemos en SND Editores intentaremos irles poniendo nombre a estos generales que Carrés trata así) y el Tte Coronel Tejero, para comentar la reunión de la Calle General Cabrera(sic)…
La tarde del 23-F recibo la llamada del Director de El Imparcial Juan Plá que me dice: ”Tengo que pedirte un favor, tienes que convencer a la mujer de Tejero, con la que yo acabo de hablar, para que me deje a uno de sus hijos para ir a parlamentar con el Tte Coronel Tejero”. Le contesté con unas palabras muy desabridas: “¿Qué quieres repetir la historia de España, lo de Tarifa y lo de El Alcázar,?¿No te da vergüenza escudarte en un chiquillo para ir a parlamentar con Tejero?¿No eres lo suficientemente hombre para hacerlo tú?”. Me contestó que estaba en el despacho de Laína, Director de Seguridad del Estado y que no hacía más que cumplir sus órdenes. Le dije:”Desde luego Plá eres un miserable, no tengopalabras para calificarte” y colgué el teléfono y llamé a Carmen la mujer de Tejero y le comenté lo que había ocurrido y me contestó, que efectivamente, Plá le había propuesto ir al Congreso con su hijo Moncho, para parlamentar con su marido y que ella se había negado. Me contó una cosa que demuestra la unión y el cariño que hay en la familia Tejero. Cuando llamó Juan Plá, quien descolgó e teléfono fue su hijo Moncho y al hacerle la proposición de ir a hablar al Congreso, le contesto que:”cuando no estaba papá en casa, quien manda es mamá; yo siempre me atendré a lo que ella me diga”(sic)….Poco más tarde, me llama el Tte Coronel Tejero y me comenta que todo seguía normal y que estaba a la espera de “la persona que tiene que llegar con la consigna Duqye de Ahumada”. Le digo que acabo de hablar con su mujer y le propongo que, por el otro teléfono voy a llamarla y así podrán hablar los dos. Llamo a Carmen y hablan ellos unos minutos(sic)…
El 24 de Febrero por la mañana me detienen y me dejaron hacer dos llamadas, ya que me dijeron que no estaba detenido sino que me llevaban para protegerme. Llamo a casa de Tejero, y oigo la voz de Elvira, una de las hijas: “te llamo para decirte que la policía me lleva a una comisaría para protegerme”. Elvira se puso muy nerviosa, lloraba y dijo unas palabras fuertes. “Si hablas con tu padre-le dije- dile que hace más de una hora que estoy intentando comunicar con él y nadie responde a la llamada. Creo que estos señores me llevan y no precisamente para protegerme”. Elvira me envía un abrazo: ”Otro para ti, hija”
