Las palabras de Francisco Franco sobre el perdón a los combatientes del bando republicano constituyen uno de los testimonios recogidos en la conversación mantenida con su ministro Pedro González Bueno. En ellas, Franco expone su particular visión sobre la actitud que, a su juicio, debía adoptarse ante quienes habían combatido en el bando contrario durante la Guerra Civil.
Desde luego, por eso a los rojos socialistas o comunistas nosotros no los debemos considerar como enemigos, sino como hermanos nuestros equivocados, engañados, confundidos por todas las mentiras e infamias que han volcado sobre ellos contra nuestra realidad sus jefes para azuzarlos a luchar contra nosotros. De otra forma es que no les seguirían. Entre ellos hay muchos inocentes e ignorantes y a todos hay que perdonarlos. Yo comprendo que a ciertos soldados nuestros les encantaría no dejar un rojo vivo, porque les hayan matado a sus padres, abuelos, hermanos, como sabemos por los muchos casos que nos han contado. Pero sí es verdad que nosotros debemos hacer justicia y procuraremos hacerla, porque la justicia también es una virtud. Igualmente debemos perdonar y perdonar mucho porque creemos en el Evangelio.
En el testimonio, Franco distingue entre la responsabilidad por los hechos cometidos y la consideración personal hacia quienes participaron en la contienda. Reconoce además que muchos soldados habían sufrido directamente las consecuencias de la guerra y habían perdido familiares, pero sostiene que la justicia debía aplicarse al mismo tiempo que debía existir disposición al perdón.
Claro, estos jóvenes nuestros, como son muy valientes, se enardecen con sus triunfos y, si les valiera, no dejaban un enemigo vivo. Pero esto no es así. Una cosa es ganar las batallas y otra matar a los enemigos, máxime cuando están indefensos. Y para enseñarles y encauzar su valor estamos nosotros. No obstante, hay que reconocer que tenemos una juventud admirable.
La referencia al Evangelio ocupa también un lugar destacado en sus palabras. Franco vincula expresamente la necesidad de perdonar con sus convicciones religiosas y presenta el perdón como una virtud que debía acompañar a la justicia.
En este artículo reproducimos este interesante testimonio recogido por Pedro González Bueno, que permite conocer directamente la reflexión atribuida a Franco sobre el perdón, la justicia y la actitud que debía mantenerse hacia los antiguos combatientes republicanos.
Le he dicho a nuestro héroe del aire que no debemos olvidar jamás que todos somos españoles y que el daño que podemos inferir a los demás repercute en perjuicio de todos. Pero es que además los españoles, nosotros somos cristianos y como cristianos debemos practicar las virtudes del perdón y la caridad, incluso con los enemigos. Nosotros si tenemos enemigos, es porque no nos conocen. Cuando sepan todos los españoles de la zona que se llama enemiga nuestra que nosotros solo buscamos para mayor gloria de Dios y de España su bienestar y su progreso, todos se unirán a nosotros en el trabajo común de engrandecer a la patria, engrandeciéndose ellos mismos a sí mismos.
El testimonio recogido por Pedro González Bueno muestra una reflexión de Franco en la que aparecen asociados tres conceptos: justicia, perdón y principios cristianos. En sus palabras, Franco sostiene que quienes habían combatido en el bando republicano no debían ser considerados necesariamente como enemigos, sino que debía contemplarse también la existencia de personas que habían participado en la guerra por distintas circunstancias.
La conversación resulta especialmente significativa porque Franco reconoce expresamente el dolor provocado por la guerra y las pérdidas sufridas por muchos combatientes y sus familias. Al mismo tiempo, mantiene la necesidad de hacer justicia, pero afirma que esta debía estar acompañada por el perdón.
La referencia final al Evangelio resume el fundamento religioso que Franco atribuye a esa actitud: la justicia no debía excluir el perdón. El testimonio de Pedro González Bueno permite así acercarse a una de las reflexiones de Franco sobre la Guerra Civil y sobre la relación que, según sus propias palabras, debía establecerse entre quienes habían combatido en los dos bandos una vez terminada la contienda.
