Fotomontaje histórico sobre el discurso político de Francisco Franco acerca del comunismo, el Frente Popular y los acontecimientos que precedieron a la Guerra Civil española.
84. El asalto comunista a España
El mundo occidental y cristiano no ha saldado aún su deuda con un pueblo que supo ofrecerle tan fuerte y trascendente partida de valores espirituales y morales. Si Europa puede un día recobrar su integridad, su alma y su misión, a la Cruzada española se lo deberá en primer lugar.
Recordad la situación de la que hubimos de partir y que puso en marcha las ansias renovadoras del Movimiento: España se moría desintegrada por sus luchas intestinas. Sus tierras y sus hombres estaban en trance de disgregación. La anarquía, estimulada desde el Poder, se señoreaba del país progresivamente. El comunismo acechaba su presa. El eje Moscú-Madrid, apuntando a Hispanoamérica, no constituía una invención, pues estaba perfectamente definido en las actas del Congreso de la Komintern de 1935.
La creación de este mismo Congreso de la táctica de los Frentes Populares de alianza con los más afines para más tarde desbordarlos; de filtración en las organizaciones obreras para parasitarlas, tuvo en nuestra nación una realidad inmediata. El primer Frente Popular se constituyó en España en el mes de diciembre de aquel mismo año. En febrero, la desunión de las otras fuerzas políticas facilitó el triunfo del Frente Popular. La suerte estaba echada. El camino para la subversión comunista se ofrecía franco. La organización de las milicias populares se encontraba al orden del día; la provocación por los partidos en el Poder de alteraciones del orden público buscaba la intervención de las fuerzas de seguridad para explotar la reacción, creando el clima favorable para su disolución. El licenciamiento de gran parte de los efectivos militares perseguía debilitar toda resistencia.
Las informaciones que desde la propia Dirección de Seguridad recibían las autoridades militares superiores acusaban la proximidad del golpe comunista. Se les prevenía contra el proyecto de eliminación de sus jefes y oficiales al salir de los domicilios para incorporarse a los cuarteles e incluso en muchas ciudades en las puertas de sus domicilios se descubrían señales y marcas misteriosas. La supresión de las principales y posibles cabezas de la contrarrevolución estaba decretada. Muy pronto Calvo Sotelo, jefe de la oposición parlamentaria, había de encabezar el número de las víctimas. Su asesinato, premeditado por las fuerzas de orden público del Gobierno del Frente Popular, señaló el comienzo de la revolución.
Muy pronto Calvo Sotelo, jefe de la oposición parlamentaria, había de encabezar el número de las víctimas. Su asesinato, premeditado por las fuerzas de orden público del Gobierno del Frente Popular, señaló el comienzo de la revolución.
Que no eran comunistas todos los que integraron el Frente Popular es cosa cierta, pero que su acción fue eminentemente comunista y servía a Moscú, nadie puede dudarlo. Los hechos siguientes lo demuestran:
La revolución del año 1934 en Asturias fue ya dirigida por agentes de Moscú; en ella se asesinó, se asaltaron bancos y se llevaron los millones robados al extranjero. El Gobierno del Frente Popular amnistió esos crímenes y los millones robados no se devolvieron.
Desencadenada la revolución roja en 1936, vino a España a dirigir los acontecimientos el embajador ruso Rosemberg, no obstante no haber tenido España hasta entonces relaciones oficiales con los soviets. Desde los primeros momentos se establecieron en las poblaciones checas tipo ruso, tribunales populares, y en el Ejército, comisarios políticos comunistas, mientras el retrato de Stalin llenaba las fachadas de los grandes edificios. El comunismo internacional introdujo por la frontera pirenaica, desde los primeros momentos, una cifra de dos mil voluntarios diarios, con los que se constituyeron las Brigadas Internacionales. Muchos de los jefes comunistas de los Estados satélites soviéticos y jefazos del comunismo en Francia figuraron en España al frente de las brigadas comunistas internacionales. El Gobierno rojo entregó a Rusia en depósito todo el oro de la Nación. A Rusia se llevaron por los Gobiernos rojos millares de niños para sovietizarlos. No creo que pueda existir una mayor política de sumisión a Moscú que la que aquellos Gobiernos practicaron.
El mundo no aprovechó la lección debidamente, pues pronto la historia habría de repetirse, y son muchos todavía los que aún creen posible el servirse del comunismo o aliarse con él para alcanzar sus fines. Y es ya realidad histórica que es del comunismo, como elemento más fuerte, del que acaban siendo juguetes.
85. El señuelo comunista y la estrategia de Occidente.— Las dos caras del comunismo
El comunismo se ofrece con ímpetu de juventud, con dinamismo, con conocimiento de la situación, y explota en sus banderas el lema de la justicia social que las masas más numerosas demandan, halaga las pasiones, a la empresa capitalista opone la empresa pública y lleva cuarenta años con agentes y dinero sin límites preparando la subversión.
¿Qué es lo que ofrece el Occidente? Sistemas políticos envejecidos, injusticias seculares inherentes al sistema capitalista liberal; una democracia inorgánica que los divide y debilita y la libertad menoscabada por los estados reales de la miseria; la riqueza y la opulencia al lado de la miseria, naciones ricas y poderosas que viven del coloniaje económico sobre las más atrasadas. Su acción no puede ser captadora; los pueblos universalmente lo rechazan. Los tantos que se apuntan son solamente los negativos que le dan los fracasos del adversario.
Pero el comunismo en sí tiene dos caras: la que presenta al exterior con la definición del gobierno del pueblo por el pueblo, la de la justicia social, la de la igualdad de oportunidades, la de su potencia militar y adelanto científico logrados, la de la empresa pública y la negación de clases; pero oculta la otra, la real, la del comunismo por dentro, y que explica los muros de la vergüenza, los telones de acero y el alambre de espino circundando las fronteras, la del imperialismo insaciable, la del terrorismo policiaco, la de la esclavitud y anulación de toda clase de libertades, la de las persecuciones religiosas, la negación de la justicia, la omnipotencia del Estado, la negación de todos los derechos y la desaparición total de la dignidad humana. Enseña la cara que cautiva y oculta la que repele; pero en esta cara oculta está la debilidad y el fracaso completo del comunismo.
86. España y el pensamiento político occidental. Las guerras aceleran la marcha y la evolución política de los pueblos.— El signo social de nuestra época
Conozco que hay quienes, deslumbrados por el exterior, nos tachan de distanciarnos del pensamiento político de Occidente, de ese mundo viejo que todavía estira su planeo; y en verdad no ha dejado de preocuparme el que tantas personas de valía que rigen a los países del Occidente no hayan sabido enjuiciar el verdadero problema y prevenir el futuro; pero, sin duda, las pasiones políticas y los intereses de partido no les permiten ver el horizonte.
Si reconocemos vivir bajo una guerra política, los medios para luchar han de ser inminentemente políticos. Lo interesante en estos momentos de evolución del mundo en que vivimos no es estar con el mundo de ayer, sino el acertar con el mundo de mañana. Si los otros se empeñan en mantenerse estáticos, nosotros debemos sentirnos fuertemente dinámicos.
Examinemos cuál es la situación: está claramente reconocido el que las guerras aceleran la marcha política de los pueblos y que la evolución del pensamiento político en Europa es ya una realidad, aunque se disfrace todavía con sus viejos rótulos. ¿Qué otra cosa son los planes de desarrollo, la utilización de la empresa pública, el mercado en común y tantas intervenciones en la dirección económica de las naciones, ante cuyas realidades aún ayer se rasgaban sus vestiduras los gobernantes? ¿Qué podemos decir del reconocimiento social de nuestra era y la subordinación progresiva a lo social de todo lo político? Mas pasemos revista a las fuerzas que en esta guerra política se enfrentan.
87. Evolución selectiva natural sin comunismo terrorista. Influencia del comunismo en la mitad de la población del universo
El mundo político futuro recogerá de uno y otro sistema lo que tenga de bueno, constructivo y eficaz, y rechazará y dejará en el camino todas las aberraciones y males de sus caras malas.
Lo importante para los pueblos en esta hora es el poder llegar a la meta por una evolución natural y dirigida y no por vencimiento o por subversión, teniendo que pasar por la noche trágica del comunismo terrorista. Cuando el comunismo echa su garra sobre una nación ya no la suelta; lleva allí sus checas, sus hombres, sus brigadas internacionales, su terrorismo policiaco que extirpa y destruye todo elemento de defensa, policía, ejército, intelectualidad, cuanto pueda pensar y discrepar.
Si la Revolución Francesa tuvo tanta repercusión en los sistemas políticos que la siguieron hasta nuestros días, hay que deducir la influencia que va a tener en el futuro el paso del comunismo por la mitad de la población del universo. Y no es que el comunismo pueda en sí perdurar, porque lleva dentro el germen mismo de su destrucción, y los que le odian más y lo rechazan son los pueblos que en alguna forma lo han sufrido; pero el comunismo, sin embargo, ha recogido la bandera de lo que una gran parte del mundo anhela, aunque luego lo traicione y no pueda ni quiera servirlo.
88. Autocrítica del comunismo soviético
Mas ese impulso que las guerras imprimen al pensamiento político universal empieza a alcanzar al comunismo soviético, que comienza a reconocer sus crímenes y errores y que parece haber iniciado una sensible evolución. Y es que al extenderse la cultura se empiezan a formar estados de opinión y los gobernantes no pueden hurtarse hacia lo que naturalmente las masas demandan, y a éstas les gusta lo que encuentran de bueno y aceptable en la cara buena y condenan y repelen lo que contra la naturaleza humana registran en su cara mala.
¿Cuánto ha tardado el comunismo en iniciar esta evolución? ¿Cuántos han sido los millones de seres muertos en Rusia por el hambre, por los sufrimientos en los campos de concentración y en las cárceles y checas?
Si pensamos que el hombre es el medio en que la política del mundo se desarrolla y que son semejantes sus sufrimientos en uno y otro lugar, hemos de concluir reconociendo que más lentamente o más aprisa todos caminarán hacia las mismas metas.
(30-XII-1963: Mensaje de fin de año.)
89. Un esfuerzo conjunto, sin dispersión ni particularismo. La aspiración de justicia para una nueva época
Ahora bien, ese esfuerzo de conjunto que propongo, esa proyección al futuro que deseo y los cambios de estructura que evidentemente son necesarios, se retrasarían lamentablemente si una vez más nos dejásemos sorprender por la propensión de nuestro temperamento, que lleva al particularismo y a la dispersión. Sólo un esfuerzo de conjunto, un afán colectivo y perdurable, serán capaces de realizar esa aspiración de justicia que, sin duda, es la nota característica de la época en que vivimos. No son los detalles de las instituciones de una determinada sociedad los que impiden o favorecen la evolución y el progreso de un pueblo; es la voluntad colectiva de toda una sociedad, la coincidencia mayoritaria en unas metas y el sentido del compromiso los que permiten a los grandes pueblos su continuado avance y mejora.
(30-XII-1963: Mensaje de fin de año.)
90. Evolución política universal. Expansión del comunismo
A estas profundas mutaciones había de acompañar un vacío ideológico; las ideas rebasadas no habían sido sustituidas por otras nuevas con la fecundidad suficiente para servir de base a la configuración social de los pueblos. Pese a las condiciones políticas que los vencedores pretendieron imprimir a las naciones vencidas, la participación del comunismo en la victoria dio a éste un predominio en la evolución de la política futura. Como consecuencia de ello, el comunismo se ha extendido a más de la mitad de la población del universo, lo que sin duda ha de imprimir carácter a la evolución política universal al coincidir con la crisis general de los sistemas políticos tradicionales.
La transformación española en este tiempo hubo de contar con grandes dificultades, y no es extraño que nuestro país y nuestra concepción de la vida chocaran tantas veces con actitudes influidas por las doctrinas imperantes.
Aquel predominio que la victoria dio al comunismo para su expansión no quiere decir el que vayan a arraigar en el mundo las doctrinas y prácticas de los nuevos bárbaros. Nada más lejos de la realidad. El comunismo vence, pero no convence, y los pueblos acabarán barriendo todo lo bárbaro, cruel y antihumano que encierran las prácticas y doctrinas comunistas, quedándose con lo que de social, constructivo y eficaz puedan poseer. En la propia cuna del comunismo empieza ya a mirarse con marcado interés la superioridad y eficacia en algunos aspectos de las fórmulas occidentales.
El pensar que el comunismo vaya a conservar esa uniformidad que han pretendido imprimirle sus patrocinadores constituye una quimera que ya se acusa en el ámbito internacional. Sobre el comunismo marcará su impronta el medio en que éste tenga que desarrollarse. No se puede hacer tabla rasa de las creencias y de las tradiciones. La invasión de los bárbaros no llegó a ser en Europa tan desastrosa como las conciencias de los pobladores de entonces esperaban; el medio predominó sobre su ímpetu.
(9-IV-1964: Clausura del IX Consejo Nacional.)
91. Ante la conmoción y escepticismo del mundo moderno
Así vemos como en la conmoción que el mundo sufre, el futuro no aparece todavía claramente resuelto. Existe un anhelo de proyección y mejora de la estructura política, un intenso sentimiento de insatisfacción y un colectivo estado de conciencia que exigen modificaciones y avances; pero frente a todo esto sólo dos soluciones se ofrecen: o la capitalista y liberal, gastada y que las masas repudian, o el sistema materialista del ideario comunista, con la esclavitud del hombre bajo el terrorismo policiaco. Lo que aquél tiene de estático, éste presenta de dinámico. Por ello, es necesaria una tercera posición: la que, salvando los valores y libertades del mundo que fue, ofrezca soluciones óptimas a las necesidades espirituales y a los anhelos económico-sociales del mundo de mañana.
Sin embargo, en un mundo en que predominan las ideas de tipo materialista, anticolonialistas, antidogmáticas, de indiferencia religiosa, de libertinaje de expresión, de tendencia a la creación de grandes espacios económico-políticos superiores a la nación, los pueblos se nos presentan cansinos, apáticos, resignados, inconscientes de ser sumergidos por la ola de la nueva barbarie.
Este triste escepticismo que el mundo nos ofrece y los errores que todos los días se acusan en su dirección, nos obligan a afianzar nuestros valores espirituales y nacionales, a mantener enhiestas nuestras banderas, a actualizar y renovar nuestras razones y a hacer cristalizar en fórmulas simples y eficaces el deseo impreciso que circula con mayor fuerza de atracción por todo el tejido social.
Hay quienes, por haber disfrutado la paz venturosa de estos veinticinco años, creen estar viviendo, ideológica e institucionalmente, dentro de un marco felizmente superado, cuando la realidad es muy distinta: si las necesidades de ayer se centraban en los problemas nacionales inmediatos y en la transformación de nuestra sociedad para proyectarla hacia el futuro, no por haber vencido las primeras etapas la tarea ha sido dominada. Son muchos los problemas que se juegan para el porvenir de la Patria para que podamos considerar alcanzadas las metas que las necesidades de la vida de España exigen, pues a las perspectivas inherentes a lo nacional, se unen hoy las que nos depara el mundo internacional, esa conmoción política que amenaza al Occidente y a la que, en general, no saben darle una solución que la supere. El progresivo número de crímenes, suicidios y síntomas de descomposición que en el mundo occidental se registran acusan el grado de desesperación a que los pueblos han llegado, que sólo podrá corregirse volviendo al camino de la fe religiosa y llenando el gran vacío que el materialismo ha abierto y por el que, antes o después, el mundo tendrá que volver.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
92. Falta de sentido humano del comunismo
Comprenderéis que para luchar contra esto no nos basta la acción negativa de denunciar la amenaza, de sacar a la luz la falta absoluta de sentido humano que el comunismo entraña, su anulación de la libertad por el terrorismo policiaco, sus campos de concentración, sus crímenes, sus checas y sus torturas, ni su imperialismo declarado, pues, pese a ello, el comunismo tiene un enorme poder de captación; especula con la miseria de los pueblos, explota la injusticia, halaga las pasiones, esgrime la mentira y los procedimientos innobles y no repara en medios ni en los gastos.
Frente a él no puede oponerse un Estado aséptico y neutral, ni unos sistemas políticos que abran las puertas a la malicia organizada. Podían, en los tiempos de bonanza, descansar las naciones en el egoísmo de su comodidad de seguir la línea de menor resistencia. Hoy no caben situaciones ambiguas; la batalla continúa por otros procedimientos, y lo que España se juega es muy importante para que podamos inhibirnos. Existe una consigna que el comunismo siembra y que tontos y malvados inconscientemente repiten: la neutralista, o la de que «hay que despolitizar». Conocen, como maestros —pues han dedicado estudios profundos a la materia—, que el hombre es eminentemente social y político, que si no se le llena el hueco que lleva en su conciencia con un ideal, con una doctrina sana y constructiva, es seguro que otros lo llenarán con otras demoledoras.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
93. El pesimismo, los intelectuales y el destino universal
Nunca se proclamará bastante lo que el pesimismo representa para esta contienda. Hay que enfrentarse con el reducido grupo de los intelectuales pesimistas que —lo mismo que ocurrió el 98— con su crítica negativa, su negación de los ideales y el envenenamiento de la juventud, tienden a cambiar su natural noble y generoso en amargado y estéril, lo que podría implicar, si arraigase, el fin de toda esta era de prosperidad y grandeza, logradas a costa de tantos sacrificios.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
94. La conspiración comunista en los ámbitos sindicales
Este moderno carácter del Sindicato, que responde a las necesidades de los tiempos nuevos y que redime a nuestra Patria en sus luchas intestinas, no puede coincidir con las organizaciones sindicales de luchas de las naciones liberales, carcomidas por sus odios y por sus pasiones que no les permiten comprender nuestra claridad de propósitos y nuestra sinceridad en los medios. Si el fin de los Sindicatos universalmente reconocido es el conseguir la justicia social y el bien común de los sindicatos, debería reconocerse como mejor Sindicato aquél que mayor bienestar social haya promovido; pero el hecho es que, aunque cuidadosamente lo ocultan, esos Sindicatos se encuentran fuertemente politizados y sujetos a la dictadura de sus cuadros de mando y a las manipulaciones comunistas y antisociales del movimiento comunista universal en ellas infiltrado; incluso muchos de los que se titulan cristianos no tienen de ello más que la careta, pues en su actuación son compañeros de viaje cuando no actores principales, de la gran conspiración comunista.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
95. El peligro del materialismo exterior: el ateísmo, el comunismo y la relajación de las costumbres
Pero con ser tan importante este ordenamiento de la satisfacción de las necesidades materiales de la vida, no está en ellas el peligro principal que nos amenaza. En nuestra paz de veinticinco años hay quienes no se aperciben del peligro que representa el materialismo exterior que nos rodea: la indiferencia religiosa, la relajación de las costumbres y el contubernio con el mal. Todos pueden comprobar por sí mismos el naufragio de las virtudes, el progreso del mal y la intensa descristianización. No se trata sólo de un proceso normal, sino de una acción sistemática y destructiva de los valores espirituales para mejor esclavizar a la sociedad. Se ignoran los esfuerzos gigantescos para el desvío de la juventud y el adiestramiento ateo, que el comunismo inculca a los niños desde la infancia; la captación que se hace de jóvenes para el apostolado comunista; los seminarios divulgadores de doctrinas antirreligiosas; la multiplicación de instituciones investigadoras de filosofías ateas. Todo se moviliza para extirpar la fe de las conciencias, materializar a los hombres y arrebatarles su libertad. Centenares de jóvenes preparados así salen periódicamente de Moscú y de Praga para los distintos lugares del universo para entablar la batalla del ateísmo. En su casi medio siglo de existencia, el comunismo se ha apercibido de que el obstáculo mayor que encuentra para su expansión en el mundo es el de la fe religiosa y se apresta por todos los medios a destruirla.
El comunismo es una situación de guerra contra la sociedad y contra todas las confesiones. Conoce igualmente que las realizaciones en el orden social y la mejora económica constituyen un antídoto contra sus propagandas, y cuando en su camino encuentra una sociedad más justa y feliz, la ataca sin descanso. Este es el caso de España, cuya paz y progreso por todos los medios intentan perturbar.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
96. Setenta y dos millones de católicos europeos bajo el yugo comunista
Esta acción destructiva del comunismo la viene padeciendo nuestra Iglesia Católica en Europa. Setenta y dos millones de católicos la sufren hoy bajo el yugo del comunismo y aunque la unidad y fortaleza de su fe les presta la cohesión social para la resistencia, su situación impresiona hondamente a todo nuestro mundo católico, que conoce que lo que pasa hoy tras el «telón de acero» amenaza extenderse a muchas otras naciones.
El peligro principal se ha demostrado que penetra por la vía de la política y que es en ese campo donde es necesario defenderse. ¿Cuántos pueblos de Europa, que amaban la paz y la libertad, cayeron a través de su liberalismo en aquella terrible esclavitud? Sin embargo, España, que estuvo en igual trance, puede presentar hoy el siguiente balance: de aquel estado lamentable de la Iglesia bajo la República, con su Clero desunido y disperso, la religión perseguida, los templos saqueados, cuando no destruidos, las clausuras profanadas y muchas veces saqueadas, los bienes de la Iglesia confiscados o dilapidados y los propósitos de descristianización claros, hemos pasado en poco espacio al renacimiento de la fe, al establecimiento del Estado católico con el imperio de la ley divina, a la presencia de Cristo y de la religión en las escuelas, al levantamiento y multiplicación de los templos, al restablecimiento de los conventos, a la ampliación y renovación de los Seminarios, a la floración de vocaciones religiosas y a la moralización de las costumbres. En fin, al clima espiritual que ha reinado en estos veinticinco años.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
97. Filtración comunista en ambientes católicos
Si en este camino es muchísimo lo que se debe al celo apostólico y al tenaz esfuerzo de nuestros prelados y sacerdotes, no es poco lo que corresponde al Estado confesional y a la conciencia católica de los Gobiernos que han presidido estos veinticinco años de paz. Esta paz político-social, que ha realizado lo que parecía un sueño quimérico de las masas y una aspiración ideal de nuestra Iglesia. Sin embargo, nada es ajeno a las intrigas y a la actividad de la acción comunista; así hemos podido comprobar a través de estos años su filtración progresiva en algunos órganos católicos que irradian desde fuera, llegando últimamente a nuestra comprobación la filtración y gran influencia del comunismo, entre otras, en esa revista progresista francesa que, bajo el título de «Informaciones Católicas Internacionales», tan extendida está en Europa, en los medios intelectuales católicos. Esto explica la siembra de recelos que contra España, y la tónica en que su Iglesia se desenvuelve, vienen produciéndose en ciertos medios católicos europeos.
En el desconcierto general que se acusa en los medios católicos por la progresiva descristianización que vienen sufriendo sus masas trabajadoras, se intenta buscar un remedio patrocinándose fórmulas generales de actuación política, que atajen la descristianización; pero no siendo la situación de la Iglesia igual en todos los países, se hace imposible una norma general que les sea aplicable, pues una cosa son los principios eternos e inalterables del apostolado y otra la consideración de los estados políticos más favorables para cada caso.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
98. Deformación liberal del auténtico sentido católico
Un hecho hay incuestionable: es el daño que a la Iglesia ha venido causando el régimen liberal de partidos políticos y la división en derechas e izquierdas en que cristalizó, en una de cuyas partes se vio la Iglesia acorralada; no porque ella lo hubiese elegido, sino porque no se le dejó opción, ya que constituyó el único espacio en que se le permitía su función apostólica y docente. En la derecha acabó concentrándose el capitalismo, los grupos de presión, el conservadurismo, los empresarios, los ricos, los católicos, los patriotas y los que tenían algo que perder, mientras en la izquierda figuraban los que enarbolaban la bandera social, los liberales, los marxistas y comunistas, los organismos sindicales de lucha, los revolucionarios, los laicos y ateos y los enemigos de la Iglesia. Así, lo católico aparecía falsamente colocado como adversario de lo social, el obrero entre los enemigos de la Iglesia y de la Patria, y la izquierda, como monopolizadora del progreso social.
El Movimiento vino precisamente a liberar a unos y a otros de tan falsa postura, a colocar a la Iglesia en su superior magistratura por encima de las pasiones políticas y las diferencias entre los hombres, y su consecuencia ha sido ese balance de veinticinco años de paz a que nos hemos referido, y que demuestra que los españoles sabemos vivir la fe hasta las últimas consecuencias sociales y comunitarias, y que en este camino no hemos bajado, ni bajaremos jamás la guardia, y utilizaremos para ello todos los tesoros de energía espiritual que alientan en nosotros.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
99. Constante propaganda de subversión soviética
Razones tan claras no han sido, sin embargo, suficientes frente a las pasiones sectarias de algunos sectores del mundo que nos rodea; el signo de nuestro tiempo es el de pelear para deshacer esas conjuras que no resisten al más pequeño raciocinio. El hecho que desde Praga y desde Moscú se lleve a cabo con potentes radios una constante propaganda de subversión, que periódicamente pasen la frontera agentes comunistas para propagar el terrorismo, y que cuando los delincuentes caen en poder de la justicia, por sus hechos criminales, se desencadene fuera de las fronteras la caja de los truenos de la prensa y de la radio, que el comunismo y sus comparsas de conjura manejan, y que, en cambio, se sucedan toda clase de crímenes y genocidios bajo el dominio comunista o en países de su influencia, sin que se provoquen las reacciones de opinión que estos hechos merecen, demuestra la situación del mundo con el que tenemos que pechar. Resulta paradójico que seamos nosotros, los tildados de dictadores y totalitarios, los comprensivos y tolerantes frente a los errores ajenos, y que sean los que se proclaman liberales, los que llevan a tales extremos sus pasiones e intolerancias.
(8-VII-1964: Cortes Españolas.—Inauguración VIII Legislatura.)
100. La influencia del comunismo en el mundo moderno
La batalla que el comunismo nos tiene planteada es, en el fondo una gran batalla política. Por ello las armas necesitan ser eminentemente políticas. Hay que combatir con ideales, con doctrinas que atraigan y cautiven, que, encerrando eficacia, encaucen los anhelos de las masas populares conquistando a los pueblos. Las armas podrán, en último extremo, respaldar a la razón, pero no crearla.
El pretender egoístamente que la acción comunista pueda pararse ante el bienestar alcanzado por las naciones prósperas constituye una torpe quimera. El mundo se les escaparía de sus manos y la tensión internacional acabaría arrollándoles. ¿Se ha meditado debidamente en la influencia que, en la ordenación política del mundo futuro, va a tener el paso por el comunismo de más de la mitad de la población del universo? ¿No es una locura el pensar que el remedio pueda estar en que las aguas vuelvan atrás y discurran por sus viejos cauces? La evolución política de los pueblos marcha siempre hacia adelante, nunca para atrás, y las guerras aceleran este proceso evolutivo. Por ello hay que abrir cauces a la política futura, despertar a tiempo a un mundo que, de otra manera, caminaría hacia el suicidio. He aquí por qué si ayer nos dolía España hoy nos tiene que doler el mundo.
(30-XII-1965: Mensaje de fin de año.)
101. Acción permanente del comunismo contra nuestra paz interna
La mejor prueba de que nuestra misión es fructífera es la acción permanente que el comunismo desarrolla para perturbar nuestra paz interna y nuestro normal desenvolvimiento, lo que intentan aprovechar ciertos sectores minoritarios ansiosos de Poder a pretexto de defender una democratización del Régimen, aunque en realidad lo que pretenden es impedir esa evolución, intentando sumirnos en una situación catastrófica como aquella de la que partimos, en la que ven sus únicas posibilidades de prevalecer.
(17-XI-1967: Inauguración IX Legislatura de las Cortes Españolas.—Madrid.)
102. Sacrificio soviético del pueblo checoslovaco, como antes fue el de Hungría
En este año que ahora termina, el mundo ha presenciado el incalificable forzamiento de que ha sido víctima el pueblo checoslovaco. Ese tremendo ejemplo, como lo fue un día el de Hungría, debe servir para abrir definitivamente los ojos a los ilusos que pretendían hacer creer a los demás la existencia de una evolución interna del comunismo.
(30-XII-1968: Mensaje de fin de año.)
103. La evolución del comunismo ruso y el mundo libre
—Desde la muerte de Stalin se viene diciendo que el comunismo soviético se ha hecho más tolerante y civilizado. ¿Qué opina Su Excelencia de esto?
—El avance y extensión cultural que el pueblo ruso ha tenido en el medio siglo transcurrido tiene que repercutir notablemente en su acción política interior. No es lo mismo gobernar un pueblo de analfabetos que una comunidad ilustrada. El hecho de que Krustchev haya puesto al descubierto los crímenes bajo el Gobierno de Stalin acusa una importante evolución interior. Las reformas que en la nación rusa tienen lugar serán para mejorar su situación y no por amor al Occidente. Sin duda, la opinión de Hungría, o de Checoslovaquia sería más interesante y decisiva que la mía; pero, en todo caso, no puede perderse de vista que ha de diferenciarse el comunismo en el proceso interno de sus regímenes y en sus actividades sobre el exterior frente a otros países. En este aspecto, el que lógicamente más debemos atender, y en tal sentido he de subrayar que lo inquietante es la pérdida de valores de oposición intensiva que caracteriza la situación actual de muchos sectores del mundo libre. Ahí está la clave del peligro, pues es indudable que hasta para la moral puramente individual de la familia o de la juventud hoy se presta mayor atención y cuidado por las instituciones rectoras soviéticas que por no pocas de sus paralelas en países occidentales que incluso se califican de cristianos.
(1-IV-1969: Declaraciones al Diario «Arriba».)
