Las divisiones ideológicas y las luchas por el poder marcaron la evolución de la Falange durante la reorganización política de 1939.
El que quiera ver que vea, el que quiera oír que oiga. Ya no es tiempo de disquisiciones teóricas sobre el modelo de política a adoptar por el Régimen; ni es momento para adoptar cómodas posturas, más o menos éticas —pero sobre todo estéticas—, sobre el contenido filosófico y doctrinal del nacionalsindicalismo. Ha llegado la hora de decidir entre colaborar con el Régimen de Franco a jornada completa o ruptura para no aceptar el «trágala».
Ha comenzado el tercer acto del drama falangista.
Pero ¿supuso la toma de decisiones una definitiva fragmentación del nacionalsindicalismo? Curiosamente no lo supuso desde una visión ideológica del problema. Es decir, el problema de la endémica fractura falangista ya había existido antes, no sólo desde la ruptura con Ramiro Ledesma Ramos. Antes que él, uno de sus más radicales colaboradores, Santiago Montero Díaz, le había precedido al considerar a José Antonio excesivamente retórico, escasamente revolucionario y con inclinaciones a un dirigismo aristocrático de ámbito muy reducido. Si aquella crisis había servido para algo, era para haber aislado a Ramiro y a un núcleo de seguidores entre los que se encontraban los más conspicuos jonsistas y, en consecuencia, revolucionarios: Martínez de Bedoya, Juan Aparicio, Guillén Salaya y, sobre todo, Nicasio Álvarez de Sotomayor.
Pero las crisis no se habían agotado en aquélla. Queda también la crisis previa al Decreto de Unificación, cuando «legitimistas» y hedillistas se lanzan suicidamente a una acción que va contra la idea defendida por ambas facciones: el siempre invocado «estilo», la jerarquía e, incluso, la supervivencia del Movimiento. De esta crisis ya ha nacido una incipiente Falange Auténtica, con un simbólico líder en cautiverio: Manuel Hedilla, y un sector partidario de la unificación. El asunto, sin embargo, no se queda ahí, y alrededor de Serrano se va creando un núcleo falangista de retaguardia, aparentemente dogmático y joseantoniano; en realidad, este núcleo está abierto al diálogo enriquecedor con opciones políticas que presentan garantías de futuro. Por esa razón, los miembros de este grupo viven la situación política desde el poder, pero con aires reformistas; creen que el nacionalsindicalismo debe derivar hacia posiciones equidistantes del nacionalsocialismo, el fascismo y el liberalismo. Nunca, en este último caso, debe derivar a un abierto enfrentamiento con sus tesis económicas y sus soluciones políticas.
En cuanto a los ismos en boga en Europa y su imparable ascensión, ¿cómo se puede evitar la fascinación que produce su «puesta en escena»? ¿Cómo se puede discutir, en ambos casos, sus fundamentos filosóficos avalados por Gentile, Evola, Heidegger…, sin parecer incultos y rancios? De momento, toca seguir la corriente, ya que la guerra irá poniendo a cada uno en su sitio. Éstos son los supuestos sobre los que basaron su nacionalsindicalismo los coyunturales falangistas de Serrano Súñer, como el tiempo se encargará de demostrar. Y es que la coartada llamada Franco y franquismo no sirve, es falsa. Pudo incluso ser parcial, muy parcialmente cierta y en aislados casos. La realidad era otra: Alemania e Italia no ganarían la guerra. Serrano no tuvo jamás dudas acerca de ello, aunque aparentara lo contrario. Ridruejo lo pudo comprobar de cerca en su fugaz paso por el frente ruso. Y, además, el grupo se preguntaba: ¿Qué es el nacionalsindicalismo al fin y al cabo? Y no encontraban la respuesta. No podían encontrarla por la razón de que no tenían auténtica conciencia social: sólo tenían conciencia política, entendida esta única y exclusivamente como instrumento, como herramienta variable en función del tiempo y el espacio.
Ya tenemos así, en 1939, a una Falange fracturada como mínimo en tres grupos. Dos de ellos son grupos discrepantes, sobre todo, en lo formal. El tercero será discrepante en todos los aspectos porque ni le agrada lo puramente formal, pero tampoco cree en el fondo ideológico. De tal fractura van a derivarse todos los males padecidos por el nacionalsindicalismo en el futuro. Ahora bien, ¿cómo podríamos llegar a establecer las causas de la fractura sin caer en los tópicos ya expuestos? Las dos causas fundamentales han sido apuntadas; sin embargo, podrían ocultar otras causas menos espectaculares, pero también más sólidas: tanto las causas residentes en la propia composición numérica, organizativa y estructural del Partido, como las derivadas del desarrollo ideológico del nacionalsindicalismo, su plena asimilación y comprensión por la militancia, y la proyección de esa idea política sobre el pueblo español, en general.
Pero antes de adentrarnos en estos asuntos, volvamos a detallar la cronología y sus hechos más singulares, relacionados en mayor o menor medida con el…
El 16 de marzo, el ministro de Organización y Acción Sindical, González Bueno, informa al Consejo de Ministros sobre el proyecto de Ley Sindical.
El 28 de marzo, Manuel Valdés Larrañaga, miembro fundacional del SEU y falangista desde el nacimiento del Partido, es nombrado jefe provincial de FET y de las JONS de Madrid. Valdés acaba de pasar a la zona nacional, habiendo estado encarcelado en Madrid durante el transcurso de la guerra, al ser detenido el 14 de marzo de 1936 junto con la Junta Política de FE de las JONS.
El 2 de abril, Miguel Primo de Rivera asiste en Alicante a la exhumación de los restos de José Antonio, en el cementerio municipal de esa ciudad.
El 4 de abril se publica el diario Arriba, dirigido por José María Alfaro Polanco.
El 10 de abril, el Consejo de Ministros aprueba la nueva Ley Sindical y el proyecto del Ministerio de Organización y Acción Sindical para la creación del Instituto Nacional de la Vivienda.
El 27 de abril cesa Pedro Sainz Rodríguez como ministro de Educación Nacional. Le sustituye interinamente en sus funciones el Conde de Rodezno.
El 29 de abril se aprueba la Ley para la Reforma Universitaria. Su articulado se inspiraba en la revalidación histórica de la Universidad española por su plena compenetración con el ideal de Hispanidad, fundamento de su vida original propia y de su potencia de universalidad. Para ello, la reforma venía a garantizar una formación patriótica y moral inspirada en un sentido religioso.
En el mes de mayo se crea el Instituto de Crédito para la Construcción, que será una pieza fundamental para el funcionamiento de la Dirección General de Regiones Devastadas, encuadrada dentro de las competencias del Ministerio de la Gobernación, regido por Serrano Súñer. La importancia de la Dirección General de Regiones Devastadas, desde el punto de vista social y político, no es necesario comentarla para una nación con un elevado número de pueblos destruidos total o parcialmente por la guerra y necesitados del urgente restablecimiento de los más elementales servicios. No cabe duda alguna de la acción que podían desarrollar los falangistas que ocupaban puestos de responsabilidad dentro del cuadro organizativo del ministerio, como en verdad sucedió.
El 24 de junio se comienza a editar en Barcelona la revista Destino, que desde el año 1937 se publicaba en Burgos. Su director es Ignacio Agustí y la tendencia de la publicación será claramente unificadora.
El 28 de junio, la Falange ha pasado de utilizar la camisa azul al uniforme, por decisión de Serrano Súñer; pero no todos los falangistas entienden que su utilización diaria no puede suponer, bajo ningún concepto, privilegio, abuso o indebida utilización en lugares públicos. Por esta razón se prohíbe en esa fecha su uso fuera de actos de servicio.
El 31 de julio, se elaboran nuevos Estatutos de FET y de las JONS que corrigen aspectos singulares de los Estatutos publicados en agosto de 1937. Mientras que en estos el Partido es definido como el «enlace entre el Estado y la Sociedad», ahora pasa a ser el «Movimiento militante inspirador y base del Estado Español». Con respecto a su estructura organizativa, el Partido, que está integrado por los afiliados militantes y los adheridos, se divide en las siguientes agrupaciones: Falanges Locales (divididas en Distritos en las principales ciudades), Jefaturas Provinciales, Inspecciones Regionales o Territoriales, Servicios, Milicias, Sindicatos, Inspecciones Nacionales, Delegaciones Nacionales, Secretaría General del Movimiento, Junta Política, Consejo Nacional y Jefe Nacional.
Persisten también los siguientes servicios: Falange Exterior, Información e Investigación, Educación, Prensa y Propaganda, Sección Femenina, Sindicatos, Organización Juvenil, Justicia y Derecho, Comunicaciones y Transportes, Sanidad, Tesorería y Administración, Servicios Técnicos, Personal y Asuntos Sociales, y se incorporan dos nuevas Delegaciones: Ex Combatientes y Ex Cautivos. Las funciones del secretario general de FET y de las JONS, ya definidas en el año 1937, se amplían a la inspección de la marcha de las distintas jefaturas y servicios, y el mantenimiento de la disciplina de los militantes, así como la propuesta al mando de las medidas que considere oportunas para ello y para la actividad del Movimiento. Por otra parte, las funciones del jefe nacional de FET y de las JONS permanecen invariables.
Una de las novedades estatutarias es que se confiere al secretario general de FET y de las JONS la categoría de ministro, para servir de enlace entre el Movimiento y el Estado. Asimismo, se crea la nueva figura del vicesecretario general de FET y de las JONS, cuyas funciones abarcan a FET y de las JONS y al Movimiento.
La Junta Política pasa a ser un órgano de gobierno del Partido y su composición es la siguiente: un presidente, un vicepresidente y quince vocales; de ellos, el presidente y cinco vocales serán nombrados por el jefe nacional de FET y de las JONS.
El 8 de agosto se publica un decreto de la Jefatura del Estado reorganizando la Administración Central del Estado, de amplio alcance, y que afecta al Consejo de Ministros y a FET y de las JONS.
El 9 de agosto se nombra a Ramón Serrano Súñer como presidente de la Junta Política de FET y de las JONS. También se nombra al general Agustín Muñoz Grandes para ocupar el cargo de secretario general del mismo organismo, cesando Raimundo Fernández-Cuesta, así como jefe directo de las Milicias Falangistas. Se nombra para el cargo de vicesecretario general de la organización a Pedro Gamero del Castillo, que es un neofalangista monárquico, y que, además, será ministro sin cartera.
A Raimundo Fernández-Cuesta se le designa poco después como embajador de España en Brasil.
El 10 de agosto, el número 221 del BOE publica una ley relativa a la estructuración política del Régimen con la formación de un nuevo Gobierno, que fue conocido con el nombre de Gobierno de la «no beligerancia». El nuevo Gobierno lo forman los siguientes ministros:
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Ministro de Asuntos Exteriores: coronel Juan Beigbeder Atienza.
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Ministro de la Gobernación: Ramón Serrano Súñer, que actuará como secretario del Consejo de Ministros.
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Ministro del Ejército: general José Enrique Varela Iglesias.
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Ministro de Marina: almirante Salvador Moreno Fernández.
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Ministro del Aire: general Juan Yagüe Blanco.
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Ministro de Justicia: Esteban Bilbao Eguía.
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Ministro de Hacienda: José Larraz López.
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Ministro de Industria y Comercio: Luis Alarcón de la Lastra.
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Ministro de Agricultura y Trabajo: Joaquín Benjumea Burín.
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Ministro de Educación Nacional: José Ibáñez Martín.
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Ministro secretario general del Movimiento: general Agustín Muñoz Grandes.
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Ministro sin cartera y vicepresidente de la Junta Política: Rafael Sánchez Mazas.
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Ministro sin cartera y vicesecretario general del Partido (Movimiento): Pedro Gamero del Castillo.
Poco antes de la formación del nuevo Gobierno, Manuel Valdés Larrañaga, en compañía de Antonio Cánepa, como jefe nacional del SEU, y José Miguel Guitarte, visitan a Franco para evitar la desaparición del SEU. Por su parte Cánepa está a punto de cesar como jefe nacional y Guitarte, que es doctor en Medicina, había sido fundador del sindicato estudiantil falangista.
Como consecuencia de la entrevista, y durante el mes de agosto, José Miguel Guitarte sustituye a Cánepa como jefe nacional del SEU, y éste nombra como secretario nacional al joven Enrique Sotomayor, que tiene un ambicioso plan de reforma del Sindicato y, al tiempo, pretende la creación de un Frente de Juventudes muy amplio, dirigido a difundir el ideal político falangista entre las nuevas generaciones. Sotomayor tiene una oratoria fogosa, directa y revolucionaria que produce pavor entre los monárquicos y derechistas del Régimen. Habla en sus mítines, con desparpajo, de un movimiento juvenil que debe ser «áspero y violento», porque «no hay más que un camino abierto: la revolución». Y añade: «Que se incorporen todas las juventudes españolas. ¡Que se una todo el ímpetu de la Revolución en un frente apretado de juventudes! ¡AHORA O NUNCA!»
Pero su audaz oratoria da de bruces con unas maneras de hacer política —desde el Ministerio de la Gobernación, sobre todo— aburguesadas, desconfiadas y burocratizadas. Enrique Sotomayor, hastiado y desengañado, dimite a los tres meses. Sus principales colaboradores para la creación del Frente de Juventudes han sido: Carlos Ruiz de la Fuente y Alonso Crespo. Su nombramiento para hacerse cargo de aquella tarea tiene fecha de 20 de agosto, y su dimisión tendrá lugar el 20 de noviembre de 1939.
Con la reorganización ministerial, José María Alfaro Polanco, que es un falangista de la etapa fundacional, atraído a la Falange por José Antonio, pasa a ser titular de la Subsecretaría de Prensa y Propaganda; José Antonio Giménez Arnau es nombrado director general de Prensa, y Dionisio Ridruejo, director general de Propaganda; en este último caso, de la Dirección General de Ridruejo dependerá el Servicio Nacional de Radiodifusión, que es designado a Antonio Tovar. Alfaro, que por entonces ejerce sus funciones como director del diario Arriba, cesa en el periódico, que pasa a dirigir Xavier de Echarri, llevando como subdirector a otro falangista de la mano de José Antonio, Pedro Mourlane Michelena.
Para el puesto de delegado nacional de Ex Combatientes, el ministro secretario general del Movimiento, Agustín Muñoz Grandes, nombra a un falangista que no ofrece dudas a nadie: José Antonio Girón de Velasco, un abogado palentino nacido en Herrera de Pisuerga, jonsista y jefe de Milicias en Valladolid al estallar la guerra, donde tuvo una destacada actuación, combatiendo después con las centurias falangistas que bravamente tomaron y defendieron el Alto del León —llamado luego, por esta gesta, Alto de los Leones— de la sierra del Guadarrama; por esas acciones bélicas fue condecorado con la Medalla Militar Individual y propuesto para la Laureada de San Fernando. Su nombramiento data del 17 de agosto.
El 8 de septiembre, Franco decreta la disolución del I Consejo Nacional de FET y de las JONS; al día siguiente se ordena la constitución del II Consejo, que aumenta el número de sus componentes hasta el centenar. Entre los nuevos consejeros figura Gerardo Salvador Merino, que se hace cargo de la Delegación Nacional de Sindicatos.
Salvador Merino es un neofalangista con una trayectoria política tortuosa y comprometida. Había coincidido con Dionisio Ridruejo en el Real Colegio de Estudios Superiores de María Cristina, de San Lorenzo de El Escorial, cursando la carrera de Derecho. Ridruejo ha retratado su personalidad en Casi unas memorias, diciendo textualmente que era, a la vez, «apasionado y frío, audaz y cauteloso, ofrecía esa alianza del león y la serpiente —seductor en ambos extremos— que con frecuencia caracterizan al político natural».
Al llegar la República, Salvador Merino se había afiliado al Partido Socialista, separándose de él por una trágica circunstancia que le había costado la vida a su madre, en un atentado perpetrado por miembros de su propio partido. En 1938 había sido nombrado jefe provincial de La Coruña, en sustitución de Germán Álvarez de Sotomayor, y fue destituido por haber autorizado un durísimo discurso de Yagüe en el mes de mayo, pronunciado en la Plaza de Toros de aquella ciudad. A raíz de aquel suceso, Gerardo Salvador se había incorporado al frente hasta el final de la guerra, distinguiéndose al final de ésta en el asalto y toma de la emisora local de Cartagena y de varios centros oficiales, junto con su amigo y camarada Germán Álvarez de Sotomayor.
Además de Salvador Merino, entran a formar parte del II Consejo Nacional: Miguel Primo de Rivera, Manuel Valdés Larrañaga, José María Alfaro Polanco, Blas Pérez González, el Conde de Mayalde y Rafael Sánchez Mazas, entre otros.
Durante el transcurso del mes de septiembre se crea el Instituto de Estudios Políticos, con una doble función: doctrinal y formativa. Sus objetivos son el asentamiento, estudio y proyección futura del nacionalsindicalismo y la formación de cuadros.
El 25 de octubre se sanciona el nombramiento del vicepresidente y demás miembros de la Junta Política de FET y de las JONS, quedando constituida del siguiente modo:
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Presidente: Ramón Serrano Súñer.
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Vicepresidente: Rafael Sánchez Mazas.
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Vocales: José Luna Meléndez, José Finat y Escrivá de Romaní, Dionisio Ridruejo, José María de Oriol y Urquijo, Esteban Bilbao y Eguía, Pilar Primo de Rivera, Miguel Primo de Rivera, Demetrio Carceller, José María de Areilza, Blas Pérez González, José Antonio Giménez Arnau, José Ibáñez Martín y Sancho Dávila.
De la Junta Política dependen estos servicios: Exterior, Educación, Prensa y Propaganda, Sección Femenina, Obras Sociales, Sindicatos, Organización Juvenil, Justicia y Derecho, Comunicaciones y Transportes, Tesorería y Administración, Información e Investigación, Ex Combatientes y Ex Cautivos.
El 9 de noviembre, la Junta Política de FET y de las JONS, de acuerdo con las órdenes de Franco, prepara el traslado de los restos de José Antonio para que sean enterrados en la Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, al pie del altar mayor. Los monárquicos se muestran disconformes, especialmente Juan de Borbón y los que permanecen fuera de España. Los adheridos al Régimen disimulan su oposición a la orden del Generalísimo y soportan, a duras penas, lo que consideran una afrenta a la monarquía.
Para conmemorar el acontecimiento, las Ediciones Jerarquía, de la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda, publica un libro titulado Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera, en el que colaboran: Antonio Tovar, Ignacio Agustí, José María Alfaro Polanco, Manuel Augusto García Viñolas, Álvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Manuel Díez Crespo, Carlos Foyaca, Román Jiménez de Castro, Pedro Laín Entralgo, Eduardo Marquina, Eugenio Montes, Alfonso Moreno, Eugenio D’Ors, Leopoldo Panero, José María Pemán, Fray Justo Pérez de Urbel, Pedro Pérez Clotet, Dionisio Ridruejo, Félix Ros, Luis Rosales, Juan Sierra, Adriano del Valle y Luis Felipe Vivancos.
La Junta Política delega en Miguel Primo de Rivera, Dionisio Ridruejo y José Finat la organización del traslado de José Antonio desde Alicante, con un recorrido a pie de unos 467 kilómetros.
El jefe del Departamento de Ceremonial y Plástica, Juan Cabanas, se encarga, con todo un equipo de profesionales, de los ritos protocolarios en Alicante, Madrid, San Lorenzo de El Escorial y todos los puntos del itinerario donde se efectuarán los relevos para llevar en andas el féretro; diseñan temas ornamentales y simbólicos, tanto para el día como para la noche. Asimismo, establecen un guion para todo el desarrollo, con una medida precisa de tiempos.
La organización es magnífica y ejemplar. Al escultor falangista Emilio Aladrén se le encarga el diseño y la realización de la lápida de granito que cubrirá la fosa en la Real Basílica del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Y a Manuel Augusto García-Viñolas, jefe de Cinematografía a las órdenes de Ridruejo, se le encarga la filmación de un documental, titulado Presente, que tendrá para su exhibición un tiempo de 18 minutos, con la voz en off del locutor Ignacio Mateo. Este documental es una espléndida muestra de cine, al nivel de lo realizado por Leni Riefenstahl en Alemania.
El traslado del féretro da comienzo el 20 de noviembre por la tarde. Los primeros relevos están a cargo de los miembros del Consejo Nacional y de la Junta Política. El día 29 llega el relevo a Madrid, en torno a las 8 de la mañana. A las 16 horas del día 30 de noviembre llega la comitiva a la lonja que da frente a la fachada oeste del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El último relevo hasta el altar mayor lo hace la Junta Política.
Durante el año 1939, la Sección Femenina ha continuado desarrollando una misión callada y plena de eficacia. Su labor asistencial, bajo la discreta tenacidad de Pilar Primo de Rivera y sus sacrificadas colaboradoras, da ejemplo de buena organización, escrupulosa administración, orden, disciplina y respeto jerárquico que bien quisieran para sí los distintos órganos falangistas regidos por hombres. Pilar ha sabido, con inteligencia, conservar una apreciable independencia de la Sección Femenina, situándola al margen de la lucha por el poder y alejada de estériles protagonismos y banderías. De esa asombrosa sencillez para acometer un durísimo trabajo, toda la Sección Femenina obtendrá frutos sazonados durante su larga existencia. Cuántos prohombres del falangismo —de ilustres carreras profesionales— tendrán que reconocer su fracaso político personal, trasladado a la Falange, por no haber asumido aquella regla tan sabia y tan difícil de seguir entre la trompetería ensordecedora del triunfo, que San Benito enseñó a sus servidores: ora et labora. Ésta fue la norma que Pilar practicó y enseñó a practicar a quienes la rodeaban.
El 28 de noviembre se crean las Escuelas Hogar de la Sección Femenina. Su Servicio Social adquiere en 1939 una importante significación disciplinar para la vida de la mujer española, que pretende abrirse camino en el mundo universitario y laboral, manteniendo su irrenunciable vocación familiar como columna vertebral de ésta. De ahí nace el recuerdo a su primera regidora, Ana María Hurtado de Mendoza.
Pero no sólo es la Sección Femenina un estupendo y esperanzador ejemplo de eficacia falangista, cuando la ambición y la arrogancia desaparecen sometidas a la norma, el método y el trabajo. Otras muestras de ello serán las actividades desarrolladas en la paz por: la Obra Sindical de Educación y Descanso, la Obra Sindical de Artesanía y la Obra Sindical 18 de julio.
Y en esta relación de asuntos, al amparo de una política social comprometida con la implicación totalizadora del nacionalsindicalismo para conseguir una sociedad libre de «zánganos y parásitos», es justo mencionar a falangistas de cualidades personales extraordinarias, que por ser consecuentes de manera cabal con su ideal político nacionalsindicalista y su profunda militancia católica, prefirieron el ser al tener y mantener unos principios esenciales e inmutables, sin cambiarlos por una existencia cómoda y aburguesada.
De ellos, es justo destacar la personalidad admirable de Narciso Perales Herrero, que siempre creyó en las posibilidades de la revolución pendiente de la Falange por medio de un desarrollo del nacionalsindicalismo sin andaderas ni andamiajes. Narciso Perales, que había sido delegado extraordinario del secretario general de FET y de las JONS, Raimundo Fernández-Cuesta, en Granada y Logroño durante 1938, decide apartarse de la actividad política en retaguardia, pidiendo ser destinado al frente para ejercer como médico en la 2.ª Bandera de Palencia de Falange, 3.ª División de Navarra, en el frente de Teruel. Terminada la guerra, Narciso volverá a ejercer la actividad política que le exigía su convicción falangista y que no abandonará, desde una tenaz oposición a la concepción instrumental que de la Falange hizo el Régimen de Franco. En esa limpia, clara y frontal postura, Narciso jamás dejó de respetar las opiniones de los camaradas que trabajaron por conseguir unas reformas nacionalsindicalistas dentro del Régimen, por modestas que éstas fueran.
La personalidad de Narciso Perales volverá a analizarse más adelante en esta web, al discurrir de la azarosa existencia del nacionalsindicalismo en los años posteriores a 1939.
