El 28 de junio de 1916, en plena Guerra del Rif, el comandante Francisco Franco Bahamonde sufrió la herida más grave de toda su carrera militar durante el combate del Biutz, una posición situada en las proximidades de Ceuta y escenario habitual de enfrentamientos entre las fuerzas españolas y las cabilas rifeñas.
Franco, que entonces contaba con apenas veintitrés años y servía en las filas de los Regulares indígenas, participaba en una operación destinada a consolidar las posiciones españolas en la zona. Durante el desarrollo del combate, mientras dirigía personalmente las operaciones y animaba a sus hombres desde primera línea, recibió un disparo enemigo que le alcanzó en el abdomen.
La gravedad de la herida hizo temer por su vida desde el primer momento. El proyectil atravesó la región abdominal y produjo importantes lesiones internas, provocando una hemorragia considerable. Sus compañeros consiguieron evacuarlo del campo de batalla bajo el fuego enemigo y trasladarlo inicialmente al hospital militar de Ceuta.
Durante varios días su estado fue crítico y los médicos llegaron a considerar muy reducidas sus posibilidades de supervivencia. Sin embargo, contra muchos pronósticos, el joven oficial consiguió superar la fase más peligrosa gracias a su resistencia física y a la atención médica recibida.
La recuperación fue larga y dejó secuelas permanentes. Algunos historiadores sostienen que aquella lesión pudo influir en determinados aspectos de su salud durante el resto de su vida, aunque no existe unanimidad absoluta sobre el alcance real de esas consecuencias médicas.
La actuación de Franco durante el combate y la serenidad mostrada tras resultar herido contribuyeron a reforzar su prestigio entre sus superiores y compañeros de armas. Poco después sería propuesto para la Cruz Laureada de San Fernando, aunque finalmente recibiría la Medalla Militar Individual y sería ascendido a comandante por méritos de guerra, convirtiéndose en uno de los oficiales más jóvenes del Ejército español en alcanzar dicho empleo.
El episodio del Biutz constituyó un punto de inflexión en su carrera. La herida y la supervivencia frente a un pronóstico inicialmente muy desfavorable alimentaron posteriormente la imagen de oficial valiente y resistente que acompañaría a Franco durante el resto de su trayectoria militar.
Con el paso de los años, aquel combate en el Protectorado español de Marruecos pasó a formar parte de la biografía personal y política del futuro jefe del Estado, siendo recordado como uno de los momentos más decisivos de su juventud y uno de los episodios que contribuyeron a forjar el mito del militar africanista que acabaría desempeñando un papel central en la historia de España durante el siglo XX.
Artículos relacionados
