La correspondencia entre Dionisio Ridruejo y Francisco Franco constituye una fuente de especial interés para conocer algunos de los debates y preocupaciones existentes dentro de la España de los años cincuenta.
El 31 de marzo de 1954, Dionisio Ridruejo dirigió una carta a Franco en la que, después de agradecerle su actitud ante los equívocos surgidos en torno al premio Mariano de Cavia, aprovechaba para plantearle un asunto que consideraba relacionado con la libertad y la dignidad de la persona.
Ridruejo expone en la carta el caso del periodista Emilio Romero, entonces director del diario Pueblo, y su intervención en favor del antiguo director de ABC, Torcuato Luca de Tena. El escritor y político relata las presiones recibidas por Romero y expresa ante Franco su preocupación por las consecuencias que aquella situación podía tener para su dignidad personal.
El documento permite conocer de primera mano el lenguaje, las preocupaciones y las relaciones existentes entre algunas figuras relevantes del régimen en aquella etapa.
A continuación reproducimos íntegramente la carta de Dionisio Ridruejo a Franco fechada el 31 de marzo de 1954, suprimiendo únicamente las referencias editoriales y notas que acompañaban al texto original.
Excelencia: Me es inexcusable escribir estas líneas después de conocer por Ramón la objetiva, noble y generosa actitud adoptada por V.E. frente a los equívocos que se habían acumulado en torno al premio Mariano de Cavia. Por el aspecto de la cuestión que me afecta personalmente esta es una prueba más de la amabilidad de V.E. hacia mí, que tengo que agradecerle. Por lo que se refiere a la cuestión general, he de expresarle una gratitud aún mayor pues despeja una serie de preocupaciones que a muchos españoles interesados en la vida espiritual de España nos afligían por culpa de las muchas personas que siempre aparecen dispuestas a dejar en un misterio reticente el origen de sus propias opiniones, para que los demás las creamos más autorizadas de lo que están.
Pero cumplido este agradable deber de agradecimiento, voy a permitirme el pequeño abuso de aprovechar la ocasión para exponer a V.E. un caso, que en nada me afecta personalmente, pero que por referirse a un colega mío y, en definitiva, a un hombre, ha alarmado el celo que siento por la dignidad humana. El caso es que el periodista Emilio Romero, director del diario Pueblo, de cuya lealtad no es preciso que yo hable a V.E., se decidió días atrás a poner su firma en un escrito de súplica concebido en los términos más respetuosos y dirigidos al Excmo. Sr. Ministro de Información, y en el cual un considerable número de escritores y periodistas del Régimen, pedían benevolencia para el antiguo director de ABC, Torcuato Luca de Tena, rogando se considerase la oportunidad de su reposición.
Este escrito ha firmado Emilio Romero, como yo mismo, no por razones de amistad personal, de solidaridad profesional o de simple generosidad humana, considerando que acaso el Ministerio hubiera extremado el rigor —yo así lo creo— al considerar este caso. Pues bien, anteayer ha sido llamado a la Secretaría General del Movimiento, Emilio Romero y ha recibido orden terminante de retirar su firma del pliego de súplica, instándole a dirigirse para ello por carta a la empresa de ABC.
Naturalmente el interesado no tiene opción; primero porque es un hombre disciplinado, y segundo porque no cuenta con otro medio de vida que el que su puesto le proporciona. Me ha impresionado profundamente el estado de ánimo de este hombre, puesto entre la espada y la pared y que o bien debe renunciar a su cargo profesional o bien debe avergonzarse de sí mismo realizando un acto que le repugna y que para cualquier persona de sensibilidad normal resulta un acto indigno.
Creo, y V.E. nos lo ha dicho muchas veces, que entre los valores que hemos querido defender, está muy en primer término el de la libertad humana y la dignidad de la persona. Quizá sea un poco demasiado solemne invocar estas cosas en esta ocasión, pero puedo asegurarle a V.E. que el excelente camarada del que le estoy hablando está bien seguro de que tales palabras se refieren a cosas muy concretas y de cada día como la que a él le está sucediendo.
Cosa distinta hubiera sido una indicación general y previa en la que se hubiera indicado a los funcionarios del Partido que éste tomaba frente a ABC una posición beligerante por considerar aquel periódico enemigo o adversario —consideración que a V.E. se le alcanza hubiera sido una desmesura y beligerancia, que hubiera sido una lesión a la imparcialidad de la justicia— pero que, en todo caso, manifestándose a tiempo, hubiera permitido al interesado acatar una orden sin cometer una indignidad. Obligarle ahora a rectificar un acto libre es algo muy diferente y, yo creo, profundamente irrespetuoso para con el honor del interesado. Ante un caso así no veo otro recurso sino encomendárselo a la comprensión y bondad de V.E. cuya alta posición le libra de las pequeñas miserias y enconos a las que los menos altos están sometidos y cuya bondadosa intervención puede resolver el conflicto fácil y justamente.
Pido mil perdones a V.E. por esta distracción que le causo, y le reitera una vez más su devoción y respeto su afectísimo Dionisio Ridruejo.
