Recreación histórica del bombardeo de la Basílica del Pilar el 3 de agosto de 1936, cuando un avión republicano lanzó cuatro bombas sobre el templo, ninguna de las cuales llegó a explotar.
El 3 de agosto de 1936, cuando España apenas llevaba unas semanas sumida en la Guerra Civil, un avión republicano sobrevoló Zaragoza durante la madrugada y lanzó cuatro bombas sobre uno de los símbolos religiosos y culturales más importantes del país: la Basílica de Nuestra Señora del Pilar. El ataque, que pudo haber provocado una auténtica catástrofe, terminó convirtiéndose en uno de los episodios más sorprendentes y polémicos de los primeros meses del conflicto. Ninguno de los artefactos llegó a explotar, evitando así daños que podrían haber comprometido seriamente la estructura del templo. Sin embargo, el bombardeo no fue completamente inocuo: dos de las bombas alcanzaron la basílica y ocasionaron desperfectos en su interior, afectando incluso a pinturas de Francisco de Goya que sufrieron daños irreversibles. La noticia provocó una enorme conmoción en Zaragoza y fue rápidamente utilizada por ambos bandos con fines propagandísticos. Mientras unos justificaban el ataque por supuestas razones militares, otros lo presentaban como un atentado contra la fe y como un acontecimiento milagroso atribuido a la protección de la Virgen del Pilar.
El bombardeo de la Basílica del Pilar del 3 de agosto de 1936 constituye uno de los episodios más singulares de los primeros meses de la Guerra Civil española. Cuatro bombas fueron lanzadas sobre el corazón religioso de Zaragoza, pero ninguna llegó a explotar. Lo que pudo convertirse en una tragedia de dimensiones incalculables terminó causando daños materiales relativamente limitados, aunque con una pérdida artística irreparable por las afecciones sufridas por las pinturas de Goya. Más allá de los hechos materiales, el ataque adquirió rápidamente una enorme trascendencia política, religiosa y propagandística. Para buena parte de la población zaragozana, la ausencia de explosiones fue interpretada como un milagro de la Virgen del Pilar, mientras que los distintos medios de comunicación y las autoridades de ambos bandos utilizaron el acontecimiento para reforzar sus respectivos discursos durante la contienda. Con el paso del tiempo, las explicaciones técnicas, las interpretaciones religiosas y las controversias sobre la utilización política del episodio han mantenido vivo su recuerdo. Las bombas, conservadas en el interior del templo, y la cruz de mármol que señala el lugar donde cayó uno de los artefactos en la plaza del Pilar son testimonios visibles de aquella madrugada. Un episodio que recuerda no solo la violencia que acompañó a la Guerra Civil, sino también cómo el patrimonio histórico, artístico y religioso puede convertirse en víctima y, al mismo tiempo, en instrumento de confrontación ideológica.
El bombardeo del Pilar se refiere al lanzamiento de cuatro bombas sobre la Basílica de El Pilar por un avión republicano el 3 de agosto de 1936, pocas semanas después del alzamiento militar que desembocaría en la Guerra civil española. Ninguna de las cuatro bombas llegó a explotar, por lo que los daños al templo fueron menores, aunque las pinturas de la Virgen en gloria y santos mártires de la bóveda del Coreto de la Virgen pintadas por Goya quedaron dañadas irreversiblemente.
La ciudad de Zaragoza quedó del lado nacional tras el alzamiento militar de julio de 1936, sufriendo los afines a la República una represión considerable. Como tal, la ciudad no sufrió la destrucción causada por batallas, quedando el frente al este de la ciudad.
Sin embargo, no dejó de haber destrucción causada por los bombardeos de las Fuerzas Aéreas republicanas. Las acciones republicanas comenzaron desde los primeros días de la guerra, siendo el primer bombardeo sobre objetivos civiles el 24 de julio de 1936. Se calcula que se produjeron unos cinco muertos al día, causados por 43 bombardeos, en total, unos 119 fallecidos y 248 heridos. A pesar de que los ataques fueron poco sistemáticos y descoordinados, las bombas alcanzaron el Hospital Clínico, la hermandad del Refugio y el Hogar Pignatelli, en ese momento hospicio de huérfanos.
Bombardeo
Según el relato tradicional, el 3 de agosto de 1936 a las dos y media de la madrugada, un avión Fokker F.VII pilotado por Manuel Gayoso Suárez, de las Líneas Aéreas Postales Españolas (militarizado por la Generalidad de Cataluña), procedente del aeródromo del Prat del Llobregat sobrevoló los tejados de Zaragoza a baja cota sin ser detectado. Lanzó cuatro bombas, dos sobre la Basílica del Pilar, que agujerearon el techo, una cayó en la plaza del Pilar, frente a la calle de Alfonso I, quedando hincada en el suelo, y una cuarta cayó al Ebro. Ninguna de las cuatro bombas llegó a estallar, evitando un posible hundimiento de la Basílica, construida sobre terreno inestable y consolidada en 1930.
Reacciones y consecuencias
La mayoría de los vecinos no se enteraron del bombardeo, ya que no hubo explosión y fue el vecino Tomás Burillo el que dio el aviso.
Las bombas del interior quedaron destrozadas y desparramaron la trilita en tejado, vigas, entramado, etc. Fueron retiradas y la trilita limpiada y luego recogidas por el arquitecto Teodoro Ríos. La bomba que había caído en la plaza del Pilar tuvo que ser retirada por miembros del parque de artillería. Los restos se llevaron a los Talleres Mercier (militarizado por los nacionales), empresa de fabricación de material militar, tras ser examinados por el teniente coronel Manuel Cella del parque de artillería. El coronel afirmó en el informe técnico que «el artefacto tenía completos todos sus componentes, hallándose éstos en perfecto estado, pero los elementos del fulminante estaban montados de forma desordenada; en vez de pólvora-cebo-multiplicador, que es lo correcto, se encontraron pólvora-multiplicador-cebo.» En los Talleres Mercier se procedió el estudio, la copia y la producción en serie de las bombas, ya que los golpistas no poseían este modelo.
Daños
Los daños producidos por el bombardeo fueron mínimos. Las bombas no estallaron y la primera parece que cayó en el río Ebro, sin que se haya llegado a encontrar nunca.
La segunda y tercera bomba alcanzaron el templo, que solo sufrió dos agujeros en el techo. Una en una pechina de una de las bóvedas cercana a la Santa Capilla, la segunda dañó un lateral del fresco La adoración del nombre de Dios de Goya.
La cuarta bomba que cayó en la plaza del Pilar, frente a la entrada a la calle calle de Alfonso I, quedó clavada en los adoquines, sin otra mayor consecuencia. El lugar está marcado en la actualidad con una cruz de mármol en el suelo.
Reacciones republicanas
Las primeras reacciones del bando republicano fueron justificando el bombardeo. El periódico de la AIT, Solidaridad Obrera, abría desde Barcelona su portada:
Zaragoza a punto de rendirse.
Ayer por la tarde, nuestros aviones
bombardearon el templo del Pilar
Solidaridad Obrera, 4 de agosto de 1936
Al día siguiente Solidaridad Obrera abría con:
El templo del Pilar, destrozado (Conferencia telefónica con Durruti, 5 de la tarde de ayer)
En estos momentos, la iglesia del Pilar, que los rebeldes convirtieron en un cuartel, está ardiendo, y con los prismáticos de guerra, se notan los desperfectos que ocasionarion las bombas anzadas sobe dicho templo por los valientes aviadores de la Libertad.Solidaridad Obrera, 5 de agosto de 1936
En general, los periódicos republicanos justificaban la acción por razones militares. Bien porque se reunían militares, paisanos uniformados o falangistas en el templo, bien relacionándolo con los movimientos de una columna de 1600 requetés que se dirigía desde Pamplona a Madrid. El movimiento habría sido detectado por los servicios de información de la Generalidad y el bombardeo habría sido realizado por orden del coronel Sandino.
Reacciones nacionales
Los periódicos nacionales reaccionaron con indignación, relacionando los hechos con un milagro desde los primeros momentos.
Un atentado salvaje y frustrado contra la Basílica A las seis y media de la tarde. Convocada por el alcalde de Zaragoza, se celebró una de las manifestaciones más grandiosas de fe, de expresión popular de entusiasmo y de condenación para el atentado que se han registrado en Zaragoza.
de nuestra Señora la Virgen del Pilar, perpetrado
desde un avión y con las agravantes más abominables;
determinan una emocionante vibración del espíritu
zaragozano, herido en sus más íntimos sentimientos
frente a las hordas que eran el bochorno de España
En Teruel se ha verificado una manifestación de desagravio por el cobarde atentado contra la Basílica Mariana. — En Logroño se organizara una peregrinación de los Caballeros del Pilar.Heraldo de Aragón, 4 de agosto de 1936
Zaragoza, baluarte de la fe y del patriotismo, en pie ante la más criminal de las agresiones Un avión de la Generalidad, de noche, alevosamente y utilizando la bandera bicolor, arrojó cuatro bombas de 50 kilogramos sobre el templo del Pilar.
Milagrosamente, ya que la técnica no puede explicarlo, los mortíferos artefactos no hicieron explosión.
Una oleada de indignación se extendió por toda la ciudad formándose verdaderas muchedumbres, enardecidas, desfilaron por el primer templo maríasno del mundo para desagraviar a la Santísima Virgen.El Noticiero, 4 de agosto de 1936
La reacción en Zaragoza fue de fervor religioso: se formaron colas para besar el Pilar y se compraron ramos de flores para la Virgen.
El 17 de agosto se colocó la cruz de mármol señalando el lugar en que cayó la bomba de la plaza del Pilar. A diario se realizaban actos de desagravio en otras ciudades, fuera en Épila, con las juventudes de Renovación Española o un desfile de requetés con Mola.
El 15 de agosto se colocaba un manto a la Virgen con las insignias de capitán general del ejército. Durante un mes no pasaba un día sin algún acto y llegaron miles de misivas a los periódicos de Zaragoza.
Los discursos oficiales aprovecharon este sentimiento religioso para acercarlo a su causa: hablaban de la guerra como «Cruzada», del fallado bombardeo como «milagro».
Se repetía a menudo la culpabilidad de los marxistas, los catalanes —la Generalidad de Cataluña— y el «invasor ruso», «enemigos de la patria» o «antipatriotas separatistas».
El bombardeo del Pilar también fue empleado para mejorar la imagen del Levantamiento a nivel internacional. La Junta Recaudatoria Civil de Defensa Nacional envió una carta al editor de The Times dando una imagen de víctima de los bombardeos «marxistas». El empresario zaragozano Santiago Rohrbach realizó un informe que debía llegar al gobierno francés, dando una imagen de los bombardeos de Zaragoza, «destruir, matar, por el mero placer de destruir, matar», con «premeditación y alevosía» », sin que por el contrario ni «una sola bomba» se dejara caer sobre objetivos militares, reduciéndose los objetivos de los aviones «rojos» a los «edificios religiosos, hospitales, hospicios y domicilios particulares». El texto finalmente fue suavizado por la misma Junta Recaudatoria Civil de Defensa Nacional, «no hay que exagerar».
Teorías
Como se ve más arriba, los hechos llevaron desde los primeros momentos a interpretaciones muy variadas. La idea de que las bombas no explotaran por un milagro obrado por la Virgen del Pilar ha sido siempre muy popular, que la Iglesia jamás ha considerado de forma oficial.
Las teorías se centraron sobre todo en el hecho, poco probable, de que las bombas no estallaran. Una de las más extendidas es que las bombas necesitaban 300 m de altura de lanzamiento para estallar y el piloto volaba a solo 150 m, «sobrevolando los tejados de la ciudad». La teoría ignora el informe realizado por el teniente coronel Manuel Cella.
También se acusó a un tal Antonio Salueña Lucientes, apodado «Pintamantas», originario de Fuendetodos en una historia tan rocambolesca como poco creíble. Unos días más tarde Radio Madrid anunciaba que el culpable había sido un sargento de aviación, Manuel Gayoso Suárez, que fue ascendido a oficial como premio.
Recepción posterior
Las bombas se restauraron y niquelaron, y fueron colgadas en la Catedral del Pilar con una placa que dice: «Dos de las tres bombas arrojadas sobre el S.T.M. del Pilar el 3 de agosto de 1936».
El senador Carles Mulet del partido Comporomís por la Comunidad Valenciana ha exigido la eliminación de las bombas del Pilar en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica.
Fernando de Rosa, portavoz del Partido Popular en la Comisión de Justicia del Senado, dudaba de que se pudiera aplica la ley por encontrarse en propiedad privada; también comentó que en la acción de Mulet se observaba «cierta obsesión e histrionismo».


