INTRODUCCIÓN
En esta segunda parte del análisis sobre el significado de los escritos marxistas en la Segunda República, nos adentramos en el contenido operativo de los denominados documentos secretos: su estructura por fases, la organización territorial del levantamiento, el aprovisionamiento de armas y el papel de las milicias. Lejos de tratarse de simples proclamas ideológicas, los textos reflejan una lógica de planificación propia de un proyecto insurreccional que, aunque no definitivo, estaba concebido para activarse cuando se dieran las condiciones políticas adecuadas.
Asimismo, el estudio de estos documentos obliga a situarlos en un contexto internacional más amplio, marcado por la influencia de la Internacional Comunista, los contactos con la Unión Soviética y la creciente radicalización de sectores del socialismo español en la primavera de 1936.
Este articulo es la continuación de éste:
No obstante, el plan consistía en un proyecto que necesitaba confirmación posterior por parte de los posibles líderes y fuerzas involucradas. El cuadro de instrucciones y contraseñas indica la seriedad del propósito revolucionario, pero también las fases por las que debía atravesar el levantamiento sedicioso: inicio del movimiento, estallido de la revolución, inicio de la huelga general, fase de aprovisionamiento, caso de aplazamiento, etc. No representaba todavía un programa definitivo, coordinado y fulminante. De hecho, la bibliografía refiere la existencia de varias versiones de los documentos, aunque realmente sólo son tres: el número 11, el número 22 y el número 33. En realidad, constituían los números 1, 2 y 3 de los comunicados emitidos, aunque utilizaban, como fórmula identificativa, esa numeración por decenas. El número 1 ó 11 creo que fue el documento contemplado por Bolín, cerca de Sevilla, pues el ABC de dicha capital publicaría íntegramente esta versión pocos meses más tarde[1]; lo digo porque su texto coincide plenamente con los documentos de Barcelona, cuyas hojas vienen selladas por el Servicio Nacional de Propaganda (muy relacionado con Bolín). En cambio, el número 2 ó 22 representa la versión de Claridad, pero también los hallados en Palencia, los descubiertos hace unos años por el investigador Francisco Pilo[2] y los del Marqués de Moral que publica Southworth en 1999. La razón de dicha duplicidad puede comprenderse si se analizan tales documentos de modo minucioso.
El informe confidencial número 11 constituye el primer comunicado del centro insurgente. En él se mencionan las fechas, los nombres del comité revolucionario, los enlaces a nivel nacional, las clases de milicias y su armamento, los jefes de las milicias, las zonas de asalto y de resistencia. Mientras tanto, el informe número 22 muestra el mismo contenido, pero introduce algunas modificaciones: los socialistas Araquistáin y Álvarez del Vayo aparecen por primera vez en la lista de comisarios, como titulares de Relaciones exteriores y Hacienda; las zonas de asalto se amplían a Cataluña, Santander y Marruecos; y se modifica la contraseña general.
Frente lo que se ha divulgado, el armamento previsto para las milicias no era ningún disparate: 25.000 armas largas, 30.000 pistolas ametralladoras, 200 ametralladoras, así como dinamita para equipar a 20.000 hombres. Como hemos indicado, en marzo, dos buques rusos (el Neva y el Terek) habían atracado en las costas andaluzas, dejando en los puertos de Algeciras y Sevilla varios cargamentos de armas automáticas para los revolucionarios de Andalucía, Extremadura y Levante[3]. Por lo que a la zona norte respecta, los mineros asturianos habían escondido cientos de armas largas y automáticas tras ser derrotados en 1934, pudiendo sospecharse por tanto que los fusiles y similares podían proceder de tales depósitos ocultos[4]. Tampoco debiera olvidarse que al producirse el alzamiento de julio hubo reparto de esta clase de armamento entre los diversos grupos izquierdistas, si bien la UGT disponía ya de armas clandestinas, según confesión de Largo Caballero en 1937[5].
No obstante, apenas se hizo distribución de pistolas, pues los hombres de acción ya manejaban armas cortas: de hecho, el número de las que circulaban irregularmente por el país parecía bastante grande a tenor de los debates parlamentarios, aunque se ignorara el número exacto[6]. Por lo demás, las órdenes entre subalternos se darían oralmente (lo mismo que en la revolución de 1934), lo que difiere de lo indicado por el general Mola, quien exigía escritura para que una orden fuere acatada.
El texto mantiene una diferencia esencial con las instrucciones del movimiento revolucionario de 1934: su reducción y esquematización. Tal característica era lo normal para un documento de naturaleza castrense, pues los redactores militares de la época no necesitaban explicar cosas y conceptos que ya estaban perfectamente detallados en el Reglamento de Campaña de 1882 y en las tradicionales Ordenanzas, verbigracia. Por el contrario, el levantamiento de octubre había sido un movimiento predominante civil, que necesitaba regular de forma detallada todas las posibilidades que pudieran darse en la práctica, pues los dirigentes eran neófitos en dirigencia bélica.
Las consignas de Lora del Río, las de Palencia y las de Barcelona hacen presumir que cada región poseía un plan específico, pues las instrucciones sevillanas repiten el esquema revolucionario madrileño (debía ser el modelo a seguir), pero las de Palencia refieren una organización castellana particular que el periódico no desvela; mientras que las de Barcelona no muestran ninguna, aunque algún partido de los implicados viene escrito en catalán y no en castellano. Todo esto me mueve a pensar que pudieron ocurrir dos cosas: las instrucciones solían recibirse en clave, transcribiéndolas sin solución de continuidad el personal de los centros receptores, y cada zona comprometida podía añadir datos particulares (no en vano las bases expuestas por los comunistas hacían hincapié en comités locales que gobernarían con participación obrera-campesina).
No obstante, un movimiento revolucionario requiere un buen polo conspirativo para que sea medianamente eficaz ¿Existía entonces? Lo máximo que se sabe es que funcionaba un autodenominado Fondo Especial Revolucionario, el cual manejaba y distribuía respetables cantidades económicas entre los revoltosos; habiendo ayudado al nacimiento del semanario Claridad[7], pero poco más. En la capital de España la red sí disponía de ramificaciones que llegaban hasta las redacciones de Mundo Obrero (lógico, pues su director Miguel Hernández formaba parte de la conspiración) y de El Socialista (en principio, algo sorprendente); si bien no se mencionan los rotativos radicales Claridad ni Renovación.
La intervención de la URSS en tales manejos revolucionarios constituye hoy día una materia polémica, teniendo en cuenta la tendencia de catalogar la etapa histórica del Frente Popular como una experiencia exclusivamente democrática…
Independientemente de la admiración que sentía el proletariado hispano por el país de los soviets, la Internacional Comunista sí mostró interés por nuestra Patria en no pocas ocasiones desde la proclamación de la II República. En cualquier caso, la República de los soviets carecía de relaciones diplomáticas con Madrid y Lisboa; por lo que las relaciones con la Península Ibérica únicamente podían llevarse a cabo por agentes especiales (Vitorio Codovila, a. Medina) o por españoles que acudieran personalmente a territorio soviético (Dolores Ibarruri, a. La Pasionaria o Miguel Hernández, a. Ventura). Sin embargo, con la victoria del Frente Popular esas restricciones desaparecen y, como antes hemos indicado, propicia que una delegación de jóvenes marxistas hispanos viaje a Moscú en marzo de 1936, merced a las gestiones del mencionado Codovila[8]. Los nuestros se entrevistaron con Kosarev (secretario general del Komsomol), Chemodanov (representante del Komsomol en el Komintern) Wolf (directivo del Komintern), Dimitrov (secretario general de la III Internacional) y Manuilski (representante en el Komintern del partido comunista soviético). Lamentablemente, lo único que sabemos sobre estas reuniones es que quedó ultimado el acuerdo de fusión entre las juventudes comunistas y socialistas, y que se habló de todo[9].
No obstante, la intervención de agentes especiales del Komintern en la España de entonces ha sido constatada ampliamente. Así, el escritor sevillano Nicolás Salas se ha encargado de sacar a la luz las actividades de miembros de la OGPU soviética y del Komintern en la provincia de Sevilla, ya desde los inicios de la II República, alterando la paz social y consiguiendo que las procesiones tradicionales de la Semana Santa se suspendieran merced a las indicaciones de Katezbenkov y Codovila[10]. Por el año 1935, hacen su presencia en la Península los agentes especiales Bela Kun y el general Borodin. Y en la primavera de 1936, la prensa francesa refiere la presencia nuevamente de Bela Kun, Losovski, Neumann[11] o Berzin, entre otros personajes comunistas. La función de estos hombres constituye realmente una incógnita[12], a pesar de que los rotativos de tinte conservador les atribuyeran toda clase de actividades subversivas.
Lo cierto es que la III Internacional dependía directamente del Kremlin, quien a su vez la controlaba por agentes de la Policía secreta soviética (OGPU); la OGPU mantenía igualmente un agregado militar en cada partido comunista importante, el cual comunicaba directamente con el servicio de inteligencia militar del Gobierno soviético[13]. Se recuerda esto porque hasta finales de agosto de 1936, el gobierno del Frente Popular no entabló plenas relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, por lo que las instrucciones procedían de los agentes operativos en la Península Ibérica. Y uno de esos agentes, como ya hemos indicado, era Álvarez del Vayo, quien el gobierno del Frente Popular le encomendaría tras la ruptura de hostilidades la cartera de Estado, para representar a España en la Sociedad de Naciones, lo que le llevó a compartir hotel con el representante de la URSS[14].
Con todo, el alma mater del espionaje soviético en España al estallar la guerra civil parece que fue el referido general Krivitsky, al menos desde una perspectiva militar, quien se había establecido en La Haya donde aparentaba ser un pacífico anticuario de nacionalidad austriaca; en realidad, lo que hacía era tejer una tupida red de espionaje ruso en territorio ibérico. Con la coartada de sus negocios fue distribuyendo agentes soviéticos por Portugal y España, eludiendo así el cerco fijado por las dos policías peninsulares. Meses antes de que tuvieran lugar las elecciones de febrero de 1936 abrió una sucursal comercial en Hendaya, pasando también a Portugal donde instaló un centro de propaganda[15].
No obstante, los documentos rusos que prueban la intervención directa en España resultan poco convincentes, tal vez por la prudencia de los dirigentes soviéticos y de la III Internacional en los asuntos relativos con España. Como antes hemos referido nuestro país todavía no mantenía relaciones diplomáticas con el país de los soviets, lo que propiciaba que las actuaciones en materia política se mantuvieran en completo secreto; incluso, la ayuda militar prestada al bando republicano durante la guerra civil fue difícil de detectar, motivado por las recomendaciones del mismo Stalin sobre este aspecto: no se quería generar ningún incidente diplomático.
En cualquier caso y en puridad, parece muy dudoso que los agentes marxistas desplazados a nuestro país dejaran escapar una posibilidad de conspirar tan sencilla, si tenemos en cuenta el cariño que en algunos sectores profesaban a la URSS y el espíritu revolucionario que exhibían por entonces los partidos obreros españoles. Sea como fuere, agentes y personal extranjero (preferentemente de origen eslavo) fueron detectados en varios lugares de la Península durante los primeros meses de 1936: ya fuera entrevistándose con elementos extremistas[16] ya observando los mítines organizados por el Frente Popular[17].
Con todo, la injerencia soviética más reseñable debe relacionarse con el contenido de los referidos documentos secretos, y consiste en la orden explícita de ejecutar a los elementos contrarrevolucionarios, en consonancia con lo que prescribía la parte especial del Código Penal soviético aprobado en 1928; se infiere, además, que se trataba de un texto de factura rusa por la forma en cómo se exponía: directa y técnicamente. Por ende, la razón de su inclusión en las referidas instrucciones probablemente proceda del período previo de aprendizaje moscovita de los nuestros o de la aplicación de un sistema militar típicamente ruso; ni siquiera en la Revolución de Asturias la conveniencia de aplicar castigos mortales se subrayó tan firmemente. Por su parte, los militares sublevados, que también aplicaban estas directrices de eliminación de elementos contrarios, preferían utilizar eufemismos para referirse a las órdenes de ejecución (castigo ejemplar, v.g.); lo cual estaba en relación con los códigos y costumbres militares, pues las ejecuciones sin formación de causa estaban contempladas en la normativa bélica de la época, aunque nadie hablase de ello en público.
Las ejecuciones sin trámite judicial implicaban para el régimen moscovita un resorte de afirmación revolucionaria, en frase de otro de los comisarios posibles (Jiménez de Asúa[18]), más que la mera aplicación de una sanción penal típica. Los fusilamientos copiosos practicados por la CHEKA (después por la NKWD o OGPU) eran alabados en la República de los Soviet -incluso por personas respetabilísimas-, al entender que representaban una forma de defensa objetiva del socialismo revolucionario frente a los ataques de sus enemigos. Tal interpretación parece que fue igualmente admitida por nuestros exaltados bolcheviques, merced a la influencias estalinista[19]:
El sentimentalismo en la hora de la lucha es imperdonable. Nosotros hemos sido muy sentimentales. Por sentimentalismo no se destruyó la gran catedral de Oviedo y sirvió para que ametrallaran al pueblo trabajador que se había levantado en armas contra la reacción y la burguesía (…)
Y aunque algunos pasaran, lamentablemente, del campo de la teoría al de la práctica durante el transcurso de la guerra en España, no ha de olvidarse que la reiteración de dicha consigna fue mencionada por Moscú cuando se le pidió consejo al inicio de las hostilidades[20]. Lógicamente, la petición efectuada por los españoles no puede pasar por alto la constatación de que, pese a no haber relaciones diplomáticas entre ambos países, ya existía una conexión fluida por medio de agentes especiales o miembros de partidos políticos marxistas[21].
La conducta paramilitar de las juventudes socialistas unificadas refuerza la creencia de que había un proceso revolucionario en ciernes; y estaban armadas o en trance de estarlo. Así, el 14 de abril las juventudes concurrieron al desfile castrense de la II República, escoltando las tropas durante su parada por la Castellana. Más tarde, el 1 de mayo, las juventudes unificadas desfilaron uniformadas y siguiendo órdenes militares, lo que preocupó bastante a significados políticos republicanos[22]. Tampoco, los discursos impartidos por los dirigentes de la línea extremista permitían presagiar tiempos pacíficos. Así, el 5 de abril, Largo Caballero había dicho en un acto público, en presencia de Santiago Carrillo y otros líderes de las juventudes unificadas, las siguientes advertencias:
Es preciso que haya una organización perfecta, una disciplina exacta, una voluntad firme, para que el proletariado cumpla la misión histórica, momento que se acerca (…) No queremos perturbar la paz pública, sino que se cumpla con lealtad lo pactado en el Frente Popular. Queremos que se resuelvan los problemas que competan a la clase burguesa. Pero también queremos colocarnos en situación de que cuando llegue el momento que señalaremos nosotros, la clase trabajadora conquiste el Poder por los medios a que tiene derecho. Pacíficamente; pero, si es preciso, por circunstancias especiales, saltaríamos por encima de los obstáculos. Los nuevos regímenes son como los nuevos seres, cuyo alumbramiento es siempre doloroso. Cumpliremos con lealtad nuestros deberes en el Frente Popular; pero cuando la situación actual se desgaste, se agote, vean muy bien qué solución política dan a España. No creo que nadie piense que al terminar esta situación pueda venir otro 4 de octubre que nos obligue a salir a la calle…[23]
Tres semanas después, con ocasión de la celebración del 1º de Mayo, uno de los principales enlaces de la trama secreta, el comunista Antonio Mije, (acompañado de Margarita Nelken), planteaba en la capital valenciana la acción revolucionaria, pues así se infería de la crónica remitida por el periodista que cubría el mitin en la plaza de toros:
El diputado Antonio Mije dijo que no estaban conformes con el ritmo lento que el señor Azaña está imprimiendo al Pacto del Frente Popular, advirtiendo que de no acelerar la marcha debe dejar el paso franco a los demás. Pidió que se encarcelase a Lerroux y Gil Robles, y de no hacerlo así el pueblo tomará otras determinaciones. Defendió la necesidad de suprimir los haberes del clero, de movilizar los millones de los ricos y de una intensa revolución agraria. Afirmó que no romperán el Frente cuando convenga a las derechas, sino cuando comunistas y socialistas se vean cerca del poder, para el asalto del cual pidió la alianza obrera y la formación de un partido en el que sólo tenga acceso el ala que acaudilla Largo Caballero…[24]
El discurso de la Nelken fue resumido de la siguiente forma:
Margarita Nelken saludó después al proletario español, en nombre de Dimitroff. Después relató las impresiones de su viaje al país soviético, en el que se venera a Largo Caballero y se cifran halagüeñas esperanzas en los obreros españoles (…) También calificó de escasa la celeridad que el Gobierno imprime a la aplicación del pacto popular. Terminó anunciando que el primero de Mayo del año próximo se celebrará seguramente de otro modo, adaptándose a la modalidad de la fiesta en el pueblo ruso…[25]
Días más tarde, el domingo 31 de mayo, Largo Caballero reiteraba en el coso taurino de Zaragoza, ante unas treinta y cinco mil personas, la posibilidad revolucionaria:
Debemos estar dispuestos a defender la libertad y el beneficio de la clase obrera, y no renunciamos a que ésta se posesione del Poder y realice entonces una labor propia y adecuada (…) Los actos de violencia, que no condeno en absoluto y que deben admitirse cuando haga falta, no deben existir entre los trabajadores, y sí contra el fascismo y capitalismo, pero todos los proletarios abrazados…[26]
En consecuencia, se infiere que durante el tiempo en que pudieron redactarse los referidos documentos secretos (finales de marzo-principios de mayo) que sí existía una fiebre revolucionaria en la mente de importantes personajes que aparecían como dirigentes dentro del posible movimiento revolucionario. Incluso, hubo una especie de ensayo general en la ciudad de Madrid, a partir del 14 de abril. Así, durante la celebración del desfile tradicional militar del Ejército, con ocasión del aniversario de la proclamación de la República, estalló un petardo cerca de la tribuna presidencial, obra de un hombre que sufría intoxicación etílica. Como consecuencia del alboroto, fue muerto por disparos de la Policía un alférez de la Guardia Civil. Al día siguiente tuvo lugar el entierro, que discurrió por el centro de Madrid, entre grandes medidas de seguridad. Con todo, el cortejo fúnebre recibió varios disparos y hasta ráfagas de pistolas ametralladoras desde unos edificios en obras. Se hizo fuego igualmente por parte de los atacados, lo que produjo muertos y heridos. Los sindicatos UGT y CNT aprovecharon los incidentes para declarar la huelga general, que fue secundada por la Casa del Pueblo de la capital. Estos sucesos fueron muy comentados en las Cortes, asegurando el portavoz del Partido Comunista que el petardo significaba el comienzo de un alzamiento reaccionario contra la clase obrera… Los partidos de izquierda, forzados por elementos extremistas, exigieron al ministro de la Gobernación medidas especiales contra los grupos fascistas y personajes enemigos del Régimen…
La rapidez con que fue declarada la huelga por la CNT, la disculpa del asunto del petardo como detonante, los disparos realizados con pistolas ametralladoras, el encarcelamiento de los adversarios políticos sin respetarse ninguna garantía procesal induce a pensar que podríamos hallarnos ante una simulación del proyecto revolucionario. No olvidemos que el apartado titulado “Plan a seguir en Madrid” ordenaba las siguientes medidas:
El movimiento lo señalarán 5 petardos que estallarán al amanecer. Inmediatamente se simulará una agresión fascista a un centro de la CNT, declarándose la huelga general y sublevándose en el interior los soldados y Jefes comprometidos. Los radios comenzarán a actuar (…) con 50 células de 100 hombres y las órdenes son de ejecución inmediata de todos los detenidos contrarrevolucionarios.
No obstante, el aplazamiento in extremis del congreso socialista para octubre parecía que paralizaba momentáneamente las ansias revolucionarias de la izquierda socialista. Ahora bien: ¿se terminaba con ello el proyecto sedicioso? Formulo esta pregunta por la existencia de otros papeles comprometedores, los denominados documentos III y IV.
[1] ABC, Sevilla, 12 de enero de 1937, página 9.
[2] Pilo reprodujo los tres folios originales del documento en el artículo “Golpistas”, publicados hace años en un blog de su pertenencia, hoy deshabilitado. Los documentos venían sellados y poco más se aportó con aquella exhibición documental.
[3] El ministro de Asuntos Exteriores portugués denunció estos hechos ante el Comité de No Intervención de Londres, en octubre de 1936. Consúltese Moreno de Alborán y de Reyna, D. y F. (1998): La Guerra Silenciosa y Silenciada, tomo I, Gráficas Lormo, Madrid, página 105; y Salas, N. (1990): Sevilla fue la Clave, volumen I, Editorial Castillejo, Sevilla, página 143. La prensa francesa informó que lo descargado de tales barcos soviéticos consistió, entre otros productos clandestinos, en pistolas ametralladoras, “cuyo modelo ya conoce la policía española”: cf. Le Matin, (09.04.1936), p. 1. Esta noticia alarmante, pese a la férrea censura impuesta por el Gobierno español, pudo publicarla el diario bilbaíno El Nervión, el mismo día: “La mercancía que dejó en España el vapor soviético Jerek, según Le Matin” (p. 1).
[4] Es probable que el número de armas automáticas o semiautomáticas no recuperadas sumase varios centenares; los fusiles y mosquetones ocultos hasta 1936 pasarían sin duda de diez mil, véase De la Cierva (1969): Historia de la Guerra Civil Española, tomo I… Página. 424.
[5] Cf. “Resumen del informe de Francisco Largo Caballero a los delegados del Comité Nacional de la Unión General de Trabajadores”, Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL, 1524, Exp.13– Imagen núm. 4 / 43.
[6] En la sesión parlamentaria del 6 de mayo, el ministro de la Gobernación, Casares Quiroga, aseguró a la Cámara que en la provincia de Granada se habían recogido cerca de 13.000 armas y en Jaén, 7.000 unidades. Véase, ABC, 7 de mayo de 1936, página 30.
[7] Del Rosal Díez, A. (2005): “El 50 aniversario de Claridad”, en Claridad, Comisión Ejecutiva y Federal de la UGT, primavera, Madrid, página 65.
[8] Claudín, F. (1983): Santiago Carrillo: crónica de un secretario general, Planeta, Barcelona, página 36.
[9] Ibidem, página 37.
[10] Salas, N. (2006): La Otra Memoria Histórica, Almuzara, Córdoba, páginas 155 y siguientes.
[11] Véase Heinz NEUMANN: German. NEUMANN, a prominent German Communist in the 1920s and 1930s, who undertook Comintern missions in several countries including France, China and Spain, was possibly eliminated in a Stalinist purge in 1941, ostensibly for expressing Trotskyist views. The National Archives, Kew (UK), 1932 May 06-1949 Aug 31, PF41339 VOL 2.
[12] Irrupción masiva de especialistas en procesos revolucionarios, soviéticos y españoles, en la primavera de 1936, y llegada a Sevilla y Algeciras de los primeros envíos de armamento procedentes de la Unión Soviética… Véase Moreno de Alborán y de Reyna, F. y S. (1998): La Guerra Silenciosa y Silenciada, tomo I… página 105.
[13] Krivitsky (1946): La Mano de Stalin en España, Claridad, Buenos Aires.
[14] La Gaceta de Tenerife, (23.09.1936), p. 6.
[15] ABC, 12 de febrero de 1941, p. 5. Krivitsky abandonó el comunismo con ocasión de las purgas estalinistas de 1937, exiliándose en Canadá y dedicándose a escribir sus Memorias. Apareció muerto en extrañas circunstancias en un hotel de Washington en 1941. Las fuentes del FBI aluden a la policía secreta soviética como la causante del homicidio.
[16] La Falange orensana se encargó desde febrero del seguimiento de determinados líderes marxistas regionales por indicación del Ejército. He aquí el testimonio de Fernando Meleiro, jefe del servicio de información: Descubrí un mundo nuevo e insospechado. Una red de agentes misteriosos, de reuniones clandestinas en los más diversos lugares. Hombres y mujeres, la mayoría extranjeros, se detenían una noche o un día en casa de significados dirigentes marxistas. Otros acudían a reuniones nocturnas en medio del campo, en cualesquiera aldeuchas de la provincia. Un ir y venir complicado de nuestros enemigos terriblemente sospechoso. Véase Meleiro, F. (1957): Anecdotario de la Falange de Orense, Ediciones del Movimiento, Orense, página 158.
[17] La prensa refiere la presencia de dos rusos en la tribuna del mitin conmemorativo del 1º de Mayo en la ciudad de Valencia. Consúltese ABC, Sevilla, 2 de enero de 1936, página 23.
[18] La Libertad, 26 de junio de 1931, página 1.
[19] Margarita Nelken, Cinema Europa de Madrid. La Libertad, 27 de marzo de 1936, página 6.
[20] … 2.- Exigir la detención inmediata de los dirigentes parlamentarios que (un grupo) el gobierno republicano y que se lleve a cabo inmediatamente sin más vacilaciones. Depurar de enemigos del pueblo, de arriba abajo, el ejército, la policía y las organizaciones responsables. Privar a la aristocracia (?), oculta tras los conspiradores, de todos los derechos de ciudadanía y confiscar sus propiedades. Expulsarlos del país y prohibir su prensa (?). Es necesario establecer un tribunal especial para aventureros, terroristas, conspiradores y rebeldes fascistas, y aplicar la máxima pena, incluida (?) la confiscación de bienes… (MÁXIMO SECRETO: nº 6485 Sp. Fecha: 22 de julio de 1936. DE: Moscú. A: España. Nº 266-275. Fecha: 17 de julio de 1936. MEDIDA y B.P.), Radosh, R. et al. (2002) España Traicionada: Stalin y la guerra civil, Planeta, Barcelona, apéndice documental.
[21] La corroboración de todo ello se ha podido constatar recientemente, merced a la documentación de la Cruz Roja, en los que se advierte que el gobierno de Largo Caballero durante la guerra civil, se negó a facilitar al Comité Internacional de la Cruz Roja las listas de los detenidos, para evitar que pudiesen beneficiarse del estatuto que a todo prisionero otorgaba la condición de bando beligerante, salvando así su vida; todo ello con anterioridad a la matanza de presos en el Madrid republicano. Cf. Corral. P. (2023): “Georges Henry, un héroe humanitario en la Guerra Civil (I)”, Libertad Digital, (18.03.2023); fuente electrónica: https://www.libertaddigital.com>.
[22] ABC, 3 de mayo de 1936, página 33. Ciertos testimonios personales recogidos apuntan que los jóvenes socialistas desfilaron con armas de madera.
[23] El Sol, Madrid, 7 de abril de 1936, página 4.
[24] ABC, Sevilla, 2 de mayo de 1936, página 23.
[25] Ibidem.
[26] ABC, 2 de junio de 1936, página 23.
CONCLUSIÓN
El examen detallado del significado de los escritos marxistas permite comprender que nos hallamos ante algo más que una retórica revolucionaria. Los documentos revelan una voluntad de organización armada, con fases de activación, redes de enlaces, consignas cifradas y previsión logística, todo ello en un momento de fuerte tensión política. Aunque el proyecto no alcanzó un grado de coordinación suficiente para ejecutarse de manera inmediata, sí pone de manifiesto la existencia de un horizonte insurreccional en la mente de una parte relevante de los dirigentes y militantes de la izquierda revolucionaria.
Por otro lado, la posible intervención de agentes del Komintern y la admiración hacia el modelo soviético contribuyeron a reforzar una cultura política en la que la violencia era concebida como instrumento legítimo de transformación social. En este sentido, los escritos marxistas analizados no sólo ayudan a interpretar las dinámicas internas del Frente Popular, sino que también permiten comprender mejor el clima de radicalización que precedió al estallido de la Guerra Civil y la lógica de confrontación que acabaría imponiéndose en ambos bandos.
