I. Autarquía, penuria, aislamiento.
Uno de los acontecimientos históricos más significativos y, al mismo tiempo más sorprendentes y aleccionadores de la segunda postguerra es la supervivencia del Régimen de Franco en medio de presiones morales, económicas y políticas que a muchos parecieron insuperables. Demostró la certeza de una de las afirmaciones favoritas del Generalísimo: cuando un pueblo se mantiene sólidamente unido, las presiones resultan inútiles; tampoco es la prosperidad económica el mejor ingrediente para la resistencia pues estos años fueron de penuria extrema, sostenida por el recurso a la autarquía. Si tuviéramos que definir de algún modo los tres o cuatro años que siguen inmediatamente al fin de las hostilidades en Europa tendríamos que hablar de estancamiento económico; pero estacional o encubierto, subconsumo y baja productividad industrial y agraria constitu- | yen sus rasgos fundamentales. Los pocos españoles que tenían entonces oportunidad de salir fuera comprobaban sin embargo que la situación no era mucho mejor en el resto de Europa.
Los historiadores de trayectoria liberal aluden a la falta de decisión de los aliados, que no encontraron una fórmula satisfactoria?, y admiten en consecuencia que hubiera sido precisa una acción exterior para derribar el Régimen. Algunos hechos deben ser tenidos aquí en cuenta. Ninguno de los grupos políticos constituídos en el exterior dispuso en el interior del apoyo que hubiera necesitado para conseguir la victoria.
Grandes manifestaciones populares, unas espontáneas y otras organizadas, ofrecieron su adhesión a Franco; y no eran precisamente dirigentes o empresarios quienes las integraban. De hecho cuando el Jefe del Estado español afirmaba tajantemente que no había razón alguna que le moviese a abandonar su cargo, los aliados no tardaban en descubrir que probablemente una acción por su parte sólo ¡iba a servir para que la Unión Soviética extendiese su influencia al extremo occidental del Mediterráneo. De modo que la fría serenidad con que el Caudillo afrontó las presiones exteriores tenía más sólido fundamento del que, a veces, se ha atribuído.
2. El aislamiento a que, en 1945, fue sometida España, con ocasión —y en parte pretexto— de combatir a su régimen político, retrasó la recuperación económica prolongando todavía otros cinco años la depresión provocada por la guerra civil. Difícilmente otros Gobiernos europeos, como : Francia o Gran Bretaña, habrían tolerado sin embargo una prosperidad española o un reparto de las ayudas previstas, de modo que las razones de repugnancia política encubrían e no pocas veces metas egoístas. La autarquía y el intervencionismo estatal no fueron tampoco en España el producto de una determinada forma de pensar —aunque no faltasen autores que los defendían calurosamente— sino obligación impuesta por el cierre de fronteras, la debilidad del comercio exterior y la ausencia de créditos.
Según anteriormente se indicó, había llegado a equilibrarse la balanza del comercio exterior, pese a las reiteradas malas cosechas que obligaban a importar cinco veces más trigo que durante la República. El paro se había reducido a 160.000 personas y, en 1944, el Estado disponía de un superávit de 130 millones de pesetas.
Todo esto era muy frágil, como Demetrio Carceller advirtiera, pues el ahorro de divisas se producía a causa de que la sociedad española se debatía en el ámbito angustioso de un subconsumo que generaba a su vez escasa productividad. Sin embargo en cuanto a vestido, salud y diversiones el pueblo español de 1945 estaba muy por encima del resto de Europa. El discurso que el marqués de Urquijo pronunció en marzo de 1945, ante los accionistas de un Banco que no se distinguía precisamente por el entusiasmo hacia el Régimen, resulta muy significativo porque indicaba los rasgos más salientes de la situación:
a) La Hacienda pública disfruta de estabilidad y ri do sus gastos ordinarios con impuestos nd ras sido incrementados; los extraordinarios se altos con una deuda de.500 millones la cual es tolerable. En conjunto la situación es buena.
b) Tenemos un déficit de un millón de toneladas de carbón, que no puede cubrirse porque la mano de obra es insuficiente y existe restricción en la energía eléctrica.
c) Tampoco ha crecido en 1944 la industria siderúrgica.
d) El verdadero drama económico del país es la escasez de energía eléctrica, a causa de la sequía, y a causa también de defectos estructurales en su producción; la agrupación de las empresas eléctricas puede ser un comienzo.
e) Todavía no se han pagado todas las acciones de los Ferrocarriles y esto merma fondos a la inversión industrial.
f) Desde marzo se nota una tendencia a la baja en las E Bolsas españolas porque se está produciendo un fenómeno psicológico producto de la guerra?.
3. Este fue uno de los argumentos fundamentales que trabajaron en favor de Franco: las personas que cruzaban la frontera reconocían que en aquella Europa devastada por la guerra se vivía peor. La política económica de Franco fue, por una parte, de autarquía y capitalismo, con la consigna de producir, evitando las importaciones que resultaban difíciles de pagar. Los cambios para las divisas extranjeras se establecían desde el Ministerio de Hacienda y eran artificiales. Aunque esto no evitaba la inflación en el interior, tampoco producía una invasión de moneda y de oa extranjeras porque seguía vigente el arancel Cambó, y :9 intercambio exteriores se hacían por medio de acuerdos A laterales que establecían. Realmente pocas cosas podían hacerse con libras en la España de 1945. A | a Se estatalizaron los ferrocarriles, pagándose la corra, pondiente indemnización a los accionistas, porque las em. presas ya no eran rentables y, por consiguiente, no €Staban en condiciones de prestar servicio ?. Inmediatamente Se puso en marcha (enero de 1945) un plan de doce años para elec. trificar más de cuatro mil kilómetros de línea. Se nacionalizó la Telefónica, por un procedimiento distinto: era una forma de riqueza que, transcurrido el tiempo de la concesión, no se deseaba conservar en manos de la.T.T,1. El gesto podía crear dificultades con Norteamerica que no se tomaron en consideración.
Los instrumentos empleados para la realización del comercio exterior, en un momento en que faltaban reservas de oro y divisas, así como también créditos, nunca fueron calificados de normales: el mecanismo básico eran los convenios. Tal fue la labor de Lequerica en estos meses y de los embajadores. En febrero de 1945 se logró un paso importante: el Director General de Política Europea, Navasqúés, propuso para restablecer relaciones económicas normales con Italia, aceptar la deuda pendiente por la ayuda prestada durante la guerra civil.
4. La política agraria, por una razón obvia de obtener alimentos, gozó de primacía en los años que empiezan en 1945. La finalidad esencial consistía en aumentar la producción, especialmente en cereales, aceite de oliva y agrios. Pero esta política, que fue de desarrollo en dos vertientes, la colonización y el regadío, se vio no pocas veces obstaculizada por la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes. Tanto el Instituto de Créditos para la reconstrucción como el Instituto Nacional de Colonización, buscaban, no tanto el establecimiento de propietarios agrícolas —27.000 colonos hasta 1952— como el aumento de la producción, arrancando al campo de su inveterada pobreza. La colonización incluía una auténtica reforma agraria *.
Por ejemplo, se procedía a una lenta y sistemática repoblación forestal: principal objetivo evitar las importaciones de pasta de papel para la industria; secundariamente modificar condiciones de humedad en suelo y clima. El Servicio Nacional del Trigo garantizaba los precios de los cereales.
Toleró muchas cosas, porque el país tenía que funcionar, a pesar de todo. La Ley de Ordenación bancaria del 31 de diciembre de 1946, que insistía en declararse provisional y de circunstancias, al recopilar las disposiciones publicadas en años inmediatamente anteriores, favoreció a las entidades que estaban más sólidamente instaladas, a los «grandes» Bancos de Bilbao, Vizcaya, Español, Central, Hispano, sobre los demás. Pero ya no era posible considerar a los Bancos como entidades absolutamente privadas puesto que el Estado estaba en condiciones de ejercer sobre ellos cada vez mayor control.
Los intentos para frenar los precios en el mercado interior fracasaron, entre otras cosas porque, en estos años, nunca hubo bienes en cantidad suficiente para alimentar, vestir y alojar a la población. Los organismos de control, Comisaría General de Abastecimientos y Transportes (1939), Fiscalía de Tasas (1940) y Junta Superior de Precios (1941), generalmente denostados, tenían que limitarse a producir de cuando en cuando algunas ventas de choque o a emitir órdenes y disposiciones que nunca se cumplían ni dejaban tampoco de cumplirse por completo. La labor de los gobernadores civiles en aquellos días, estaba erizada de dificultadas: tenían que mantenerse en equilibrio muy extraño para no desarraigar del todo el mercado negro, del que a fin de cuentas dependía el abastecimiento de su provincia, y no consentir tampoco la formación de beneficios excesivos ‘
IV. Evolución en el aislamiento.
Las dos grandes potencias anglo-sajonas, también habían definido su actitud: presionar SObre España en el aislamiento hasta lograr un cambio de signo político hacia otro más afín a sus preferencias, ideas e jp. tereses pero sin llegar nunca a la intervención directa. En un informe confidencial que la Agencia EFE pasó a Franco el 30 de enero de 1946, se destacaba la gran importancia que la prensa norteamericana concedía a los recientes tra: tados comerciales que Holanda y Suecia habían firmado con España, porque demostraba la confianza que ambos reinos depositaban en la estabilidad española. También llamaba la atención sobre unas primeras declaraciones del nuevo presi: dente de la República francesa, Félix Gouin, quien había afitmado su intención de proteger a los republicanos españoles. pero procediendo, en todo caso, de acuerdo con las ot potencias aliadas.
Juan Vigón, el nuevo jefe del Estado Mayor, a falta de la desmantelada fuente de información francesa, estableció contacto con el Servicio Secreto británico a través de un agente, llamado Thompson, quien le reveló que su país estaba preocupado por el envío de armas soviéticas a otros países mediterráneos. Probablemente en relación con este contacto se encuentra la petición del general polaco Anders, que había recibido la orden de deshacer la división que operara en Italia junto al VIII Ejército y que quería conservar en España una emisora, una cuenta de pesetas y la posibilidad de enrolar a sus hombres en la Legión, porque estaba convencido de que muy pronto tendrían que volver a la lucha para liberar a su país de la tiranía comunista sa. El mayor enemigo al que el Gobierno de Franco tenía que hacer frente, en esta coyuntura, era, sin duda, el económico. Un informe de las Cámaras de Comercio, con el análisis de situación en el tercer cuatrimestre de 1945, arrojaba los siguientes desoladores resultados: la cosecha agrícola en Castilla no había sido mala y, para los cultivadores, resultó muy remunerativa, pero Se carecía de abonos y esto impedía alcanzar las cotas de producción necesarias; el comercio es escaso por la falta de productos; los transportes muy deficientes; la industria no crece por E falta de energía y materia prima; los pagos se hacen Con E dificultad porque hay escasez de dinero, pe, En su carta a Franco, de 05 de agosto de 1945 há o 2 32, fol. 107), Vigón se mostraba partidario de aceptar ta ofertas de Anders pese al riesgo que esto podía representar. 256. Informe de marzo de 1946. A.F.F. leg: 38, fol. 17.
Los precios al por mayor evolucionaban de forma desas- | trosa. Tomando como índice 100 el del último año de la ! Dictadura, el mismo organismo había elaborado un informe | en el que aparecía que, habiendo permanecido por debajo | de 100 durante toda la República —quebrantando así las ex- | portaciones con grave daño a las reservas de divisas— se había elevado sin descanso durante los seis años de guerra mundial hasta encontrarse, en enero de 1946, en un índice 352,7, con el agravante de que eran mayores los aumentos en los alimentos que en las manufacturas y en los precios de los artículos de exportación que en los de importación “.
El 13 de febrero de 1946 el Ministro de Industria y Comercio José Antonio Suanzes, presentó al Consejo de Ministros un informe crudo y decisivo, como preámbulo para una acción política radical, de intervencionismo estatal. La situación alimenticia en España —comenzó diciendo, es muy mala y de nada nos sirve decir que otros están todavía peor.
No se trata simplemente de una climatología adversa, aunque este sea un dato que en modo alguno puede desdeñarse, sino de las consecuencias terribles del desbarajuste a que la guerra mundial ha conducido el comercio internacional.
No producimos ni remotamente lo que antes lográbamos porque no tenemos fertilizantes, ni hay donde comprarlos. Tampoco podemos llenar el déficit de nuestras cosechas porque nadie ofrece hoy alimentos a un precio mínimamente satisfactorio. Lo que a cualquier familia aparece como el obstáculo insalvable frente al mercado negro, sus precios, eso mismo sucede al Estado español.
Antes de la guerra civil producíamos cuatro millones de toneladas de trigo que se rebajaron hasta,1 millones en 1944-1945, pero que han bajado a,8 millones en la cosecha de 1945-1946. Para sostener los aprovisionamientos normales necesitaríamos comprar.000 toneladas mensuales de trigo argentino, algo que la República del Plata no puede dar. Hemos disminuído: las raciones de pan. Y a esperar.
La media española de producción de aceite —producto en el que existen profundas oscilaciones según los años— se encontraba en 365.000 toneladas. En la campaña para este año se ha visto reducida a 220.000. En otro tiempo se llenaba el vacío comprando soja y cacahuet, pero en el invierno de 1945-1946, con Europa muerta de hambre y aterida de frío, nadie ofrece nada. Algunas veces se nos acusa de que y vendemos aceite fuera y que por eso no alcanza. Es falso: lo que hemos autorizado es a cambiar 4 ó.000 toneladas > de aceite de oliva por otros aceites pero en la proporción de tres litros por cada uno. Así al menos tenemos aceite de peor calidad pero más abundante.
El arroz, cuya media era de 210.000 toneladas, está en 125.000. Las legumbres secas, que en 1944 estuvieron en.000 toneladas, han descendido en.000. En cuanto a las patatas en lugar de,7 millones de toneladas, dispondremos : de,85. Habrá.000 toneladas de azúcar y no 145.000 como en la campaña anterior. Y en el mundo nadie tiene ni un E gramo para vender. E Si con la cabaña ganadera mermada como ahora se en E cuentra, no hay una intervención oficial en los precios, nin- Ss gún obrero ni empleado modesto podría tomar carne. Los únicos datos favorables eran ofrecidos por la a. EE ca, la naranja, de la que se exportaba la mitad de A a cha, el tomate y, en general los frutos secos. De las 350. CS nsla é do a 500.000 y ha a toneladas de pesca en 1935 se había pasa derunaradó o bía la esperanza de obtener todavía más en la temp 88tival de 1946%. A Meses más tarde, cuando 58 Prom e A o x E OS intervencionistas de Suanzos., ed Mara. oponerse E Franco un informe Muy ne , Gobierno —decía-— 8 lOs excesos de dicha intervención: €
no puede convertirse en depositario y distribuidor de todos los alimentos; mantengamos las intervenciones donde están pero liberalicemos todo lo demás. Existe una delicada fisura a este sistema: los gobernadores civiles, que tienen sobre sus hombros la abrumadora tarea de asegurar el aprovisionamiento en su provincia toleran a veces precios más altos o mercado negro. Hay que corregir esto pero no dramatizar pues obedece a una intención buena y hasta plausible. Lo que el país no soporta es a los especuladores que alardean de su opulencia lograda con la miseria de los más; esa boda de la hija de Julio Muñoz es escandalosa. De modo que debemos aplicar tasas y medidas allí en donde se puedan cumplir. Hemos rematado ahora, en agosto de 1946, las medidas coercitivas anunciando la cárcel para los especuladores; cumplámoslo y demos aspecto de austeridad, que también las formas exteriores son importantes. En los hoteles y restaurantes se debe limitar la carta porque los tiempos son difíciles para todos ”.
