INTRODUCCIÓN
El análisis de los denominados Documentos III y IV de la III Internacional permite dar un paso más allá en la interpretación del proyecto revolucionario atribuido a determinados sectores de la izquierda española en los meses previos al estallido de la Guerra Civil. A diferencia de los textos anteriores, estos documentos introducen de forma explícita la dimensión internacional del conflicto, señalando conexiones con Francia, la intervención de agentes del Komintern y la posible coordinación transnacional de acciones huelguísticas y subversivas.
Este estudio examina el contenido, el contexto y las fuentes que aluden a dichos documentos, así como las implicaciones políticas e ideológicas que se desprenden de su supuesta autenticidad, enmarcando el fenómeno dentro de la estrategia global de la III Internacional y de la política exterior soviética en la década de 1930.
DOCUMENTOS III Y IV
En el verano de 1937, el general Franco concedía una entrevista a una revista quincenal de Bélgica, donde alude claramente a los documentos referidos[1] . En ella, el Jefe de Estado del bando sublevado, revelaba las siguientes precisiones, en relación con la falsedad o autenticidad de los documentos secretos:
Los jefes del Ejército no intervinieron hasta tener la convicción de que solamente su acción podía salvar al país de la ruina completa. Se decidieron a actuar el día que supieron que los elementos extremistas del Frente Popular preparaban una revolución comunista -de tipo soviético- para apoderarse del Poder y exterminar a sus enemigos (entiéndase por enemigos todos los ciudadanos respetuosos de la Ley, honrados, ricos o pobres, sin distinción). Innecesario es decir que poseemos documentos que prueban esto, testimonios que demuestran con cuánta minuciosidad este movimiento había sido organizado. La revolución comunista que debía de estallar en mayo fue pospuesta para junio y, por último, hasta fines de julio. Informados a tiempo, la hicimos abortar con un levantamiento de carácter puramente defensivo. Ninguno de nosotros se ha dejado guiar por la ambición o el deseo de apoderarse del Poder. Sólo nos han guiado los más altos ideales y motivos puramente altruistas. En resumen, la sublevación fue, de parte del pueblo, un acto de legítima defensa; de parte de sus jefes, un acto de legítima indignación
Como hemos visto, las conclusiones del VII Congreso de la III Internacional no sólo se ceñían a soldar una cooperación con los partidos democráticos y burgueses, sino a conseguir la fusión con otros partidos socialistas y agrupaciones revolucionarias, como iba a ratificar públicamente su secretario Dimitrov en un periódico levantino a comienzos del año[2]. Resulta infantil sostener –como se ha hecho tan insistentemente por algunos autores occidentales- que Stalin únicamente pretendía frenar el fascismo y no instaurar un régimen revolucionario. Olvidan, ingenuamente, quienes así razonan el programa insurreccional de la Internacional comunista redactado en 1928 y que el dictador georgiano era un jefe de Estado de un estado inmenso, y como tal tenía que velar por los intereses de su país, pero continuaba siendo un comunista revolucionario. Obviamente, como primer hombre del Estado soviético le interesaba la defensa y el progreso de su país, y por ello era lícito que buscara las alianzas y cooperaciones precisas con otros países y regímenes (entre ellos la Alemania nazi…). Pero, desde una perspectiva exclusivamente ideológica, el jefe soviético seguía siendo un comunista convencidísimo. A mayor abundamiento, un hombre de Estado no debiera preocuparse por un pequeño país situado lejos de sus fronteras; mucho menos Stalin, a quien no le iba a importar la suerte que correrían sus camaradas en la purga mortífera de 1937. Una nación como la España de 1931, venida a menos desde 1814, y a punto de desintegrarse, no debiera suscitar interés alguno por parte de una nación tan lejana e inmensa, con la que ni siquiera se habían formalizado relaciones diplomáticas regulares. Por ende, si la URSS mostró tanta atención por España, como ha quedado constatado durante la Guerra Civil, era simplemente por una finalidad estratégica e ideológica. De hecho, la puesta en marcha de la estrategia de los Frentes Populares era eso, una simple táctica política; pues para Stalin no sólo contaba lo acordado en el Congreso de 1935 sino lo pactado en todos los celebrados desde 1919, donde se había reiterado la lucha internacional para la instauración de la dictadura del proletariado tras la explosión de un movimiento revolucionario. La alianza con los partidos burgueses para frenar el crecimiento de los movimientos fascistas no implicaba que los comunistas tras la victoria se plegaran a las condiciones que le interesaban a la burguesía; ni mucho menos. De hecho, no sólo existieron los Frentes Populares de España, Francia y Chile en la primera mitad del siglo XX; durante la II Guerra Mundial se constituyó uno de naturaleza bélica contra el nazi-fascismo. Cuando las armas dieron el triunfo a los aliados (un gran frente popular eventual) el comunismo no permitió que en la Europa del Este se reiniciasen ni se establecieran sistemas políticos de corte democrático.
La resolución programática por la que se extinguió la III Internacional en 1943 avala lo que venimos sosteniendo. De hecho, hasta tal declaración (mayo del 43) estuvieron en vigor para las organizaciones comunistas afiliadas todas las reglas aprobadas por la Internacional comunista en sus reuniones y congresos habidos desde sus inicios en 1919:
El Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, imposibilitado, a consecuencia de la guerra mundial, de convocar un Congreso de la Internacional Comunista, se permite someter a la aprobación de las Secciones de la Internacional Comunista, la proposición siguiente: Disolver la Internacional Comunista como centro dirigente del movimiento internacional, liberar a las Secciones de la Internacional Comunista de las obligaciones derivadas de los estatutos y resoluciones de los Congresos de la Internacional Comunista…[3]
Curiosamente, en España no había ningún fascismo que preocupara en 1931 ni en 1935, pues ni siquiera el nacionalsindicalismo quiso serlo desde sus instantes fundacionales, y en cualquier caso la Falange representaba una opción testimonial dentro de la sociedad hispana (eminentemente caciquil). En el territorio español sólo existía la tradicional dicotomía derechas-izquierdas; y eso sí, una situación socioeconómica muy deficiente y lamentable para las capas sociales menos favorecidas; en realidad, el terreno más propicio para cultivar la planta exótica del marxismo-leninismo.
El proletariado español reunía varios millones de almas, quienes a partir de la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a militar mayormente en dos organizaciones obreras y revolucionarias: la UGT y la CNT. En España no había existido Revolución Industrial, lo que había propiciado que la huella dejada por los seculares gremios de artesanos tuviera aún influencia en la mentalidad del operario industrial. Tales gremios se caracterizaron por su fuerte organización y corporativismo, lo que les permitía resolver sus problemas internamente, merced a la hermandad imperante en cada gremio específico. Esta confianza de origen gremial facilitaba el que los obreros pudieran todavía contemplar los problemas político-económicos del primer tercio del siglo XX como si fueran capaces de solucionarlos solamente por ellos, tal como había ocurrido en los gremios de los siglos pasados. Por supuesto, la Revolución rusa de 1917 y la creación de la República Soviética les hizo creer que el gobierno de obreros y soldados ¡el soviet! representaban esa capacidad corporativa de resolver las dificultades por sí solos, pero puesta al día. Pues bien: desde una perspectiva propagandística era suficiente con sólo excitar ese estado de ánimo de nuestro proletariado para encaminarlo hacia la revolución socialista, y el Komintern no podía desaprovechar la oportunidad que se le brindaba, teniendo en cuenta el débil Estado republicano de 1931. El antiguo terrorista Ramón Casanellas, enviado al interior por el Komintern tras la proclamación de la II República, revelaría al periodista Maximiano García Venero las siguientes impresiones sobre la España republicana.
La revolución social está en marcha. Yo he visto y sentido crujir de entusiasmo a las masas proletarias cuando las hablaba de las reivindicaciones del partido comunista. Por más que se haga para contener a la revolución social, triunfará (…) que éste es un país de economía atrasada, feudatario del imperialismo inglés y francés…[4]
El informe reservado, titulado por Southworth como Documento núm. III, podría parecer, en principio, el más irreal; aunque si se relaciona con el resto de documentos y las informaciones procedentes de Francia, en absoluto.
Lo importante de este documento es que refiere conexiones francesas en la hipotética trama. Los conspiradores ya se auto-titulan Central del Comité Revolucionario, y se instalan en la ciudad de Marsella, bajo la tapadera de un centro de estudios de carácter internacional.
Aunque hubo varias personas que aludieron a tal documento[5], fue el senador y diputado Jacques Bardoux (1874-1959) uno de los denunciantes principales del mismo. Bardoux formaba parte del prestigioso Instituit de la France y publicó por entonces varios ensayos desvelando los tejemanejes de Stalin, el Komintern y los comunistas españoles y franceses.
Curiosamente, cuando redactó sus folletos sobre el comunismo y las injerencias en la política española y francesa era profesor de la Escuela de Ciencias Políticas y acababa de alcanzar la presidencia de la Academia de Ciencias Políticas y Morales, habiendo sido, entre otros cargos distinguidos, jefe del gabinete del mariscal Foch (1918), director de los cursos de política en la Escuela Superior de Guerra (1920) y delegado de Francia en la cuarta asamblea de la Sociedad de Naciones (1922) … No parece por tanto que fuera un personaje manejable para turbios intereses políticos.
Lo escrito por Bardoux constituye una acusación en toda regla contra las intrigas bolcheviques, tanto en España como en Francia, sirviendo para poco las refutaciones que pudieran argumentarse de contrario, motivado por la seriedad, claridad expositiva y prolijidad de detalles revelados. En la prensa gala, aparte de transcribir los documentos secretos, el autor expuso un compendio de testimonios sobre la injerencia revolucionaria de la URSS en la España de la II República[6]. Así, Yvon Delbos (ministro del Frente Popular francés) había observado pocos años atrás en el Museo de la Revolución de Moscú una sala dedicada a la futura revolución española[7]… La periodista irlandesa G. M. Godden constata, al analizar los textos oficiales de la III Internacional en lengua inglesa, la preparación de revueltas y huelgas de signo comunista en la parte septentrional de la Península desde 1932; el papel jugado en la Revolución de Asturias; las instrucciones dadas a los agitadores locales; así como las recomendaciones de la primavera de 1936, en orden a despojar a las iglesias y monasterios de sus riquezas, tolerando de paso la autodeterminación de gallegos, catalanes y vascos[8]. Mientras tanto, el corresponsal en la Península del Times remitía varias crónicas a Londres en relación con las actividades comunistas españolas, siendo reseñable la de fecha 12 de abril de 1936, en la que aseguraba que acababan de llegar de Moscú una treintena de españoles donde habían recibido enseñanzas de tácticas revolucionarias durante más de seis meses, siendo despedidos en la estación por los dirigentes del Komintern y el Profintern (Internacional sindical).
Con ser esto grave, lo más llamativo del trabajo periodístico de Bardoux lo constituyen las explicaciones en torno al organigrama de la III Internacional, las actividades del comunismo francés o la posible planificación de un complot ruso-comunista en suelo galo, simultáneo al ibérico, y que había sido previsto para el 12 de junio. Sin perjuicio de que esta afirmación pudiera presentar alguna imprecisión; lo cierto fue que, el 2 de febrero de 1937, el ministro francés del Interior se vio obligado a admitir en el Senado la conspiración como hecho probable[9].
En mérito de lo expuesto, hemos de significar que Bardoux (abuelo del futuro presidente Giscard d’Estaing) en cuanto senador por Le Puy de Dôme fue un personaje liberal, sin perjuicio de pensar que el comunismo internacional conspiraba contra la independencia de Francia. De hecho, la descripción minuciosa que refiere de los órganos del Partido Comunista y la III Internacional era para temer tal cosa, incluso para un profesor de la Escuela de Ciencias Políticas como queda dicho.
En cualquier caso, lo que resulta significativo es la adopción en Francia de una estrategia comunista muy similar a la seguida en España: unidad sindical, unidad política y proliferación de huelgas laborales.
No obstante, en Francia sí se pudo saber documentalmente qué se proponía en realidad el Komintern con dicha maniobra. Así, el 1 de julio de 1936, y ya aupado al poder el Front Populaire -tras las elecciones legislativas de mayo-, se reunía la dirección del partido radical, que representaba uno de los grupos políticos que habían formado parte de dicha coalición electoral. Pues bien, tras haber tomado la palabra Daladier, a la sazón ministro de la Guerra, le correspondió el turno al periodista y ex diputado Émile Roche, quien manifestaría lo siguiente: Las libertades republicanas que fueron amenazadas por la reacción, lo son ahora por la reacción revolucionaria: hablo del comunismo…
Y a continuación pasaba a leer una circular dirigida por el Komintern a los organismos comunistas de Francia. He aquí la transcripción del texto:
Es necesario acelerar un gobierno revolucionario de soviets, y a tal fin debe efectuarse:
1º. Que sea quebrantado el aparato gubernamental y paralizado el Estado burgués liberal mediante la exclusión de los elementos fascistas del Ejército, la Administración y la milicia.
2º. Que se consoliden los organismos revolucionarios, las masas proletarias y las tropas de asalto obreras, llamadas a construir rápidamente el poder de los soviets, bajo la dirección del partido comunista.
3º. Que se disocien el partido socialista y los otros partidos del Frente Popular a fin de conducir las tropas de asalto revolucionarias contra el Estado burgués.
4º. En Francia, en particular, es necesario que, cuando los conflictos sociales hayan socavado toda la economía capitalista a través de huelgas parciales y generales, sean educadas al mismo tiempo las masas obreras revolucionarias siendo controladas por cuadros comunistas, de modo que, en caso de dificultades con el gobierno del Frente Popular, las masas pueden continuar su misión revolucionaria, sin tener en cuenta las alianzas con los partidos burgueses.
Esto es más importante que el éxito momentáneo, tal como mejoras salariales pequeñas. Sin embargo, las reivindicaciones diarias de los trabajadores siempre deben utilizarse como trampolín para desencadenar grandes movimientos…[10]
De hecho, el Partido Comunista Francés, con más de ochenta diputados, no quiso formar parte del gobierno izquierdista de Léon Blum[11], prefiriendo la creación de unos comités de control popular (comités du Front Populaire), considerados por la prensa parisina como el preludio de los soviets en el país vecino[12], a la vez que promovía fuertes huelgas con fines desestabilizadores. Y es que la Unión Soviética estuvo pensando en desencadenar una revolución en territorio galo hasta bien entrada la primavera de 1936, lo que generaría una guerra civil beneficiosa para Alemania, según apunta Georges Luciani, corresponsal por entonces en Moscú[13]. No en vano, el poder de la III Internacional en Francia era mucho más intenso de lo cabía sospechar por entonces, según revelaría en 1939 el general Krivitsky:
En Francia, el Frente Popular estaba tan íntimamente unido con la alianza franco-soviética, que se había apoderado de la estructura del Gobierno (…) el Frente Popular llegó a ser el hecho predominante en la vida francesa. Públicamente el Komintern dirigía sus organizaciones. Los periódicos, las bibliotecas, las editoriales, los teatros, las compañías cinematográficas; todo se convirtió en instrumento del frente “anti-hitleriano” de Stalin…[14]
Con todo, la estructura interna de la III Internacional y del Partido Comunista estaba pensada, como razona correctamente Bardoux, para penetrar en la sociedad europea de forma efectiva. El poder del comité ejecutivo de la III Internacional (el ICEE) y los órganos descentralizados del comunismo de la época así lo corroboraban: recordemos la incesante actividad desplegada por los comités centrales meridionales, por sus diversas secciones y hasta por las delegaciones regionales y locales de aquellos; incluyendo las agencias internacionales de propaganda, enlace, espionaje y auxilio rojo. Pues bien, no nos puede parecer acertado el sostener que esta gran maquinaria política se había puesto en marcha para el reforzamiento gratuito de las democracias occidentales y su sistema económico; prestando en la década de los treinta servicios altruistas a la sociedad occidental…
La agencia de la III Internacional radicada en Paris controlaba la actividad de los partidos comunistas de Francia, Suiza, Italia, Bélgica, Portugal y España; más aun, los vigilaba merced a los estatutos de la citada Internacional, que habían convertido a cada partido nacional en una sección de un partido mundial de carácter único[15]. En consecuencia, cualquier proyecto tenía que recibir previamente el visto bueno por parte del Komintern.
Por lo tanto, no es extraño que el Documento III presente referencias galas. De hecho, en el texto se citan los nombres de Marcel Cachin y Maurice Thorez (dirigentes comunistas franceses) por aquel entonces delegados de Francia ante la III Internacional. En el documento referido se alude a una reunión celebrada en la Casa del Pueblo de Valencia el 16 de mayo de 1936, en la que hubo un intercambio de impresiones entre unos directivos de la Central del Comité Revolucionario (Pérez, Aznar y otros), Ventura y dos ciudadanos de la Unión Soviética, llamados Lumovioff y Tourochoff. Los tres primeros informaron entonces sobre los contactos habidos con la delegación comunista francesa y el sindicato CGT, en el sentido de realizar un movimiento revolucionario conjunto en los países para mediados de junio.
Curiosamente, Jacques Bardoux publicaría tres meses más tarde en una revista francesa de prestigio[16] un extenso artículo sobre la planificación de un complot comunista en Francia, que estallaría los días once y doce de junio, sin conocer el contenido de este informe reservado…
Por ahora no puede confirmarse si esa reunión en la ciudad del Turia tuvo algún tipo de preparativo, ya que, con ocasión de la fiesta del 1º de Mayo, los periódicos iban a detectar la presencia de cuatro individuos rusos en un mitin valenciano del Frente Popular, cómodamente instalados en la tribuna de oradores, y en el que tomaron la palabra, como antes he referido, los diputados Mije, Nelken y el director de Mundo Obrero (Hernández, alias Ventura) que casualmente se encontraba por allí…[17]
Los mencionados como dirigentes del comité revolucionario eran Pedro Aznar[18], miembro del Partit Catalá Proletari, y Rafael Pérez[19], de las Juventudes de Unificación Marxista, quienes también aparecían como enlaces principales para Cataluña y Euskadi en el Informe Confidencial número 2 ó 22…
La alusión a la titulada Central del Comité Revolucionario tampoco sería una sorpresa, cuando un procedimiento sumarísimo seguido en Baleares contra varios dirigentes izquierdistas refiere un posible complot, figurando en el sumario un telegrama capturado a nombre de un comité central revolucionario de filiación claramente marxista[20].
La presencia de dos ciudadanos soviéticos en la reunión referida, nos hace pensar que se trataba de unos instructores del Komintern venidos desde la URSS con el mandato de inspeccionar la línea política de las delegaciones nacionales. No obstante, los referidos eslavos son nombrados enlaces del organigrama revolucionario, del que también forman parte Aznar, Ventura y varios ciudadanos franceses. Los referidos rusos debieron regresar de inmediato, pues no fueron citados a la reunión informativa prevista para el diez de junio en Madrid; en cambio sí son invitados Carrillo, Largo Caballero, Díaz, Ventura, Dimitrov, Thorez, Cachin, Pestaña, García Oliver, entre otros personajes conocidos… Es decir, dos días antes de la fecha fijada probablemente para el levantamiento en el país vecino…
Los acuerdos de Valencia programaban un movimiento huelguístico de carácter sistemático por toda España, con el fin de comprobar la preparación alcanzada por las fuerzas sindicales comprometidas, en su grado de resistencia, lo que revela que, a mediados de mayo, aún no estaban listas para iniciar la sublevación diseñada en los documentos secretos.
La provocación de estas huelgas políticas perseguía otra finalidad en las provincias de Asturias, Huelva y Vizcaya, pues se pretendía con ellas aminorar la influencia que los elementos moderados del Partido Socialista poseían en tales territorios sobre las masas obreras. Tanto es así que el punto sexto de los acuerdos pretendía desautorizar públicamente esta corriente del socialismo ante su militancia, previendo que, si el Congreso del partido se aplazaba por influencia de Prieto, Peña o Besteiro, debería conseguirse que la UGT rompiera con áquel a partir de principios de junio[21].
Por lo tanto, resulta indudable que este informe reservado tuvo que redactarse entre el 16 y el 25 de mayo, fecha en que fue conocida la postergación del congreso socialista para el mes de octubre. Hasta tal punto fue así que la copia en poder de la Dirección en la Dirección de Seguridad, y a la que nos hemos referido anteriormente, lleva indicada la fecha de 25 de mayo y la ciudad de Bilbao como lugar de edición… lo que viene a corroborar su autenticidad, no en vano la provincia vizcaína fue un referente para el comunismo ibérico desde los tiempos en que el capitán Pérez Solís dirigió la organización clandestina; y a finales de 1935, todavía representaba uno de los territorios donde se recaudaban mayores cotizaciones para el partido[22].
Pues bien, el documento número III planeaba también apartar a Casares Quiroga de su ministerio, por medio, fundamentalmente, de una moción parlamentaria, pero descartando el atentado personal, por lo mucho que sabía este político al frente del Ministerio de Interior[23]. Esta operación tenía su lógica, pues a la hora de iniciar una revuelta la eliminación de las dificultades que opondrían las fuerzas de defensa del Orden Público se antojaba esencial para el éxito del movimiento revolucionario. Igualmente, se había aprobado el asesinato de personalidades contrarrevolucionarias de relieve, por parte de un grupo de acción localizado en la capital de España e infiltrado en la policía gubernativa[24], lo que lamentablemente iba a ser una realidad a partir de la primera quincena del mes de julio.
La conexión con Francia se había consolidado merced al viaje que dos de los enlaces principales de la trama de abril (los citados Pérez y Aznar) habían realizado al país vecino desde sus residencias fronterizas. Si bien, parece que los hombres de la III Internacional ya habían decidido en París prestar atención al proyecto revolucionario en marcha, redactando en abril unas instrucciones minuciosas que completaban las inicialmente acordadas en los documentos I y II, con la finalidad de que los soldados subversivos pudieran sublevarse dentro de los cuarteles, reduciendo y eliminando a los militares adversarios; y cuyo articulado compone el denominado por Southworth como “Documento número IV”.
Informa Bardoux que este documento fue redactado en Francia por los servicios técnicos de la sección francesa de la III Internacional, con sede abierta en la ciudad del Sena, aunque auxiliados por expertos rusos enviados para tal menester desde la Unión Soviética. También indica el prolífico escritor del Puy-de-Dôme que tales instrucciones fueron primeramente escritas en francés para traducirse luego al castellano y ser enviadas seguidamente a Madrid[25].
Se trata de una acusación muy grave contra la injerencia soviética en la Europa meridional por medio de un comunismo local teledirigido; afirmación que todavía, a mediados en mayo de 1938, nadie había intentado desmentir al autor según comunica este por carta al mismo Marqués de Moral[26].
No en vano, las instrucciones de este documento “número IV” -que hemos comentado en el capítulo anterior- tampoco se paraban en barras en lo tocante a la supresión física de opositores: textualmente ordenaban la detención de los jefes y oficiales del Ejército y su ejecución inmediata, estuvieran incluso privados de mando de tropas, lo cual tampoco debiera extrañarnos pues coincide cómo se actuó en la guerra civil rusa de 1918-1922 y, con posterioridad, en la española de 1936-1939.
Según la prensa parisina, fue confeccionado en Francia a fínales de abril de 1936, siendo enviado a las milicias españolas, socialistas, comunistas y anarquistas, con el fin de neutralizar al Ejército cuando estas iniciaran su golpe de fuerza…[27], pues las instrucciones fueron solicitadas a París por grupos revolucionarios hispanos, tras el fracaso en Madrid del asalto marxista, con ocasión del entierro del alférez Reyes, conservándose una de estas copias clandestinas en el Archivo Histórico Militar[28].
El documento, que por entonces ya estaba en manos del Gobierno galo, pasaría a los centros revolucionarios españoles, añadiéndose aquí un encabezamiento temible, donde se pedía urgentemente formular acusación, siquiera fueran denuncias falsas, contra los militantes y simpatizantes de los partidos antimarxistas, sus familiares y empleados, para proceder a su detención por las milicias revolucionarias[29]…
La complicidad del comunismo galo en todas estas operaciones de la III Internacional serían objeto de comentario en las mismas fechas por un hombre importante que había militado en las filas comunistas hasta 1934: el francés Jacques Doriot[30]. Así, en declaraciones exclusivas al periódico parisino Le Figaro[31], el citado refería lo que acaba de precisarse y además las siguientes precisiones: el partido francés sólo era una sección local del Komintern y Stalin era quien ejercía la jefatura efectiva; la sección rusa de la III Internacional era todopoderosa y las demás sólo seguían sus mandatos; y que los fines de la Internacional y la Unión Soviética seguían siendo la revolución mundial como en 1919, aprovechando “las contradicciones internacionales y los antagonismo de las potencias imperialistas”.
En realidad, el Documento III era seguramente el más importante de la trama, pues acreditaba la transformación de un proyecto de rebelión popular conformado y compartido por varias tendencias (socialistas, cenetistas, comunistas, sindicatos y juventudes) en un movimiento revolucionario dirigido por comunistas y férreamente controlado por la III Internacional, que era lo que se pretendía en España desde la fecha de proclamación de la II República.
Gracias a las investigaciones de Southworth se sabe que ese documento fue entregado por el Marqués del Moral a un representante del Foreing Office en agosto de 1936[32]. También conocemos gracias a Bardoux que dicho documento fue sustraído de la sede madrileña de la UGT en junio de 1936. Si esto ha sido así, y no hay por qué dudarlo[33], el periódico Claridad tenía conocimiento de este documento concreto cuando el 30 de mayo publicó su famoso artículo, intentando desenmascarar una actividad intoxicadora. Y eso parece indudable habida cuenta de que el periódico era el medio de expresión del sindicato socialista.
Pues bien, si el diario madrileño decidió no publicar el documento III, pudiendo hacerlo, demuestra que no le interesaba que se supiera toda la verdad. Y lo que parece evidente a estas alturas es que los documentos I y II eran ya inservibles, pues los acontecimientos sobrevenidos habían alterado sensiblemente la situación en que fueron redactados.
Los sucesos eran ya diferentes: de una rebelión compartida por varios españoles se había pasado definitivamente a una rebelión dirigida por la internacional comunista o III Internacional.
En el fondo, uno de los mejores argumentos para justificar el alzamiento militar se hallaba en lo que podía inferirse del Documento III. De hecho, el mismo Marqués de Moral así lo entendía cuando pidió ayuda a Bardoux en mayo de 1938 con el propósito de confirmar dónde se hallaban las personalidades francesas reflejadas en el referido documento[34].
Y es que el puerto marítimo de Valencia era uno de los puntos de atraque frecuentados por los mercantes que navegaban por el Mediterráneo, incluyendo por tanto en dicha categoría los barcos que habían zarpado en el Mar Negro. En consecuencia, no era rara la presencia de marinos soviéticos en la ciudad del Turia durante los años de la II República. Aparte de ello, el servicio militar de contraespionaje de la División orgánica de Valencia detectaba a menudo agentes soviéticos que se relacionaban con personas extremistas. Según declaró el comandante de Estado Mayor, José Serra Soto, los rusos solían moverse por territorio levantino sirviéndose de visados especiales de refugiado o pasaporte checoeslovaco…[35] El citado comandante refiere una agente comunista que, haciéndose pasar por ciudadana polaca en la primavera, tuvo en los primeros días de la guerra gran importancia en la configuración de los comités revolucionarios valencianos. Por su parte, el grupo de espionaje montado por la Derecha Valenciana tras las elecciones de febrero descubrió a tiempo la presencia de un pistolero soviético que había acudido a la ciudad con la orden de eliminar varios militares pertenecientes a la UME[36].
La exactitud del documento III, como también ha ocurrido con sus predecesores, vendrá confirmada años más tarde por el testimonio valioso del ayudante del general Mola, Félix Maíz, al comentar el diario del militar y el plan conspirativo diseñado por aquél:
En la primera decena del mes de mayo, por confidencias recibidas en la Unión Militar Española, se prestó atención a una fecha casi probable, citada para una reunión del Consejo Revolucionario Comunista en Valencia con asistencia de elementos extranjeros del partido internacional. La reunión, al parecer, se celebraba en Valencia. Y así fue. El día 16, con el pleno de los citados, se tomaron los siguientes acuerdos…[37]
Aparte de la UME, la celebración de las reuniones en Valencia y Chamartín de la Rosa (señalada en un principio para el día 10 de junio) fueron comprobadas por un agente especial del servicio de contraespionaje del Ejército alemán, que dirigía desde Berlín el almirante Canaris: estamos hablando del agente 6-WIM-9, llamado Otto Ritt… según nos revelaría Maíz en 1976. Dicho personaje misterioso incluso facilitó al general Mola la lista completa de los delegados asistentes, y la fecha exacta de la reunión madrileña pues fue pospuesta para dos días más tarde[38].
La Unión Militar Española había sido fundada por el comandante de Estado Mayor Bartolomé Barba, con la pretensión de mantener la unidad espiritual de las Fuerzas Armadas frente a las acciones del Komintern. Barba, gracias a su destino en el Servicio de Información, conocía incluso antes que el Consejo de Ministros las operaciones secretas desplegadas por el Komintern en España, lo que permitía a la Unión Militar Española estar al corriente de las actividades subversivas en la Península.
Según relata este comandante ante el juez de instrucción de la Causa General de Valencia, la UME actuaba de manera silenciosa en todos los cuarteles del país, contando incluso con un grupo de colaboradores civiles, entre los que destacaban Goicoechea, Sainz Rodríguez, Fal Conde, el Duque de Alba, Calvo Sotelo y José Antonio Primo de Rivera[39].
Y, llegados hasta este punto, conviene que no olvidemos el apartado noveno de lo acordado en Valencia por el Comité revolucionario, en el sentido de matar aquellos personajes contrarrevolucionarios de importancia política.
Como sabemos, Calvo Sotelo fue víctima de un comando especial de naturaleza policial[40]; mientras tanto, el general Mola estuvo a punto de sufrir otro atentado similar el mismo día, como se infería de la llamada telefónica del Ministerio de Gobernación a Pamplona, interesándose por la integridad física del militar africanista, en la mañana en que fue conocido el magnicidio del diputado monárquico…[41]
Maíz incluso refiere otros actos violentos contra jefes militares: el intento de asalto de la tienda de campaña de Yagüe en las maniobras de Llano Amarillo y el atentado frustrado contra Franco en Canarias, del que da también referencias el mencionado comandante del contraespionaje valenciano[42].
Pero hubo más peripecias violentas: el general Bosch, jefe de la comandancia de León durante la contienda, sufrió un atentado en la ciudad de La Coruña por las mismas fechas, siendo apresado el autor meses más tarde.
[1] La Revue Belge, Editeur J. Goemaere, Bruxelles (15 août 1937). Pensamiento Político de Franco, tomo I, Ediciones del Movimiento, Madrid, 1975, página 48.
[2] La reproduce Mundo Obrero, el 3 de enero de 1936. Consúltese Arrarás, J. (1968): Historia de la II República, Editora Nacional, tomo IV, Madrid, página 33.
[3] Resolución del Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, 15 de mayo de 1943. Transcrita en España Popular, número 138, 28 de mayo de 1943, México D. F., página 1.
[4] Cf. “Lo que dice Casanellas a un redactor de la ‘Voz de Guipúzcoa”, El Pueblo, (30.03.1932), Valencia, p. 3.
[5] Fue el secretario de Calvo Sotelo, Arturo Salgado, quien primeramente denunció la existencia de tales instrucciones y otras similares, mediante comunicación ante los micrófonos de Radio Segovia, a principios de agosto de 1936. (Diario de Burgos, [03.08.1936], p. 6); asegurando que conoció tales instrucciones un día antes del asesinato del político conservador. Las había adquirido de un miembro de un comité revolucionario franco-español, de ideología comunista de carácter internacional.
[6] Bardoux, J. (1937): « Le complot russo-communiste », en Revue de Deux Mondes, octobre, première quinzaine, tome XLI, Paris, pp. 640 y ss.
[7] “Il apparaît que les Soviets escomptent leurs premiers succès de contagion chez nos amis au-delà des Pyrénées (…) Dans le musée de la Révolution à Moscou, une salle spéciale est consacrée à la future révolution communiste espagnole, avec des numéros de jornaux, la Bandera Roja, la Palabra…” Cf. Delbos, I. (1933): L’Expérience rouge, Au sans Pareil, París, pp. 185-186….
[8] El hierro está caliente; debe ser golpeado inmediatamente con fuerza y audacia… Ibidem, página 643.
[9] Moreno de Alborán y de Reina, M. y S. (1998): La Guerra Silenciosa y Silenciada, tomo I… Página 116.
[10] Cf: “La reunión du comité exécutif du parti radical”, Le Journal, (02.07.1936), París, p. 3.
[11] Cf. “Dans une noté officielle le Parti communiste confirme sa volonté de ne pas participer au pouvoir”, Le Figaro, (11.05.1936), parís, p. 4.
[12] Cf. “La création en France des comités de Front Populaire préluderait à l’installation des Soviets”, Le Figaro, (12.05.1936), p. 1.
[13] Cf. Luciani, G. (1939): “L’URSS comme facteur de la politique internationale”, Politique Étrangère, Centre d’Études du Politique Étrangère, numéro 1, París, p. 56.
[14] Cf. Krivitsky, G. G. (1945): Yo, Jefe del Servicio Secreto Militar Soviético, Nos, Guadalajara, pp. 91 y 92.
[15] Parágrafos 1, 4, 12, 14, 15, 22. Status de l’Internacionale Communiste, Paris, 1936?
[16] Bardoux, J. (1936): « Le complot du 12 juin », Revue de Paris, livraison du 15 août, pp. 721 y ss.
[17] ABC, Sevilla, 2 de mayo de 1936, página 23. La Vanguardia, Barcelona, 2 de mayo de 1936, pág.
[18] Pedro Aznar Sesera se presentó por la ciudad de Barcelona, representando al Partido Catalán Proletario, en las elecciones de febrero de 1936. Fuente ABC, 10 de febrero de 1936, página 16.
[19] Rafael Pérez era navarro, como indica el propio documento III in fine, y en julio de 1932 figuraba ya como secretario provincial en el primer comité ejecutivo de las juventudes socialistas; en octubre de 1934 formaría parte del triunvirato revolucionario de Navarra. Consúltense: Ferrer Muñoz, M. (1988), “El socialismo en Navarra durante la II República” en Príncipe de Viana, Gobierno de Navarra, núm. 183, Pamplona, página 181 (nota 26); Virto Ibáñez, J. J. (1989), “La UGT de Navarra, algunas aportaciones al estado del socialismo navarro”, ibídem, núm. 187, página 408 (nota 16).
[20] Causa 978/1936. El texto del telegrama reza así: Comité Central Revolucionario Marxista Español a idem Regional Mallorca. – Orden nº 7 10-7-936.- Lenin a camaradas García Ferretjans, Sureda. Listos primer aviso; intensifiquen propaganda tropa, ciudad, pueblos, con camaradas Darder Ferbal y otros lista 7ª interior camarada Mateu Inca y demás Socorro Rojo. Prended sorpresa jefes Ejército con inmediata implacable dureza extirpar libre justicia pueblo de enemigos idea, fascio, derechas y autoridad civil si vacila. Todo intento derechas responded terror, libertando proletarios, 48 horas venganza popular. Camarada Ques preciso mayor esfuerzo económico. Atraed Eyalarar oferta Dirección General Instrucción Proletaria. Precisa insistir Jaume cumpla oferta. Viva marxismo español rojo. Enlace nº 1. Consúltese Durán Pastor, M. (1982): 1936 en Mallorca: repertorio documental y notas establecidas a partir de la memoria redactada por Mateo Nebot Antig; con un apéndice documental relativo al periodo 1936-1939 en Menorca, Ibiza y Formentera, volumen I, páginas 43 y 44…
[21] La documentación de la UGT hace pensar que esta ya estaba dispuesta a apartarse del Frente Popular en marzo. Véase De la Cierva (1969): La Guerra Civil Española.
[22] Guipúzcoa, Vizcaya, Álava y Navarra recolectaron 12 660 pesetas, la cantidad más grande recogida por las secciones provinciales y regionales del partido. Fuente. Fuente: “Ministerio de la Gobernación, Información y Enlace, la 3ª Internacional en España, noviembre 1935” (Expediente sobre comunismo, intervención de la Tercera Internacional en la política española y actuación del Gobierno del Frente Popular, Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL,1519, Exp.8 – 5 – Imagen, núm. 5 y 6 / 112).
[23] Sobre todo, en materia de armamento ilegal e irregular.
[24] Punto 10º: Encargar a uno de los radios de Madrid el designado con el nº 25 integrado por Agentes de Policía Gubernativa en activo la eliminación de los personajes políticos y militares destinados a jugar algún papel de interés en la contrarrevolución.
[25] Bardoux, J. (1938): Staline contre l’Europe, pp 17-18.
[26] Correspondencia privada de Jacques Bardoux. Archivos Departamentales de Puy-de-Dôme. Consulta electrónica. Fecha: 14 y 18 de mayo de 1938.
[27] “Comme dès les mois d’Avrile 1936 le Parti Communiste Français avait préparé la révolution en Espagne, L’Echo de Paris, (17.01.1937), pp. 1 y 2.
[28] Documentación republicana, armario 31, legajo 9, carpeta 1, según refiere el historiador militar, coronel Martínez Bande: Cf. Los Años Críticos; República, conspiración, revolución y alzamiento, 2007, Ediciones Encuentro, S. A., Madrid, p. 181.
[29] Cf. Aznar, M. (1940): Historia Militar de la Guerra de España, tomo I … pp. 47 y 48.
[30] Doriot (1898-1945) había llegado a ser secretario general de las juventudes comunistas francesas. Tras ser expulsado del partido, evolucionaría hasta combatir en la II Guerra Mundial contra la URSS en el frente oriental; moriría en un ataque aéreo.
[31] He consultado la referencia publicada en el diario madrileño El Sol, el 14 de mayo de 1936, página 8.
[32] He obtenido, tras muchas dificultades, ciertos informes y órdenes secretos de la sede comunista-socialista en España para el levantamiento proyectado entre el 3 de mayo y el 29 de junio, pero aplazado (…) El hombre que la envió ha arriesgado su vida por ellos… F. O. 371720538 W 10767, cf. Southworth, H. R. (2000): El Lavado de Cerebro de Francisco Franco, Crítica, Barcelona, p. 28.
[33] Bardoux recibió copia de los documentos I, II y III del Marqués de Moral, como lo acredita su correspondencia particular y el material que empleó para redactar Staline contre l’Europe. Fonds Bardoux, Archives départementales du Puy-de-Dôme, 142 J 205.
[34] Fons Bardoux, correspondance, 14-18 mai 1938, Archives départementales du Puy-de-Dôme, 142 J 116.
[35] Pieza segunda de Valencia, Causa General, 1389, exp. 1, folio 243 y ss.
[36] Advertir a la UME la llegada de un ruso a Valencia, su nombre y el número del coche Crysler en que viajaba, quien se disponía a organizar varios atentados contra destacados componentes de la referida UME a la que los comunistas odiaban, pero temían… Declaración de ante el juez de instrucción de la Causa General de Valencia, ibidem, folios 135 y ss.
[37] Maíz, F. (1976): Mola, Aquel Hombre, Diario de la Conspiración 1936, Planeta, Barcelona, página 110.
[38] Ibidem, página 322.
[39] Causa General de Valencia, Pieza segunda, 1389, exp. 1, folios 51 y ss.
[40] Curiosamente, el documento número IV ordenaba que los dirigentes políticos antimarxistas fueran detenidos por activistas vestidos de guardias civiles o de policías de Asalto, con el fin de eliminarles; fatalidad que aconteció con el político derechista semanas después.
[41] Maíz, F. (1976): Mola… Página 268.
[42] Ibidem.
CONCLUSIÓN
El examen del Documento III y IV refuerza la tesis de que el proyecto revolucionario no se limitaba a un fenómeno estrictamente español, sino que se insertaba en una estrategia internacional dirigida desde la III Internacional, con ramificaciones en Francia y bajo la influencia directa del Komintern y, en última instancia, de la política soviética. Estos textos reflejan el tránsito desde una movilización plural de fuerzas obreras hacia un diseño de revolución cada vez más centralizado y orientado por los comunistas.
Más allá de la polémica historiográfica sobre su grado de autenticidad o sobre el alcance real de la injerencia soviética, los documentos ponen de relieve el clima de conspiración, radicalización y confrontación que caracterizó la primavera de 1936. En ese contexto, el temor a una revolución de signo soviético fue uno de los argumentos esgrimidos por los militares sublevados para justificar el alzamiento. Analizar críticamente estos textos permite comprender mejor la dimensión internacional del conflicto español y el modo en que la Guerra Civil se inscribió en las grandes tensiones ideológicas de la Europa de entreguerras.
