1. Este año 1947 se señala también, por los cronistas de ambos bandos, como el de la victoria sobre el maquis. Franco demostró que poseía las cualidades necesarias para ganar lo que ahora se llama, una guerra «sucia». Prohibió rigurosamente la magnificación del terrorismo obligando a la prensa a un silencio total. Fue dosificando los instrumentos fundamentales para acabar con él, el Ejército que cubre las comunicaciones, la Policía que recaba los informes, las Fuerzas de Seguridad ciudadanas que dieron al ciudadano medio la sensación de orden absoluto y, sobre todo, la Guardia Civil. Al frente del Benemérito Instituto permaneció durante doce años, Camilo Alonso Vega, que alcanzaba en 1947 precisamente el rango de teniente general. Era el compañero y amigo de tantas andanzas juveniles, de aventuras de guerra, de valor en campaña. La oposición trataría de acumular sobre su persona las sombras de una leyenda de crueldad; pero esa misma tradición oculta en cambio las crueldades cometidas por los maquisards.
Alonso Vega transformó la Guardia Civil acomodándola al modelo de un Ejército de profesionales especializados en la persecución de los delincuentes, la protección de fronteras y la vigilancia del tráfico interior, excluyéndola de las ciudades y de todos los núcleos urbanos de cierta entidad. Aunque a finales de 1947 se tuvo la impresión de que podía producirse un rebrote de guerrillas, lo cierto era que el movimiento de resistencia interior había terminado y que en 1948 Santiago Carrillo tendría que dar orden de retirada. Algunas partidas subsistieron todavía durante dos o tres años.
2. En febrero de 1947 Franco ofreció unas declaraciones a Constantine Brown, del diario The Evening Star, que no se caracterizaba, como veremos, por la condescendencia hacia el Régimen. Afirmaba dos cosas fundamentales:
«Soy hombre que jamás ha abrigado ambiciones de mando ni de poder. Desde mi juventud, la vida me sometió a dura prueba, desempeñando cargos de mando y de responsabilidad muy superiores a mi edad y a mi empleo, pero soy hombre que tengo un concepto de la responsabilidad y del cumplimiento de mis deberes, y el deber es un hecho consustancial con la conciencia de cada persona. Si yo creyese que el interés de mi Patria estaba en que yo resignase el mando, no dude usted que lo haría sin vacilación y con alegría, pues para mí el mando constituye un deber y un sacrificio».
«El pueblo español goza de unas libertades que son desconocidas en el Este y Centro de Europa. Hay limitaciones a esta libertad pero sólo aquellas que se necesitan para mantener el orden pues no debemos olvidar que con el desorden acaban todas las libertades».
