INTRODUCCIÓN
El periodo de la Segunda República española estuvo marcado por una intensa conflictividad política, social e ideológica. En ese contexto, los debates internos del socialismo, la creciente influencia del comunismo internacional y el impacto de la Revolución de Asturias de 1934 configuraron un escenario de fuerte polarización.
Este artículo analiza los denominados “documentos secretos” y otros escritos marxistas atribuidos a los sectores revolucionarios de la izquierda en los meses previos al estallido de la Guerra Civil. A partir del examen del lenguaje, la planificación territorial y la posible autoría militar de dichos textos, se estudia hasta qué punto existió una estrategia insurreccional organizada y cómo esta fue interpretada tanto por los dirigentes republicanos como por los mandos militares que protagonizaron el alzamiento de julio de 1936.
ANÁLISIS DE LOS TEXTOS
Independiente de lo expuesto hasta ahora, y para una mejor comprensión del contenido de los documentos secretos, ha de inspeccionarse minuciosamente el texto de los mismos. Como ya hemos indicado con anterioridad, el estilo usado es bastante técnico, nada pasional ni periodístico.
El texto mantiene un parangón con las instrucciones subversivas empleadas en la revolución de 1934 para la provincia de Madrid[1], aunque exhibe en su redacción conocimientos castrenses, de los que estaban escasos las consignas del octubre revolucionario asturiano, cuya organización armada carecía de Estado Mayor según puntualizaciones del mismo Komintern[2].
Pues bien, los militares profesionales que han examinado los textos de 1936 se han decantado por su autenticidad, pues como apuntaba el coronel Gárate los documentos contienen indicaciones de logística, coordinación y cálculos castrenses, propio de jefes y oficiales con conocimientos de Estado Mayor[3]. Y las personalidades de la milicia que aseveraron tal autoría fueron el general italiano Biondi Mora en 1938[4], el Servicio Histórico Militar en 1945, el general Díaz de Villegas en 1957 (un experto en la guerra revolucionaria), el mencionado coronel Gárate en 1976 y los vicealmirantes Fernando y Salvador Moreno de Alborán en 1998.
Este argumento castrense ha conmovido a Southworth hasta el punto de admitir que los documentos pretendidamente secretos fueron obra, probablemente de un militar… pero perteneciente al bando insurgente. Si esto fuera así, hubiera quedado alguna prueba en los archivos militares, y no meras presunciones. No en vano, el Reglamento de Campaña de 1882 consideraba lícitas e importantes las tretas y argucias empleadas por un Ejército contra sus adversarios; por lo que revelar su existencia suponía un gran mérito para su autor[5]. Por lo demás, los altos grados militares de los sublevados estimaron siempre que había una programada acción revolucionaria en marcha. Así pensaba el general Mola[6] y su servicio de información lo corroboraba, como nos recuerda los libros de Félix Maiz (colaborador y biógrafo del general muerto en 1937); lo mismo creía el general Cabanellas (jefe de la Junta de Defensa Nacional) al referir públicamente que existía un plan revolucionario que hasta era bien visto por el Ministerio de la Guerra[7]; y en Sevilla, el general Queipo de Llano se sublevaría y declararía el Estado de Guerra, sirviendo de fundamento para tal proclamación la existencia de un movimiento insurreccional que ponía en peligro la independencia de la Patria…
El mismo Franco había asegurado a un corresponsal portugués, a principios de la contienda, la siguiente circunstancia:
Se adelantó por varios motivos [el alzamiento]. Temíamos alguna traición y los trabajos de corrupción de las células comunistas aumentaban. Con la complicidad del Gobierno de Madrid se iba preparando la revolución comunista. El movimiento estalló, no a la hora propicia…[8]
Podría ser que todos estos generales se equivocaran, pero mucho me temo que tal posibilidad es remota, pues el generalato estaba auxiliado por un servicio de Información castrense que funcionaba correctamente desde la entrada en vigor del Reglamento de Campaña de 1882. No sólo ocurría esto dentro de los cuarteles, sino que el funcionamiento de la información y contraespionaje se habían racionalizado gracias a la aprobación de un reglamento específico en 1935[9].
Además, basta con comparar los textos de los documentos secretos con las Instrucciones Reservadas del general Mola para apreciar que se tratan de dos documentos completamente distintos. Incluso, el cotejo de las polémicas instrucciones con la serie de órdenes y decretos provisionales redactados por la Unión Militar Española en Barcelona, y que fueron publicados en 1958, muestra también realidades diferentes. Los documentos de la UME poseían un contenido más exaltado (propio del pensamiento de jóvenes oficiales), mientras que el correspondiente al plan hipotético de levantamiento revolucionario exhibe un articulado redactado de forma más diligente y en lenguaje comprensible.
Por lo tanto, cabe relacionar los documentos que nos ocupa con aquellos textos auténticos generados por la izquierda revolucionaria antes de producirse el Movimiento Nacional[10], al igual que con las instrucciones capturadas a los revolucionarios asturianos de 1934, con el propósito de extraer las conclusiones más oportunas
Sea cual fuere el resultado, no debiera preterirse que las instrucciones de los denominados documentos secretos no dejaban de ser más que meros proyectos[11], pues no hubo ni levantamiento armado el 11 de mayo ni tampoco el 29 de junio, como habían previsto inicialmente las instrucciones pretendidamente secretas. Es decir, fueron un mero ensayo.
Con todo, las fechas señaladas en los documentos ni siquiera habían sido seleccionadas al azar: el día 10 de mayo se produjo la elección del Presidente de la República (resultando proclamando Azaña) mientras que para el 29 de junio estaba previsto en la capital de España la celebración de Congreso del Partido Socialista, permitiéndose que hasta el día 10 de mayo las diversas agrupaciones provinciales pudieran formular las propuestas que debieran figurar en el orden del día[12].
Pasemos, sin más prolegómenos, a examinar los aspectos geográficos y subjetivos que poseen las instrucciones. Pues bien, los sectores considerados en los documentos como zonas de asalto (es decir, de ofensiva inmediata) eran los siguientes: Galicia, Asturias, Barruelo (Palencia), Reinosa (Cantabria), zona minera y fabril de Vizcaya, Pasajes-Mondragón-Eibar (Guipúzcoa), Madrid, Extremadura, Logroño, Alicante y Murcia; otras copias añaden Marruecos, Santander y Cataluña.
Curiosamente, estos territorios no coinciden en su totalidad con las circunscripciones donde triunfó el Frente Popular en las pasadas elecciones de febrero, mas se acercan bastante. La coalición izquierdista había ganado, por lo que respecta a dichos territorios, en las provincias de La Coruña, Pontevedra[13], Asturias, Vizcaya, Guipúzcoa, Madrid, Alicante, Murcia y Badajoz; también en todas las provincias catalanas.
El plan tenía su espina dorsal en la cordillera Cantábrica, en clara consonancia con lo observado en la Revolución de 1934. Mantenía contacto con el Portugal trasmontano, en caso de revolución antisalazarista, así como con la frontera francesa, por donde podía recibir auxilio internacional, no en vano Francia tenía concertado un tratado militar con la URSS (convenio franco-soviético); y había buenas expectativas de que el Frente Popular francés se impusiera -como así sucedió- en las elecciones generales de mayo. A mayor abundamiento, desde una perspectiva estrictamente bélica, el arco orográfico vasco-cantábrico-astur con su prolongación galaica constituía un baluarte estratégico de primera magnitud, al tratarse de una región militarmente potente merced a su relieve y recursos defensivos[14].
Fuera de este núcleo fundamental, el plan había concebido tres sectores fragmentados para la lucha directa: las provincias extremeñas que, por colindar con Portugal, podían recibir ayuda igualmente de los conspiradores lusos[15], sirviendo de polo atractivo para el izquierdismo andaluz; la zona levantina de Murcia-Alicante, con salida directa al Mediterráneo, configurándose además como zona de atracción para todo el Levante; y la provincia madrileña, con potentísimas fuerzas revolucionarias, cuya situación estratégica le permitía recibir auxilio de otros sectores, si triunfaba (como se preveía) la revuelta en Asturias, Extremadura o Levante.
La capital de España, con un millón de habitantes, representaba otro punto estratégico fundamental que requería un plan especial, todo ello en conformidad cómo han sido planificadas y desarrolladas las insurrecciones comunistas en las ciudades de los países europeos desde 1917[16]. Tales planes se preparaban con bastante antelación, no siendo definitivos ni completos; en cualquier caso, la elaboración del plan insurreccional se redactaba por el órgano encargado del “trabajo militar”, que podía hallarse inserto en los mismos órganos del Estado o en estrecha relación con ellos[17]. Curiosamente, no se ha conocido el plan de asalto para otra población urbana que no sea Madrid, que en esto seguía las reglas esbozadas en septiembre de 1934, lo que parece indicar un carácter preparatorio de las mencionadas instrucciones. Sin embargo, sí se programaba la huelga general revolucionaria en todo el país, en conformidad con los modelos insurreccionales de la III Internacional:
Preparar una situación revolucionaria, desorganizando económicamente al Estado, primero con huelgas parciales y después con la huelga general, para entonces declarar la guerra al Gobierno burgués[18]
Otra zona de ataque revolucionario era la provincia de La Rioja, lo que no constituía ninguna sorpresa logística, pues la potencialidad revolucionaria de la FAI era conocida desde tiempo atrás[19]. De hecho, la débil conexión con Francia por territorio guipuzcoano necesitaba mayor protección. Navarra no podía serlo por su fuerte significación carlista, pero sí podía asumir dicha tarea las milicias riojanas, expertas en el combate callejero, las cuales disponían además de las montañas abruptas del Sistema Ibérico para refugiarse y poder transitar por las rutas de montaña hacia el foco levantino.
Como se advierte, las instrucciones dejaban en un segundo plano la región andaluza, la Mancha y otras zonas meridionales, en las que imperaba una gran implantación de partidos extremistas, aunque carecían de medios adecuados para sostener un movimiento revolucionario a gran escala; como bien lo había demostrado la Guardia Civil en los primeros años del régimen republicano, desbaratando con dificultades cualquier revuelta o foco revolucionario que aconteciera.
Además, la planificación prescindía de la España insular, de gran importancia marítima, posiblemente por estimarse que, entablada la lucha civil revolucionaria, lo apremiante era dominar como fuere la Península.
El plan revolucionario tenía bastante sentido común y su redactor sabía que una revolución así trazada podía transformarse, por su desarrollo y duración, en una guerra civil, habida consideración de que gran parte del país era catalogado como zona únicamente de resistencia, no de combate. También se daba cuenta de que la lucha sería a muerte, de ahí que el texto contuviera reglas taxativas sobre la eliminación inmediata de los adversarios políticos.
No obstante, esa distribución de fuerzas revolucionarias era conocida por el general Mola. De hecho, en sus Instrucciones Reservadas informa sobre el modo de neutralizarlas. Los alzados emplearían la Marina para controlar toda la zona que discurre desde la desembocadura del Miño al Bidasoa, bombardeando si necesario fuere la zona minera de Vizcaya y manteniendo a raya los mineros de Asturias y el personal laboral del puerto del Musel.
Las zonas dependientes militarmente de la capital vallisoletana (entre ellas La Rioja) serían vigiladas con energía, permitiéndose castigos ejemplares para reducir los movimientos de resistencia y huelgas, empleándose aparte de las tropas de la Guardia Civil destacamentos motorizados a propósito. Por lo tanto, ahora se comprende (tras leer las instrucciones izquierdistas y las del general Mola) la razón por la que la provincia de Logroño y el sur de Navarra fueran sometidos a una fuerte represión preventiva por parte de los alzados, que contabilizará más de 3.000 víctimas… Lo mismo puede decirse en relación con la provincia colindante de Zaragoza, también fuertemente castigada[20].
La situación en cómo quedó el reparto de fuerzas en el Norte tras el alzamiento de julio confirma ese plan inicial. Toda la cornisa cantábrica fue controlada por los partidarios del Frente Popular hasta la localidad de Irún, exceptuando la zona gallega donde se produjeron continuos combates hasta el 28 de julio, internándose tras la derrota algunos combatientes frentepopulistas en los montes regionales con el fin de proseguir la lucha armada[21].
Por lo demás, la conducta de los mineros asturianos tras el levantamiento militar se ajustó bastante a las pautas que antes hemos señalado, al intentar prestar auxilio inmediato al territorio madrileño[22] en poder de las milicias del Frente Popular. No obstante, como iba a reconocer años después uno de los jefes militares del bando derrotado esa decisión constituyó un grave error, pues abandonó Galicia a su suerte[23], lo que produjo que el noroeste (con grandes recursos alimenticios y humanos) pasara a engrosar al territorio controlado por las tropas sublevadas.
El diseño militar del ataque nos permite que podamos barajar algunas hipótesis en relación con los hombres que pudieron participar en su redacción: un militar español de clara significación izquierdista, auxiliado quizás por algún otro, incluso en la órbita de la III Internacional.
Creemos que tal posibilidad pudiera recaer en la persona del teniente coronel Julio Mangada, quien aparece en el Directorio revolucionario como Comisario de Guerra. Y pensamos que pudo ser uno de los autores o colaboradores en su redacción por varios motivos. Principalmente, por su ideología y por sus amplios conocimientos castrenses (había ya combatido en Cuba en 1890). Resulta dudoso que pudiera redactar este plan un militar foráneo, con escasos conocimientos en geografía peninsular, o incluso un miembro más modesto de las Fuerzas Armadas (caso del teniente Castillo o el capitán Faraúdo[24]). Pues bien, parece verosímil que para redactar esas instrucciones se necesitaba aunar determinadas cualidades personales: disponer de tiempo libre; poseer conocimientos teóricos y prácticos en materia logística; contar con suficiente experiencia armada y tener además una cultura general[25]. Esas características las poseía sobradamente Julio Mangada.
A mayor abundamiento, este teniente coronel estaba enfrascado en una cruzada personal contra sus compañeros de armas; hasta el punto de escribir un folleto en marzo de 1936 sobre las actividades político-conspiratorias de la UME[26]. Transcribamos dos pasajes de dicho librito que ponen de manifiesto hasta dónde estaba dispuesto a llegar Julio Mangada en aquella primavera:
Y aquí recuerdo sus palabras… (Palabras de D. Diego Hidalgo) … “¡Antes que entregar la República al FASCIO, que caiga en manos de los SOVIETS!”, pues así pensamos la generalidad: para atrás ni un paso; para adelante cuantos sean posibles. Antes de retroceder, saltar por encima de todo…[27]
El mantenimiento del orden en el país se asegura DISOLVIENDO EL EJÉRCITO ACTUAL PARA ORGANIZAR EL VERDADERO EJÉRCITO DE LA REPÚBLICA…[28]
Otros candidatos a quien atribuir la paternidad de las instrucciones quizás sean el citado comandante Barceló y Francisco Galán, el primero por mor de lo expuesto en el capítulo anterior; el segundo, por lo que comentaremos a continuación. En primer lugar, Galán era teniente coronel de la Guardia Civil e instructor de las milicias comunistas. Además, era hermano del malogrado capitán Fermín Galán, fusilado en la ciudad de Jaca tras el fallido golpe militar del año treinta. Pues bien, en el mes de abril, la prensa parisina lo señalaría como el encargado español de recibir el material soviético transportado[29]; y en las instrucciones aparece como el Comisario encargado del futuro Ejército Rojo, finalidad práctica que coincidía con lo expuesto por Mangada líneas atrás y con lo que el Partido Comunista sostenía entonces como línea doctrinal. Por lo demás, este teniente coronel formaba parte del futuro triunvirato rector del movimiento rebelde que se preparaba, junto con los socialistas Largo Caballero y Hernández Zancajo.
Este último, jefe de las juventudes socialistas, era uno de los ideólogos revolucionarios más importantes de la Península. Había pasado por la cárcel tras la Revolución de Asturias, escribiendo allí un libro en el que abogaba por un socialismo de corte radical, junto con otro camarada de dichas juventudes igualmente preso, Santiago Carrillo, quien aparece en las instrucciones secretas como el responsable supremo de las milicias armadas y facciosas.
Transcribamos también algunos párrafos de dicha obra, en la que muestra las conclusiones aprobadas por la Federación de Juventudes Socialistas:
Por la bolchevización del partido socialista. Expulsión del reformismo. Eliminación del centrismo de los puestos de dirección. Abandono de la II Internacional. Por la transformación de la estructura del partido en un sentido centralista y con un aparato ilegal. Por la unificación política del proletariado español en el partido socialista. Por la propaganda antimilitarista. Por la unificación del movimiento sindical. Por la derrota de la burguesía y el triunfo de la revolución bajo la forma de la dictadura proletaria. Por la reconstrucción del movimiento obrero internacional sobre la base de la revolución rusa. Las Juventudes socialistas consideran como jefe e iniciador de este resurgimiento revolucionario al camarada Largo Caballero, hoy víctima de la reacción, que ve en él su enemigo más firme…[30]
Pues bien; desde 1935 existía un ánimo revolucionario de alto voltaje en las capas jóvenes del socialismo español, que ni siquiera admitía la compañía de sus correligionarios. De hecho, Indalecio Prieto intentó combatir esta tendencia sin éxito por medio de la palabra. Durante dicha época Prieto publicó varios artículos al respecto en su periódico El Liberal, al que respondió Carlos de Baraibar (director de Claridad y Comisario de Industria en las Instrucciones…) con un libro titulado Las Falsas Posiciones de Indalecio Prieto; incluso tras las elecciones de febrero, el socialista moderado Gabriel Mario de Coca publicó una defensa del socialismo moderado con Anti-Caballero; Crítica Marxista de la Bolchevización del Partido Socialista 1930-1936[31].
Y es aquí, en medio de esta guerra sorda en las filas socialistas, donde hay que ubicar el proyecto de las instrucciones secretas.
No quiere esto decir que Prieto o Besteiro hubieran abandonado sus ideales socialistas, ni mucho menos. Lo que sucede es que la rama de Largo Caballero estaba decida a ir al marxismo por la vía más rápida posible, y teniendo como espejo la Unión Soviética (la República de los Soviets, como se titulaba oficiosamente) y la revolución rusa de 1917. Aquellos socialistas de Largo soñaban con una nueva revolución asturiana[32], pero con éxito, que instaurara una sociedad sin clases, previo un tránsito obligado por una dictadura del pueblo. Naturalmente, prestaban oídos sordos a sus compañeros más moderados, y sólo actuaban en función de dichos objetivos políticos.
La política moscovita y la III Internacional (una sucursal de facto de la primera en materia diplomática) comenzaron a prestar atención a lo que había ocurrido en Asturias en octubre de 1934. Algunos fugitivos de Asturias se refugiaron en la desconocida República de los Soviets, entre ellos la socialista Margarita Nelken (agente soviética con posterioridad); otros implicados en la revuelta norteña acudieron a Moscú tan pronto como fueron liberados: el ejemplo de Santiago Carrillo fue paradigmático, pues se hallaba ya en Moscú en marzo de 1936, completamente maravillado, logrando entrevistarse con varios dirigentes comunistas de consideración[33]. De ahí recibieron la corroboración para agilizar la fusión sindical, juvenil y de partido entre el socialismo español y el comunismo ibérico.
Como ya hemos indicado, la unión sindical había sido propuesta por las juventudes socialistas en 1935. Pero su materialización efectiva no iba a depender de los deseos de los jóvenes marxistas nacionales sino de los acuerdos a que llegaran la UGT y la CNT (las centrales sindicales mayoritarias). Esa pudo ser la razón de que aparecieran en las instrucciones secretas los nombres de Pestaña y Pabón, por entonces diputados del Partido Sindicalista, el cual formaba también parte del Frente Popular. Los anarcosindicalistas aplazaron la decisión de la unificación hasta el congreso que iba a celebrar la Confederación en Zaragoza a principios de mayo, aunque reconocían en la prensa la conveniencia de dicha unidad, siempre que tuviera un contenido revolucionario. Pues bien: el congreso referido aprobó la unidad sindical revolucionaria, aunque exigía como contrapartida que la otra central rompiera los lazos políticos y parlamentarios con el partido político que la sustentaba.
No obstante, el primer fruto de dicha tendencia unificadora fue la creación de una fuerza juvenil unificada, como hemos expuesto en epígrafes anteriores. Así, el 27 de marzo de 1936, las juventudes comunistas y socialistas acuerdan fusionarse, declarando públicamente cuáles son sus postulados inminentes. Y eran estos: adhesión a la Internacional Juvenil Comunista; lucha por la revolución proletaria de forma conjunta, y prestar la máxima ayuda para derribar todas las barreras que los elementos escisionistas de la derecha y del troskismo, con los dirigentes centristas que se oponen a la unidad, coloquen en nuestro camino…[34] . Nacen así Las Juventudes de Unificación Marxista, que a finales de abril pasan a denominarse Juventudes Socialistas Unificadas, ocupando Carrillo meses después la jefatura nacional.
Que estos jóvenes estaban por la lucha armada revolucionaria no pude ponerse en duda, pues dos días antes uno de los firmantes del acuerdo mencionado había hablado en el Cinema Europa para un público militante totalmente entregado. Me refiero a Segundo Serrano Poncela, hombre culto y con buena preparación universitaria; he aquí la referencia periodista de su intervención:
A continuación, hizo un análisis acertado de las alianzas obreras para terminar abogando por una sola Central sindical y un solo partido que sepa encauzar una insurrección armada del proletariado para conseguir imponer el socialismo en España. Relata los trámites de los jóvenes socialistas y comunistas para llegar a la unidad de las Juventudes. Se refiere a las Delegaciones que han llegado de Rusia, las cuales han conseguido que la unión de ambas Juventudes sea un hecho. Terminó abogando por un solo partido marxista, único que dé vigor a las alianzas obreras y encauce y dirija el gran movimiento revolucionario que conduzca a los trabajadores a una sociedad sin castas y sin clases…[35]
Tal declaración de intenciones tenía que ser respaldada por un militante maduro y con prestigio soviético dentro de las filas socialistas: la mencionada Margarita Nelken, diputada electa por Badajoz en las recientes elecciones. La Nelken, que aparece como enlace para Extremadura en las polémicas instrucciones, comienza su oratoria comunicando al público congregado que tiene dos saludos especiales desde la Unión Soviética: el de la antigua presa zarista, Vera Figuer, y el del presidente de la III Internacional, Dimitrov (según Margarita, “guía del proletariado mundial”). En realidad, su discurso fue un canto a la URSS y a sus métodos políticos, incluyendo las medidas represivas empleadas contra mencheviques y contrarrevolucionarios. Entre otras cosas, comunicó al público del barrio madrileño de Cuatro Caminos las siguientes afirmaciones:
A algunos de nuestros camaradas les da miedo la juventud porque evoluciona. Los jóvenes han visto ya el ejemplo de los viejos y no les quieren imitar. No permitáis que los viejos se pongan en vuestro camino. El porvenir que hay que construir es el vuestro, y tenéis derecho a construirlo por encima de los viejos. Ya sabéis camaradas, que tenemos a un viejo que es más joven que los jóvenes. La república tiene que ser para servirnos, no para servirla. La República burguesa para los burgueses y la República proletaria para los obreros. Sin respeto a nada ni a nadie…
Mientras tanto, la unificación política caminaba más despacio. Aun así, el Partido Comunista de España había propuesto la unidad proletaria con antelación: en fecha 4 de marzo, el secretario general, el sevillano José Díaz, había redactado un texto oficial que ofrece a la Ejecutiva del Partido Socialista con el fin de que lo estudiara en su próximo Congreso y lo aprobara, si fuera menester. El texto que se publicó en la prensa del partido[36] refería realidades importantes en relación con el pacto del Frente Popular y el socialismo revolucionario. Distinguía la política de aquel (Bloque Popular) de las actividades revolucionarias conjuntas de socialistas y comunistas (Frente Único). Todo ello estaba en concordancia con lo acordado en el VII Congreso de la Internacional Comunista celebrado en julio de 1935 en Moscú, como confirmará el ex comunista Delgado en su referido libro de 1962. Es decir, lo que se aprobó realmente en el famoso congreso de la III Internacional no fue sólo la creación de los Frente Populares, como medio de oponerse al crecimiento de los fascismos mediante un pacto multilateral con la burguesía de izquierdas, sino también una táctica complementaria de fusión con otros grupos revolucionarios con el fin de llegar a una solución de revolución definitiva. La finalidad del Frente Popular consistía para los comunistas españoles en facilitar la denominada eufemísticamente “revolución burguesa”, que tal como se infiere de ese documento consistía en allanar el camino a la revolución socialista, mediante la paralización de los elementos reaccionarios y fascistas peligrosos; lo que, en conformidad con el programa en vigor de la Internacional comunista, aprobado en el congreso de 1928, constituía la primera etapa de la revolución bolchevique-proletaria[37].
Por lo demás, los fines del Frente Único perseguían un estado socialista, similar al existente en la URSS durante la época de la Nueva Política Económica de Lenin. El texto oficial dado a la prensa indicaba que este programa era el siguiente: 1º. Lucha por la confiscación sin indemnización, de todas las tierras de señorío de la nobleza, terratenientes, Iglesia y órdenes religiosas, atribuyéndolas de forma gratuita al campesinado; 2º. Lucha para que todos los impuestos, deudas y cargas fueran abolidos; 3º. Lucha para proveer al campesinado maquinaria, útiles, simientes, créditos y elemento técnico; 4º. Lucha para la abolición del contrato agrícola; 5º. Lucha por la nacionalización de las grandes empresas (ferrocarriles, banca, medios de transportes, etc.); 6º. Lucha para instaurar la jornada de siete horas y la de seis para trabajos insalubres; 7º. Lucha para conseguir los seguros sociales para los trabajadores; 8º. Lucha por la liberación de todos los pueblos oprimidos, reconociendo a Cataluña, País Vasco y Galicia el derecho a su independencia; 9º. Lucha por la liberación inmediata de Marruecos y las colonias; 10º. Lucha por la supresión de la Guardia Civil, Asalto y otras fuerzas de orden público, armando al pueblo obreros y campesinos, con liquidación de la burocracia hostil al pueblo, eligiendo después las Alianzas Obreras y Campesinas; 11º. Lucha por la supresión del Ejército permanente, con liquidación de generales y oficiales, elección de los comandantes por los soldados y creación del Ejército rojo; 12º. Solidaridad proletaria con el Mundo y alianza fraternal con la Unión Soviética; 13º. Lucha por un Gobierno obrero y campesino que realice inmediatamente este programa.
El escrito añade, a renglón seguido, que las Alianzas Obreras y Campesinas, como órganos revolucionarios del Poder, (…) lucharán hasta romper definitivamente el poder de los explotadores, de los capitalistas y terratenientes, hasta liquidar totalmente el aparato de coerción burocrático y antipopular del Estado y de los Municipios… Y más adelante, incluso explica los verdaderos objetivos políticos: independencia completa, vis a vis, de la burguesía y ruptura completa del Bloque de la socialdemocracia con la burguesía; realización de antemano de la unidad de acción; reconocimiento de la necesidad del derrocamiento revolucionario de la dominación de la burguesía y la instauración de la dictadura del proletariado en la forma de Soviets (…) asegurando la unidad de voluntad y de acción por la experiencia de los bolcheviques rusos…
La carta oficial termina de la manera que sigue: Estando próximo el Congreso de vuestro partido, os rogamos examinéis las condiciones que os presentamos, que son las establecidas por el VII Congreso de la Internacional Comunista, y nos hagáis saber vuestra opinión al respecto…
Así las cosas, el Congreso del Partido Socialista se iba a fijar de inmediato por el grupo de Indalecio Prieto, si bien la Agrupación de Madrid (dominada por los hombres de Largo Caballero) protesta por esta designación tan temprana, a la par que otras agrupaciones de la Península. Finalmente, a finales de marzo, la ejecutiva lo señala definitivamente en Madrid el 29 de junio de 1936; y es que no puede desdeñarse que el Congreso socialista era de gran importancia para la supervivencia de II República, pues se iba a dilucidar sobre la adhesión del PSOE a la Internacional comunista o su mantenimiento en la II Internacional[38].
Y es aquí cuando cobra verosimilitud el contenido de las instrucciones aprehendidas. Y me explico, algunas personas de las citadas como comisarios del futuro Directorio revolucionario no comulgaban con las ideas para-comunistas de los hombres de Largo, caso de Bujeda o Jiménez de Asúa; incluso, algunos enlaces como el asturiano Belarmino Tomás. Por ende, el plan revolucionario no podría cuajar sin que se produjera un hecho exógeno que provocara que la hermandad socialista cerrara de nuevo filas a su alrededor (como ocurriría si el candidato elegido como Presidente de la República fuera de su gusto) o un hecho endógeno, como que en el congreso a celebrar en Madrid se convenciera a los restantes socialistas de la oportunidad revolucionaria; con mayor motivo, cuando el Partido Comunista había entregado el memorándum referido en pos de la unidad del marxismo español.
Pero, las circunstancias sobrevenidas iban a modificar las previsiones iniciales. El 10 de mayo sale Azaña elegido como nuevo Presidente de la República, lo cual no constituía una buena noticia para toda la familia socialista. Más tarde, el solitario Pestaña parece que no está por la labor pese a haber acudido a las reuniones de la Internacional comunista en 1920, y por último el importantísimo Belarmino Tomás continúa respaldando el grupo de Prieto. El no contar con la colaboración del mencionado asturiano, pues González Peña estaba con Prieto desde febrero, podía implicar el fracaso del movimiento insurreccional, pues se prescindía de una provincia vital para que en la zona norte triunfara la rebelión.
No sólo eso, la ejecutiva socialista decide el 25 de mayo posponer el Congreso del partido para octubre, motivado por tensiones internas; y sólo seis días más tarde, en Écija, los seguidores de Largo Caballero atentarían contra Indalecio Prieto y Belarmino Tomás (considerado uno de los héroes de la revolución de 1934). Es posible que la sospecha de que ocurrieran estas violencias, impulsara al diario nocturno Claridad a desvelar horas antes el contenido del plan revolucionario con el propósito de justificar su inocencia. En cualquier caso, lo que sí parece indudable es que el éxito del levantamiento armado resultaba ya inalcanzable por dos causas principales: la determinación de retrasar el Congreso hasta octubre y la fidelidad de Belarmino Tomás a la personalidad política de Indalecio Prieto. Además, la CNT en su congreso de Zaragoza había aceptado el cooperar con la UGT, siempre que no hubiera interferencia de ninguna atadura política, lo que suponía una renuncia más al diseño revolucionario propuesto. Y en otro sector clave de la sublevación (Extremadura), los ánimos no se hallaban en su mejor momento, pues la conducta de la enlace designada (Nelken) había sido reprobada públicamente por la agrupación socialista de Bajadoz, tras insultar a varios dirigentes provinciales[39].
Por otro lado, Claridad refería que las instrucciones habían sido sustraídas del domicilio de un dirigente fascista, en razón de la profusión con que habían circulado últimamente. En realidad, les preocupaba que el mismísimo Primo de Rivera hubiera aludido al periódico madrileño, cuando exponía el plan revolucionario programado para el país, en el manifiesto que aquel había dirigido días atrás a todos los militares[40]; y en el que les proponía la sublevación por correr peligro la unidad e independencia de la Patria, motivado por los tejemanejes comunistas[41].
También le inquietaba al periódico ugetista la orden explícita de fusilar a los adversarios del movimiento insurgente, por las repercusiones que pudiera tener en la opinión pública, aunque aquella directiva tuviera su origen en causas nada coincidentes con la naturaleza del socialismo nacional.
Por ende, no parecía un inconveniente el publicar los documentos secretos, si habían perdido toda su finalidad operativa; siempre que se precisase que se trataba de una argucia intoxicadora de la derecha española: de esta forma, podían eludirse las posibles investigaciones sobre un plan ilegal, que podría estimarse como delito de traición o rebelión; acallando, igualmente, las murmuraciones que pudieran haberse levantado si el Congreso del partido se hubiera celebrado el día previsto. A estas alturas, parece evidente que, si Claridad hubiera creído sinceramente que el proyecto rebelde constituía una falsedad propalada por la reacción, debiera haber esperado hasta el 29 ó 30 de junio –fechas indicadas en los papeles como las previstas para la sublevación marxista- para publicar el contenido de las consignas secretas; de este modo tan simple hubiera desbaratado las patrañas, desviando así cualquier comentario incómodo.
Pues bien, los referidos Bujeda y Jiménez de Asúa –precisamente amigos de Largo Caballero- eran necesarios para levantar un nuevo orden político, teniendo en cuenta sus conocimientos en Derecho Político y en Hacienda Pública, aparte de profesar un antifascismo contrastado. Y Pestaña, antiguo dirigente de la histórica CNT y por entonces líder del pequeño Partido Sindicalista, podía suponer un elemento valioso si se pretendiera aproximar las masas anarcosindicalistas al proyecto revolucionario, lo que hubiera podido significar el triunfo del complot.
[1] Cf. Comín Colomer, E. (1967): Historia del Partido Comunista de España, tomo III, Editora Nacional, Madrid, pp. 756 y 757.
[2] Internacional Comunista, edición rusa, (20.11.1934). Cf. Belforte, F. (1939): La guerre civile in Spagna; la desintegrazioni dello Stato, Istituto per gli Studi di Politica Internazionale, Milán, p. 121.
[3] Gárate Córdoba, J. M. (1976): La guerra de las dos Españas: breviario histórico de la guerra del 36, Caralt, Barcelona, pp. 38 y 39
[4] “General Belforte”, pseudónimo con que se firma la monografía de 214 páginas La guerre civile in Spagna; la desintegrazioni dello Stato. El general Biondi pertenecía por entonces al servicio histórico del Ejército italiano.
[5] No en vano, el artículo 74 del Reglamento para el Servicio de Información en Campaña de 1935 recomendaba la difusión de escritos apócrifos para engañar al enemigo.
[6] Heraldo de Aragón, Zaragoza, 1 de agosto de 1936.
[7] Anónimo (1937?): Radio Verdad (emisora al servicio de la España Nacional), Tipografía Bazar, Zamora, pagina 3.
[8] La Gaceta de Tenerife, (11.08.1936), p. 2.
[9] Reglamento para el Servicio de Información en Campaña, Ministerio de la Guerra, 87 páginas.
[10] De la Cierva, R. (1969): Historia de la Guerra Civil Española, tomo I, San Martín, Madrid, pp. 714 y ss.
[11] Comín Colomer, E. (1953): Luchas internas en la zona roja, Publicaciones Españolas, Madrid, pp. 3-5.
[12] Época, Madrid, (30.03.1936), pagina 3.
[13] Mi padre, por entonces, era el escribiente de un sindicato socialista adscrito a la CNT de La Coruña (Traballadores da Terra) y radicado en el municipio de Moraña. Estos sindicalistas estaban esperando la llegada de armas clandestinas, que ya tenían en su poder los cenetistas del área portuaria de Villagarcía de Arosa. Testimonio de J. T. Piñeiro Fariña.
[14] Cf. Díaz de Villegas, J. (1936): Geografía Militar de España, Servicio Geográfico y Cartográfico del Ejército, 2ª edición de 1940, Madrid, pp. 337 y ss.
[15] El río Tajo era navegable desde su estuario hasta prácticamente la frontera extremeña, ibidem, p. 302.
[16] Cf. ““El Comunismo: la organización comunista clandestina; la organización militar del Partido Comunista”, General CIA Records, CIA-RDP78-00915R000200130002-3, circa 1950, pp. 39 y ss.
[17] Ibidem, p. 47
[18] El programa del Komintern. Cf. “Expediente sobre comunismo, intervención de la Tercera Internacional en la política española y actuación del Gobierno del Frente Popular”, Archivo Histórico Nacional, FC-CAUSA_GENERAL, 1519, Exp. 8 – Imagen núm. 36 y 37 / 112.
[19] “Podemos concretar, respecto de la FAI y la CNT, el papel que por sí solas desempeñarán en la Revolución. Confederación Regional de Aragón y la Rioja.- Se lanzarán al movimiento con tanto o más denuedo que en diciembre [1933]. Con sus fuerzas solamente pudo mantener la rebeldía durante una semana. Hay que sumarle ahora la ayuda que recibirá de Cataluña”. Cf: Karl, M. (1934): El Enemigo: marxismo, anarquismo, masonería, edición de 1937, Ediciones Ercilla, Santiago de Chile, p. 200.
[20] Hubo, por consiguiente, necesidad de recorrer, casi uno a uno, los pueblos de Andalucía, los de Castilla, los de la Navarra ribereña, los de Rioja y Aragón… En todos, existían fermentos de revolución roja. Asfixiarlos rápidamente resultaba esencial si el Alzamiento había de seguir desarrollándose hasta el fin. Aquel período revistió, naturalmente, especial dureza, rigor extremo, y de ello dependió en más de una ocasión la derrota de los rojos que, mostrándose dispuestos a todo, no vacilaban en aplicar los métodos terroristas (…). Cf. Arrarás, J. (1939-1943): Historia de la Cruzada Española, edición de Datafilms en 1984, volumen VII, Madrid, p. 418.
[21] El último guerrillero español (José Castro Veiga, alias Piloto) murió en un enfrentamiento ocurrido en la comarca lucense de Chantada en marzo de 1965. Una de sus últimas fotografías muestra a este hombre armado con pistola ametralladora, vide Reigosa, C. (1995): Agonía del León, Alianza Editorial, páginas centrales.
[22] En la zona norteña republicana se estaba organizando una columna de milicianos para ocupar Aguilar de Campoo y marchar hacia Madrid. Véase Claudín, F. (1983): Santiago Carrillo, Planeta, Barcelona, página 42.
[23] Castro Delgado, E. (1965): Hombres Made in Moscú, Luis de Caralt, Barcelona, páginas 324 y ss.
[24] Julio Mangada participó en el entierro de Faraúdo (capitán de Ingenieros) como orador, cerrando el acto, donde tras recordar la memoria del capitán asesinado y de los malogrados capitanes Galán y García Hernández, pediría al Gobierno mano dura contra los fascistas y reaccionarios, juramentándose a exigir el ojo por ojo y el diente por diente, y terminando su alocución con un “¡Arriba los corazones!” tras invitar a los militares republicanos a unirse a los partidos proletarios. Cf. “En el entierro del capitán Faraúdo y las víctimas de los sucesos de Cuatro Caminos: en el fúnebre acto pronunciaron discursos los señores Álvarez del Vayo, Carrillo, Hernández y Mangada”, La Libertad, (10.05.1936), pp. 5 y 6.
[25] QQ. HH. Como mas. que siente la Mas. antes que todo, voy a utilizar la facilidad que me da este cargo, para cumplir uno de los que yo juzgo deberes primordiales, consistente en hacer partícipes a nuestros HH. de todo aquello que juzguemos útil y bueno, principalmente cuando se trata de algo que constituye un verdadero placer espiritual y en el que, uniendo lo útil a lo agradable, podemos rebuscar entre un copioso acerbo de amenas enseñanzas hasta hallar la que desconozcamos, cumpliendo así el mas. deber expresado por un IHr. de no buscar reposo ningún día sin haber adquirido un nuevo conocimiento. Se trata de la obra titulada “¿CON QUIÉN?” de que es autor nuestro q. IHr. y Pod. H. JULIO MANGADA ROSENORN… Gran Logia Regional del Centro de España, Madrid, 3 de octubre de 1935. Cf. Belforte, F. (1939): La Guerra Civile en Spagna, volumen I, Istituto per gli studi di politica internazionale, Milán, documento masónico n. 5.
[26] Mangada Rosernörn, J. (1936): El Fascio en el Ejército o la Unión de Militares Españoles (U.M.E.), Madrid.
[27] Opus cit, página 7.
[28] Y EMPLEANDO CONTRA LAS DERECHAS LA MANO DURA QUE TENÍAN RESERVADA PARA LAS IZQUIERDAS SI ÉSTAS HUBIERAN TRIUNFADO… Así en el original. Ibidem, pág. 31.
[29] Los enviados de Moscú entregan los equipos, los fondos y las instrucciones al agitador conocido Francisco Galán, para un futuro levantamiento… Cf.” Moscou arme l’Espagne pour la révolution”, Le Matin, (09.04.1931), París, p.1.
[30] Hernández Zancajo, C. y Carrillo Solares, S.: Octubre, Segunda Fase: seguido de la réplica a los artículos publicados por Indalecio Prieto en “La Libertad” y en otros periódicos, Renovación, Madrid, página 160.
[31] Redero San Román, M. (1992): Estudios de Historia de la UGT, Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, página 32.
[32] El discurso de Francisco Largo Caballero en Oviedo, pronunciado el catorce de junio de 1936, ante miles de entusiastas de Asturias y León, así lo acredita. Fuente: La Libertad, (16.06.1936), Madrid, p. 5.
[33] Claudín, F. (1983): Santiago Carrillo: crónica de un secretario general, Planeta, Barcelona, páginas 35 y sucesivas.
[34] La Libertad, 27 de marzo de 1936, Madrid, página 6.
[35] Ibidem.
[36] La Libertad, 6 de marzo de 1936, página 6.
[37] Consúltese Programa y Estatutos de la Internacional Comunista (adaptado por el Congreso mundial celebrado en Moscú el 1º de septiembre de 1928), ediciones de ¡Adelante! (Anderlecht-Bruselas), imprime La Cooptypographie, Courbevoie (Francia).
[38] Lo comentaría públicamente el ministro de comunicaciones, Blanco Garzón: “El hecho es quizás uno de los más fundamentales desde que advino la República, porque en dicho congreso se van a adoptar, la Segunda de Berna y la Tercera de Moscú”. Cf. La Voz de 3 de mayo de 1936, p. 3
[39] ABC, 27 de mayo de 1936, página 23.
[40] Está en litigio la existencia misma de España como entidad y como unidad. El riesgo de ahora es exactamente equiparable al de una invasión extranjera. Y esto no es una figura retórica; la extranjería del movimiento que pone cerco a España se denuncia por sus consignas, por sus gritos, por sus propósitos, por su sentido. Las ‘consignas’ vienen de fuera, de Moscú. Ved cómo rigen exactas en diversos pueblos. Ved cómo en Francia, conforme a las órdenes soviéticas, se ha formado el Frente Popular sobre la misma pauta que en España. Ved cómo aquí –según anunciaron los que conocen estos manejos- ha habido una tregua hasta la fecha precisa en que terminaron las elecciones francesas, y cómo el mismo día en que los disturbios de España ya no iban a influir, se han reanudado los incendios y las matanzas. Los ‘gritos’ los habéis escuchado por las calles: no sólo el “¡Viva Risa!” y el 2 ¡Rusia sí; España, ¡no!”, sino hasta el desgarrado y monstruoso “¡Muera España!” (…) Los ‘propósitos’ de la revolución son bien claros, La Agrupación Socialista de Madrid, en el programa oficial que ha redactado, reclama para las regiones y las colonias un ilimitado derecho de autodeterminación, que incluso las lleve a pronunciarse por la independencia. El ‘sentido’ del movimiento que lanza es radicalmente antiespañol. Es enemigo de la Patria (Claridad, el órgano socialista, se burlaba de Indalecio Prieto porque pronunció un discurso patriótico) … “Carta a los Militares de España”, en Obras de José Antonio Primo de Rivera, tercera edición, Sección Femenina, Madrid, 1964, páginas 925 y 926.
[41] Lo mismo que el boletín, se repartieron por millares impresos de la Falange anunciando todo el programa comunista, que nuestros enlaces copiaban en las células y radios rojos; la hoja de servicios del General Núñez de Prado y la celebérrima, maravillosa y eficacísima “Carta a un militar español”, firmada por José Antonio en la cárcel el día 4 de mayo… Véase Ximénez de Sandoval, F. (1976): Biografía Apasionada de José Antonio, séptima edición, “Fuerza Nueva” Editorial, Madrid, página 485.
CONCLUSIÓN
El análisis de los escritos marxistas atribuidos al periodo final de la Segunda República muestra un clima político profundamente tensionado, en el que convivían proyectos revolucionarios, estrategias de acumulación de fuerzas y fuertes divisiones internas dentro del socialismo español. La existencia de planes, borradores o “ensayos” insurreccionales —aunque no se materializaran en las fechas previstas— revela la radicalización de determinados sectores, influenciados por la experiencia soviética y por la dinámica de la Internacional Comunista.
Al mismo tiempo, la interpretación de estos documentos por parte del generalato sublevado contribuyó decisivamente a justificar, en su propio relato, la necesidad del alzamiento militar. En definitiva, más allá de la polémica sobre la autenticidad o autoría de los textos, su estudio permite comprender mejor el deterioro del consenso republicano y el camino hacia una confrontación que terminó derivando en una guerra civil abierta, cuyas consecuencias marcaron de forma duradera la historia contemporánea de España.
