José Antonio Primo de Rivera y la memoria de la Falange. Una reflexión sobre los ideales, el sacrificio y la evolución del movimiento falangista.
«José Antonio… ¿Estás contento de nosotros?». Con esta pregunta comienza un texto cargado de simbolismo, reproche y reflexión sobre la evolución de la Falange y el comportamiento de quienes, en teoría, debían mantener vivos sus principios. A través de una especie de diálogo imaginario con José Antonio Primo de Rivera, el autor construye un alegato moral en el que contrapone los ideales que inspiraron el movimiento falangista con lo que considera su progresivo abandono en la práctica.
El sacrificio, la hermandad, el sentido del deber, la austeridad y el servicio a la Patria aparecen como referencias fundamentales de aquel ideario. Frente a ellos, el texto denuncia el predominio del dinero, el interés personal, la ambición y la utilización de la memoria de los caídos como instrumento de promoción individual. La crítica no se dirige únicamente a quienes se han apartado de aquellos principios, sino también a quienes continúan invocándolos mientras, según el autor, actúan de manera contraria a su significado.
La referencia al 20 de noviembre, fecha vinculada a la muerte de José Antonio, refuerza el carácter evocador del escrito y convierte sus palabras en un ejercicio de examen de conciencia. Más allá de su contenido ideológico, el fragmento permite acercarse a las tensiones internas del falangismo y a la percepción de quienes consideraban que sus ideales originales habían quedado desvirtuados por las prácticas y los intereses de la realidad política posterior.
El texto concluye con una pregunta que, en realidad, encierra toda una acusación: «José Antonio, tú no estás contento de nosotros». A través de ella, el autor expresa su percepción de una profunda distancia entre los principios proclamados en los orígenes de la Falange y la conducta de quienes posteriormente se identificaron con ellos.
El sacrificio frente a la comodidad, la hermandad frente al interés particular, el deber frente al beneficio económico y la entrega frente a la ambición personal constituyen los principales contrastes sobre los que se articula esta reflexión. Especialmente significativa resulta la crítica a la utilización de la memoria de los caídos, cuyo recuerdo, según denuncia el escrito, habría perdido parte de su significado original al convertirse en ocasiones en un recurso para obtener reconocimiento o ventajas personales.
En definitiva, estamos ante un testimonio de crítica interna que refleja el desencanto de una determinada corriente falangista ante la evolución del movimiento y la distancia entre su discurso ideológico y su realidad política. Un texto que invita a examinar no solo los ideales que se proclaman, sino también la coherencia entre las palabras, los comportamientos y las actuaciones de quienes dicen defenderlos.
La pregunta inicial permanece así como hilo conductor y conclusión moral del escrito: «¿Estás contento de nosotros?». Una interrogación que resume el sentido de este ejercicio de memoria, autocrítica y reflexión sobre la historia de la Falange.
José Antonio…
¿Estás contento de nosotros?
Yo creo que no.
Y yo creo que no porque te levantaste contra la materia y el egoísmo, y hoy los hombres han olvidado la sublimidad de tus palabras, para correr como locos sedientos por el camino del egoísmo y de la materia.
Porque quisiste una Patria de poetas y de soñadores ambiciosos de gloria difícil, y los hombres sólo buscan una Patria despensiera y estomacal repleta de fécula, aunque no tenga ni belleza ni gallardía.
Porque predicaste el sacrificio, y los hombres miran a un lado y a otro para esconderse.
Porque despreciaste el dinero, y los hombres buscan el dinero; y el negocio se impone al deber, y el hermano vende al hermano, y se especula con el hambre del humilde y con las dificultades de la Patria.
Porque los hombres confunden tu lema de ser mejor por el de estar mejor.
Porque el espíritu se hace carne; y el sacrificio gula; y la hermandad, avaricia.
Porque llamaste a tu cortejo a millares de mártires para que nos sirvieran de norma y guía, y los hombres no han visto en la sangre de los tuyos el ejemplo, y encuentran inoportuno su recuerdo, y les molesta que a sus oídos, cerrados a su generosidad, repitamos con machaconería la presencia de los ¡¡Presentes!!, y hasta que se yo si alguno explota a sus caídos como plataforma para trepar o como trampolín para el negocio y para la pirueta.
José Antonio, tú no estás contento de nosotros. Tú nos tienes que mirar desde tu sitio, desde tu veinte de noviembre, con profundo sentido de desprecio y melancolía.
Tú no puedes estar contento con esta vida mediocre y sensual.
