José Luis de Arrese y su intento de impulsar una reforma institucional del franquismo basada en los principios políticos de la Falange durante los años cincuenta.
El 4 de marzo se conmemora, en el Teatro Calderón de Valladolid, el acto de fusión de Falange Española con las JONS. Arrese, en su discurso, aprovecha la oportunidad para anunciar el encargo que ha recibido del Caudillo de preparar un conjunto de leyes que sirvan para institucionalizar el Régimen, tomando como base el ideario político de la Falange.
Poco antes, el día 3 de marzo, José Antonio Girón ha conseguido audazmente que el Consejo de Ministros apruebe una subida lineal de salarios del 20%, ante la sorpresa y la desaprobación de varios ministros del Gabinete, pero con la aprobación de Franco. A finales de mayo, Girón conseguirá el ingreso de España en la OIT (Organización Internacional del Trabajo).
A finales de marzo, Dionisio Ridruejo sale de la cárcel y, naturalmente, además de fundar un grupo político de total ruptura con el Régimen, el Partido Social de Acción Democrática (PSAD), declina toda responsabilidad en los sucesos y dirige a los miembros de la Junta Política de FET y de las JONS un escrito titulado: «Declaración personal e informe polémico sobre los sucesos universitarios de Madrid en Febrero de 1956». Este documento es un alegato acusatorio contra el Régimen, al que hace responsable de sus andanzas conspiratorias, sin un ápice de autocrítica. El escrito lleva fecha del 1 de abril, una vez cumplido su encarcelamiento.
En mayo, Arrese constituye la Ponencia para la reforma y ampliación de las Leyes Fundamentales del Estado, tratando de hacer de ellas un proyecto constitucional. Componen la Ponencia los siguientes personajes: Luis Carrero Blanco, Javier Conde, José Antonio Elola-Olaso, Raimundo Fernández-Cuesta, Gistau, Luis González Vicén, Iturmendi, Lamo de Espinosa, Reguera Guajardo, Diego Salas Pombo y Rafael Sánchez-Mazas.
Con esos nombres, Arrese debe saber que en cuanto Carrero e Iturmendi, por ejemplo, vean asomar por el texto un solo atisbo de nacionalsindicalismo, debidamente estructurado, articulado y con poder político orgánico, su anteproyecto quedará bloqueado y, finalmente, acabará fracasando.
El primero que se da cuenta de ello es Luis González Vicén, quien no está dispuesto a ocultar todo lo que lleva pensando desde hace mucho tiempo, y se lanza a hacer propuestas revolucionarias para ampliar la base de la Falange, conseguir unas Cortes más representativas y hacer de la economía un instrumento realmente ágil, justo y distributivo de la riqueza. Según González Vicén, el Consejo Nacional ha de ser electivo en su totalidad, siendo el eje del sistema político, y quien asuma la jefatura del mismo deberá estar libre de influencias del Ejército y de la Iglesia, añadiendo que ninguna de estas instituciones ha de estar representada en el Consejo; en todo caso, será en las Cortes orgánicas donde deben tener su presencia asegurada como organismos vivos de la sociedad, para desarrollar una labor legislativa junto al resto de representantes de la sociedad española. González Vicén llega incluso a criticar que todavía no exista una liquidación real y efectiva de la Guerra Civil, ya que sobreviven las diferencias entre rojos y no rojos, entre afectos y desafectos al Régimen; es decir, entre vencedores y vencidos, y es necesario superar esa situación para que el acceso al poder político no esté delimitado por unos y otros. Si no se hace así, Régimen y Movimiento sólo representarán a media España. Y todavía va mucho más allá al censurar que la Falange dependa exclusivamente de Franco, razonando su crítica de este modo:
Porque, como todo ser humano, Franco es mortal y sustituible.
Porque el mando absoluto puede suponer, en algunos casos, una tiranía.
Porque al hacerse muchos nombramientos según un criterio personal y directo, se ocasionan equivocaciones, servilismo y falta de capacidad en la toma de decisiones para evitar opiniones contrarias al mando.
Porque supone la posibilidad de actuar con arbitrariedad o capricho.
Porque supone una oportunidad para los trepadores sin escrúpulos.
Porque también supone desaprovechar un buen número de personas, capaces de desempeñar responsabilidades políticas para las que están sobradamente preparadas.
Porque supone la posibilidad de escoger a los que únicamente dedican su tiempo a dejarse ver.
Y sigue González Vicén, valientemente, proponiendo que sea el Consejo Nacional quien seleccione y haga la propuesta de candidatos para la Jefatura del Estado, constituyéndose en garantía del resultado electivo del mismo, lo que supone que la elección ha de hacerse por sufragio universal directo, con la participación de todos los españoles.
Con respecto al resto de los puestos de representación política en las Cortes, el sistema electivo debe ser orgánico. Y, así, los miembros de las corporaciones locales serán elegidos por la población; los elegidos de esta manera elegirán, a su vez, a los miembros de las entidades provinciales y a un tercio de las Cortes; un segundo tercio de estas será elegido por los Sindicatos, y el tercer tercio puede estar formado por eminentes personalidades de distintos sectores, profesiones o actividades, designados por el Gobierno.
La función de las Cortes, según González Vicén, será puramente legislativa y también será la de confirmar al Jefe del Gobierno nombrado por el Jefe del Estado. Asimismo, pueden retirar su confianza al Gobierno, obligándolo a dimitir.
En cuanto a la organización falangista, González Vicén no se olvida de ella, y pretende robustecer su estructura haciéndola más representativa. Cada JONS local debe elegir a su propio jefe local, sometiendo su elección al jefe provincial para su aprobación o rechazo. En cada provincia, los militantes falangistas eligen a los miembros del Consejo Provincial, y este elige al jefe provincial, elección sobre la que el Consejo Nacional puede ejercer su veto. Este Consejo Nacional debe estar constituido de la siguiente forma: un tercio del mismo por los 50 jefes provinciales, un segundo tercio elegido por el Partido entre sus miembros, y el tercio restante nombrado directamente por el Jefe Nacional. Lo que no aclara González Vicén es si la Jefatura Nacional de la Falange estará unida a la Jefatura del Estado, pero parece ser que no ha de ser así.
Por supuesto, las propuestas de Luis González Vicén son rechazadas por el resto de la Comisión al considerarlas muy radicales.
El proyecto de leyes de Arrese va tomando forma, con el trabajo y esfuerzo que está desarrollando especialmente el Vicesecretario General del Movimiento, su fiel Diego Salas Pombo. Pero Arrese tiene dentro de la Comisión a algún falangista en total desacuerdo con el borrador de texto que se va escribiendo. En la reunión del 18 de junio, Raimundo Fernández-Cuesta y Antonio Iturmendi se oponen frontalmente al primer borrador que han redactado Salas Pombo, Reguera, Lamo de Espinosa y Conde. Raimundo justifica su posición desde el punto de vista de que este texto despertaría una oposición generalizada de las familias políticas que forman parte del Régimen y, como consecuencia, de la mayoría de la sociedad española no falangista e, incluso, del mismo Franco. Opinión parecida y todavía más dramática es la de Iturmendi.
Arrese no puede decir ahora que esté desorientado, pues ya conoce que su proyecto va a entrar definitivamente en una vía que lo puede llevar a su abandono definitivo, o bien a una áspera lucha con parte de la Comisión, en primera instancia y, después, con el Consejo Nacional, etc.
Por su parte, Carrero Blanco, al mismo tiempo, no permanece ocioso, porque si Arrese actúa con decisión y firmeza, el horizonte de la monarquía se puede alejar hasta una distancia poco menos que inalcanzable. Carrero Blanco no está por la labor y comienza a maniobrar con habilidad, ya que entre sus virtudes profesionales cuenta con la de ser un buen estratega especialista en la guerra submarina. Es el momento de activar a su brazo derecho político, Laureano López Rodó, para que vaya preparando otra propuesta alternativa que desbarate completamente el anteproyecto de Arrese y su equipo.
La batalla ha comenzado y los bandos contendientes saben que si Arrese es derrotado habrá quedado sobre el campo de batalla un solo cadáver: el de la Falange oficial, sin posibilidad de futuro político en las instituciones, tanto en las actuales como en las venideras de la mano de la monarquía. Ése es el reto: o Falange domesticada, pero al fin y al cabo Falange, o monarquía sin Falange.
Para complicarle más el panorama a Arrese, Juan de Borbón está siendo informado puntualmente del desarrollo del anteproyecto, al que se opone con todas sus fuerzas, alterándole los nervios hasta el punto de emprender una torpe e insensata maniobra, involucrando en ella al capitán general de Cataluña, Juan Bautista Sánchez. El resultado de la descabellada intentona del Borbón será fatal para el militar.
Antes de las vacaciones de verano, el 17 de julio se reúne el Consejo Nacional del Movimiento, donde se oyen voces discordantes con los planes del Ministro Secretario General.
El 25 de julio se reúnen en Madrid los delegados nacionales del Movimiento, convocados por Arrese para darles cuenta de la marcha de sus trabajos relacionados con las Leyes Fundamentales que están en preparación. Arrese pronuncia un discurso que abre diciendo: «Hace pocos días, tras once años de silencio peligroso, volvió a reunirse el Consejo Nacional del Movimiento». Expone a continuación los bloques en los que está dividido el anteproyecto que está siendo sometido a estudio y desarrollo: el primero se refiere a la Ley de Ordenación del Gobierno, el segundo a la Ley Orgánica del Estado y el tercero a la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional. Además, Arrese, que demuestra en su discurso poseer una gran ingenuidad o una cruel ironía, les dice a los reunidos que, para él, el anteproyecto más fácil de abordar es el tercero, el de Principios Fundamentales, porque se puede reducir en los siguientes puntos:
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Aceptar la moral católica como norma de conducta individual y colectiva.
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Proclamar al hombre como portador de valores eternos.
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Asegurar el fortalecimiento de la dignidad y libertad de la persona humana.
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Garantizar la existencia y protección de la familia como célula primaria social.
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Proclamar la unidad, grandeza y libertad de la Patria.
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Realizar una organización político-democrática de la sociedad a través de la familia, el municipio y el Sindicato.
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Efectuar una estructuración anticapitalista y antimarxista de la economía.
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Llevar a cabo una estructuración social de la empresa, con participación del trabajador en la dirección y los beneficios de la misma.
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Realizar una estructuración sindical de la colectividad laboral.
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Reconocer la iniciativa y propiedad privadas.
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Afirmar que el acceso a la cultura, al hogar, el trabajo, a la seguridad social y a la atención sanitaria es un derecho inalienable del hombre y un deber de la sociedad.
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Proclamar al pueblo como depositario del poder, quien a su vez, por sufragio organizado, encomienda su ejercicio a un sistema de mando único e indivisible.
Para Arrese, estos 12 puntos constituyen un intento de sustitución y renovación de los 27 puntos programáticos de la Falange, sobre todo por el sensible apartamiento que suponen respecto de los artículos IX, X, XV, XVII, XVIII, XIX, XXI y XXV. Mención especial merece el punto 12 que propone Arrese, puesto que deja abierto el sistema político a las opciones: república presidencialista, regencia o monarquía electiva no hereditaria sometida a la voluntad popular.
Pasadas las vacaciones estivales, se reanuda el curso político con negros nubarrones sobre la cabeza de Arrese y sus colaboradores. El 29 de septiembre, para celebrar el XX aniversario del nombramiento de Franco como jefe del Estado, Arrese organiza en Muñodono (Salamanca) una concentración a la que asisten unos 20.000 falangistas. El Ministro aprovecha la oportunidad para hacer una apología y defensa de sus anteproyectos de Leyes Fundamentales.
Al mismo tiempo que se desarrolla el dramático periplo político del proyecto constitucional de Arrese, el SEU ha sido separado del Frente de Juventudes o Falanges Juveniles, pasando a depender de la Delegación Nacional de Asociaciones del Movimiento, creada por Arrese, con el fin de despolitizarlo y hacerlo abierto, sin comprometer a sus miembros con la ideología falangista. Es decir, transformando el SEU en algo completamente distinto al significado con el que nació y a sus orígenes como sindicato universitario falangista.
En ese otoño, el ambiente nacionalsindicalista, lejos de ser esperanzador, es todo lo contrario. Una muestra de ello lo ofrece el manifiesto lanzado por un nuevo grupo falangista, reunido en otro proyecto más de recuperación de la genuina idea política de la Falange. La nueva agrupación se ampara bajo la denominación JONS de Madrid, y pertenece a ella un buen plantel de conocidos falangistas: Antonio Gibello, Rafael Luna, Antonio Castro Villacañas, Luis Fernando de la Sota y Francisco de la Caballería, entre otros. El manifiesto dice así:
La realidad política española es cada vez más confusa y desesperanzadora. En las zonas de mayor influencia social y política se van instalando los grupos más reaccionarios e intransigentes aprovechando la total ausencia de una política revolucionaria. El desaliento alcanza a grandes zonas que, hasta ahora, se habían sostenido inquebrantables en la espera. Las escuadras antiguas se desmoronan y cada uno interpreta la doctrina a su manera. La ausencia de mandos moralmente admitidos por todos los militantes, hace que las soluciones defendidas por cada hombre o grupo puedan parecer, a veces, antagónicas. Nuestra dispersión es fuente de ineficacia, con el tremendo peligro de que, por ello, quizá estemos sirviendo ya intereses ajenos a los de la Revolución Sindical Nacional […]
Te llamamos de nuevo a los orígenes. Te llamamos para integrarte en las JONS de nuestra Falange, donde tus mandos sean tuyos, designados por ti y tus camaradas, y donde te sientas responsable directo de la nueva batalla por la revolución pendiente.
Girón, por su parte, reconoce que los falangistas viven inmersos en fórmulas de encuadramiento obsoletas e inoperantes. Y con respecto a los trabajos de Arrese y la Comisión de Leyes Fundamentales, opina que preparar una reforma del sistema desde la sede de la calle Alcalá, 44, es una auténtica ingenuidad.
Sin embargo, el general Franco, en una visita realizada por entonces a Sevilla, en uno de los discursos que pronuncia afirma lo siguiente: «No somos una provisionalidad, el Movimiento encarna a la nación; la Falange puede vivir sin la monarquía, lo que no podría vivir sería ninguna monarquía sin la Falange».
Es una advertencia a Juan de Borbón, enviándole una andanada de aviso en dos palabras: «Ninguna monarquía», lo que en «román paladino» significa otras opciones sucesorias.
El 26 de octubre, José Antonio Girón ve cumplida otra de sus aspiraciones políticas, conseguida con constancia y tozudez, al publicarse el decreto por el que se autoriza al Ministerio de Trabajo a dictar cuantas disposiciones fueran necesarias sobre absorción de aumentos voluntarios y subidas de salarios.
De esa manera, consigue que se apruebe públicamente el aumento salarial más completo que han conocido los trabajadores españoles. Cierto es que va a provocar dos consecuencias: la inflación y el hecho de que más de la mitad del Consejo de Ministros se enemiste con el Ministro de Trabajo.
Las brumas otoñales se enredan en los anteproyectos de Arrese, que van siendo sistemáticamente atacados desde el propio Gobierno, porque a los nombres de Luis Carrero Blanco y de Iturmendi Bañales se unen ahora, en contra del texto de las leyes, los ministros de Hacienda y de Educación Nacional, Gómez de Llano y Rubio García-Mina. Fuera del Gabinete ministerial no podía faltar la opinión contraria del político más retrógrado del Régimen: el presidente de las Cortes Españolas, Esteban Bilbao Eguía.
Para cerrar el círculo alrededor de Arrese entra en liza la Iglesia, a través de sus más altos dignatarios: tres cardenales españoles. Pero primero es la Acción Católica quien emite un memorándum, preparado por la HOAC, criticando el sistema sindical vigente y todo aquello que tenga aromas falangistas; o sea, poniéndose el parche antes de la herida. Más tarde, Quiroga Palacios, Pla y Deniel y Arriba y Castro presentan a Franco un documento de firme y severa oposición al proyecto constituyente de Arrese, al que acabarán por rematar las maniobras de monárquicos y demócrata-cristianos.
Pero antes de eso, un Arrese consciente del próximo naufragio de sus ilusionadas ideas reformistas, tiene la oportunidad de dirigirse a la audiencia nacional a través de Radio Nacional de España, en la conmemoración del 20 de noviembre. Lo hace en clave de acto de contrición falangista, pero dirigiendo sus palabras más hacia arriba que hacia abajo; es decir, a la cúpula política antes que a los falangistas de la base. Éste es el texto que lee ante los micrófonos de la emisora estatal:
José Antonio…
¿Estás contento de nosotros?
Yo creo que no.
Y yo creo que no porque te levantaste contra la materia y el egoísmo, y hoy los hombres han olvidado la sublimidad de tus palabras, para correr como locos sedientos por el camino del egoísmo y de la materia.
Porque quisiste una Patria de poetas y de soñadores ambiciosos de gloria difícil, y los hombres sólo buscan una Patria despensiera y estomacal repleta de fécula, aunque no tenga ni belleza ni gallardía.
Porque predicaste el sacrificio, y los hombres miran a un lado y a otro para esconderse.
Porque despreciaste el dinero, y los hombres buscan el dinero; y el negocio se impone al deber, y el hermano vende al hermano, y se especula con el hambre del humilde y con las dificultades de la Patria.
Porque los hombres confunden tu lema de ser mejor por el de estar mejor.
Porque el espíritu se hace carne; y el sacrificio gula; y la hermandad, avaricia.
Porque llamaste a tu cortejo a millares de mártires para que nos sirvieran de norma y guía, y los hombres no han visto en la sangre de los tuyos el ejemplo, y encuentran inoportuno su recuerdo, y les molesta que a sus oídos, cerrados a su generosidad, repitamos con machaconería la presencia de los ¡¡Presentes!!, y hasta que se yo si alguno explota a sus caídos como plataforma para trepar o como trampolín para el negocio y para la pirueta.
José Antonio, tú no estás contento de nosotros. Tú nos tienes que mirar desde tu sitio, desde tu veinte de noviembre, con profundo sentido de desprecio y melancolía.
Tú no puedes estar contento con esta vida mediocre y sensual.
El 26 de diciembre, como preludio al final de su desventura política, Martín Artajo mostrará su frontal y completa discrepancia con los trabajos constitucionalistas de José Luis de Arrese. Aunque es cierto que la mayoría de los oponentes salvará la cara con enmiendas, por un lado, y buenas palabras, por otro. En realidad practicarán con Arrese unas refinadas maneras de cinismo político dignas de la época renacentista o de la diplomacia vaticana. Arrese termina el año sentenciado a su final como político.
Es interesante recoger aquí, y no pasar por alto, el hecho singular de una entrevista celebrada en El Pardo entre Francisco Franco y Narciso Perales. La idea surge de un amigo y paciente del doctor Perales, el director general de Bellas Artes, Antonio Gallego Burín. Éste consigue el consentimiento de ambos personajes para celebrar una reunión que dura casi dos horas. Narciso Perales habla según su costumbre, con lenguaje llano, claro y sincero; entre las muchas cuestiones que plantea, le dice al Caudillo: «Mi general, si se hubiera pretendido vencer al comunismo se hubiera hecho lo que pretendíamos: entregar la tierra a los que la trabajan, nacionalizar la banca y los seguros, transformar la organización de la sociedad, separado el poder político del económico y entregado éste a los trabajadores, hacer de los sindicatos instrumentos de la gestión y organización de las empresas. Así, los valores permanentes se hubieran salvado y el comunismo no podría vencer nunca».
Franco le responde así: «Si se hubiera hecho eso, habríamos tenido que fusilar a más de la mitad de los padres de nuestros combatientes». A continuación, el Generalísimo le ofrece trabajar para el Movimiento, y lo hace durante la entrevista en dos ocasiones. Narciso le responde: «Yo tengo dos opiniones, quizá le pase eso a todo el mundo, la del padre de familia que quisiera que la paz durase toda la vida, en ese sentido puede que quisiera esto; pero tengo otra opinión, la del viejo revolucionario que hubiera querido de verdad una España mejor, y ésta no la es, mi General».
El testimonio de esta charla es del propio Narciso Perales, que reconoce que Franco estuvo muy benevolente con él.
El presupuesto de la Falange para el ejercicio 1956, ha sido de 81.770.396 de pesetas, un 0,23% del total del presupuesto del Estado.
La XVII promoción de la Academia de Mandos José Antonio celebra la entrega de nombramientos a 77 nuevos titulados.
A partir del año 1957, la Falange, como hemos podido comprobar, pierde casi totalmente su capacidad de influencia política. Pero aún mantienen su entusiasmo la Sección Femenina, las Falanges Juveniles y la Guardia de Franco.
Sin embargo, respecto al SEU ya ha pasado a ser algo muy distinto. Y por lo que se refiere a los falangistas fuera del sistema, Hedilla no parece tener ninguna aspiración por crear algún grupo político a su alrededor y adquirir nuevos compromisos, pese a los esfuerzos realizados cerca de él por algunos jóvenes falangistas opuestos al falangismo oficial.
Pero volvamos al destino final de las leyes impulsadas por Arrese. A primeros de año, Arrese envía un informe al Consejo Nacional sobre dichos preceptos ya virtualmente fracasados, sobre todo a raíz de la gestión de los tres cardenales cerca de Franco y su escrito sobre el particular. Arrese hace un balance de la suerte que han corrido las tres leyes sometidas al Consejo: con respecto al anteproyecto de Ley de Ordenación del Gobierno, ha tenido 14 enmiendas a la totalidad, 37 enmiendas modificando el articulado y 101 enmiendas no emitidas o emitidas a favor. La Ley Orgánica del Estado o del Movimiento ha tenido 16 enmiendas contrarias a la totalidad, 48 enmiendas modificando el articulado y 88 enmiendas no emitidas o emitidas a favor. Por último, el anteproyecto de Ley de Principios Fundamentales ha tenido una enmienda contraria a la totalidad, 11 enmiendas modificando el articulado y 138 enmiendas no emitidas o emitidas a favor. Es evidente que el resultado no parece ser negativo, al contrario, pero el problema reside en el valor que el Jefe del Estado concede, no sólo al voto, sino también a las opiniones de calidad y, claro está, la opinión de los tres cardenales unida a las opiniones de Carrero, Esteban Bilbao, etc., pesa en su ánimo más que la de los falangistas.
Arrese, en su informe al Consejo Nacional, pretende demostrar que sus anteproyectos no llevan ocultas intenciones totalitarias o hegemónicas de la Falange, y para ello aporta una lista de quienes considera como falangistas de pura cepa y que ocupan cargos políticos en el Régimen:
Dos de los 16 ministros; uno de los 17 subsecretarios; 8, de los 102 directores generales; 18, de los 50 gobernadores civiles; 8, de los 50 presidentes de las diputaciones provinciales; 65, de los consejeros nacionales; 137, de los 575 procuradores en Cortes; 133, de los 738 diputados provinciales; 766, de los 9.155 alcaldes, y 3.226 de los 55.960 concejales.
Es decir, 4.364 falangistas no dudosos, de un total de 66.814 cargos públicos de relevancia política, lo cual supone un 6,53% del total.
¿Pero qué peligros contienen los tres anteproyectos de Leyes Fundamentales y para quién suponen riesgo?
El anteproyecto de Ley de Ordenación del Gobierno se divide en siete capítulos y una disposición final: el capítulo I, titulado «Del Gobierno y sus funciones», que tiene dos artículos (1 y 2); el capítulo II, titulado «De la separación de la Jefatura del Gobierno de la Jefatura del Estado», con dos artículos (3 y 4); el capítulo III, titulado «Estructura del Gobierno», con tres artículos (5, 6 y 7); el capítulo IV, titulado «Del Jefe del Gobierno», compuesto por siete artículos (del 8 al 14); el capítulo V, titulado «De los ministros», con tres artículos (15, 16 y 17); el capítulo VI, titulado «De la responsabilidad del Gobierno» (artículos del 18 al 23); y el capítulo VII, titulado «De los Decretos y otras disposiciones del Gobierno» (artículos 24 y 25); por último, hay una disposición final que le otorga el rango de Ley Fundamental.
El anteproyecto de Ley Orgánica del Movimiento Nacional está estructurado del siguiente modo:
Capítulo I: «Del Movimiento Nacional» (artículo 1).
Capítulo II: «Misión del Movimiento Nacional» (artículos 2 y 3).
Capítulo III: «De la Jefatura Nacional» (artículos 4 y 5).
Capítulo IV: «Del Consejo Nacional» (artículos del 5 al 16).
Capítulo V: «Del Secretario del Movimiento Nacional» (artículos del 17 al 20).
Capítulo VI: «De las relaciones entre el Estado y el Movimiento» (artículo 21).
Capítulo VII: «De las relaciones entre la Sociedad y el Movimiento» (artículos del 22 al 25).
Capítulo VIII: «De los afiliados y los militantes» (artículos del 26 al 31).
Una disposición transitoria.
Cinco disposiciones finales.
Por último, el anteproyecto de ley definidora de los principios que informan el Movimiento Nacional, está formada por el artículo 1, que proclama la siguiente declaración:
Religión: Principio I.
Persona Humana: Principio II.
Sociedad: Principio III.
La Nación y la Comunidad Internacional: Principio IV.
El Estado Nacional: Principios V y VI.
El Movimiento: Principio VII.
Educación Nacional: Principio VIII.
Justicia Social: Principios IX, X y XI.
Las principales barreras con las que tropiezan las tres Leyes Fundamentales puestas por: tradicionalistas, monárquicos, demócrata-cristianos, independientes e, incluso, por algunos falangistas, se deben a que, según los contrarios a la redacción hecha por Arrese y su equipo, los tres textos demuestran claramente su inspiración en los 27 puntos de la Falange. En pocas palabras, tienen demasiada «mística falangista», aunque la letra descafeíne mucho el sonido de la composición. Hay artículos del anteproyecto de Ley Orgánica del Movimiento Nacional que indignan a los enemigos de la Falange, como son los artículos 22, 23 y 24, porque hablan de la organización sindical y de su integración en el Movimiento Nacional, lo que no deja lugar a dudas acerca de la influencia política que van a tener en la vida nacional. Pero también les escuece a otros que el artículo 25 haga expresa referencia al Frente de Juventudes, organización que algunos vienen rechazando de plano desde hace mucho tiempo. Y no digamos nada del contenido del capítulo VIII de la misma ley, y de la condición de «afiliados y militantes» del Movimiento Nacional que su texto recoge.
Si se pasa al contenido de la ley definidora de los principios del Movimiento Nacional, no es de recibo para los antirrevolucionarios miembros del Consejo Nacional reconocer explícitamente al hombre como portador de valores eternos y a la nación como una unidad de destino en lo universal. Ni muchísimo menos pueden tolerar que, al hablar del trabajo y de la empresa, se diga que los trabajadores participarán en sus beneficios y en su gestión. Y, naturalmente, tampoco se puede admitir que en el principio XI, artículo 3 del texto sometido a enmiendas, se diga que: «Al movimiento nacional como realizador de la idea política de FET y de las JONS».
En cuanto a la Iglesia, su dura opinión sobre los anteproyectos de leyes se basa en considerar que sus textos vienen a establecer que la forma de Gobierno en España es: «Dictadura de partido único, como puede ser el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania o el peronismo en la República Argentina», añadiendo que: «Los proyectos no tienen raíces en la tradición española, sino en los regímenes totalitarios de algunos pueblos después de la Primera Guerra Mundial».
En definitiva, el escrito de los tres cardenales apunta en dirección a la monarquía como decisión sucesoria a la etapa de Franco en la Jefatura del Estado.
Pero entre los peregrinos motivos de oposición a los textos, aducidos por el grupo de consejeros nacionales falangistas, merece la pena mencionar el siguiente: «Porque el proyecto es antimonárquico, liberal y contrario al Movimiento Nacional». Amparándose en tan asombroso comentario, presentan su enmienda a la totalidad dos consejeros considerados como falangistas de toda la vida. «Porque, siendo un proyecto antimonárquico, es también antiliberal y desplaza a la Constitución a los tres poderes clásicos del Estado». Así, expresa su enmienda un solo consejero de la misma significación política que los anteriores.
No parece necesario ofrecer más comentarios sobre el particular.
En consecuencia, la dimisión, cese o relevo de José Luis de Arrese está sobre la mesa. El 14 de febrero se le puede considerar prácticamente cesado; pero la crisis ministerial, que no sólo le afectará a él, no se va a producir hasta el día 26 de ese mes.
Es preciso aclarar que Franco le había pedido a Carrero Blanco que convenciera a Arrese para que retirara los tres anteproyectos de leyes, a lo que Arrese se negó. En realidad, la postura de éste es la más digna y loable, dejando de esa manera salvada la posición que había defendido hasta donde era posible hacerlo. En adelante, el futuro de la Falange dependerá de otros.
Sin embargo, Franco no quiere prescindir de Arrese y le va a confiar otra complicada tarea. Para sustituirlo en la Secretaría General del Movimiento, Franco piensa en José Antonio Elola-Olaso, pero, una vez más, se atraviesa ante un falangista un poderoso miembro del Opus Dei y del Ministerio de la Presidencia, Laureano López Rodó, que cumpliendo con los deseos de Carrero y los suyos propios, no quiere a otro falangista en la Secretaría General del Movimiento; máxime si, además de gozar de gran prestigio por su buen hacer en los puestos que ha desempeñado, no tiene el mínimo fervor monárquico, como es el caso de Elola, lo que López Rodó conoce de sobra. No quieren más escollos en su marcha hacia el objetivo de ver a un Borbón como heredero de Franco. Y será el mismo López Rodó quien proponga el nombre de un neofalangista cordobés, José Solís Ruiz, para ocupar la Secretaría General del Movimiento.
