La Iglesia, que había sido uno de los pilares del régimen, se va distanciando y llegará a ser refugio de la oposición. Es conocida la poca simpatía que el papa Pablo VI sentía por el régimen de Franco. Según el Concordato, la policía no podía entrar en las iglesias, que se convirtieron en locales de discusión y asambleas huelguistas.

