Una vez concluida la institucionalización del régimen, Carrero Blanco y López Rodó hicieron ver a Franco la necesidad de garantizar la continuidad política nombrando al príncipe don Juan Carlos como sucesor y heredero legítimo al trono. Juan Carlos acepta y jura los Principios del Movimiento Nacional.
El 21 de julio de 1969, Franco presentó ante el Consejo del Reino la designación de Juan Carlos como sucesor al trono, posteriormente ratificada por las Cortes con el resultado de 491 votos a favor, 19 en contra y 9 abstenciones.
El Príncipe se había movido en el entorno de Franco con suma cautela, sabedor del estrecho margen que tenía para actuar. Juan Carlos y su extutor, Fernández Miranda, ya estudiaban la posibilidad de reformar el régimen desde la legalidad una vez asumiera el príncipe la jefatura del Estado.

