Palabras del General Fanjul a sus hombres el primer dia en el Cuartel de la Montaña
La alocución del general Joaquín Fanjul a la oficialidad del Cuartel de la Montaña y su significado en las primeras horas del levantamiento de julio de 1936.
Las primeras horas del levantamiento militar de julio de 1936 estuvieron marcadas por la incertidumbre, la espera y la necesidad de mantener la moral de las tropas. En el Cuartel de la Montaña de Madrid, uno de los principales focos de la sublevación en la capital, el general Joaquín Fanjul dirigió unas palabras a la oficialidad y a los mandos de las unidades allí concentradas.
Su discurso constituye uno de los testimonios más representativos del ambiente vivido en el interior del cuartel antes del inicio de los combates. En él apeló al deber militar, al honor y a la confianza en el éxito de la operación, aunque también dejó entrever que las tropas permanecían a la espera de órdenes superiores para entrar en acción.
El texto que sigue recoge esa alocución junto con un comentario sobre su significado y sobre el contexto en que fue pronunciada.
El mismo parte de guerra indica que Fanjul habló sucesivamente a las tres unidades alojadas en el cuartel. Primero —asevera Juan Manuel Fanjul— a la oficialidad de Alumbrado, luego a la del regimiento de Infantería 31 y a la de Zapadores. También se dirigió a las clases de esas dos últimas unidades.
«Mal debía ver ya la situación —especifica Juan Manuel Fanjul— cuando en sus palabras afirmó que íbamos a vencer o a morir pero, en cualquier caso, salvando el honor militar.»
Un testigo —tres años después— resume así la triple arenga de Fanjul:
«Ha llegado la hora, oficiales, en que España entera se levanta contra la tiranía bárbara de la mentira. España nos exige en este momento el cumplimiento, acaso, de nuestro último servicio. Columnas de Mola llegan a San Rafael. Que no tengamos que avergonzarnos de tibieza ante el abrazo de unos guerreros que nos libertan. Las órdenes pueden llegar de un momento a otro. Sabed, oficiales, que España os tiene como sus mejores caballeros. ¡Viva España!»
Hay una modulación interesante en esa arenga: «las órdenes pueden llegar de un momento a otro». Por el contexto de las palabras de Fanjul parece que las fuerzas del cuartel no podían entrar en acción inmediatamente. El dispositivo dependía de otra voz de mando. Nunca sabremos los términos del acuerdo establecido entre Villegas y Fanjul cuando aquél aprobó el ingreso de su compañero en el cuartel de la Montaña. El dato más preciso es el revelado en esa alocución a la oficialidad.
El mero espectador puede imaginar que el general Villegas se inhibió del mando supremo en Madrid a través de un traspaso o transferencia verbales: no hay testimonio alguno taxativo, testifical o documental de ese traspaso. Sin embargo, algunos escritores y tratadistas de la guerra de España han decidido que existió el traspaso específico. El más reciente escribe: «Sólo el 19 de julio los conjurados se deciden a hacer una tentativa en verdad desesperada. Tan desesperada, que el general Villegas, que primero había recibido el encargo, pasa la responsabilidad al general Fanjul.»
Falla, en esa enumeración, la idea de una «tentativa desesperada». No existió en ninguna de las horas precedentes al 20 de julio.
