Cientos de miles de españoles —RTVE los cifraría en más de un millón- respondían al llamamiento hecho por el alcalde de Madrid, Miguel Ángel García Lomas y diversas asociaciones patrióticas y acudían para llenar de nuevo “la plaza mayor del patriotismo, la dignidad y el decoro nacionales”, cómo definiría, de forma acertadísima, el inolvidable Blas Piñar a la Plaza de Oriente, con el fin de expresar su adhesión al Jefe del Estado, Generalísimo Francisco Franco, al Príncipe de España y al Gobierno que presidia Carlos Arias Navarro, en la mañana del uno de octubre de 1975.
El acto de afirmación nacional y patriótica era la respuesta del noble pueblo español a la feroz campaña internacional desatada, una vez más, contra los intereses de España. De nuevo, la Europa llena de complejos, guiada por el marxismo internacional y la masonería, ponía a España, a su régimen y a su Caudillo, entre la espada y la pared, con maldad, mentira e injusticia. El motivo, esta vez, la celebración de cuatro consejos de guerra contra varios terroristas asesinos de las organizaciones ETA y FRAP, en los que se aplicarían, según sentencias condenatorias, varias penas de muerte.
A pesar de que la concentración estaba fijada para las doce del mediodía, desde primeras horas de la mañana comenzaron a congregarse numerosas personas en los alrededores de la Plaza de Oriente. La mayor parte de ellas se tocaban con gorras, pañuelos y bufandas con los colores nacionales y abundaban las banderas Nacionales, de Falange y del Requeté, así como gran cantidad de pancartas alusivas a la campaña antiespañola orquestada en el extranjero.
Ventanas y balcones de edificios de la plaza de las calles que confluían a la plaza del Oriente, lucían banderas nacionales, al tiempo que algunos vehículos recorrían con megáfonos, banderas y símbolos patrios las calles de Madrid, lanzando octavillas en apoyo de la manifestación.
Un elevado número de autobuses, venidos desde muchos lugares de España, estacionaban cerca de la plaza, que se encontraba con un gran despliegue de fuerzas de la Policía Armada, Miles de madrileños a través de autobuses de la empresa municipal y del Metropolitano, iban llegando en riadas al lugar de la concentración.
Muchísimos manifestantes portaban pancartas, cuyos textos se referían especialmente al presidente mejicano Echeverría, al que se recordaban los muertos de Tlatelolco, y también a Portugal, así como adhesiones a Franco y al Gobierno y protestas contra las injerencias extranjeras, En muchas de ellas se leía: “Cada nación en lo suyo y Dios en lo de todos”, “Sabemos gobernarnos sin injerencias de fuera”, “De continuar viviendo en paz nos encargamos los españoles”, “Frente a toda Europa dividida, España unida”, “España, Una, Grande y Libre”, “España, unida a su Gobierno”, “El odio del comunismo no nos asusta”, “España está en Europa, pero no es su colonia”, “No queremos una Europa podrida; España es de los españoles. Franco, el mejor”. “¿Es pedir demasiado qué nos dejen en paz”?, “Españoles: La Patria no está en peligro. Tenemos a Franco”, “España defenderemos tu dignidad hasta morir” “Por la paz de España unidos siempre”, “Se van embajadores, ya volverán. La razón y la justicia al fin se impondrán”, “La España del 18 de Julio no se rinde”, “Somos el futuro y estamos aquí”, “Que nadie se oponga a nuestra España en paz”. “Nosotros también queremos Gibraltar”, “Estamos con los defensores del orden”, “Los europeos nos tocan…”. “El 18 de Julio del 36 engrandeció a España; aquí estamos contigo siempre, Franco; Arriba España”, “Contra los cabrones, nuestros cojones”, “Pretenden asustarnos quemando embajadas; España tiene muchos huevos y no se asusta de nada” “No a la contaminación de la chusma europea”, En lugar destacado de la plaza frente al palacio Real, otra de gran tamaño, con una bandera argentina, que decía: “Hoy como ayer, Argentina con España”.
Las calles de Arenal y Bailén, se hallaban abarrotadas de gente. Los manifestantes habían llegado muchos de ellos en autobuses desde la totalidad de las provincias españolas. Se repartían adhesivos, cintas, y gorras con los colores nacionales y los emblemas de diferentes grupos políticas. Grupos de ex combatientes y jóvenes con pegatinas con la bandera Nacional donde se leía “Fuerza Nueva”, entregaban ejemplares de la revista Fuerza Nueva y del diario El Alcázar.
Una avioneta procedente de Cuatro Vientos, con una pancarta en la que se leía ‘España adelante, sobrevoló durante largo rato la concentración, lo mismo que un helicóptero de la Policía.
Grupos de personas entregaban tarjetas postales dirigidas a diferentes Jefes de Estado extranjeros, escritas en tres idiomas, donde podía leerse: “Excelentísimo señor: la campaña antiespañola que se desarrolla en su país va contra los derechos humanos más fundamentales, al solidarizarse con unos asesinos que han derramado sangre inocente. Exijo en nombre de la justicia une declaración que condene a los terroristas”.
El servicio de megafonía intentó, sin lograrlo, imponer silencio. Finalmente, al amainar el griterío ensordecedor el Jefe del Estado pronunció el siguiente discurso: “Españoles: Gracias por vuestra adhesión y por la serena y viril manifestación pública que me ofrecéis en desagravio a las agresiones de que han sido objeto varios de nuestras representaciones y establecimientos españoles en Europa, que nos demuestran, una vez más, lo que podemos esperar de determinados países corrompidos que aclara perfectamente su política constante contra nuestros intereses.
“No es la más importante, aunque se presenta en su apariencia, el asalto y destrucción de nuestra Embajada en Portugal realizada en un estado de anarquía y de caos en que se debate la nación hermana y que nadie más interesado que nosotros en que pueda ser restablecido en ellos el orden y la autoridad”. Una cerrada ovación y gritos de “España unida, nunca será vencida” interrumpieron al Caudillo.
“Todo, obedece a una conspiración masónica izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece.” De nuevo un griterío ensordecedor y gritos de ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco1, “ETA y FRAP al paredón”, “la ETA al paredón”, llenaron la plaza de Oriente, obligando al Generalísimo a pedir silencio con la mano para continuar con su discurso.
“Estas manifestaciones”-continuó Franco-“demuestran, por otra parte, que el pueblo español no es un pueblo muerto, al que se le puede engañar, que está despierto y vela sus razones y confía que la valía de las fuerzas guardadoras del orden público y suprema garantía de la unidad de las Fuerzas de Tierra, Mar y Aire respaldando la voluntad de la nación, permiten al pueblo español descansar tranquilo”.
“Evidentemente el ser español ha vuelto a ser hoy algo en el mundo. “¡Arriba España!”.
Largas ovaciones, aclamaciones continúas, interrumpieron una y otra vez, a Franco, obligando al Caudillo de España a solicitar con la mano, en dos ocasiones, silencio para poder continuar. Durante su corto discurso, que no pudo oírse con claridad debido a los constantes gritos y aclamaciones de la multitud, el Jefe del Estado fue interrumpido en seis ocasiones con largas ovaciones y gritos de “Franco, Franco, Franco”. “España, unida, jamás será vencida”, “la Eta al paredón” “F. R. A. P., asesinos”, “España, España, España”

