La clausura de la Academia General Militar de Zaragoza en julio de 1931 estuvo acompañada de uno de los episodios más conocidos de la relación entre Francisco Franco y las nuevas autoridades de la Segunda República. Durante el acto de despedida celebrado con motivo del cierre del centro, el entonces general y director de la institución pronunció un discurso que posteriormente motivó una amonestación oficial por parte del Ministerio de la Guerra.
La Academia General Militar había sido creada durante la Dictadura de Primo de Rivera con el objetivo de unificar la formación de los oficiales del Ejército español. Desde su apertura, Francisco Franco había ejercido como director del centro, impulsando un modelo educativo basado en la disciplina, el compañerismo y la formación integral de los futuros mandos militares.
La llegada de la Segunda República en abril de 1931 trajo consigo un amplio programa de reformas militares dirigido por el ministro de la Guerra, Manuel Azaña. Entre las medidas adoptadas figuró la supresión de la Academia General Militar y el regreso al sistema de formación independiente para cada arma del Ejército. La decisión fue recibida con diferentes reacciones dentro de los círculos militares, especialmente entre quienes consideraban que la institución desempeñaba una función importante en la cohesión y preparación de los oficiales.
Durante el acto de clausura celebrado el 14 de julio de 1931, Franco se dirigió a profesores y alumnos mediante un discurso en el que expresó su reconocimiento a la labor desarrollada por la Academia y destacó los valores que, a su juicio, debían seguir guiando la formación militar. Algunas de las afirmaciones realizadas fueron interpretadas por las autoridades republicanas como una crítica implícita a las decisiones adoptadas por el Gobierno y a la política de reformas militares en curso.
Como consecuencia de ello, el Ministerio de la Guerra acordó dirigir una amonestación oficial al general Franco por considerar que determinadas expresiones del discurso excedían la neutralidad política que se esperaba de un militar en activo. La medida no tuvo consecuencias disciplinarias de mayor alcance, aunque puso de manifiesto las tensiones existentes entre parte del estamento militar y el nuevo régimen republicano durante sus primeros meses de existencia.
Tras la clausura de la Academia, Franco fue destinado a otros cometidos dentro del Ejército y continuó su carrera militar durante los años siguientes. El episodio del discurso y la posterior amonestación ha sido objeto de análisis por parte de numerosos historiadores como un ejemplo de las complejas relaciones entre el poder político y las Fuerzas Armadas en los inicios de la Segunda República.
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