El 6 de noviembre de 1936, en uno de los momentos más críticos de la Guerra Civil Española, el Gobierno de la Segunda República abandonó Madrid y trasladó su sede a Valencia ante la inminente llegada de las tropas sublevadas a las puertas de la capital. La decisión fue adoptada por el ejecutivo presidido por Francisco Largo Caballero y respondió al rápido deterioro de la situación militar en el frente madrileño.
Durante las semanas previas, las fuerzas dirigidas por el general Francisco Franco habían avanzado desde el sur y el oeste con el objetivo de conquistar Madrid y poner fin rápidamente al conflicto. La caída de la capital podía suponer un golpe definitivo para la República, por lo que el Gobierno consideró necesario preservar la estructura del Estado y garantizar la continuidad de la dirección política y militar desde una ciudad más segura.
La marcha del Gobierno hacia Valencia se llevó a cabo durante la noche del 6 al 7 de noviembre y generó una profunda impresión entre la población madrileña. Mientras algunos interpretaron la medida como una decisión estratégica destinada a evitar la captura del ejecutivo, otros la percibieron como un abandono de la ciudad en uno de sus momentos más difíciles.
Antes de partir, el Gobierno dejó la organización de la defensa de Madrid en manos de la Junta de Defensa de Madrid, presidida por el general José Miaja y con una destacada participación del coronel Vicente Rojo en la planificación militar. Bajo su dirección, las fuerzas republicanas y las milicias consiguieron organizar la resistencia y frenar el avance de las tropas sublevadas en los accesos a la ciudad.
La defensa de Madrid se convirtió rápidamente en uno de los episodios más significativos de la guerra. El lema «¡No pasarán!» pasó a simbolizar la determinación de los defensores de la capital, mientras miles de ciudadanos participaron en la construcción de fortificaciones y en las tareas de apoyo a las unidades militares.
Valencia permaneció como sede del Gobierno republicano hasta octubre de 1937, cuando el ejecutivo se trasladó posteriormente a Barcelona debido a la evolución del conflicto. Entretanto, Madrid continuó resistiendo el asedio y se consolidó como uno de los principales símbolos de la resistencia republicana durante la Guerra Civil Española.
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