El 24 de agosto de 1937 dio comienzo la Batalla de Belchite, una de las operaciones militares más conocidas de la Guerra Civil Española y uno de los principales intentos del Ejército Popular de la República por recuperar la iniciativa estratégica frente a las fuerzas franquistas.
La ofensiva se desarrolló en el frente de Aragón y formaba parte de una operación más amplia destinada a avanzar hacia Zaragoza, importante centro de comunicaciones y uno de los principales bastiones del bando sublevado desde el inicio de la guerra. Al mismo tiempo, la República pretendía obligar a Franco a desviar tropas desde la Ofensiva del Norte, donde las fuerzas franquistas avanzaban sobre Cantabria y Asturias.
Las operaciones comenzaron con un ataque republicano sobre diversas posiciones franquistas en la provincia de Zaragoza. Durante los primeros días, las tropas republicanas consiguieron importantes avances y lograron cercar la localidad de Belchite, cuya guarnición decidió resistir el asedio pese a encontrarse aislada de otras unidades.
La batalla se transformó rápidamente en un intenso combate urbano. Las calles, viviendas, iglesias y edificios públicos del municipio se convirtieron en escenarios de enfrentamientos extremadamente duros, en los que ambos bandos emplearon artillería, explosivos y ataques a corta distancia para conquistar o defender cada posición.
La resistencia franquista retrasó considerablemente el avance republicano y permitió al mando sublevado reorganizar sus líneas defensivas en otros sectores del frente. Aunque las tropas republicanas lograron finalmente ocupar Belchite a comienzos de septiembre, no consiguieron alcanzar su principal objetivo estratégico: la conquista de Zaragoza.
Los combates dejaron la localidad prácticamente destruida y provocaron numerosas bajas entre combatientes y civiles. Tras la guerra, el régimen franquista decidió no reconstruir el antiguo núcleo urbano y levantó una nueva población junto a las ruinas del municipio original, que se conservaron como recuerdo de los efectos devastadores del conflicto.
El denominado Pueblo Viejo de Belchite permanece todavía hoy como uno de los escenarios más emblemáticos de la Guerra Civil Española y constituye un símbolo de la destrucción provocada por los enfrentamientos entre españoles durante aquellos años.
La Batalla de Belchite demostró las dificultades de las grandes ofensivas republicanas y evidenció nuevamente la creciente dureza y prolongación del conflicto.
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