El 1 de octubre de 1938, coincidiendo con el segundo aniversario de su proclamación como Jefe del Estado, Francisco Franco anunció oficialmente la muerte de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, ejecutado en la prisión de Alicante el 20 de noviembre de 1936 durante la Guerra Civil Española. Aunque su fallecimiento era conocido desde hacía tiempo tanto en España como en el extranjero, el anuncio oficial tuvo una enorme trascendencia política y simbólica.
José Antonio había sido detenido en marzo de 1936, antes del inicio de la Guerra Civil, y permaneció encarcelado en Alicante durante los primeros meses del conflicto. Tras ser juzgado por un tribunal de la Segunda República, fue condenado a muerte y fusilado junto a otros procesados. Durante casi dos años, el bando sublevado evitó realizar una confirmación oficial de su fallecimiento, manteniendo una cierta ambigüedad sobre su situación.
Diversos historiadores han señalado que esta actitud obedecía a razones políticas. Mientras existiera la posibilidad, aunque fuera remota, de que José Antonio estuviera vivo, su figura no podía convertirse plenamente en un símbolo. Además, una confirmación prematura de su muerte habría planteado la cuestión de quién debía asumir el liderazgo de Falange. Durante ese periodo, Franco consolidó progresivamente su autoridad sobre todas las fuerzas que integraban el bando nacional y, mediante el Decreto de Unificación de 1937, fusionó Falange Española con la Comunión Tradicionalista para crear Falange Española Tradicionalista y de las JONS, bajo su dirección exclusiva.
Cuando Franco anunció oficialmente la muerte de José Antonio el 1 de octubre de 1938, el nuevo Estado ya estaba firmemente organizado y su liderazgo no encontraba oposición significativa dentro del bando nacional. El fundador de Falange pasó entonces a ocupar un lugar central en la simbología del régimen. Desde ese momento comenzó a ser conocido oficialmente como «El Ausente», una denominación que reforzaba su condición de mártir y referente ideológico.
En los meses siguientes se multiplicaron los homenajes oficiales, las ceremonias religiosas y los actos conmemorativos en su memoria. Tras el final de la Guerra Civil, sus restos fueron exhumados en Alicante y trasladados al monasterio de San Lorenzo de El Escorial en 1939. En 1959 serían trasladados nuevamente al Valle de los Caídos, donde permanecieron hasta su reinhumación en el cementerio de San Isidro de Madrid en 2023.
El anuncio realizado por Franco el 1 de octubre de 1938 no modificó un hecho conocido desde 1936, pero sí marcó el inicio de la construcción oficial del mito político de José Antonio Primo de Rivera dentro del franquismo. Su figura pasó a desempeñar un papel esencial en la legitimación ideológica del régimen y en la configuración de su memoria histórica durante las décadas siguientes.
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