El 16 de marzo de 1976 la organización terrorista ETA perpetró un atentado en la localidad vizcaína de Portugalete en el que resultó gravemente herido Eloy Ruiz Cortady, un joven vinculado al ámbito falangista y al carlismo tradicionalista en Vizcaya. El ataque tuvo lugar en un momento especialmente convulso de la historia reciente de España, apenas cuatro meses después del fallecimiento de Francisco Franco y en pleno inicio del proceso de transición política hacia la democracia.
Según las informaciones publicadas en aquellos días, Ruiz Cortady acababa de acompañar a su novia hasta su domicilio en el poblado de Babcock & Wilcox, en Portugalete, cuando varios individuos armados se aproximaron y abrieron fuego contra él desde corta distancia. A pesar de las heridas sufridas, logró poner en marcha su vehículo e intentar alejarse del lugar, mientras los atacantes continuaban disparando antes de huir en un automóvil que posteriormente apareció abandonado en la cercana localidad de Sestao.
El atentado fue posteriormente reivindicado por ETA, que durante aquellos años intensificó su actividad armada en el País Vasco y otras zonas de España. La acción se enmarcó dentro de una etapa caracterizada por una elevada tensión política y social, en la que la violencia terrorista coexistía con la incertidumbre derivada del cambio político y las transformaciones institucionales que comenzaban a desarrollarse en el país.
Eloy Ruiz Cortady era hijo del capitán del Tercio de Begoña Eloy Ruiz Aramburu y mantenía una activa presencia en círculos tradicionalistas y falangistas vizcaínos. Las graves secuelas físicas y personales derivadas del atentado marcaron su vida posterior y le llevaron años después a establecerse fuera del País Vasco, residiendo finalmente en Galicia.
El atentado contra Ruiz Cortady se convirtió en uno de los numerosos episodios de violencia política registrados durante la Transición española, un periodo en el que el terrorismo de ETA causó centenares de víctimas mortales y heridos, además de una profunda huella social y política en la sociedad española. La memoria de estos acontecimientos continúa formando parte del esfuerzo por preservar el recuerdo de las víctimas y comprender la complejidad de aquellos años decisivos de la historia contemporánea de España.
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