El 12 de diciembre de 1946 la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 39 (I), mediante la cual expresó su rechazo al régimen encabezado por Francisco Franco y recomendó a los Estados miembros limitar sus relaciones diplomáticas con España. La decisión supuso uno de los momentos de mayor aislamiento internacional para el franquismo durante sus primeras décadas de existencia.
La resolución fue consecuencia directa del contexto internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Las potencias vencedoras consideraban que el régimen franquista había mantenido afinidades ideológicas con los gobiernos fascistas de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini, además de haber recibido apoyo de ambos durante la Guerra Civil española. Por este motivo, numerosos países cuestionaban la legitimidad del gobierno español para formar parte de la nueva organización internacional nacida tras el conflicto.
El texto aprobado por la ONU señalaba que el régimen de Franco no representaba al pueblo español y recomendaba excluir al Gobierno español de los organismos internacionales vinculados a Naciones Unidas hasta que se estableciera en España un gobierno considerado aceptable por la comunidad internacional. Asimismo, la resolución aconsejaba la retirada de embajadores y representantes diplomáticos acreditados en Madrid, una medida que fue adoptada por numerosos países.
Las consecuencias para España fueron significativas. El país quedó al margen de numerosos foros internacionales y sufrió un importante aislamiento político y diplomático. Esta situación coincidió además con las dificultades económicas de la posguerra y reforzó la sensación de aislamiento exterior que caracterizó los primeros años del franquismo.
Sin embargo, el escenario internacional comenzó a cambiar a comienzos de la década de 1950 con el inicio de la Guerra Fría. La posición estratégica de España y su firme oposición al comunismo favorecieron un progresivo acercamiento entre el régimen franquista y las potencias occidentales. Finalmente, en 1955 España ingresó oficialmente en las Naciones Unidas, poniendo fin al periodo de exclusión internacional iniciado tras la resolución de 1946.
La condena de la ONU al régimen franquista constituye hoy uno de los episodios más representativos del aislamiento internacional que vivió España tras la Segunda Guerra Mundial y refleja la influencia que el nuevo orden mundial tuvo sobre la política española de la época.
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