El 9 de febrero de 1934 falleció en Madrid Matías Montero y Rodríguez de Trujillo, estudiante de Medicina, fundador del Sindicato Español Universitario (SEU) y militante de Falange Española, tras resultar gravemente herido en un atentado. Su muerte se produjo apenas unos meses después de la fundación de Falange y tuvo un importante impacto entre sus integrantes, convirtiéndose en uno de los primeros episodios de violencia política que marcaron la historia de la organización.
Nacido en Madrid en 1913, Matías Montero cursaba estudios de Medicina cuando comenzó a participar activamente en la vida política universitaria. Compartía con otros jóvenes la idea de crear una organización estudiantil inspirada en los principios defendidos por Falange Española. Con ese propósito contribuyó a la fundación del Sindicato Español Universitario (SEU), creado en noviembre de 1933 como la organización universitaria vinculada al movimiento liderado por José Antonio Primo de Rivera.
Durante los primeros meses de 1934, el ambiente político en Madrid se caracterizaba por una creciente tensión entre organizaciones de distintas ideologías. Los enfrentamientos callejeros, agresiones y atentados eran cada vez más frecuentes, especialmente entre militantes de grupos políticos rivales. En este contexto, la noche del 9 de febrero de 1934, Matías Montero fue tiroteado cuando caminaba por la capital. Gravemente herido, falleció poco después como consecuencia de las lesiones sufridas.
Las investigaciones de la época atribuyeron el atentado a militantes de organizaciones de izquierda, aunque las circunstancias concretas del suceso han sido objeto de estudio por parte de los historiadores. Su muerte fue ampliamente difundida por la prensa y provocó una gran conmoción entre los miembros de Falange Española, que lo consideraron el primer «caído» de la organización.
A partir de entonces, la figura de Matías Montero adquirió un importante valor simbólico dentro de Falange. Durante la Guerra Civil y, posteriormente, bajo el régimen franquista, su nombre fue recordado en actos conmemorativos y diversas instituciones, calles y centros educativos llevaron su nombre. Tras la transición democrática, muchas de esas denominaciones fueron modificadas en aplicación de la legislación sobre memoria histórica.
Desde el punto de vista histórico, la muerte de Matías Montero refleja el clima de creciente polarización que caracterizó a la Segunda República en sus últimos años. Su asesinato constituye uno de los numerosos episodios de violencia política que precedieron a la Guerra Civil Española y sigue siendo objeto de análisis para comprender la evolución de la conflictividad política en la España de la década de 1930.
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