El 15 de febrero de 1934, Rafael Sánchez Mazas, escritor, periodista y uno de los fundadores de Falange Española, leyó por primera vez la «Oración por los muertos de la Falange» durante un acto celebrado en memoria de Matías Montero y Rodríguez de Trujillo, estudiante de Medicina, fundador del Sindicato Español Universitario (SEU) y primer militante de la organización fallecido por violencia política.
La muerte de Matías Montero, ocurrida el 9 de febrero de 1934 tras ser víctima de un atentado en Madrid, causó una profunda impresión entre los miembros de Falange Española. La organización quiso rendir homenaje a quien consideraba su primer «caído» mediante diversos actos conmemorativos. En ese contexto, Rafael Sánchez Mazas redactó un texto solemne destinado a recordar a los militantes fallecidos y a reforzar el sentimiento de cohesión entre los afiliados.
La primera lectura pública de la «Oración por los muertos de la Falange» tuvo lugar el 15 de febrero de 1934. El texto, de marcado carácter literario y ceremonial, empleaba un lenguaje simbólico para exaltar el sacrificio de quienes habían perdido la vida defendiendo los ideales del movimiento. Su estilo reflejaba la formación humanística de Sánchez Mazas, quien combinó elementos propios de la tradición oratoria con referencias históricas y culturales.
Con el paso del tiempo, la oración pasó a formar parte del ceremonial de Falange Española y, posteriormente, de Falange Española de las JONS, tras la fusión con las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista ese mismo año. Durante la Guerra Civil Española y el régimen franquista, fue leída habitualmente en actos de homenaje y conmemoraciones dedicadas a los militantes fallecidos, convirtiéndose en uno de los textos más representativos de la liturgia política falangista.
Desde una perspectiva histórica, la «Oración por los muertos de la Falange» constituye un documento relevante para comprender la construcción simbólica de la organización y el papel que desempeñaban los rituales, la literatura y la memoria de los fallecidos en la consolidación de su identidad. Los especialistas consideran que estos elementos contribuyeron a fortalecer el sentimiento de pertenencia y a configurar una cultura política propia dentro del movimiento.
La primera lectura realizada por Rafael Sánchez Mazas el 15 de febrero de 1934 permanece como un episodio significativo en la historia de Falange Española, al representar el inicio de una tradición ceremonial que acompañó a la organización durante las décadas siguientes y que forma parte del estudio de la historia política y cultural de la España del siglo XX.
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