El presidente de la Fundación Nacional Francisco Franco, Juan Chicharro Ortega, expone su visión sobre el conflicto mantenido durante años con el Gobierno de Pedro Sánchez en relación con la posible ilegalización de la entidad. En su análisis, no solo aborda el plano jurídico y político, sino que introduce una interpretación estratégica inspirada en principios clásicos de la teoría del conflicto.
A lo largo del texto, se plantea cómo una organización con recursos limitados puede articular su defensa mediante cohesión interna, enfoque selectivo de esfuerzos y utilización del marco legal vigente, en un contexto marcado por el debate sobre la memoria histórica en España.
El Gobierno socialista comunista que preside Pedro Sanchez lleva ocho años intentando ilegalizar o extinguir la Fundación Nacional Francisco Franco ( FNFF ). Sí, ocho años. Hasta ahora infructuosamente.
Cuales son las claves del éxito, siquiera sea provisional, de la estrategia seguida hasta ahora por la Fundación Nacional Francisco Franco ?
Son muchas las personas que se dirigen a mí y me preguntan si aplicamos una estrategia acertada en nuestra defensa, si tanto en el ámbito mediático o jurídico estamos actuando correctamente. No es fácil dar una respuesta sobre todo a aquellas personas que no se encuentran cercanas al desarrollo de los acontecimientos ni metidos en el día a día del conflicto que libra la FNFF contra el Sr Sanchez desde que , como he dicho antes , hace ocho años, anunció ostentosamente en RTVE que iba a ilegalizar la FNFF hasta el ultimo anuncio del comunista Urtasun el pasado día 14 de abril. Diversas son las respuestas que podría dar. El propósito de estas líneas es analizar esta defensa desde una perspectiva, sin entrar desde luego en detalles, que a algunos les extrañará.
¿Pudiera ser la aplicación metódica de los clásicos principios de la guerra en un conflicto no específicamente militar ?
La aplicación de los principios clásicos de la guerra a contextos políticos y culturales distintos al del conflicto armado ofrece un marco analítico interesante para comprender cómo un grupo minoritario, en este caso la FNFF, organiza su defensa frente a decisiones institucionales que percibe como amenazas. En este caso, la reacción ante la intención del gobierno socialista de extinguir la FNFF puede interpretarse, desde un punto de vista teórico, a través de conceptos estratégicos desarrollados por pensadores como Clausewitz o Sun Tzu. Aprendí de la vieja doctrina del Ejército de Tierra de 1980 que los principios de la guerra han demostrado, a lo largo de la historia, una notable resistencia al paso del tiempo. Desde los enfrentamientos de la Antigüedad hasta los conflictos contemporáneos, marcados por la digitalización y la inteligencia artificial, existe un conjunto de fundamentos que permanece esencialmente inalterable. Estos principios no dependen de la tecnología disponible ni del contexto geopolítico específico; son, más bien, expresiones de la naturaleza misma del conflicto humano. Aunque los medios y procedimientos evolucionan, su vigencia sigue siendo incuestionable. La clave está en comprender que estos principios no son recetas rígidas, sino guías conceptuales que orientan la toma de decisiones en entornos complejos e inciertos. Su aplicación exige juicio, experiencia y adaptación al contexto. No se trata de seguirlos de manera mecánica, sino de interpretarlos correctamente en función de la situación concreta. Aplicar los principios clásicos de la guerra a fenómenos sociales y culturales puede resultar útil para entender dinámicas de resistencia, cohesión y supervivencia en contextos no estrictamente militares. En el caso de la defensa de la FNFF, es posible identificar paralelismos interesantes con esos principios, siempre entendidos en un sentido amplio y analítico. En primer lugar, el principio de unidad de propósito resulta clave. Los que defendemos determinados elementos asociados a la memoria del régimen de Francisco Franco articulamos nuestra acción en torno a una narrativa común: la preservación de una interpretación histórica concreta y la oposición a lo que percibimos como una relectura crítica o revisionista del pasado. Esta cohesión ideológica actúa como elemento aglutinador, permitiendo mantener una base de apoyo relativamente estable incluso en contextos sociales y políticos adversos. Otro principio relevante es la economía de medios. A diferencia de actores institucionales o mayoritarios, la FNFF cuenta con recursos limitados —tanto en términos materiales como de influencia política—. Sin embargo, nuestra capacidad para focalizar esfuerzos en objetivos concretos (acciones legales, presencia mediática puntual, movilización en fechas simbólicas) nos permite maximizar el impacto de sus recursos. No buscamos abarcar todos los frentes, sino concentrarnos en aquellos donde podemos obtener mayor visibilidad o resultados tangibles.
La economía de medios resulta clave. En estrategia militar, implica utilizar los recursos disponibles de la forma más eficiente posible. Trasladado a este caso, se hace necesario el uso intensivo de canales digitales, donde el coste de difusión es bajo pero el alcance potencial es alto. A través de campañas bien dirigidas, se puede influir en la agenda pública sin necesidad de contar con grandes estructuras organizativas. La concentración de esfuerzos también se manifiesta en momentos clave. Por ejemplo, ante decisiones gubernamentales relacionadas con iniciativas legislativas sobre memoria histórica, intensificamos nuestra actividad, generando campañas, recursos judiciales o actos públicos. Este comportamiento responde a una lógica de “superioridad puntual”: no se trata de mantener una presencia constante en todos los ámbitos, sino de actuar con intensidad en momentos decisivos. El principio de la iniciativa, adaptado a este contexto, se refleja en la capacidad para marcar agenda en determinados debates. Aunque no siempre logremos imponer nuestra visión, sí conseguimos, en ocasiones, condicionar el ritmo o el enfoque de la discusión pública. La FNFF , por ejemplo, ha recurrido en distintas ocasiones a la vía judicial o a la producción de contenidos propios para sostener su narrativa y evitar quedar completamente a la defensiva. Por otro lado, la seguridad —entendida como la protección frente a amenazas externas— se traduce aquí en estrategias de blindaje legal y discursivo. La utilización de marcos jurídicos, como la defensa de derechos fundamentales (libertad de expresión, asociación, etc.), nos permite operar dentro del sistema legal, reduciendo el riesgo de disolución o marginalización total. Este “anclaje” institucional es una forma de proteger nuestra continuidad.
Otro principio clásico es el conocimiento del terreno. En este contexto, el “terreno” no es físico, sino jurídico, mediático y cultural. Los defensores de la fundación nos apoyamos en argumentos legales —como la libertad de asociación o de expresión— y enmarcamos nuestro discurso en términos de pluralismo democrático. Este dominio del entorno normativo nos permite plantear nuestra defensa en escenarios donde consideramos que tenemos mayores posibilidades de éxito, como los tribunales o determinados foros de opinión.
Asimismo, la moral y la cohesión interna —elementos centrales en la teoría clásica de la guerra— juegan un papel importante. En la FNFF mantenemos una narrativa de resistencia que refuerza la identidad colectiva y el compromiso de sus miembros. Esta dimensión emocional puede compensar la falta de poder material, manteniendo la movilización a lo largo del tiempo. Sin embargo, existen limitaciones en la aplicación de estos principios. La falta de flexibilidad estratégica, por ejemplo, puede dificultar la adaptación a cambios sociales profundos. La evolución de la sensibilidad colectiva en torno a la memoria histórica en España ha generado un entorno cada vez menos receptivo a ciertas posturas, lo que reduce nuestra capacidad de influencia a corto plazo. En términos clásicos, podría hablarse de una dificultad para ajustar la estrategia al “terreno” cambiante. Es importante subrayar que, al igual que en el ámbito militar, la correcta aplicación de estos principios no garantiza el éxito. La pervivencia de la FNFF responde también a factores legales, políticos y sociales más amplios, que no controlamos. En definitiva, analizar estos fenómenos desde la óptica de los principios de la guerra permite entender mejor cómo un grupo social relativamente pequeño, en este caso la FNFF, puede mantener su actividad, preservar su identidad y ejercer cierta influencia. No implica una equivalencia entre conflicto armado y debate social, sino el reconocimiento de que ciertas lógicas estratégicas —cohesión, concentración, iniciativa— son aplicables a distintos tipos de confrontación, incluida la simbólica y cultural.
Y termino expresando que el principio esencial de la defensa de la FNFF no es otro que la aplicación rigurosa de la voluntad de vencer : firme propósito del mando y de las tropas de imponerse al adversario en cualquier situación, por desfavorable que esta sea . Implica fe en el triunfo, tenacidad para alcanzarlo y actividad insuperable en la ejecución . Supone una acendrada identificación con los valores patrios, un arraigo, un perfeccionamiento y una exaltación de cuantos valores morales animan y conducen al logro de la victoria.
La batalla continúa pero no nos rendiremos, lucharemos hasta el final y le auguro al Sr Sánchez y a su vasallo comunista Urtasun un sonoro fracaso.
Juan Chicharro Ortega General de División de Infantería de Marina ( R )
26 abril 2026
CONCLUSIÓN
Las palabras de Juan Chicharro Ortega reflejan una estrategia basada en la persistencia, la cohesión y la adaptación a un entorno cambiante. Desde esta perspectiva, la defensa de la Fundación Nacional Francisco Franco se presenta como un proceso prolongado donde confluyen factores legales, políticos y comunicativos.

¡Magnífico análisis!
De esta modalidad de “guerra insidiosa” declarada por el nuevo Frente Popular a la FNFF.
Guerra sin cuartel, declarada por los herederos ideológicos -y en muchos casos de “ADN”- de los asesinos chequistas de 1936-1939.
Franco ha muerto, pero vive en la ingente obra de su Régimen.
Por ello el antiguo ¡¡¡Viva Franco!!! (si la persecución nos obliga) lo trocaremos en ¡¡¡Franco vive!!! ¡¡¡Arriba España!!!
Y sus enemigos tendrán que inventar otra infame ley para que nuestro nuevo grito de resistencia pueda ser perseguido judicialmente.
Sólo desear lo mejor y el exito final ante rl ataque insidioso y cobarde de los autoproclamados adalides de la libertad de expresion y libertad.son un verdader lastre para la democracia en españa.