Motivaciones aparte, la historia del Valle de los Caídos y la de su construcción especialmente, también puede ser objeto de otras consideraciones. Quiero destacar al respecto que ya desde la muerte de Franco comenzaron a aparecer publicaciones más o menos adversas al franquismo, que han utilizado el Monumento para desprestigiar al Régimen franquista o, directamente, al que fuera Jefe del Estado. Lo que empezara en los años 70 como una revisión crítica del mismo ha degenerado, en lo que va de siglo, en una burda tergiversación de la Historia.
De aquella primera etapa hay que destacar la obra de Daniel Sueiro, La verdadera historia del Valle de los Caídos , aparecida en 1976, que, si bien es claramente adversa a Franco y a su régimen, tiene el mérito de recoger testimonios de personas que tuvieron relación directa con la construcción del Valle y con la historia de sus primeros años. El autor – nada sospechoso de ser adicto al Régimen – entrevistó a personajes de muy distinta significación, desde Fray Justo Pérez de Urbel hasta trabajadores que llegaron allí como presos y allí redimieron sus condenas mientras comenzaban a rehacer sus vidas después de la hecatombe.
La tergiversación histórica, intencionada y partidista, llegaría unos 30 años más tarde con títulos como Los esclavos de Franco de Rafael Torres , aparecido en 2000 Esclavos por la Patria de Isaías Lafuente , publicado en 2002 cuyos títulos ya nos advierten sobre lo que vamos a encontrar en sus páginas.
Más recientemente hemos tenido ocasión de ver el documental titulado La memoria es vaga de la norteamericana Katie Halper, que fue premiada en su dia por la mejor tesina sobre Guerra Civil Española por ALBA ( Abraham Lincoln Brigades Archive ), una asociación de brigadistas internacionales que, naturalmente, habían combatido en España en el bando republicano, lo que no garantiza, desde luego, su imparcialidad sobre el tema.
Esta leyenda negra ha lanzado una serie de mentiras descabelladas que luego han sido repetidas » de oídas» por otros autores que, por supuesto, en ningún momento se han molestado en comprobar su veracidad.
Este montaje propagandístico se ha articulado en torno a 3 grandes falsificaciones sobre el trabajo de los presos que deforman la realidad en otros tantos aspectos. A saber :
1 ) Presentar la llegada de los presos al Valle como si hubieran sido allí llevados contra su voluntad para explotarlos en su construcción. El Valle de los Caídos habría sido, por lo tanto, un autentico campo de concentración para los prisioneros republicanos de Franco.
2) El número de trabajadores penados que pasaron por las obras, donde según las versiones más exageradas se amontonaban varios miles de presos. Nace así el mito de las obras faraónicas de Franco, transformado en un lugar común ampliamente difundido y aceptado.
3) Las violencias y vejaciones de que habrían sido objeto, llegando al extremo de fusilarlos en masa para después hacerlos desaparecer, enterrándoles allí mismo una vez explotados, cuando ya eran inútiles para el trabajo.
Para dar respuesta a éstas cuestiones me basaré en relatos recogidos personalmente de testigos oculares; documentación oficial contemporánea a los hechos y los testimonios de los presos entrevistados por Daniel Sueiro en su obra ya citada, así como los testimonios que recogí personalmente, en Noviembre de 2005, de diferentes personas relacionadas con las obras o con la historia de los primeros años del Valle.
El restablecimiento de la verdad histórica.
Veamos ahora, punto por punto, qué verdad encierran los puntos anteriores.
1) En el primer apartado empiezan las contradicciones absolutas entre la verdad y las invenciones partidistas de los últimos años.
Los presos que trabajaron en la construcción del Valle de los Caídos lo hicieron en aplicación de principio de le Redención de Penas por el Trabajo, establecido por la legislación franquista ya antes del final de la Guerra. El Decreto 281 de 28/5/1937 (B.O. de 1/6/ 1937) y la Orden Ministerial de 7/10/ 1938, dieron origen a la Obra de Redención de Penas por el Trabajo, encargada a un Patronato Central que debería recoger las peticiones de los presos que desearan reducir su condena por ésta procedimiento (O.M. cit, art. 5.1 ).
Gracias a éste sistema legal, los presos que lo solicitaran podían acogerse a un régimen especial por el cual obtenían dos ventajas fundamentales :
A ) Reducían el tiempo de su condena trabajando, en éste caso, en las obras del Monumento. Llegaron a redimir hasta 6 días de condena por uno de trabajo, lo que significaba que, en el peor de los casos, en 7 o, a lo máximo 8 años quedarían libres.
Me refiero, claro está a los que tenían que cumplir la condena más larga, de 30 años de cárcel. Hay que destacar que a buen número de ellos se les había conmutado la pena de muerte por la de 30 años de prisión, que al llegar al Valle (muchos habían cumplido ya una parte de la misma ) y gracias al sistema de redención de penas les quedaba reducida, como hemos visto, a la quinta parte. Así hubo casos de condenados inicialmente a muerte que, gracias a su paso por Cuelgamuros, seis años después de su llegada, eran libres.
De ellos, un alto porcentaje, terminada su condena, solicitaban permanecer allí ya como empleados del Patrimonio Nacional. Veremos algunos casos.
Por tanto, allí no hubo, en ningún momento, trabajos forzados ni nada parecido a esclavos de Franco sino trabajadores penados que redimían sus penas trabajando en un tiempo inimaginable para los que permanecían en la cárcel por muy buena conducta que observaran. Todos ellos – sin excepción – llegaron allí después de haber presentado una solicitud ante el Patronato de Redención de Penas, dependiente del Ministerio de Justicia. Finalmente, además, a solicitud de D. Diego Méndez, Franco indultó a los últimos penados antes del final de las obras.
B ) La segunda ventaja para los presos que se acogieron a aquel sistema de la redención de penas era que cobraban un salario como los trabajadores libres que trabajaban junto a ellos sin que existiera la menor distinción entre unos y otros.
Una parte de su salario se les entregaba a los penados para que dispusieran de alguna cantidad para sus compras en el economato o en los pueblos cercanos a los que iban los fines de semana. Otra cantidad se entregaba a sus familias en función de sus cargas en concepto de subsidio. Y una tercera parte se les ingresaba en cartillas de la Caja de Ahorros que podrían retirar al cumplir su condena.
2) En cuanto al número de presos que llegaron a trabajar allí he podido comprobar también la desproporción entre lo que se ha publicado y la realidad.
De los ¡ 15.000 trabajadores ¡ de los que se ha llegado a hablar trabajando juntos en el Valle, pasamos a cifras mucho más reducidas al examinar la documentación de las empresas San Román, Banús, Molán y Rodríguez que participaban en las obras.
Dichas empresas comunicaban todos los meses al Consejo de las Obras el número exacto de trabajadores que tenían empleados en el Valle con el fin de que el Consejo a su vez lo comunicara al Gobernador Civil de Madrid, Jefe de Abastos, para que éste autorizase los vales relativos al suministro de víveres.
Tomando como muestra el año 1946, con las obras en plena actividad vemos que, en el mes de Diciembre, el número total de trabajadores, sumando los de las 4 empresas, era de 960 que un año más tarde, en Octubre de 1947 habían pasado a ser 1.074. Llegarían a rondar los 2.000 trabajadores tres años después, cuando se registra la cifra más alta. En ésta cifra global hay que tener en cuenta que aproximadamente ( según en qué periodos de la construcción) dos terceras partes eran trabajadores libres – algunos subían desde los pueblos cercanos. Solo de Peguerinos unos 20 – y que entre los penados hubo también presos comunes.
3 ) Por último debemos conocer la verdadera situación de los presos en Cuelgamuros, que, antes de seguir adelante, debo insistir en ello, era la misma que
la de los trabajadores libres.
En primer lugar llama la atención que pudieran llevar allí a sus familias que, de ese modo, pasaban a depender del Consejo de las Obras ya que se les alojaba en los barracones de piedra construidos al efecto o incluso, como veremos en viviendas independientes.
También debe conocerse el hecho de que en el Valle funcionara una escuela a cuyas clases asistían – juntos, naturalmente – los hijos de los presos (algunos ya habían nacido allí, como también veremos ) al lado de los de los trabajadores libres y los funcionaros de prisiones destacados allí. La mayoría terminarían el bachillerato y algunos ( conocemos su nombre y filiación) llegarían a hacer sus estudios universitarios en Madrid, lo que, como es bien conocido, no era aún la norma en la España de su tiempo.
La vigilancia no era, ni mucho menos, agobiante para los presos. Dentro del recinto (la finca de Cuelgamuros) solo les controlaban los funcionarios de prisiones, cuyos hijos, como acabamos de ver, estudiaban en la misma escuela que los suyos. La Guardia Civil vigilaba tan sólo el acceso al recinto dentro del que se podían mover con gran libertad.
Las salidas autorizadas del fin de semana – en camiones de las empresas si no disponían de otro vehículo – hicieron posible la fuga de Nicolás Sánchez Albornoz y Manuel Lamana en el verano de 1948 cuando, aprovechando los permisos de los domingos, ambos reclusos – que como el resto de ellos, habían solicitado ser trasladados al Valle y allí permanecieron tan solo 5 meses – llegaron andando hasta El Escorial donde les esperaban sus amigos y el coche que les conduciría a Barcelona, – j después de comer en el parador de Medinaceli j – , cruzando la frontera tres días mas tarde.
Porque los reclusos podían salir los Domingos y acudían a las fiestas de Guadarrama o de El Escorial. Al respecto conozco el caso del recluso Pedro Romero cuyo hijo ( del mismo nombre) me contó, en Noviembre de 2005 , que su padre, destinado en cocinas, con el pretexto de realizar compras de víveres, solía ir a El Escorial, andando a través del monte, (como Sánchez Albornoz por cierto), con mucha frecuencia y no solamente los Domingos. Así fue como
conoció, en El Escorial, a la que sería su mujer.
Llegados a éste punto cualquiera se preguntará qué clase de » campo de concentración » era aquel en el que los reclusos podían vivir con sus familias,donde sus hijos acudían a la escuela – j en aquella España en la que tanto niños del
mundo rural estaban aún sin escolarizar i -, donde podían acudir a las fiestas de los pueblos cercanos y salir todos los Domingos e, incluso, en muchos casos, entre semana para hacer compras. Todo ello mientras realizaban un trabajo remunerado como establecía la legalidad vigente.
Por si todo lo dicho no fuera suficiente para desmontar la leyenda negra del Valle, debo añadir, por último, que, entre la documentación conservada en el Archivo del Palacio Real, se conserva el acta de la reunión del Consejo de las Obras del Monumento Nacional a los Caídos ( 11, caja 6528) – a la que asistieron entre otros D. Luis Carrero Blanco, y D. Camilo Alonso Vega, ex combatientes y considerados ambos como conspicuos representantes de la línea más » dura » del franquismo – celebrada el 22 de Enero de 1962 en la que se establece, en su apartado PRIMERO: Con referencia al personal empleado en el Valle a cargo del Consejo de las Obras del Monumento Nacional a los Caídos, se acuerda gestionar su traslado a otro Organismo o indemnizar al que lo desee con una equivalencia igual al sueldo, con todos sus emolumentos, de dos meses por año de servicio…
Lo que se confirma en la reunión del mismo Consejo celebrada el 11 de Diciembre del mismo año, cuya acta – la número 97 – establece en su apartado CUARTO que
Se acuerda que el Consejero Sr. García Lomas realice las gestiones necesarias para el traslado a otros Organismos del personal afecto al Consejo para el día en que terminen en el mismo su cometido.
Y en la misma se reunión se toma asimismo otro acuerdo – el QUINTO – muy significativo :
Se acuerda asimismo que el Consejero Sr. García- Lomas realice las gestiones necesarias para la obtención de viviendas al personal que cesa a las órdenes del Consejo en forma análoga a la que con anterioridad fueron concedidas a los que cesaron.
Queda claro que el Consejo de las Obras se ocupó – y reiteró los acuerdos pertinentes en tres de sus reuniones – de buscar empleo al personal que, terminas las obras, dejaba de tener ocupación en el Valle de los Caídos y además gestionó – hemos visto en el párrafo anterior que no quedó el acuerdo en un simple propósito – en obtener viviendas a dichos empleados.
Así fue como muchos de ellos y entre ellos – según me consta – buen número de presos pasaron a vivir en el madrileño barrio de San Blas, tan citado por ello en las publicaciones relativas a los trabajadores penados.
El buscar empleo y vivienda a los reclusos no es algo que se haya hecho nunca por parte de los que dirigieron o dirigen los verdaderos campos de concentración. Esto, en cambio, es lo que sucedía en el Valle de los Caídos y es necesario, si de verdad se trata de recuperar nuestra memoria histórica, la que debiera ser patrimonio común de todos los españoles, darlo a conocer.
