Recreación histórica de la carta atribuida a José Bielza, fechada en Barcelona el 29 de marzo de 1938, durante la Guerra Civil española.
Hay documentos históricos cuyo valor trasciende los acontecimientos que los rodearon, porque permiten acercarse a los pensamientos, las convicciones y los temores de una persona en uno de los momentos más dramáticos de su existencia. La carta atribuida a José Bielza Laguna, fechada en Barcelona el 29 de marzo de 1938 y dirigida al general Francisco Franco, constituye un testimonio de esa naturaleza: una despedida escrita en el contexto de la Guerra Civil española, cuando su autor se encontraba ante la perspectiva inmediata de la muerte.
El manuscrito presenta a un militar que se dirige a Franco con las palabras «Mi General» y expresa su adhesión a una causa que identifica con la religión, el deber castrense y la reconstrucción de España. A lo largo de sus líneas, la preocupación por el destino colectivo de la nación convive con una inquietud profundamente personal: la suerte de su mujer y de sus hijos, a quienes confía a la protección de una patria que espera ver restablecida tras la guerra.
La carta adquiere una especial intensidad cuando su autor afirma que muere contento y agradecido, y cuando manifiesta su deseo de que su familia pueda seguir adelante. Su lenguaje, marcado por las convicciones religiosas y patrióticas de la época, permite observar cómo los ideales políticos y militares podían entrelazarse con los vínculos familiares y con la necesidad de encontrar un sentido a la muerte.
La documentación histórica identifica a José Bielza Laguna como comandante de Estado Mayor y sitúa su fusilamiento en Barcelona el 29 de marzo de 1938. Por ello, aunque el título tradicional de esta publicación lo denomina coronel, resulta conveniente dejar constancia de esa diferencia de graduación. Asimismo, la transcripción que aquí se ofrece se ha reconstruido a partir de las fotografías del manuscrito, por lo que algunas palabras permanecen pendientes de confirmación.
Leer esta carta es aproximarse a un documento personal de la Guerra Civil, pero también a una época de enfrentamiento, represión y profundas fracturas sociales. Su interés reside tanto en lo que expresa sobre las convicciones de su autor como en lo que revela acerca de la manera en que un hombre, consciente de su final, trató de dejar por escrito sus últimas ideas y su preocupación por quienes quedarían atrás.
Carta dirigida a Francisco Franco
Barcelona, 29 de marzo de 1938
Excmo. Sr. Don Francisco Franco:
Mi General:
Momentos antes de caer mi cuerpo mortal y de elevarse mi alma al cielo recibo noticia de mi último generoso gesto ofreciendo a los rojos un canje en blanco con objeto de salvar muchas vidas. (Aquí aparece una frase de lectura dudosa; creemos distinguir algo parecido a «ruinas, muchísimas gracias», pero no podemos asegurarlo), aunque más le debo por haber salvado nuestra común Patria, el ambiente propicio a la educación cristiana y patriótica de mis hijos, la posibilidad de salvación del alma de tantos españoles y de hacer una España digna, una, fuerte, grande e imperial.
Muero contento y agradecido. Agradecido de tener la honra de morir por Dios y por la causa que V.E. acaudilla. Muero en acto de servicio cuando intentaba incorporarme a las filas de nuestro Ejército.
Muero tranquilo porque sé, me consta, que ya hay Patria que sabrá y podría velar por esa mujer amantísima y por esos hijitos pequeñísimos, por cuya suerte, mi General, no se ocupe. Muero satisfecho porque siempre he cumplido con mi deber de español cristiano y militar.
Mi General, desde el cielo bendeciré siempre a V.E. y allí espero dentro de muchos años, cuando España quede definitivamente restaurada de las heridas de esta guerra bajo su dirección genial, heroica y santa.
(Firma manuscrita).



