Imagen alegórica del poema Leyenda del César Visionario, de Federico de Urrutia, inspirado en la figura de Francisco Franco y en el imaginario político y militar de la Guerra Civil española.
¡Ay General, vuestra España se está muriendo de espanto!
Cuando todo era un lamento; con el alma hecha pedazo
apretada entre sus mapas y al aire extendido el brazo.
Desde las islas más verdes de los desiertos atlánticos
Hasta los cielos calientes del Marruecos legendario,
Sobre un águila de hierro volaba Francisco Franco.
¡Ay General, vuestra España se está muriendo de espanto!
Hubo un revuelo de aceros por el paisaje africano.
Levantó el César la Espada como un guerrero de antaño
y al otro lado del agua formo a sus abanderados,
que extendieron las banderas del mañana y del pasado.
Un legionario tan fiero como un tigre enamorado.
Un falangista de bronce con un lucero en la mano.
Un jinete de Sevilla, un guerrillero navarro.
Y cuatro moros gigantes que allá en Tetuán dejaron
cuatro mujeres llorando con los ojos abrasados,
con ocho brasas de fuego sobre sus caminos blancos.
Los incendios de los tempos se apagaban a su paso.
Brotaban flores y espigas en los campos arrasados.
En los hogares entraba justicia y pan artesano.
Las montañas inclinaban sus crestas para besarlo.
Y las águilas altivas desde los picos más altos,
como heraldos de los cielos bajaban a saludarlo.
Y de la tierra brotaban bosques de brazos alzados.
¡Ay General, vuestra España no se morirá de espanto!
Los hombres abandonaban preso en un surco clarado.
Las mujeres a sus hijos gritaban: ¡Ya llegó Franco!
Se oyó un murmullo de besos de laureles en los campos
y hambrientos de primavera todos tras él se marcharon
con cinco Flechas y un Yugo sobre el corazón bordados,
a buscar por los caminos la estrella del Visionario.
Se estremecieron los montes – dolor de monte Calvario –
sonaron gritos de ¡Imperio!… rotos de angustia en los labios.
Y por los vientos del mundo con temblor de meridianos,
desde la América virgen hasta el Oriente lejano,
Cuando todo era un lamento; con el alma hecha pedazo
apretada entre sus mapas y al aire extendido el brazo.
Desde las islas más verdes de los desiertos atlánticos
Hasta los cielos calientes del Marruecos legendario,
Sobre un águila de hierro volaba Francisco Franco.
¡Ay General, vuestra España se está muriendo de espanto!
Hubo un revuelo de aceros por el paisaje africano.
Levantó el César la Espada como un guerrero de antaño
y al otro lado del agua formo a sus abanderados,
que extendieron las banderas del mañana y del pasado.
Un legionario tan fiero como un tigre enamorado.
Un falangista de bronce con un lucero en la mano.
Un jinete de Sevilla, un guerrillero navarro.
Y cuatro moros gigantes que allá en Tetuán dejaron
cuatro mujeres llorando con los ojos abrasados,
con ocho brasas de fuego sobre sus caminos blancos.
Los incendios de los tempos se apagaban a su paso.
Brotaban flores y espigas en los campos arrasados.
En los hogares entraba justicia y pan artesano.
Las montañas inclinaban sus crestas para besarlo.
Y las águilas altivas desde los picos más altos,
como heraldos de los cielos bajaban a saludarlo.
Y de la tierra brotaban bosques de brazos alzados.
¡Ay General, vuestra España no se morirá de espanto!
Los hombres abandonaban preso en un surco clarado.
Las mujeres a sus hijos gritaban: ¡Ya llegó Franco!
Se oyó un murmullo de besos de laureles en los campos
y hambrientos de primavera todos tras él se marcharon
con cinco Flechas y un Yugo sobre el corazón bordados,
a buscar por los caminos la estrella del Visionario.
Se estremecieron los montes – dolor de monte Calvario –
sonaron gritos de ¡Imperio!… rotos de angustia en los labios.
Y por los vientos del mundo con temblor de meridianos,
desde la América virgen hasta el Oriente lejano,
retumbó el nombre del César:Franco!…¡Franco!¡Franco!¡Franco!
Federico de Urrutia
Federico de Urrutia


