El 19 de junio de 1937 Bilbao cayó en manos de las fuerzas franquistas tras varias semanas de intensos combates en el marco de la Ofensiva del Norte iniciada meses antes por el general Emilio Mola. La conquista de la capital vizcaína constituyó uno de los acontecimientos más importantes de la Guerra Civil Española y representó una grave pérdida estratégica para la República.
Desde el comienzo de la guerra, el País Vasco había permanecido mayoritariamente fiel al Gobierno republicano, aunque mantenía una situación geográfica de aislamiento respecto al resto del territorio bajo control de la República. La aprobación del Estatuto de Autonomía en octubre de 1936 había permitido la constitución del primer Gobierno Vasco, presidido por José Antonio Aguirre, que asumió la organización política y militar de la defensa del territorio.
Consciente de la importancia industrial y económica de Vizcaya, el mando franquista concentró importantes recursos militares en la campaña del norte. La ofensiva contó con el apoyo de la aviación alemana de la Legión Cóndor y de unidades italianas enviadas por Benito Mussolini, cuya participación fue decisiva para el avance de las tropas sublevadas.
Uno de los elementos más destacados de la defensa republicana fue el denominado «Cinturón de Hierro», un complejo sistema de fortificaciones construido alrededor de Bilbao para proteger la ciudad frente a un posible asalto. Sin embargo, diversas deficiencias en su construcción y el conocimiento que las fuerzas franquistas obtuvieron sobre parte de sus defensas facilitaron finalmente la ruptura de las líneas republicanas.
Tras semanas de combates y bombardeos, las autoridades vascas ordenaron la evacuación de la ciudad para evitar mayores destrucciones y víctimas civiles. Durante la madrugada del 19 de junio, las tropas republicanas abandonaron Bilbao y pocas horas después las unidades franquistas entraron en la capital sin encontrar una resistencia significativa en el interior urbano.
La caída de Bilbao supuso para la República la pérdida de uno de sus principales centros industriales y financieros, así como de una importante capacidad de producción siderúrgica y naval indispensable para el esfuerzo bélico. Además, el éxito militar permitió a Franco consolidar el avance sobre el resto del frente norte, que culminaría meses más tarde con la conquista de Santander y Asturias.
La entrada de las tropas franquistas en Bilbao el 19 de junio de 1937 marcó uno de los momentos decisivos de la Guerra Civil Española y aceleró el progresivo debilitamiento de la resistencia republicana en el norte peninsular.
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