El 7 de noviembre de 1936 se inició la Batalla de Madrid, uno de los enfrentamientos más importantes y simbólicos de la Guerra Civil Española. Tras varios meses de rápidos avances desde el inicio de la sublevación militar en julio de ese año, las tropas rebeldes se encontraban ya a las puertas de la capital con la intención de tomar la ciudad y poner fin a la resistencia republicana.
Ante la inminencia del ataque, el Gobierno de la República decidió trasladarse a Valencia para garantizar la continuidad institucional, dejando la defensa de Madrid en manos de una Junta de Defensa presidida por el general José Miaja. La población madrileña, consciente de la importancia estratégica y política de la ciudad, se movilizó masivamente para colaborar en su protección mediante la construcción de fortificaciones, barricadas y puestos defensivos.
El avance de las tropas sublevadas se dirigió principalmente hacia la Casa de Campo y la Ciudad Universitaria, escenarios de algunos de los combates más intensos de toda la guerra. La resistencia republicana contó con el apoyo de unidades militares, milicias populares y, desde aquellos primeros días de noviembre, de las recién llegadas Brigadas Internacionales, formadas por voluntarios procedentes de numerosos países que acudieron a España para combatir en defensa de la República.
La consigna «¡No pasarán!», popularizada durante aquellos días, se convirtió en el lema de la defensa madrileña y en uno de los símbolos más reconocibles del conflicto. Contra las previsiones iniciales, la ciudad consiguió resistir el asalto y evitar su caída inmediata, transformando la guerra en un conflicto largo y de desgaste.
La Batalla de Madrid se prolongó durante meses y dio lugar a sucesivas ofensivas y contraofensivas en distintos sectores del frente. Aunque la capital acabaría siendo ocupada por las fuerzas franquistas en marzo de 1939, la resistencia de noviembre de 1936 tuvo una enorme repercusión política y propagandística tanto dentro como fuera de España.
El comienzo de la Batalla de Madrid marcó un punto de inflexión en la Guerra Civil Española y convirtió a la capital en el principal símbolo de la resistencia republicana durante gran parte del conflicto.
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