La creación del Tercio de Extranjeros en 1920 supuso una profunda transformación en el Ejército español y en la forma de afrontar las campañas del Protectorado de Marruecos. Impulsada por el teniente coronel José Millán-Astray, la nueva unidad nació con el objetivo de disponer de una fuerza profesional, voluntaria y altamente preparada para intervenir en las difíciles operaciones militares del norte de África.
Entre los primeros oficiales seleccionados para formar parte de aquella aventura militar figuraba un joven comandante llamado Francisco Franco Bahamonde. Su experiencia acumulada en los Regulares indígenas y el prestigio adquirido durante las campañas africanistas hicieron de él uno de los colaboradores más cercanos y eficaces de Millán-Astray en los primeros pasos del nuevo cuerpo.
Franco fue designado jefe de la Primera Bandera del Tercio, convirtiéndose en uno de los principales responsables de organizar, instruir y cohesionar a los primeros legionarios. Aquellos hombres procedían de orígenes muy diversos y la nueva unidad necesitaba construir rápidamente una identidad propia, una disciplina férrea y un fuerte espíritu de cuerpo.
Durante aquellos años se forjaron muchas de las tradiciones, símbolos y valores que acabarían identificando a la Legión Española: la camaradería entre sus miembros, el culto al compañerismo, la disciplina voluntariamente aceptada y una particular concepción del valor y el sacrificio en combate. Franco participó directamente en ese proceso y contribuyó a consolidar la eficacia operativa de la unidad en sus primeras acciones militares.
La oportunidad de demostrar la valía de la Legión llegó pronto en las operaciones del Protectorado, especialmente tras el desastre de Annual de 1921. En aquellos momentos críticos, las unidades legionarias desempeñaron un papel fundamental en la estabilización del frente y en la protección de numerosas posiciones españolas amenazadas por el avance rifeño.
La actuación de Franco al frente de sus hombres reforzó aún más su prestigio profesional. Sus superiores destacaban su capacidad organizativa, su serenidad bajo presión y la estrecha relación que mantenía con sus legionarios, compartiendo con ellos las dificultades y riesgos de la campaña.
Con el paso de los años, la figura de Franco quedaría estrechamente ligada a la historia de la Legión, institución que siempre reconoció su contribución a los primeros años de la unidad y a la consolidación de su espíritu fundacional.
La participación de Franco en la creación y desarrollo inicial del Tercio de Extranjeros constituye uno de los capítulos más importantes de su etapa africanista y uno de los episodios más relevantes en la historia militar española del siglo XX.
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