El 21 de septiembre de 1938, en plena Batalla del Ebro y cuando la situación militar de la República comenzaba a deteriorarse gravemente, el presidente del Gobierno republicano, Juan Negrín, realizó uno de los anuncios más significativos de la fase final de la Guerra Civil Española. Desde la tribuna de la Sociedad de Naciones, reunida en Ginebra, comunicó la decisión del Gobierno republicano de retirar de España a todos los combatientes extranjeros integrados en las Brigadas Internacionales.
La medida pretendía demostrar la voluntad del Gobierno de la República de cumplir estrictamente los acuerdos internacionales de no intervención y de favorecer una salida diplomática al conflicto. Negrín esperaba que este gesto impulsara a las potencias europeas a exigir también la retirada de las fuerzas extranjeras que combatían junto al bando franquista, especialmente las tropas italianas del Corpo Truppe Volontarie y los efectivos alemanes de la Legión Cóndor.
Las Brigadas Internacionales habían comenzado a llegar a España a finales de 1936 y estaban formadas por miles de voluntarios procedentes de más de cincuenta países. Su participación tuvo una enorme importancia militar y simbólica durante algunas de las principales batallas de la guerra, como la defensa de Madrid, Jarama, Guadalajara, Brunete, Belchite, Teruel o el Ebro.
Aunque el número total de brigadistas varía según las fuentes, se estima que entre 35.000 y 40.000 voluntarios pasaron por sus filas a lo largo del conflicto. Muchos de ellos eran militantes antifascistas, sindicalistas, socialistas, comunistas o simplemente ciudadanos que consideraban la guerra española como el primer gran enfrentamiento contra la expansión del fascismo en Europa.
Sin embargo, el gesto diplomático de Negrín no produjo los efectos esperados. Alemania e Italia mantuvieron su apoyo militar al bando franquista y la política de no intervención promovida por Francia y el Reino Unido continuó sin cambios sustanciales.
Pocas semanas después del anuncio, el 28 de octubre de 1938, Barcelona acogió el emotivo desfile de despedida de las Brigadas Internacionales. Miles de ciudadanos acudieron a despedir a los voluntarios extranjeros que abandonaban España tras casi dos años de combates.
La retirada de las Brigadas Internacionales simbolizó el creciente aislamiento internacional de la República en los últimos meses de la guerra y evidenció las dificultades del Gobierno de Negrín para modificar el equilibrio militar y diplomático del conflicto.
A pesar de ello, la participación de los brigadistas internacionales continúa siendo uno de los episodios más recordados y estudiados de la Guerra Civil Española y constituye un símbolo de la movilización política internacional que caracterizó la Europa de entreguerras.
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