El 7 de junio de 1968 se produjo el primer asesinato cometido por la organización terrorista ETA, un acontecimiento que marcaría el inicio de más de cuatro décadas de violencia y terrorismo en España. La víctima fue el guardia civil de Tráfico José Antonio Pardines Arcay, de 25 años, destinado en Guipúzcoa y encargado de regular la circulación en una zona de obras de la carretera N-I, entre Madrid e Irún.
Durante un control rutinario, Pardines detuvo un vehículo cuyos ocupantes le despertaron sospechas al comprobar que la matrícula no coincidía con determinados elementos del automóvil. Mientras realizaba la inspección y procedía a identificar a sus ocupantes, fue abatido por disparos efectuados por dos miembros de ETA, Txabi Etxebarrieta e Iñaki Sarasketa, que viajaban en el vehículo. El agente no tuvo oportunidad de defenderse y falleció en el lugar de los hechos.
Aunque ETA había realizado anteriormente actos de sabotaje y acciones de propaganda, el asesinato de José Antonio Pardines supuso un cambio decisivo en la trayectoria de la organización, que pasó a incorporar de manera sistemática la violencia armada y los atentados mortales como instrumento de actuación política. Numerosos historiadores consideran este episodio como el inicio del ciclo de terrorismo que condicionó la vida política y social española durante las décadas posteriores.
Los acontecimientos posteriores se sucedieron con rapidez. Horas después del asesinato, Txabi Etxebarrieta murió en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad, convirtiéndose posteriormente en una figura simbólica dentro de la organización. Poco tiempo después, ETA perpetró el asesinato del comisario Melitón Manzanas, considerado el primer atentado planificado específicamente por la organización contra un objetivo previamente seleccionado.
A lo largo de los años siguientes, la actividad terrorista de ETA provocó centenares de atentados y la muerte de más de ochocientas personas, entre miembros de las fuerzas de seguridad, representantes políticos, empresarios y ciudadanos civiles. El impacto del terrorismo condicionó profundamente la vida pública española y dejó una profunda huella en la sociedad y en las instituciones democráticas del país.
La memoria de José Antonio Pardines Arcay continúa ocupando un lugar destacado en la historia de las víctimas del terrorismo en España, al ser reconocido como la primera víctima mortal de ETA y el inicio de uno de los periodos más dolorosos de la historia reciente del país.
Artículos relacionados:
La niña Begoña Urroz Ibarrola ¿El primer atentado de ETA en 1960?
