El 14 de marzo de 1936, José Antonio Primo de Rivera, fundador y jefe nacional de Falange Española, fue detenido e ingresó en la Cárcel Modelo de Madrid por orden de las autoridades de la Segunda República. La detención se produjo pocas semanas después de las elecciones generales del 16 de febrero de 1936, que habían dado la mayoría parlamentaria al Frente Popular, en un contexto de creciente tensión política y social.
La orden de ingreso en prisión se fundamentó en diversas acusaciones, entre ellas la de asociación ilícita, a raíz de la ilegalización de Falange Española decretada por el Gobierno, así como otros cargos relacionados con la supuesta tenencia ilícita de armas y la vinculación de miembros de la organización con diversos episodios de violencia política. José Antonio rechazó las acusaciones y sostuvo que la actuación de Falange se desarrollaba dentro de sus objetivos políticos, aunque defendía el uso de la fuerza en determinadas circunstancias, conforme a la doctrina del movimiento.
Durante su permanencia en la Cárcel Modelo continuó manteniendo correspondencia con familiares, abogados y algunos dirigentes falangistas. También redactó diversos escritos de carácter político y jurídico en los que exponía su defensa y reflexionaba sobre la situación que atravesaba España. A pesar de encontrarse privado de libertad, siguió siendo reconocido por sus seguidores como el máximo dirigente de Falange.
Meses más tarde, ante el deterioro de la situación política y el estallido de la Guerra Civil Española en julio de 1936, fue trasladado a la prisión de Alicante, ciudad que permaneció bajo control republicano. Allí permaneció encarcelado mientras el conflicto se extendía por todo el país.
En noviembre de 1936 fue sometido a juicio por un tribunal popular, acusado de conspiración y rebelión militar. Tras el proceso judicial fue condenado a muerte y ejecutado el 20 de noviembre de 1936 en la prisión de Alicante. Tenía 33 años de edad.
Su muerte tuvo una profunda repercusión política. Durante la Guerra Civil y posteriormente bajo el régimen de Francisco Franco, José Antonio Primo de Rivera fue convertido en una figura de gran valor simbólico. Su memoria fue utilizada como uno de los principales referentes ideológicos del nuevo Estado, recibiendo la denominación de «El Ausente» y siendo objeto de numerosos homenajes oficiales.
El encarcelamiento de José Antonio Primo de Rivera, iniciado el 14 de marzo de 1936, marcó el comienzo del último capítulo de su vida. Nunca volvió a recuperar la libertad y su figura quedó estrechamente ligada a los acontecimientos que desembocaron en la Guerra Civil y a la posterior evolución política de España durante buena parte del siglo XX.
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