Los días 5 y 6 de marzo de 1939 marcaron uno de los episodios más dramáticos y decisivos del final de la Guerra Civil Española. En Madrid se produjo un golpe de Estado encabezado por el coronel Segismundo Casado, con el apoyo del general José Miaja, de destacados dirigentes socialistas y anarquistas, y de sectores del Ejército Popular de la República contrarios a la política del presidente del Gobierno, Juan Negrín.
A comienzos de marzo la situación militar republicana era prácticamente insostenible. Cataluña había caído en manos franquistas semanas antes, gran parte del Gobierno se encontraba ya fuera de España y las posibilidades de recibir ayuda internacional eran prácticamente inexistentes. Sin embargo, Negrín seguía defendiendo la necesidad de continuar la resistencia con la esperanza de que el inminente estallido de una guerra europea modificara el equilibrio internacional y ofreciera nuevas oportunidades a la República.
Esta estrategia contaba con el respaldo del Partido Comunista de España, pero era rechazada por numerosos mandos militares y dirigentes republicanos que consideraban que prolongar la guerra solo provocaría más sufrimiento y más víctimas.
El 5 de marzo de 1939, Casado anunció la creación del Consejo Nacional de Defensa, organismo que asumía el poder en la zona republicana y desconocía la autoridad del Gobierno de Negrín. El nuevo órgano estaba integrado por militares y representantes de distintas fuerzas políticas y sindicales, entre ellos el general Miaja, que asumió su presidencia honorífica.
El objetivo declarado de los sublevados era negociar una paz honrosa con el general Franco y evitar represalias masivas sobre la población y los combatientes republicanos. Sin embargo, el mando franquista exigía únicamente la rendición incondicional, descartando cualquier tipo de negociación política.
La constitución del Consejo Nacional de Defensa desencadenó además enfrentamientos armados en Madrid entre las fuerzas comunistas leales a Negrín y las tropas partidarias de Casado. Durante varios días se produjeron combates en distintos puntos de la capital que causaron centenares de muertos y agravaron todavía más la situación del bando republicano.
Mientras se desarrollaban estos acontecimientos, Juan Negrín abandonó España y se trasladó a Francia, desde donde continuó defendiendo durante años la legitimidad del Gobierno republicano en el exilio.
El golpe de Casado no logró los objetivos que perseguía. Franco rechazó cualquier negociación y mantuvo su exigencia de rendición absoluta. Apenas unas semanas después, el 28 de marzo, las tropas franquistas entraban en Madrid y el 1 de abril de 1939 finalizaba oficialmente la Guerra Civil Española.
Los sucesos de marzo de 1939 continúan siendo uno de los episodios más debatidos de la historiografía de la guerra, por las profundas divisiones políticas y estratégicas que revelaron dentro del propio campo republicano en los últimos días del conflicto.
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