El 4 de febrero de 1970 fallecía en Madrid, a los 67 años de edad, Manuel Hedilla Larrey, figura destacada de la historia política española del siglo XX y segundo jefe nacional de Falange Española de las JONS tras la muerte de José Antonio Primo de Rivera. Su desaparición puso fin a la vida de uno de los personajes más singulares y controvertidos del primer falangismo español.
Nacido en Ambrosero (Cantabria) el 18 de julio de 1902, Hedilla procedía de un ambiente modesto y desarrolló inicialmente su actividad profesional como mecánico y técnico industrial antes de incorporarse a la actividad política. Ingresó en Falange Española en 1934 y rápidamente destacó por sus dotes organizativas y por su estrecha relación con José Antonio Primo de Rivera.
Tras el estallido de la Guerra Civil y el fusilamiento de José Antonio en noviembre de 1936, Hedilla asumió la dirección provisional de la organización y se convirtió en el máximo responsable político de Falange en la zona nacional. Su liderazgo coincidió con el espectacular crecimiento del movimiento falangista durante los primeros meses del conflicto.
Sin embargo, su trayectoria política quedó marcada por el enfrentamiento con el general Francisco Franco. Cuando en abril de 1937 Franco promulgó el Decreto de Unificación, mediante el cual fusionó Falange Española y la Comunión Tradicionalista en un único partido, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), Hedilla mostró su oposición a perder la independencia política de la Falange original.
La disputa terminó con la detención de Hedilla, su procesamiento y una condena a muerte que posteriormente sería conmutada por la de prisión. Permaneció varios años encarcelado y, tras recuperar la libertad, quedó apartado de la vida política activa y del régimen franquista, viviendo durante décadas en un discreto segundo plano y alejado de los centros de poder.
Con el paso del tiempo, Manuel Hedilla se convirtió para muchos falangistas en el símbolo de la denominada «Falange auténtica» o «falangismo hedillista», diferenciada del partido único surgido tras la unificación decretada por Franco. Su figura fue reivindicada especialmente por sectores que consideraban que el proyecto original de José Antonio había quedado diluido dentro del nuevo régimen político surgido tras la guerra.
La muerte de Hedilla en 1970 cerró definitivamente uno de los capítulos más complejos de la historia interna del falangismo español y dejó tras de sí el recuerdo de un dirigente cuya trayectoria estuvo marcada por la lealtad a sus convicciones políticas y por su enfrentamiento con el poder establecido dentro del propio bando vencedor de la Guerra Civil.
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